lunes, 13 de octubre de 2025
El mundo acabará en viernes, de Manuel Moyano
miércoles, 2 de octubre de 2024
La versión de Judas, de Manuel Moyano
martes, 27 de junio de 2023
Polvo en los zapatos, de Manuel Moyano
Nos guste o no reconocerlo, existe cierta fascinación por "espiar" ciertas vidas ajenas, sobre todo si se trata de personas cuyos poros exudan misterio y magnetismo a partes iguales. Contaba la escritora Mónica Rouanet en una cena que en ocasiones, cuando camina, se queda mirando las ventanas de las viviendas y fantasea con lo que cree que ocurre dentro. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? Imaginad ahora que uno de esos seres magnéticos os abre la ventana y os invita a ser testigos de una parte de su existencia. ¿Aprovechariais la oportunidad? Esta lectora lo ha tenido claro, desde luego, y durante unos días se ha convertido en una voyeuse a tiempo parcial de la vida del autor de la obra que acabo de terminar.
Polvo en los zapatos (Menoscuarto Ediciones, 2023). Así se titula la última obra publicada de Manuel Moyano, una recopilación de artículos de su pluma que aparecieron publicados semanalmente en el diario La Opinión durante dos años, de principios de 2018 a principios de 2020. No podría haber escogido mejor título (gracias, Teresa), porque otra cosa no, pero polvo en los zapatos ha debido el autor acumular un par de toneladas (no me sean mal pensados: diferente polvo, diferentes zapatos). Alejado voluntariamente de la ficción, al menos por el momento, Moyano nos ofrece en esta suerte de diario, con el loable objetivo de «plasmar la belleza y variedad del mundo a través de la escritura», fragmentos de su realidad que abarcan el abanico infinito que se extiende desde la cotidianeidad de sus conversaciones, encuentros, lecturas y otros placeres, hasta la excepcionalidad de transitar caminos sitos en tres continentes distintos, pasando por intimidades que descubren a los ojos lectores la vulnerabilidad del afable semidiós de mirada atenta. Viajes de unos cuantos kilómetros en bicicleta o de otros cuantos miles por Marruecos, Escocia, Polonia, Italia o Tailandia, solo o en compañía de Teresa, su esposa. Su inextinguible pasión por el Bob Dylan de los 70 o por Borges. Umbral, Cela y otras curiosidades literarias. El poso de fascinación que en su infancia dejó Félix Rodríguez de la Fuente (fascinación que compartimos, por cierto). Su acervo de conocimientos con respecto a flora y fauna. La mitificación de territorios que a otros ojos no serían más que simples coordenadas en un mapa. Pesadillas con zombies o la invasión de su casa. La preparación de su obra anterior, La Frontera interior. Muertes de familiares o amigos que le han mordido el alma y he leído con un nudo en la garganta. Y yo seguiría escribiendo, porque hablar de Moyano es fabuloso, pero al final será esta entrada más larga que su propio diario.
Lo importante de Moyano, no me cansaré de repetirlo -a riesgo de resultar cansina- no es solo el qué sino el cómo. Su manera de escribir, su forma de contemplar el mundo. Su mirada inquieta que enfoca tanto lo grande como lo pequeño. Su prosa honesta, clara y sosegada. Sus reflexiones profundas y su habilidad para observar el interior del ser humano. Y esa capacidad pasmosa de ilustrar lo que va narrando mediante referencias literarias y/o cinematográficas. En definitiva, Polvo en los zapatos resulta una absoluta delicia para paladear despacio y con calma. No soy de elegir, lo quiero todo, pero esta frase de la parte final del diario se me ha quedado enganchada en alguna rincón de la mente: «Cada uno afronta como puede nuestra singular suerte, la de criaturas pensantes en el inconcebible universo.»
domingo, 20 de marzo de 2022
La frontera interior. Viaje por Sierra Morena, de Manuel Moyano.
Se me ocurren muchas formas de celebrar la entrada de la primavera (que todo lo altera, ya saben), pero pocas tan reconfortantes como traerles estas torpes líneas en un intento de transmitirles el gozo lector que nace siempre que se tiene la oportunidad de leerlo a ÉL. Así, en mayúscula y negrita, porque no puede ser de otro modo. Magnífico escritor y excelso narrador, Manuel Moyano es inmenso en su grandeza y, entre sus letras, me siento pequeñita y afortunada al mismo tiempo.
Tras La colina del árbol hueco, donde dejó patente que enfoque juvenil y calidad literaria pueden cohabitar en deliciosa armonía, vuelve con La frontera interior. Viaje por Sierra Morena, merecedorísima del XVI Premio Eurostar Hotels de Narrativa de Viajes y publicada por RBA este mismo mes de marzo de 2022. Vuelve Moyano a deleitarnos una vez más con su perspectiva caleidoscópica, su mirada de halcón y su prosa franca y abierta mientras recorre, con su humilde utilitario y su cuaderno ávido de historias, Sierra Morena, la frontera natural entre la meseta castellana y las tierras del sur de España. Sin embargo, y como en sus anteriores propuestas de viaje, sus páginas no se reducen a un mero tratado geográfico poblado de nombres, monumentos e hitos kilométricos. Moyano mezcla geografía, historia, toponimia, etimología y literatura con su habitual y minuciosa atención al detalle, a las gentes, a sus usos y a sus costumbres, con reflexiones personales de profundo calado, con anécdotas no sé si deliberadamente cómicas, pero que hacen sonreír. Desde la jienense Aldeaquemada hasta el Castillo de Noudar, ya en suelo portugués, Manuel Moyano irá desgranando pasos e historias, historias y pasos, gozando del paisaje que se le ofrece a la vista y del buen yantar al paladar, conociendo a autores a los que admira y conversando con ellos (sí, señores, los dioses también tienen favoritos), regalándole al lector episodios históricos poco o nada conocidos y creando alma y magia en los caminos que recorre. Narrándole lo prosaico y lo divino, aunando la energía telúrica de la tierra que pisa y la fuerza viva y hermosa de sus palabras.
En la página 82 de la obra, y refiriéndose a un poeta al que admira y tiene la oportunidad de conocer en persona en este viaje, Moyano afirma: "Más allá de lo que contemplan los ojos de la carne, un poeta tiene el poder de revelarnos el espíritu de un lugar". Debe ser que nuestro autor ha leído mucho a este poeta, porque se le ha contagiado esa maravillosa habilidad de dotar de alma al escenario sobre el que se posan sus ojos. Uno de mis pasajes favoritos, sin duda, es el que relata el martirologio de Miguel Hernández (mi poeta favorito) al intentar huir de España, pero les aseguro que La frontera interior está repleta de relatos tanto o más interesantes que el que cito. No dejen pasar la oportunidad de gozar la experiencia intensa que supone la lectura de esta obra. Aprender mientras se disfruta no tiene precio.
lunes, 6 de diciembre de 2021
La colina del árbol hueco, de Manuel Moyano
Tener la posibilidad de viajar a lomos de un libro se me antoja siempre una experiencia mágica. Viajar al punto geográfico o al momento histórico que señala con sus palabras un autor en su obra es un aliciente sumamente motivador. Desplazarse a través del recuerdo hasta la propia infancia es si cabe más hermoso todavía.
La colina del árbol hueco, de Manuel Moyano, publicada en octubre de este mismo año por Alfaqueque Ediciones, me ha transportado a finales de los 80, cuando no contaba en mi haber más que con ocho inviernos y adoraba por igual leer historias de Los cinco o Los siete secretos y jugar en el barrio con mis amigos. Ya en el prólogo el autor nos revela el catalizador que dio lugar a su relato: la inesperada visita del anciano Israel Marmitón y los increíbles acontecimientos que, según él, tuvieron lugar en su niñez. En los capítulos posteriores, descubriremos cómo Nando (alias Cachalote), el miembro más corpulento de la pandilla de Israel, pierde su sombra y cómo, a partir de ahí, el inquietante fenómeno mantiene en vilo a toda la ciudad. El grupo de amigos al completo se embarca entonces, al igual que Peter Pan, en la aventura de recuperar sombras, pero... ¿lo conseguirán? Para averiguarlo, tendrán que adentrarse en las páginas de La colina del árbol hueco (y recuerden, por favor, que la edad es solo un cálculo irrelevante en base a unos números).Las ilustraciones que acompañan al texto, realizadas por Francisco Javier García Hernández, le aportan al conjunto una nota simpática de misterio.
Manteniendo un nivel de lenguaje bastante más que aceptable, Moyano nos invita en esta obra a recuperar la ilusión de cuando éramos aquellos locos bajitos (bueno, algunas seguimos siendo bajitas y locas...) y a recordar. A mí, por ejemplo, me viene a la mente una pandilla de barrio, de la que esta servidora era la única fémina (al igual que Queta), que ideó un plan infalible para descubrir la guarida del Tío Saín y hacerse amigos suyos. Sonrío al acordarme.
miércoles, 15 de septiembre de 2021
Aventuras de Rufus, de Manuel Moyano
En esta ocasión, Manuel Moyano nos presenta a Rufus, un personaje peculiar que ha ejercido un sinfín de oficios, siendo su favorito el de aviador, y ha vivido gran número de aventuras. De entre todas sus peripecias, selecciona cuatro para contárselas al lector, ya advirtiéndole en la "Presentación" de que, por inverosímiles que parezcan, ocurrieron en realidad. Nos narra, por ejemplo, la ocasión en que el motor de su Pawnee se averió, cayendo en medio del mar. Cuando despertó, lo hizo en una isla, no consignada en ningún mapa, donde iban a parar todos los niños y niñas extraviados en el mundo ("La Isla de los Niños Perdidos"). Nos cuenta también la vez en que su amplia experiencia como aviador le granjeó el acceso a uno de los secretos mejor guardados de la historia: lo que se oculta al final del arcoiris ("La Fábrica del Arcoiris"). O cuando creó una empresa de desratización y ayudó al Coronel Cornelius a devolver la calma a la población de Perigallo al desvelar el misterio de las ratas gigantes ("Odisea en el Planeta Basura"). Por último, nos referirá una curiosa historia en la que se vieron involucrados la doctora Doris, el Coronel Cornelius y él mismo y un estrafalario artefacto destinado a la pérdida de peso ("La Máquina de Adelgazar").
Con un estilo sencillo y asequible para los lectores más jóvenes, pero sin renunciar un ápice al marchamo de calidad característico de la prosa de Moyano, en Aventuras de Rufus el autor nos vuelve a demostrar su solvencia como narrador, su versatilidad como escritor y su don para crear magia. Anímense y disfrútenla. No se van a arrepentir.
martes, 7 de septiembre de 2021
Cuadernos de tierra, de Manuel Moyano
Cuando una madrugada de agosto me alejé de casa caminando por la orilla de cierto río, con intención de llegar hasta su nacimiento en las remotas montañas, no se me pasó por la cabeza que también estaba empezando a escribir un libro.
Así comienza Manuel Moyano su última obra publicada, Cuadernos de Tierra (Menoscuarto, 2020), donde nos relata de forma soberbia las rutas a pie que realizó durante un lustro por diversos parajes del sureste español. Movido por un impulso de soltar el lastre de la vida cotidiana y alcanzar, en sus propias palabras, «un estado mental impreciso», Moyano se echa a los caminos portando únicamente alguna muda, un par de mantas, botellas de agua y la cartera (amén de algún cuaderno cuyas anotaciones fueron el germen de esta obra). Remonta y desciende el curso del Segura, sigue también el trazado del Mula o del Vinalopó, o se adentra en pueblos remotos de las sierras de Albacete (alguno de ellos, por su nombre, podría pasar perfectamente por aldea gala). Pernocta al raso en muchas ocasiones; camina bajo soles crueles de agosto, indiferentes al sufrimiento humano; se baña desnudo en ríos, embalses o en acequias; se alimenta en tabernas o bares que el azar le va cruzando en el camino. A cada paso se aleja de su yo burgués y se reencuentra con su yo primitivo. Salvaje y libre. A veces en condiciones tan deplorables que se le confunde con un vagabundo. Por la pura cabezonería de hacerlo.
En Cuadernos de tierra, la pluma perfecta de Moyano nos dibuja paisajes y experiencias sin filtro. Salen directamente de sus ojos o de su piel y llegan a nosotros sin trucos de artificio. Como lo ve, lo describe; como lo siente, lo expresa. Vuelve a deleitarnos con su mirada de ave rapaz y su forma tan característica de observar y contarnos el mundo. La orografía, flora y fauna de los lugares que recorre pasan ante nuestros ojos como en un documental, complementadas con los usos, costumbres y las gentes de las poblaciones que visita.
Saboreamos de su boca el vino con gaseosa y las carnes que a menudo le sirven de combustible. Casi podemos oler su sudor y sentir su dolor de pies.
Sin embargo, en las páginas de Cuadernos de tierra, el autor no se limita a la descripción geográfica, biológica o antropológica. Manuel Moyano es un experto cazador de historias, un maestro de la peripecia narrativa certero y generoso: olfatea las historias interesantes que se le ponen delante, las rumia durante un tiempo y vuelve al origen a buscar las fuentes que le revelen los entresijos de tramas que parecen ficcionales pero no lo son. Encontraremos así, en cursiva, intercaladas entre ruta y ruta, la historia de un asesino en serie que cruzó Europa sembrando su camino de cadáveres (y guardándose de paso algún souvenir) para ser detenido casi por casualidad en un pueblecito; o la de un ajusticiamento que, al parecer, de justo tuvo poco; o la de una guarida de nazis en costas levantinas. Y todo narrado como solo él podría hacerlo. Una auténtica delicia literaria, para variar.
jueves, 19 de agosto de 2021
Los reinos de Otrora, de Manuel Moyano
Dicen que lo bueno si breve, dos veces bueno y, si lo breve que es bueno lo escribe Manuel Moyano, coincidirán conmigo en que entonces resulta infinitamente mejor. Aún así, esta lectora no está del todo de acuerdo con la máxima, y se ha quedado con ganas de más al finalizar Los reinos de Otrora, obra publicada en 2019 por la editorial asturiana Pez de Plata.
En Los reinos de Otrora, Manuel Moyano nos lleva de viaje por una geografía, la del continente Otrora, que mezcla los olores y colores del medievo (o medioevo, como al autor le gusta escribirlo) con los sabores del mito, obteniendo de la mezcla un resultado exquisito. El narrador protagonista de la obra, un sexagenario innombrado, nos cuenta en el Exordio como, siendo muy niño aún, la peste lo dejó huérfano y desamparado y fue a parar a un hospicio. De allí lo rescató, por fortuna, su tío Nicodemo, junto al que vivirá un sinfín de experiencias y aventuras recorriendo el continente, que constituyen la materia prima de los siete relatos dispuestos a continuación y donde el tío Nicodemo, a modo del maestro de los cuentos clásicos, demostrará todo tipo de habilidades sorprendentes y donde interactuarán con personajes y elementos de lo más peculiar. Un rey dispuesto a preservar su estirpe a cualquier precio. Unas flores cuyo aroma provoca la melancolía en quien lo percibe. Un soberano genocida que guarda un tesoro poco común. Individuos de escasa estatura y enorme susceptibilidad. Un pobre diablo enajenado que se piensa caballero. Una posada habitada por un eco caprichoso y enloquecedor. Y, como colofón, el destino manipulado de un monarca. En todas las aventuras se enfrentan a un dilema moral que ensanchará el conocimiento del narrador protagonista.
Manuel Moyano vuelve a brillar con su sintaxis narrativa perfecta, con su riqueza léxica y utilizando esta vez ciertos términos y estructuras arcaizantes que refuerzan su imaginado medioevo (más de una vez he tenido que usar el diccionario). Y, por supuesto, continúa rindiendo homenaje en la obra a una de sus pasiones, la literatura. Encontramos a Cervantes y su Quijote en el relato del caballero Alamor. A Lovecraft en el Necronomicon escrito por Abdul Alhazred. A R. L. Stevenson en la travesía que comparten los protagonistas con un monarca cuya codicia desemboca en enajenación. O a Swift y sus liliputienses en "Un encuentro en Xaor".
Toda una delicia, vamos. El único pero, el término "novela" que aparece en la portada, pero no voy a entrar en eso ahora.
jueves, 12 de agosto de 2021
Mamíferos que escriben, de Manuel Moyano
sábado, 3 de julio de 2021
La hipótesis Saint-Germain, de Manuel Moyano
lunes, 28 de junio de 2021
El abismo verde, de Manuel Moyano
sábado, 12 de junio de 2021
La agenda negra, de Manuel Moyano
Es cierto que ya desde las primeras páginas de El amigo de Kafka –su descripción del ecosistema de la pensión Malabo es simplemente soberbia–tuve claro que leer a Manuel Moyano iba a resultar una experiencia de lo más gratificante. Verdad es también que ya había sido advertida (con mucho acierto, todo hay que decirlo) de la asombrosa calidad literaria de sus obras. Lo que no esperaba de ninguna manera es que fuera capaz de sorprenderme en cada una de ellas, ni imaginaba el poder de atracción que su prosa perfecta terminaría ejerciendo sobre mí.
La agenda negra, publicada por la editorial asturiana Pez de Plata en 2016, es la decimotercera de sus obras que cuentan ya en mi haber lector, y debo reconocer que me ha dejado algo descolocada. En concordancia con su título, la historia narrada en la obra es oscura, rozando el negro. Ulises Roma, la voz que en primera persona relata al lector lo acontecido durante las 154 páginas de la novela, es un hombre que, atormentado por la muerte de su esposa en un fatídico (y estúpido) accidente de tráfico, se deja engullir por un vórtice de caos y autodestrucción a todos los niveles. Una serie de circunstancias provocan que encuentre una agenda de tapas negras y contenido perturbador que lo obligará a relacionarse con una organización secreta de vengadores adeptos a la justicia retributiva y dispuestos a resucitar el obsoleto Código de Hammurabi. Y hasta aquí puedo contar sin destripar nada de la trama...
Un descenso al infierno íntimo donde pulsiones y límites morales y éticos libran sin descanso la batalla más encarnizada narrado con ritmo trepidante y la prosa adictiva de Moyano. Escenas truculentas y giros argumentales sorprendentes mientras el lector transita los luctuosos senderos de la duda: ¿qué es justicia?, ¿qué es venganza? ¿Hobbes o Rousseau? «Quizá la justicia no sea un mito menos fabuloso que la fraternidad o la solidaridad en esta sociedad de lobos», se nos dice en la primera página. Inquietante, desasosegante y adictiva.
miércoles, 9 de junio de 2021
Noventa libros y un film, de Manuel Moyano
domingo, 6 de junio de 2021
El imperio de Yegorov, de Manuel Moyano
jueves, 3 de junio de 2021
Travesía americana, de Manuel Moyano
En Travesía americana (Nausícaä, 2012) el lector acompaña a Manuel Moyano y familia mientras recorren, en el año 2010, los gloriosos y variopintos Estados Unidos de América de oeste a este durante un mes. Aterrizan un 19 de agosto en el aeropuerto de Atlanta y, a partir de ahí, se lanzan a la aventura a bordo de un Chevrolet gris plateado con matrícula de Alabama (qué americanísimo) y regresarán a España desde Nueva York, tras haber dado un paseíto por Queens. Salvo por la constante preocupación por los neumáticos (al parecer, el asfalto de las carreteras estadounidenses causa estragos en las gomas), el viaje discurre tranquilo y el lector contemplará a través de los ojos de Moyano (compartiendo su asombro, su bendito asombro) los paisajes y a las gentes de San Francisco, de LA, Salt Lake City, Cody, Chicago, y otras diecisiete paradas más.
Moyano le contará al lector de forma precisa, elegante y salpicada de sus toques de humor, una historia de alojamientos, gastronomía, paisajes, costumbres y personas. Siempre personas: taxistas, recepcionistas, dependientes, camareros, cantantes insufribles, ancianos hoscos o indígenas reconvertidos, son objeto de su atención y su observación minuciosa. Su mirada recoge los grandes monumentos, los lugares míticos, los grandes personajes y leyendas de la historia americana, pero sin perder de vista el pequeño detalle, el color de los sillones de un restaurante, la luz de un atardecer precioso, o la sonrisa coqueta de la camarera que les sirve el desayuno.
Doce mil kilómetros condensados en exactamente ciento dieciocho páginas. Una galería fotográfica que da fe de ciertos momentos, lugares y personajes que aparecen en la obra. Y la narración sin mácula de Manuel Moyano. No me queda más que pedirle que me deje acompañarle también en su próximo viaje, aunque sea en diferido.
jueves, 20 de mayo de 2021
Teatro de ceniza, Manuel Moyano
Acabar un libro con una gran sonrisa es un acontecimiento de valor incalculable, y así es justamente como he terminado la lectura de Teatro de ceniza, de Manuel Moyano. Circunstancias diversas han provocado que esta semana mi tiempo de lectura se haya reducido de forma drástica pero, afortunadamente, este compendio de microrrelatos ha contribuido (muy agradablemente) a reducir mi desasosiego lector (síndrome de abstinencia o mono lo llaman por ahí). Es la primera vez que me adentro en el microrrelato, y la experiencia ha resultado de lo más gratificante.
Teatro de ceniza (Ed. Menoscuarto, 2011) no es únicamente una colección de microrrelatos. Es también la prueba fehaciente de que Manuel Moyano tiene una extraordinaria capacidad creativa, una forma de narrar IM-PRE-SIO-NAN-TE y una habilidad para la escritura fuera de lo común. La temática de las piezas es amplia y variada: revisita mitos, inventa imperios, expone paradojas teológicas y religiosas, versiona elementos de cuentos tradicionales; propicia que lo irreal, lo insólito, se sienten junto a lo cotidiano a la hora del café; redimensiona el concepto doppelgänger, y nos invita a soñar mientras leemos un libro. En prácticamente todas asoma lo fantástico, lo fabuloso. En ellos, la mente del lector viaja a velocidad vertiginosa entre un escenario geográfico y otro, entre un espacio temporal y otro bien distinto. Sus textos son extraños, inquietantes, y sus finales casi siempre llegan provocando asombro. Tampoco hemos de dejar de lado su sentido del humor, ácido a veces, cruelmente irónico otras.
Y todo ello nos lo cuenta Manuel Moyano de forma magistral, con su lenguaje impecable, con su estilo directo. Con su forma de hacer que el lector perciba claramente que no falta ni sobra una palabra, un punto o una coma. Como un arquitecto de la exactitud. Como un devoto de la precisión. Gran descubrimiento el microrrelato, y mayor descubrimiento aún la pluma de Moyano.
Os dejo aquí uno de los microrrelatos que más me han gustado:
AUTOBÚS
Todos los asientos del autobús estaban libres, pero ella se sentó justo a mi lado. La miré de reojo: no había visto una mujer tan hermosa en toda mi vida. Era indudable que quería algo de mí; sin embargo, no se me ocurría nada que decirle: siempre he sido un poco timorato con el sexo opuesto. Fue ella quien rompió el hielo; me cogió de la mano y, mirándome con aquellos grandes ojos de color turquesa, me preguntó qué hora era. El roce de su piel me hizo enfermar de deseo. Apenas acerté a leer la esfera de mi reloj de pulsera; la voz me temblaba cuando respondí: “Las seis y media”. “Entonces, ya es hora de despertar”, afirmó ella.
lunes, 17 de mayo de 2021
El experimento Wolberg, Manuel Moyano
El experimento Wolberg nos trae de vuelta la maravillosa ficción de Moyano, en forma de ocho relatos que, aun concebidos con el mundo real como sustrato, abrazan con entusiasmo la injerencia de lo irreal, de lo excepcional, de lo surrealista, arrojando como resultado composiciones armónicas y bien proporcionadas. Manuel Moyano refleja en sus relatos la condición humana, sus ansias de fortuna, de gloria, de excelsitud, y la ineluctable miseria que conlleva el fin del sueño, el golpe de realidad. Encontramos entre sus páginas a individuos abocados, de una forma u otra, a la tragedia: hombres corrientes que reciben las dádivas de la diosa Fortuna y a continuación experimentan los más crueles de sus reveses. Protecciones milagrosas que dejan en la boca un regusto amargo, malos augurios convertidos en realidad, abducciones que ponen en riesgo trayectorias políticas, coincidencias insólitas que deparan a ciertos personajes futuros prometedores con resultados nefastos, minutos de gloria sustentados por la más abyecta de las mentiras.
Un catálogo de fatalidades salpimentadas por pinceladas del humor tan característico de Manuel Moyano.Ocho relatos deslumbrantes donde la paradoja y la ironía (ya lo dijo en "Bazar", broche final de La memoria de la especie: «La ironía es el humor de los tristes») se alían para dejar flotando en el ambiente el aroma dulzón de la tristeza junto a la posibilidad de continuar imaginando, obra, sin lugar a dudas, de un narrador a todas luces fabuloso.
martes, 11 de mayo de 2021
La coartada del diablo, Manuel Moyano
sábado, 8 de mayo de 2021
La memoria de la especie, Manuel Moyano
miércoles, 5 de mayo de 2021
El lobo de Periago, Manuel Moyano
Agotadísima mentalmente por circunstancias varias, huyo de este mundo que ahora mismo no comprendo y me refugio entre las letras de El lobo de Periago (Natursport, 2004) de Manuel Moyano, su tercera obra de corte antropológico (etnológico al menos). Voy leyendo página tras página y desaparece el tiempo. Cuando vengo a darme cuenta, me lo he bebido entero, y se me queda en las manos cierto aroma a melancolía.
El subtítulo de la obra, Historias de la Murcia rural, ya permite al lector intuir que va a pasear con Moyano por parajes remotos (remotísimos, y en su gran mayoría desconocidos para el común de los mortales) y a entablar conversación con individuos de algún modo excepcionales. Y son precisamente esos paisanos, con nombres y apellidos (o apodo) los que van a relatarnos anécdotas, costumbres, geografías y demografías con su verbo idiosincrático y rural (confieso que he tenido que recurrir en varias ocasiones a un diccionario, pues eran muchos los términos que no comprendía), pues así lo quiso el autor para dar un toque si cabe más genuino a la narración. Encontraremos retazos de vidas en completa conexión con la naturaleza, existencias casi aisladas, trabajo arduo a cambio de un pedazo insuficiente de pan. Hallaremos también la alegría del humilde ante las cosas sencillas, y la melancolía del que sabe a ciencia cierta que su modo de vida no tardará en caer en el olvido.
Caminante incansable, Moyano nos ofrece en la última parte de la obra tres magníficos textos (no sé si me recuerdan a Delibes, pero prácticamente con toda seguridad a Cela) donde detalla de manera deliciosa (qué descripciones, por favor) vivencias propias extraídas de sus excursiones a pie.
El lobo de Periago es, pues, además del último lobo que dicen se mató en Murcia, la metáfora perfecta y nostálgica de un mundo que, inevitablemente, se sumirá más pronto que tarde en los abismos del tiempo donde la memoria no llega. Sin embargo, es de agradecer que permanezca eternamente, indeleble, entre las páginas de Manuel Moyano, del cronista de los mundos olvidados.
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