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sábado, 5 de julio de 2025

La cara norte del corazón, de Dolores Redondo

Mientras leía la Trilogía del Baztán iba pensando que Aloisius Dupree, el misterioso agente del FBI con el que Amaia Salazar habla por teléfono de vez en cuando, siempre a horas intempestivas, para pedirle ayuda o consejo, era un personaje tan intrigante que daba mucho juego para otra novela en la que tuviera mayor relevancia. ¿Cuál es la naturaleza de la relación entre Amaia y Dupree? ¿De dónde viene esa conexión que a veces no parece de este mundo? Por fin lo he podido averiguar en la novela que acabo de terminar, que además me ha servido para aprender que, aunque la cartografía no haya conseguido reflejarlo en ningún mapa, el corazón tiene una geografía particular que no rinde pleitesía a la rosa de los vientos. Y que la cara norte es esa región inhóspita y a menudo inaccesible donde habitan el miedo y el dolor.

La cara norte del corazón (Destino, 2019) es la precuela de la Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo y se ambienta en Nueva Orleans, un lugar con curiosos paralelismos con Elizondo donde los cementerios reciben la esotérica denominación de «ciudades de los muertos». Si bien es la precuela de la saga, mi consejo es leerla después de la trilogía, pues se desvelan ciertos aspectos del pasado de Amaia que, de saberse de antemano, restarían intriga a las otras tres entregas. En esta obra, Dolores redondo articula la trama en dos líneas argumentales separadas en el tiempo por un lapso de trece años, y cuyo factor común es el personaje de Amaia. Así, el lector irá alternando entre el Elizondo de 1992 y la ciudad de Nueva Orleans en agosto de 2005 (esta última acapara el grueso de la trama). En la línea argumental del presente, Amaia Salazar es la subinspectora más joven de la policía foral de Navarra y se encuentra en la Academia del FBI en Quantico asistiendo a un curso en el que interviene como formador Aloisius Dupree, que encabeza uno de los grupos de trabajo de campo de la Unidad de Ciencias del Comportamiento. Debido a su intuición, su mente brillante y su particular comportamiento, Amaia tendrá la oportunidad de integrarse en el grupo de Dupree para dar caza al "Compositor", un asesino en serie que oculta sus crímenes tras la devastación provocada por desastres naturales. Todo apunta a que el Compositor volverá a actuar en Nueva Orleans al amparo del huracán Katrina, uno de los fenómenos naturales más catastróficos en la historia de Estados Unidos, y hasta allí se desplaza el equipo a pesar de los riesgos que ello supone. Con respecto al hilo argumental de 1992 en Elizondo, narrado a modo de flashback a colación de una llamada desde España portadora de funestas noticias, el lector conocerá algún que otro episodio inédito en la infancia de Amaia que dio lugar a que su tía Engrasi decidiera alejarla lo máximo posible de su lugar de nacimiento. Verá el lector entonces a una Amaia niña forzada por las circunstancias a erigir un muro de olvido que mantenga ocultos los recuerdos de ciertos sucesos que moldearían su vida y sus pesadillas de la forma más dolorosa. Hacia la mitad de la novela, Dolores Redondo introduce una trama secundaria relacionada tanto con el pasado de Dupree como con el folklore, leyendas y supersticiones de Nueva Orleans que, aunque poco definida, quizá de lugar a otra nueva entrega.

Aunque es evidente en La cara norte del corazón que el estilo y la calidad literaria de la autora han mejorado, su punto fuerte sigue siendo la ambientación, muy trabajada y muy vívida, capaz de transportarnos al mismo epicentro de la ciudad antes, durante y después de ser asolada por las fuerzas de la naturaleza. Dolores Redondo dibuja a la perfección un escenario caótico que sobrecoge al lector y lo hace partícipe de la magnitud de las consecuencias de la hecatombe, del dolor, del silencio y la tragedia que se respiran en una ciudad anegada hasta la desesperanza. Un verdadero infierno de agua y desesperación donde la lucha real será por la supervivencia. Con una prosa muy fluida y visual y de la mano de un narrador omnisciente, Dolores Redondo construye una trama sólida y efectista que revela la ponzoña que reside a veces en el alma humana y atrapa al lector desde las primeras páginas. La recomiendo pero, insisto, después de leer la Trilogía del Baztán.

lunes, 23 de junio de 2025

Ofrenda a la tormenta, de Dolores Redondo

Trust I seek and I find in you
Every day for us something new
Open mind for a different view
And nothing else matters.
(Nothing else Matters, METALLICA)

Después de cuarenta años leyendo, me sigue sorprendiendo (y ojalá siga siendo así siempre) el efecto que la prosa de un autor hábil puede provocar en mí. En un momento, soy consciente de que estoy leyendo y, al siguiente, ya no existo, porque me he perdido entre las páginas del libro. Es una de las mejores sensaciones que conozco, y Dolores Redondo me la ha proporcionado hasta ahora en las tres novelas suyas que he leído. Si El guardián invisible y Legado en los huesos me gustaron, la novela que acabo de terminar, broche de oro a su exitosa trilogía, la he disfrutado quizá más si cabe. Además, ¿cómo no van a gustarme una obra y una autora que escogen como una de las citas de apertura la letra de mi canción preferida?

Ofrenda a la Tormenta (Destino, 2014) es la tercera entrega de la saga protagonizada por Amaia Salazar y la que cierra la Trilogía del Baztán. La trama de la novela comienza apenas un mes después de los dramáticos sucesos relatados en la anterior entrega. Amaia vive relativamente tranquila tras haber recuperado a su hijo y detenido al culpable de las atrocidades narradas en Legado en los huesos, pero solo relativamente porque, a pesar de que casi todos piensan que su madre está muerta, su instinto le dice que no, que la mayor amenaza contra su vida continúa viva, por lo que el peligro no ha pasado. A su alrededor, el mundo sigue girando y el mal no descansa, y en Elizondo una niña de pocos meses muere supuestamente por muerte súbita del lactante. La abuela del bebé no acepta esta hipótesis y solicita que se indague. Unas marcas rojas en la carita de la niña y el hecho de que su propio padre intente llevarse el pequeño cadáver de la funeraria confirman que la abuela podría tener razón y se abre una investigación cuyas consecuencias van a ser devastadoras, pues sale a la luz una macabra tela de araña oculta tras varias muertes supuestamente naturales de bebés en el valle, una oscura telaraña que, por supuesto, también tendrá relación con la vida de Amaia, puesto que su faceta profesional y personal parecen ser un todo indisoluble. Por otro lado, la vertiente emocional de la protagonista, ya habitualmemte inestable, se asimila cada vez más a una montaña rusa debido a la atracción y a los sentimientos que genera en ella un atractivo personaje que ya apareció en el tablero en la anterior entrega. En este caso, el ser mitológico que poblará las pesadillas de los baztaneses será Inguma, un espíritu maléfico que se sienta sobre el pecho de sus víctimas durante el sueño y aprieta con sus manos la garganta de estas para beberse su aliento.

Dividida en 57 capítulos, Ofrenda a la tormenta se cuenta en tercera persona por un narrador omnisciente, y mantiene el estilo directo, sencillo, ágil y dinámico de las entregas anteriores, cautivando al lector ya desde las primeras páginas. Como cierre de trilogía, al final de esta novela no solamente se resuelve la investigación que la Policía Foral lleva entre manos, sino que es posible que se de respuesta a ciertos interrogantes que podrían haber quedado pendientes en las entregas anteriores, por lo que es necesario leerlas en orden. Como ya es habitual, los personajes de Dolores Redondo están muy bien dibujados, aunque a diferencia de las anteriores, el de Amaia Salazar va a tener una preponderancia casi absoluta, y la ambientación va a jugar un papel fundamental tanto en el desarrollo de la trama como en el de la psicología del personaje. Como decía al principio, ha resultado una lectura absorbente total, en la que a veces tenía que detenerme y concienciarme de que lo que estaba ocurriendo era solo ficción, para dejar de sufrir un poquito. El final, me lo esperaba, porque empecé a sospechar muy pronto quién era el malo malísimo, pero no por ello he disfrutado menos. Si tenéis la oportunidad, no os perdáis esta trilogía, porque realmente merece la pena. Palabra de lectora.

martes, 17 de junio de 2025

Legado en los huesos, de Dolores Redondo

Cuando hace unos cuantos días acabé El guardián invisible, estaba ansiosa por continuar, por saber qué sería de la vida de Amaia Salazar y su peculiar familia. Ahora que he leído la continuación, me he quedado exactamente igual, con la misma sensación, la de un final que clama a gritos un nuevo comienzo, con la necesidad de satisfacer el morbo lector que ha ido creciendo conforme avanzaban las páginas.

En Legado en los huesos (Destino, 2013), segunda entrega de su aclamada Trilogía del Baztán, Dolores Redondo vuelve a sumergir al lector en el valle que da título a la saga y en la fascinante vida de Amaia Salazar, ahora Jefa de Homicidios en la comisaría de Pamplona de la Policía Foral de Navarra. La novela comienza con los últimos días de embarazo de Amaia y los primeros de su recién estrenada maternidad (tema que adquirirá gran relevancia a lo largo de la obra). Como ya ocurriera en El guardián invisible, en Legado en los huesos hallaremos que la faceta personal y profesional de Amaia continúan íntimamente ligadas. Nuestra protagonista regresa a Elizondo para hacerse cargo de una investigación (a petición de la curia eclesiástica) que tiene como objeto la profanación de la iglesia de Arizkun, donde se aprecian ciertas connotaciones que apuntan claramente a una injusticia histórica en el pasado del valle. Esta trama de investigación va a cruzarse con la del suicidio de varios tipejos acusados y condenados por crímenes machistas que, sin tener relación directa entre ellos, muestran varios nexos comunes que convencerán a un nuevo y atractivo juez para abrir un nuevo caso, que afectará a Amaia tanto en el ámbito profesional como en el personal, ya que, aunque logra mantener bajo control a los fantasmas del pasado, sigue habiendo aspectos, oscuros y siniestros, de su historia personal que desconoce, y que la autora irá desvelando a modo de flashback, y que además estarán muy relacionados con la investigación que la ocupa. El basajaun de la primera entrega cede, en esta segunda, el protagonismo mitológico al tarttalo, una criatura semejante a un cíclope que alberga en su interior a un verdadero asesino, sanguinario, feroz y caníbal. Pinta bien, ¿verdad? Pues no os pienso contar más (por si hubiese alguien aparte de mí, claro, que no la haya leído).

Uno de los principales aciertos de Dolores Redondo en esta trilogía es sin duda la ambientación geográfica unida a la cultural. Las características naturales del valle del Baztán, junto al misterio y la magia de las leyendas que lo nutren, lo convierten en el escenario perfecto para enmarcar y desarrollar sus tramas. Aunque en Legado en los huesos vamos a encontrar temas como el maltrato, las sectas o la inoperancia de la rivalidad existente entre los distintos cuerpos de seguridad del Estado, los temas centrales de esta obra son claramente el Miedo en todas sus vertientes (casi como un personaje más de la historia pero omnipresente) y la maternidad, enfocada también desde distintas perspectivas y alejada del ideal que nos venden las revistas. La autora vuelve a deleitarnos con su prosa emocionante y asequible estructurada en capítulos relativamente cortos donde dosifica con maestría el suspense y el misterio y lo combina con unos personajes muy verosímiles, lo que convierte a la novela en una lectura adictiva ante la que no queda más remedio que claudicar. Queda claro que la recomiendo, ¿verdad?

miércoles, 11 de junio de 2025

El guardián invisible, de Dolores Redondo


A veces, cuando me encuentro con autores y/u obras con reseñas excelentes y además numerosas, me cuesta abordarlos quizá por temor a que la realidad no se ajuste demasiado a la expectativa. Tal vez haya sido por esa razón que he tardado tanto tiempo en leer a esta autora, que ya se había cambiado convertido en una de mis eternas pendientes. Afortunadamente, por fin me he decidido y acabo de terminar la primera novela de la saga que la encumbró, y debo decir que ha merecido la pena, pues ha superado con creces la expectativa.

El guardián invisible (Destino, 2013) es la primera entrega de la Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, un thriller cuyas tramas y subtramas van profundamente vinculadas a la tradición y la mitología vasco-navarra. Su protagonista se llama Amaia Salazar y, aparte de ser inspectora de la Policía Foral de Navarra, es una mujer que carga a sus espaldas un pasado oscuro y un trauma infantil que le garantiza pesadillas recurrentes y noches en vela. La casualidad, y su valía como investigadora, la hacen regresar a Elizondo, el pueblo que la vio nacer y crecer, y del que siempre quiso huir, lo que provoca aún más inestabilidad en su equilibrio psíquico. Amaia tendrá abierto un doble frente en el que luchar. Por un lado, deberá, con la ayuda de otros inspectores y fuerzas de seguridad, hallar al criminal que siembra el pánico en el valle depositando cadáveres de niñas con una escenificación ritual en las orillas del río Baztán. Por otro, tendrá que enfrentarse al Mal que acecha y amenaza su alma. Ambas batallas se auguran complejas, y ambas le provocarán multitud de sinsabores. Pero nuestra protagonista no es una detective al uso, ya que no es un ser solitario, sino que se apoyará en sus poderosas raíces familiares para encontrar soluciones. La autora utiliza la figura del narrador omnipresente en tercera persona, lo que posibilita ver la historia desde diferentes perspectivas. Asimismo, en la trama de investigación intercala fragmentos de lo que le ocurrió a Amaia cuando era una niña y la marcó para siempre, y nos va desgranando sus pesadillas para que las vivamos desde dentro. Si os ha picado la curiosidad y aún no la habéis leído, estáis tardando...

Nos encontramos en El guardián invisible ante una novela coral, con una gran multitud de personajes, todos ellos dibujados con mucha habilidad, bien perfilados psicológicamente y dotados de fuerza y verosimilitud. Intuimos que algunos de ellos seguirán presentes a lo largo de la trilogía y otros desaparecerán al final de esta primera entrega. Dolores Redondo conceptúa el Mal (así con mayúsculas) como uno de sus personajes principales, uno que campa a sus anchas por todas las páginas de la novela y se adivina detras de más de uno de los caracteres, lo que hace a la obra una novela negra en todos los sentidos. Otro de los elementos que contribuyen al éxito de la obra es su ambientación, el valle del Baztán, un espacio rico en leyendas, tradiciones, folklore y mitología, y la forma natural y plena de coherencia con la que la que la autora lo introduce en la trama. Dolores Redondo ofrece al lector elegancia y sencillez en la prosa sin restarle ni un ápice de belleza. hace gala de una prosa elegante, sencilla, sin adornos innecesarios y a la vez bella. Muy recomendable, pero os dejo ya que me espera la siguiente.

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...