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sábado, 15 de febrero de 2025

Morir dos veces, de Susana Rodríguez Lezaun

Ocho, señoras y señores. Ya son ocho las obras de esta magnífica autora que habitan mi biblioteca y que me han hecho disfrutar de buenísimos ratos de lectura. Maestra del manejo de la tensión y el suspense, Susana Rodríguez Lezaun es una de mis escritoras favoritas en el panorama del noir nacional. Su habilidad para crear personajes que se adhieren como tatuajes a la piel lectora quedó patente desde su primera saga (con el inspector Vázquez e Irene Ochoa como protagonistas). Sus novelas autoconclusivas también dejan huella, y de la buena. Su Marcela Pieldelobo es sin duda uno de los personajes de ficción a los que más cariño les guardo. Ahora, llega a nuestras manos con caracteres recién estrenados y una novela no apta para lectores con patologías cardíacas. 

Con el título de Morir dos veces (Harper Collins, 2025), y lanzada al mercado hace poco más de una semana, Susana Rodríguez trae una propuesta atractiva y adictiva a partes iguales. Soleil Bisset es una mujer con una vida relativamente convencional. Casada con el juez Eric Bisset y madre del pequeño Daniel, de dos años, trabaja a media jornada como ingeniera informática en su casa de Carcasona (Francia). Sin embargo, no es feliz, puesto que el control y la actitud indiferente de su marido y la de su entrometida e insoportable suegra la anulan como persona. Por este motivo, y con la intención de obtener la independencia económica que le permitiría liberarse y alejarse de ambos junto a su hijo, Soleil comienza a dedicarse a ciertos negocios en la red que coquetean peligrosamente con los márgenes de la legalidad. Tras aceptar cierto encargo, su socio es asesinado y ella comienza a tener miedo. Una tarde de fuerte tormenta y mucha lluvia, cuando Soleil va a recoger a su hijo a la guardería, se ven atrapados por la riada mientras van en el coche. La mujer consigue salvar a su hijo, pero su vehículo es arrastrado por las aguas con ella dentro. Ese día, Soleil Bisset muere y nace Moon Aubry, quien seis años después vive en París y combina las labores detective privado con ciertos negocios que se mueven también en la deep web. Un día acepta el encargo de acabar con la vida de una persona muy importante en su pasado. Lo acepta para no cumplirlo, y a partir de ese momento emprenderá una carrera contra el tiempo, sin saber realmente quiénes son sus enemigos, con tal de salvar a la que debiera ser su víctima, poniendo más que en riesgo su segunda vida. 

 Sin duda, Morir dos veces es una novela de ritmo frenético que atrapa al lector desde el primer párrafo, un thriller repleto de investigación, acción y sensación permanente de peligro. No hay más que decir, excepto que haréis bien en leerla. 


viernes, 29 de marzo de 2024

Mejor muerto, de Susana Rodríguez Lezaun

Qué ganas tenía de reencontrarme con ella. Con la poli experta en saltarse las reglas y seguir su instinto y su sentido de la justicia ignorando las más que probables consecuencias. Con el ser frágil que esconde sus heridas bajo el tatuaje de un árbol seco y unos cuervos que ya no alzarán el vuelo. Con la mujer que halla paz en las tormentas probablemente porque su fragor y el ruido del trueno acallen en parte la voz de sus propios demonios. Qué ganas tenía de volver a leer a Susana Rodríguez Lezaun y a sentir a Marcela Pieldelobo, aunque a veces me enfade con ella porque esa criatura literaria me saca de mis casillas en ciertos momentos. Treintañera, con un carácter muy particular y poco agradable, y una trayectoria repleta de dolor. Aun así, caigo rendida ante su testarudez, su temeridad y su manera de transgredir las normas cuando la situación lo precisa. Me encandiló en Bajo la piel, me enganchó en En la sangre y ahora, con esta tercera entrega, me confirma que tengo motivos de sobra para seguirla hasta donde ella quiera.

En Mejor muerto (Harper Collins, 2024), Susana nos devuelve a una inspectora Pieldelobo al borde del abismo. Ya no puede apoyarse en su fiel compañero y amigo Bonachera pues, por razones que se explican en la anterior entrega, ha sido apartado del Cuerpo y se ha trasladado a Barcelona. Su lugar lo ocupa el subinspector Vila, cuya vida personal dará mucho juego y pondrá el punto de morbo en la novela. En esta ocasión, el tándem Pieldelobo-Vila deberá concentrar toda su atención y energía en resolver el secuestro de Francisco Sarasola, un conocido empresario del sector inmobiliario pamplonica. Poco tiempo después de denunciar su desaparición, la familia al completo recibe en sus dispositivos móviles un vídeo en el que se aprecia a Sarasola malherido en el suelo. Dos hijos de su primer matrimonio, una exmujer ofendida, un tercer hijo menor de edad de su actual esposa, fiel creyente del tarot... Conforme avance la investigación, quedará claro que a su familia le resulta tan sencillo vivir sin él... ¿Qué tipo de individuo es Sarasola para que los que se supone que deben quererlo solo estén de acuerdo en una cosa: en que estaría mejor muerto? Una investigación a contrarreloj, chantajes varios, rencillas y violencia son algunos de los ingredientes de la trama policial de esta obra.

En su vertiente personal, al principio de la novela parece que la relación sentimental de Marcela y el foral Damen Andueza se ha consolidado, pero pronto podremos ver que el interior de Marcela es un verdadero campo de batalla en el que cada vez tiene menos posibilidades de resultar vencedora. Ahí es justo donde se me clava en el alma y me hace sufrir lo indecible. Su pasado no termina de marcharse nunca y la lucha contra el dolor, contra sus miedos y sus dudas es extenuante y no le permite disfrutar del amor que siente (porque lo siente) y del que recibe (porque lo recibe). Se me encoge el corazón al pensar, y a veces se me olvida que Marcela es un personaje literario...

En Mejor muerto, Susana Rodríguez se mantiene fiel a su estilo sencillo y directo, a un ritmo narrativo que mantiene en vilo al lector a base de capítulos cortos y un manejo impecable de la tensión dramática, obteniendo como resultado un thriller intenso y altamente adictivo. Podría seguir, pero no quiero hacer esto más largo, que seguramente tendreis muchas páginas que leer. Os dejo unos cuantos fragmentos de la obra que me han hecho sentir...bueno, leedlos y sacad vuestras propias conclusiones:

Estaba cansada de dejarse el alma. Nunca había nada fácil. Sintió el peso de sus hombros, la debilidad de sus brazos. Se estaba rindiendo. Pensó que quizá no estuviera mal aceptar la realidad y dejarse llevar, admitir que no había nada que pudiera hacer y tirar la toalla. Solo por una vez, ¿qué más daba? ¿A quién le importaban sus esfuerzos, sus desvelos, las cicatrices de su cuerpo?

Por último —seguía tras el murmullo de protesta—, está la amistad por la virtud, por lo bueno. No se busca sacar provecho, no se busca pasarlo bien, sino que se siente un aprecio sincero por la otra persona. Es la amistad del corazón. Ojalá encontréis a alguien a quien llamar amigo de verdad.

—Más importante que callarse —dijo ella— es saber con quién estás hablando.

viernes, 24 de marzo de 2023

En la sangre, de Susana Rodríguez Lezaun

La sangre, además de ser importante a nivel fisiológico, tiene gran relevancia mitológica y simbólicamente hablando. Se la ha relacionado con la vida y el alma, con los cultos solares y la recolección de las cosechas, con la juventud y el deseo de inmortalidad. Su color ha sido fuente de inspiración de numerosas metáforas y su derramamiento causa y consecuencia de innumerables guerras. Obviaremos su génesis, su composición química y las leyes de la física que gobiernan su circulación. Sin embargo, en ocasiones no tendremos más remedio que hacernos alguna pregunta de índole genética: ¿qué contiene nuestra sangre que nos hace como somos? ¿Comparten glóbulo las moléculas de oxígeno con vicios hereditarios? ¿Cohabitan el rojo plaquetas y mezquindades congénitas? No me equivocaría mucho si afirmase que estas y otras cuestiones similares pueblan las noches de insomnio de Marcela Pieldelobo, protagonista de la novela que acabo de terminar.

En la sangre (Harper Collins, 2023) es el significativo título escogido para la sexta novela de Susana Rodríguez Lezaun, segunda entrega de la saga encabezada por la inspectora Pieldelobo e iniciada en Bajo la piel. La trama comienza pocos meses después del desenlace de la primera entrega, con una Marcela Pieldelobo en el punto de mira de sus superiores a causa de sus constantes transgresiones a los límites de la legalidad y su inobservancia de los principios básicos de funcionamiento de la escala jerárquica. Por si ya fuera poca la presión a la que se ve sometida, le asignan –sin posibilidad alguna de réplica– la espinosa misión de arrancar la confesión de culpabilidad del inspector Ribas, el que fuera su antiguo amante y mentor, principal y único sospechoso en un caso de asesinato y tráfico de drogas. Para cumplir su objetivo, tendrá que trasladarse a Bera, una pequeña población a 75km de Pamplona, enclave abertzale y punto de inicio de las rutas que cruzan las mugas para introducir droga en Francia. Sus primeros pasos en la investigación la empujan a rechazar la versión oficial (es Pieldelobo, no podía ser de otra manera) y seguirá indagando a pesar de advertencias y palos varios en las ruedas. En paralelo a las pesquisas de Marcela, Susana Rodríguez Lezaun nos irá mostrando la voz de Elur Amézaga, la chica asesinada supuestamente por Ribas, que irá desgranando poco a poco sus cómos y sus porqués. Esta vez Pieldelobo lo tendrá crudo para apoyarse en el bueno del subinspector Bonachera, enfangado hasta el cuello en el lodazal de las deudas y el vicio y víctima de un intento de chantaje por parte de la misma mano en la sombra que amenaza a Marcela con desvelar cierta información que destruiría su ya maltrecha reputación y, por supuesto, su carrera profesional. La solución vendrá de mano de... Ah, no, de eso nada. Si quieren saber, pues léanla.

Capítulos cortos, manejo soberbio de la tensión dramática y un personaje central de los mejores que he encontrado hasta la fecha. Marcela Pieldelobo es una paradoja con patas que me ha enamorado desde el primer minuto.  Dura como el acero en apariencia, pero al tiempo frágil como el ala de una mariposa que busca refugio durante la tormenta. Arisca y seca para la mayoría, sedienta de amor y ternura en la intimidad. Deseosa de borrar el pasado pero con la maldición de la estirpe taladrándole los días y las noches: «lo llevas en la sangre, Marcela». El inspector de la Foral Damen Andueza será uno de los pocos capaces de permanecer a su lado a pesar de su aparente desapego, de su aspereza, de sus aristas cortantes. Será que me gustan las almas desportilladas porque, sin duda, quiero más Pieldelobo.

jueves, 16 de marzo de 2023

Bajo la piel, de Susana Rodríguez Lezaun

A menudo reflexiono sobre qué es, en general, lo que me hace disfrutar de una novela. En ocasiones es el engranaje argumental, la habilidad del autor o autora para articular con fluidez tramas y subtramas. Otras veces son los personajes, su desarrollo y la forma de conectar con ellos. Cuando hablamos de ciertos autores o autoras, la respuesta es: todo. Me ocurre, por ejemplo, con Susana Rodríguez Lezaun. No exagero si digo que la pamplonica me ha conquistado y se ha ganado a pulso un lugar en mi atestada biblioteca.

Bajo la piel (Harper Collins, 2021) es su quinta novela publicada e inaugura una saga que promete, protagonizada indiscutiblemente por la inspectora Marcela Pieldelobo. Tuve la suerte de escuchar la presentación de la obra de boca de la propia autora gracias, una vez más, a Cartagena Negra, y lo cierto es que dejó huella en mí. Tenía ganas de conocer a la inspectora Pieldelobo, y no me ha defraudado. Treintañera, con un carácter marcadísimo y una mochila a cuestas llena de momentos dolorosos y bocados difíciles de tragar, se hace facilísimo empatizar con ella. Me encandila su testarudez, su temeridad y su absoluta falta de respeto por las normas cuando la situación y el objetivo lo requieren.

En Bajo la piel, Susana Rodríguez Lezaun vuelve a su Pamplona natal como escenario de una investigación compleja y frustrante. Un vehículo despeñado cuyo conductor no aparece. Un bebé abandonado durante la noche en un lugar solitario. Pieldelobo logrará hallar el vínculo que une ambos acontecimientos y, al hacerlo, golpeará sin saberlo un nido de avispas furiosas dispuestas a cualquier cosa con tal de salvar su buen nombre. El método Pieldelobo no se ajusta precisamente a la legalidad, pero suele dar resultados. Sin embargo, en esta ocasión, jugará en su contra. La aparición del cadáver de la conductora del coche siniestrado y las dos muertes posteriores a esta confirmarán sin resquicio de duda las sospechas de la inspectora, que verá sus manos atadas por la cadena de mando al servicio de las altas esferas. Con la Iglesia hemos topado. Mejor dicho, con el Opus Dei. El caso se convertirá pronto en una obsesión para Marcela, una obsesión que estará a punto de quitarle la vida por partida doble.

En paralelo a la trama de investigación, y ocupando un lugar importante en el argumento de la novela, se va mostrando el universo privado que habita Marcela Pieldelobo. El traumático suceso que marcó su adolescencia,   el dolor de un matrimonio roto, su decepción y su vergüenza. El tatuaje que cubre su cuerpo, metáfora perfecta de las heridas de su alma. La muerte de su madre. El pasado que vuelve para complicarle más la vida .Los refugios donde encuentra la calma. La profundización en la psicología del personaje no resta centralidad a la trama, sino que nos hace comprender mejor las acciones y reacciones de Marcela.

Susana Rodríguez Lezaun va creciendo como autora con cada nueva publicación. Su prosa es sencilla pero al grano. Su manejo de la tensión y de la intriga, soberbio. Sus personajes desportillados o rotos se quedan con el lector y forman parte de su vida diaria. Podría darles más argumentos, pero resulta que ya me está esperando En la sangre (más Pieldelobo) en la estantería. Ya saben, si les ha picado la curiosidad, háganse con ella y disfruten.

jueves, 23 de febrero de 2023

Una bala con mi nombre, de Susana Rodríguez Lezaun

Every time that I look in the mirror
All these lines on my face getting clearer
The past is gone
It went by like dusk to dawn
Isn't that the way?

(Cada vez que me miro al espejo
las arrugas de mi rostro son más visibles.
El pasado ya no está.
Se esfumó de la noche a la mañana.
¿No sucede así?)

Estrofa de Dream On, de Aerosmith

Me encanta la música y, dentro del eclecticismo donde nadan mis gustos, la textura ronca de la voz de Steven Tyler, líder y vocalista de la banda de rock Aerosmith, libera en mi cerebro algún tipo de dopamina que me provoca un placer difícil de explicar con palabras. Dream on es uno de sus temas legendarios, concretamente el primer sencillo de su álbum debut, que vio la luz allá por 1973, y uno de los preferidos en mi playlist para momentos de bajón. Toca cuerdas del alma que no vibran a menudo. Justo ayer por la tarde iba escuchándola en el coche y hoy, zas, aparece mencionada de repente en los agradecimientos de la novela que acabo de terminar. Esta autora ya me gustaba y, ahora, más todavía.

Susana Rodríguez Lezaun abandona las frías tierras de su Navarra natal, que ambientaban la trilogía Sin retorno y sitúa la acción de su cuarta novela publicada, Una bala con mi nombre (Harper Bolsillo, 2020), en Boston, como homenaje a la mítica banda de Massachusets (¡Bravo!). La protagonista de su trama esta vez es Zoe Bennet, una apática restauradora en el Museo de Bellas Artes de Boston. A sus cuarenta años, su vida – tranquila, rutinaria, aburrida– de mujer solitaria y fría dará un giro de ciento ochenta grados al conocer en una fiesta a Noah Roberts, un apuesto camarero que derribará sus defensas sin mucha dificultad. Con él se sentirá deseada, atractiva, importante. Viva, en definitiva. Y esa sensación le vendará los ojos ante el peligro. Una tarde, Noah la convence para entrar en el museo y visitar juntos el taller donde trabaja. Una vez allí, darán rienda suelta a sus instintos más básicos y gozarán de una fiesta privada cuyas consecuencias no serán capaces de anticipar. Zoe no tardará mucho en descubrir que ha sido utilizada con fines delictivos, y su existencia se verá truncada por una vorágine de amenazas, golpes y sorpresas desagradables que la empujarán a tomar ciertas decisiones de las que luego se arrepentirá ( o no). Rabia, miedo, frustración y un deseo que no es capaz de domar la acompañarán sin descanso y la convertirán en una persona diferente. Si les pica la curiosidad, no tendrán más remedio que leerla.

Narrado en primera persona, Una bala con mi nombre es un thriller absolutamente adictivo desde la primera página. Susana Rodríguez Lezaun nos presenta a los personajes centrales en el prólogo, en un escenario ya próximo al desenlace y en una situación que dispara los niveles de cortisol del lector de manera alarmante. A partir de ahí, tendrá que seguir la trama lineal de la novela, compuesta por capítulos cortos y repletos de acción, para averiguar cómo han llegado hasta ese punto. Con un ritmo rapidísimo aderezado con una buena dosis de sexo y adrenalina, la autora consigue convencer a los lectores para que no dejen de leer hasta la última página. No apto para taquicárdicos.


viernes, 3 de febrero de 2023

Te veré esta noche, de Susana Rodríguez Lezaun


Por más que haya avanzado la ciencia, la mente humana y su funcionamiento siguen constituyendo un misterio prácticamente insondable. Tratamos de encontrar relaciones causa-efecto, clasificamos operadores, establecemos principios o analizamos dopaminas, serotoninas, oxitocinas y endorfinas. Sin embargo, los resultados que obtenemos no son más que hipótesis, conjeturas o meras entelequias. En realidad, no sabemos nada. ¿Quién podría explicar cómo y por qué un individuo de funcionamiento normativo se transforma en un asesino frío y calculador? ¿Cómo conviven en una misma persona la calidez y la ternura amantes con el cerebro de una homicida múltiple? No hay respuestas, me temo. Quizá podamos preguntarle a Susana Rodríguez Lezaun qué opina ella, puesto que demuestra una gran habilidad a la hora de dar vida a personajes que se mueven como peces en el agua en la frontera malsana que separa el amor de la muerte.

Con Te veré esta noche (Debolsillo, de Penguin,  2018) llegamos al final –al menos por ahora– de la trilogía iniciada en Sin retorno y protagonizada por el inspector David Vázquez. En esta última entrega, a nuestro atormentado inspector y a su equipo les va a tocar investigar la desaparición de la familia de Raquel Gimeno  en el trayecto desde el pueblo natal de esta hasta su residencia en Pamplona. Raquel se queda dormida mientras viajan y despierta en el coche, sola y en medio de un descampado. A su madre, su marido y sus hijos parece habérselos tragado la tierra. En diez capítulos que resumen la tensión de diez angustiosos días y le ofrecen al lector toda una lección sobre construcciones militares en Navarra, Susana Rodríguez Lezaun mantiene al lector en vilo mientras desgrana los delirios de una mente desquiciada y la carrera contrarreloj de las fuerzas del orden que intentan detenerla tratando de hallar pistas en cadáveres mutilados de forma salvaje y tosca y poemas salidos del corazón que casi rozan el gore. ¿Amor? ¿Obsesión? ¿Patología? Quién sabe...

Al igual que en las dos entregas anteriores, en paralelo a la trama de investigación discurre la acibarada historia de amor entre David Vázquez e Irene Ochoa, ahora prófuga de la justicia y cazadora de nuevas identidades tras las que ocultarse. Dos vidas rotas que no logran deshacer el vínculo. Dos vidas que pagan las consecuencias de amar a quien no se debe. Dos almas irremediablemente perdidas en el lodo de lo imposible. Negra desesperación y profunda tristeza. ¿Cómo acabarán?

En Te veré esta noche, Susana Rodríguez Lezaun vuelve a ofrecerle al lector una novela negra con una ambientación acorde al tono de la misma. Lluvia, viento, frío y oscuridad nos acompañan en escenas repletas de dolor y sufrimiento. Montes de densa vegetación que dificultan más si cabe la esperanza. Personajes complejos que guardan secretos inconfesables. Y un final contundente, vaya que sí. 

domingo, 29 de enero de 2023

Deudas del frío, de Susana Rodríguez Lezaun

Esta semana las temperaturas han sufrido un descenso considerable que ha perjudicado seriamente la realización de cualquier actividad que implicase abandonar la calidez del hogar (será que por estos lares no estamos habituados a que de verdad sea invierno). Lo que no se ha enfriado en absoluto han sido las ganas de leer ni de saber cómo continuaba la historia del inspector David Vázquez y de Irene Ochoa, a quienes conocimos hace ya unos cuantos días en Sin retorno. En la segunda entrega de la saga, que he devorado con ansia equipada con el preceptivo uniforme invernal de lectura (es decir, pijama y barra libre de mantas), Susana Rodríguez Lezaun nos muestra que el pasado siempre acecha en la sombra, por muchos esfuerzos que uno haga para dejarlo atrás y cortar los cabos sueltos. Sigue vigente en mí la profunda empatía por el personaje de Irene Ochoa, por mucho que en más de una ocasión haya quebrantado las normas legales y consuetudinarias.

Con un título y una ambientación muy acordes a la gélida climatología de estos días, Deudas del frío (Debolsillo, de Penguin Random House, 2018) supone un nuevo rompecabezas que deberán resolver el inspector David Vázquez y su equipo. La primera pieza, el cadáver de Jorge Viamonte, presidente del Banco Hispano-Francés, es hallado en Berriozar, municipio colindante con la capital Navarra, con un enorme agujero en el tórax. Allí debía el célebre banquero haberse reunido con su hermano Lucas, individuo alcohólico y enfermo  que sobrevive en medio de la más desoladora indigencia, para entregarle algo de dinero. En el mismo momento en que la policía conoce esta información, que el lector ya posee de antemano, el nombre de Lucas Viamonte se sitúa, por supuesto, en cabeza (y casi con exclusividad) de la lista de sospechosos. Tras un par de días de infructuosa búsqueda, el Viamonte mendigo es localizado por una patrulla e, inmediatamente tras su primera declaración, debe ser hospitalizado debido a su deplorable estado de salud. Mientras el sospechoso está ingresado y en coma inducido, se produce el segundo asesinato, el de Tobías Meyer, vicepresidente de la misma entidad bancaria. Todo se complica entonces. El primer sospechoso, obviamente, no pudo apretar el gatillo. El equipo policial se encontrará, pues, con varias líneas de investigación y pocas respuestas. ¿Estará la clave escondida entre los grupos de activistas afines al movimiento del 15M que proclaman abiertamente su odio hacia los banqueros? ¿Residirá en el entorno financiero de los finados, donde las envidias, el rencor y las amenazas veladas se ocultan tras ademanes y sonrisas corteses? Ya saben, si les pica la curiosidad...

En paralelo a la investigación policial, el lector asistirá a la consolidación de la relación sentimental que se inició en Sin retorno entre el inspector Vázquez e Irene Ochoa. Mientras el primero sueña con un futuro estable al lado de la mujer de la que se ha enamorado perdidamente, la segunda tratará de borrar las huellas de los crímenes que cometió en la primera entrega de la saga. Eliminar el pasado para tener la opción de ese futuro que ambos desean. ¿Lo logrará?

Deudas del frío demuestra, a nivel literario, que no existe incompatibilidad alguna entre el dinamismo narrativo y la minuciosidad en el detalle. Susana Rodríguez Lezaun desgrana las tramas a buen ritmo sin dejar por ello de prestar atención a las arrugas en la vestimenta o al estado del peinado de tal o cual personaje.   Si la primera entrega de la saga destacaba la ambientación, en Deudas del frío podemos encontrar una contextualización social realista y descarnada, con escenas y diálogos que romperían el corazón hasta al lector más sosegado. Un buen compendio de trama de novela negra y crítica social, en definitiva.

martes, 24 de enero de 2023

Sin retorno, de Susana Rodríguez Lezaun


Hay lecturas que llegan a su fin y ya está. Nos entretienen durante las horas que pasamos entre sus páginas y, cuando llegamos a la última, se marchan sin más pena ni gloria. Otras, por el contrario, nos obligan a quedarnos quietos, mirando la pared, lanzándole al silencio ciertas preguntas que probablemente carecen de respuesta. Algunas nos hacen incluso cuestionarnos nuestra integridad como personas... La novela que acabo de terminar pertenece a este último grupo. A su autora, la pamplonica Susana Rodríguez Lezaun (periodista, escritora, correctora y directora del reputado festival Pamplona Negra) tuve la oportunidad de conocerla en la edición de 2021 de Cartagena Negra cuando presentaba Bajo la piel. No tardó en seducirme su qué y su cómo, y decidí que empezaría a leerla desde su primera obra publicada, lo que nos lleva justo a este momento.

Sin retorno. Así se titula la opera prima de Susana Rodríguez Lezaun, inicio de la saga del Inspector David Vázquez, publicada por primera vez en 2015 y reeditada en 2021 por HarperCollins. Ambientada en su Pamplona natal, la autora vertebra la trama en dos líneas que discurren en paralelo. Comienza presentándonos a Irene Ochoa, una mujer víctima de malos tratos que, desesperada al comprobar el inminente peligro que corre su vida, toma la decisión de acabar con la de su marido. Dando por garantizada la habitual y elevada tasa de alcohol en la sangre del cónyuge, elige un cigarrillo, un mechero y un cenicero como su tabla de salvación. El inspector de la Policía Nacional David Vázquez es asignado como responsable de la investigación de lo que, en principio, parece una muerte accidental. La atracción entre el inspector y la reciente viuda será inmediata y arrolladora. No obstante, la atención de David deberá enfocarse con más fuerza en el segundo hilo argumental de la novela: la aparición del cadáver de un peregrino en el albergue de Itzandegia, en Roncesvalles, puerta del Camino (de Santiago, claro) francés a España. El equipo de investigación no ha logrado reunir ninguna pista que les conduzca hasta el criminal cuando un segundo peregrino es hallado muerto en las inmediaciones de la misma población. Mismo modus operandi, mismo símbolo puesto a conciencia sobre el cuerpo. El inspector David Vázquez compaginará la búsqueda del asesino junto al resto de su equipo con la incipiente relación con Irene Ochoa, quien, a pesar de los remordimientos y la culpa que la atormentan, hará lo que tenga que hacer para que su vida no se detenga y pueda disfrutar de ese balón de oxígeno que le supone su inesperada historia de amor. ¿Y si alguien comenzara a sospechar que la muerte de su marido no fue accidental porque hay un dato relevante que no cuadra? Si desean saber, tendrán que leer.

Susana Rodríguez nos ofrece en Sin retorno una novela cuya ambientación es brutal. Rica y minuciosa en descripciones, sus páginas llevarán al lector a pasear por el entorno de Roncesvalles y su Colegiata, punto de vital importancia en la ruta jacobea desde Francia. Personajes bien definidos, un buen ritmo narrativo y un aumento constante de la tensión mantendrán cautiva la atención de este hasta el final, trepidante donde los haya. Sin embargo, a esta humilde lectora lo que le trae de cabeza de esta obra es la figura de Irene Ochoa. Víctima y verdugo a un tiempo, me plantea cuestiones que no soy capaz de responderme. ¿Hasta qué punto es lícito llegar para salvarse una misma? Como verán, no hablo de legalidad, pues ese aspecto está claro como el agua. Cuando se cruzan ciertas líneas sin retorno, ¿aún se conserva el derecho a la felicidad? ¿Y si no puede aspirarse a una felicidad relativa, para que se querría vivir? Que lo del valle de lágrimas está muy bien para los que tengan fe, pero para el resto... En fin, no les robo más tiempo con el sinfín de preguntas que me rondan la cabeza. Léanla si tienen la oportunidad y ya me dicen qué opinan. A mí, mientras tanto, me espera la segunda entrega de la saga. 

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...