lunes, 26 de febrero de 2024

Occulta Veritas, de Hugo S.C.


La ciencia avanza a pasos agigantados hacia horizontes a los que no nos atrevemos a asomarnos. Biotecnología, biomedicina o neurotecnología, entre otros, son términos de uso relativamente reciente que para unos enarbolan las banderas del futuro y la esperanza y para otros suponen una fuente inagotable de miedos y prejuicios. Los límites establecidos por la ética y la moral van cambiando con el tiempo y los beneficios obtenidos en el ámbito médico, pero cruzar ciertas fronteras supone un desafío tanto para el individuo como para la sociedad en conjunto. La novela que acabo de terminar ha sembrado cientos de dudas en mi mente. Preguntas para las que, de momento, no existe respuesta. 

Occulta veritas (2023), de Hugo S.C., es un thriller policíaco que, en algunos aspectos, roza los márgenes de la ciencia ficción. La obra tiene un inicio de lo más intrigante, en el que dos individuos cuyos nombres apuntan a Europa del este vigilan un edificio con intenciones delictivas. Más tarde, descubriremos, junto a una Olga taquicárdica que trata de sortear el tráfico de Valencia para llevar al colegio a su hija Mireia, que los sospechosos han secuestrado a Robert Queen, un actor cuya fama alcanza todos los rincones del orbe. Mientras huyen, un SUV, conducido supuestamente por una mujer, colisiona frontalmente con la ambulancia donde viajan secuestradores y rehén, y se monta un buen cirio que deriva en un embrollo de talla internacional . La Jefa de Inspectores Celia Blat y el inspector Marcos Luján deben interrumpir el ocio de su día libre y acudir prestos a la comisaría, donde les espera presión a niveles industriales para resolver un caso que preocupa a las más altas esferas, policiales y políticas. Por si les faltaba algo en una investigación que se presenta complicada, aparte de rendir cuentas a su superior, deberán hacerlo a un arrogante paladín de la Europol. Conforme avanzan las pesquisas, el lector irá descubriendo la tensa relación sentimental de Celia y Marcos, cincelada a base de fe y constantemente amenazada por el pasado de ambos. En el caso de Marcos, un shock postraumático crónico resultado de un accidente años atrás. En el caso de Celia, un mar de zozobra tras una relación ambigua pero profunda con la que fue su mejor amiga. Y de fondo, la voz de Laura, una mujer que se somete a un misterio procedimiento que la mantendrá sujeta a una silla metálica un largo período de tiempo. Interesante, ¿verdad? Pues si os ha picado la curiosidad, ya sabéis. 

Hugo S.C. ofrece al lector en Occulta Veritas una novela muy bien escrita, con una trama urdida con inteligencia y unos personajes bien perfilados, que atrapa al lector ya en la primera página y le hace partícipe de una historia que se desarrolla a ritmo vertiginoso. Una excelente combinación de investigación policial, acción y ciencia que no deja de lado temas cotidianos, la complejidad de los sentimientos y las emociones y una profunda reflexión filosófica. En definitiva, lectura recomendable.

jueves, 22 de febrero de 2024

El Monasterio de Piedra, de Ager Aguirre

Este lugar se ha convertido en la entrada del Mal a nuestro mundo porque nosotros se lo hemos permitido mirando hacia otro lado, olvidando las palabras de Dios y venerando a las tentaciones del Diablo como a dioses profanos… Solo Dios puede salvarnos. El tiempo se agota.

Ocho siglos de historia dibujan los paisajes del Monasterio de Piedra, joya natural sita en la comarca de Calatayud (Zaragoza) que originalmente fue una fortaleza musulmana y a finales del s. XII se transformaría en enclave cisterciense. La belleza de su entorno y su potente arquitectura hidráulica forman parte de su inigualable atractivo, al igual que las leyendas escritas sin tinta en sus piedras y en sus aguas. Cuenta una de ellas que un día, en el Monasterio de Piedra, se libró una feroz batalla entre ángeles y demonios. Cuando, con una bola de fuego, los ángeles acabaron con el último demonio, que portaba un gran peñasco, la enorme roca quedó depositada en el lugar de su muerte, que se llamó desde entonces la Peña del Diablo. Ager Aguirre, autor al que acabo de acercarme por primera vez, hace un excelente uso de dicha leyenda y el entorno privilegiado que la acoge para trasladar al s. XXI esa batalla entre el Bien y el Mal y ofrecerle al lector un thriller policíaco muy bien armado  y demostrarle que hasta en los lugares más hermosos caben el horror y la ignominia.

Queda claro, ya solo por el título, dónde se ambienta El Monasterio de Piedra (2023) de Ager Aguirre. La trama de esta novela comienza con la (pelín) estresante visita de una pareja, junto con su hiperactivo hijo, al paraje natural del monasterio. El niño no para quieto un minuto y ,en uno de sus arranques, descubre el cuerpo de una bella joven (como un ángel dormido) en una gruta. Dos agentes del puesto más cercano de la Guardia Civil, Paula Gallur y Germán Dávalos, son requeridos para personarse en el parque y esclarecer las circunstancias de la muerte de la chica. Cuando estas parecen indicar que no ha sido un accidente, llegará al monasterio un equipo de investigadores formado por el teniente Allué (de la UCO), la alférez Gascón (de la EMUME) e Inma Puertas, del laboratorio de criminalística. Al carecer del número suficiente de efectivos, el desagradable teniente se verá obligado a apoyarse en la joven e inexperta pareja de «guardias de pueblo», Paula y Germán. Juntos tendrán que hacer frente a una investigación más compleja de lo que parece a primera vista. Un asesino atrae a chicas jóvenes al parque, las desmaquilla, les cambia su ropa por vestidos blancos y vaporosos, y las mata. Como los recursos son tan escasos, tendrán que contar, además, con la ayuda de civiles para tareas de vigilancia nocturna. El autor juega con maestría con los personajes, haciendo al lector que sospeche de todos y cada uno de ellos. Un monje que predica el inminente triunfo del Mal, un fotógrafo que huele a café recién hecho, una enfermera un tanto extraña, entre otros, serán los personajes que pueblen estas páginas y que mantengan alerta la atención del lector de principio a fin. Y no le falta, por supuesto, la correcta dosis de eso que dicen que mueve el mundo.

En El Monasterio de Piedra hallará el lector un auténtico thriller, rebosante de intriga y de suspense. Ager Aguirre es muy preciso en las descripciones del entorno, sin hacerse pesado en ellas. Su trama está bien estructurada y sus personajes muy bien construidos. Su prosa es ágil y fluida, y maneja muy bien los giros que sorprenden al lector y lo mantienen en vilo. Lectura totalmente adictiva. 

lunes, 12 de febrero de 2024

Ora pro nobis y otras piezas de amor y desamor, de Teresa Pérez Landa



Se abre el telón. Es invierno en las calles y en las pieles despojadas de abrazos que ayer fueron flama imperecedera. Una ráfaga gélida cercena, inmisericorde, un hilo de esperanza. Una daga herrumbrosa asesta, implacable, una puñalada de realidad a un sueño. Una luz mortecina ilumina el proscenio y en el centro, él, el personaje probablemente más apreciado, más temido y más odiado desde que el mundo es mundo. Se alza, ufano y desafiante, sobre las tablas que rigen el destino de millones de almas que ni por asomo son conscientes de su poder.  ¿Adivinais la identidad del todopoderoso carácter?

A veces un lector necesita cambiar de aires y zambullirse en mares poco frecuentados,  y es entonces cuando encuentra, por casualidad, obras que le hacen recordar otros tiempos, otras épocas ya casi olvidadas. Hacía bastante que no leía teatro, y cruzarme con Ora pro nobis y otras piezas de amor y desamor, de Teresa Pérez Landa (2023) ha sido toda una revelación. Es una obra cortita, de cerca de 80 páginas, lo que me ha posibilitado combinarla con el proyecto (absorbente) que llevo entre manos ahora mismo. Ora pro nobis... es una recopilación de siete escenas teatrales que, cada una a su manera, versan, como su propio título anuncia, sobre amor y desamor, y la magnitud trágica que llega su antagonismo a alcanzar; a esta dicotomía por excelencia se suma la exploración otros temas, no menos universales y atemporales, como los celos, la duda, la amistad, la familia o la muerte. Desde el simbolismo más puro del absurdo beckettiano, pasando por reminiscencias lorquianas, isabelinas y un homenaje al neblinoso Valle-Inclán, hasta alcanzar el realismo más despiadado de los sueños rotos, Teresa Pérez Landa sumerge al lector en situaciones en las que podrá, sin duda, reconocerse. 

He disfrutado mucho la lectura de las siete escenas pero, claro, cada lector tiene sus debilidades, y las mías están claras como el agua. La Ofelia shakesperiana transmutada a Ofelia perdida en el Madrid del s. XXI me parece un ejercicio soberbio de metaliteratura y reinterpretación del personaje. Me encantaría saber la cara que se le hubiese quedado al gran Sófocles al presenciar la despedida de Antígona y Hemón. Y por último, el final trágico del romance imposible entre la niña Aurora y Juan, propiciado por el filo de una hoja de luna. 

Se baja el telón. Y ya sabéis, ahora que se acerca por ahí Cupido con sus flechas, mucho ojo, que no las reparte gratis.

sábado, 3 de febrero de 2024

El olor del miedo, de Manuel Ríos San Martín


El miedo es una emoción compleja que algunos animales son capaces de experimentar. Pero el miedo a la muerte es únicamente humano.

Según la ciencia, el miedo, en su ámbito físico-biológico, es el mecanismo responsable de regular las emociones en la lucha, la huida y, sobre todo, la conservación del individuo. Es una de las pocas emociones básicas que compartimos los miembros del reino animal. Para los animales no humanos parece ser una herramienta más de supervivencia pero, ¿y para los humanos? Sin duda, es una emoción desagradable de las que más nos pueden hacer sufrir. En realidad, no deja de ser una de las muchas reacciones químicas que se producen en nuestro organismo, en la cual se activan una serie de hormonas y neurotransmisores, entre ellas la adrenalina, que se expelen al exterior mediante el sudor. Los seres humanos, en general, no tenemos un sentido del olfato lo suficientemente desarrollado para detectarlo, pero está comprobado que la mayoría de animales sí puede hacerlo. ¿Que por qué os estoy soltando todo este rollo? Porque la novela que acabo de terminar tiene entre sus ingredientes el miedo (de un olor tan fuerte que debe percibirse hasta en Plutón) y los animales, humanos y no humanos. Una novela con un planteamiento muy original rebosante de preguntas y reflexiones sobre el mundo animal, y muy en la línea sobre el bien y el mal, igual que en sus obras anteriores.

El olor del miedo (Planeta, 2023) de Manuel Ríos San Martín, es un thriller policíaco que destila pasión por los animales y que he disfrutado y sufrido a partes iguales de principio a fin, robándole incluso horas a la vida para poder leer un par de páginas más. La trama comienza en un zoológico de Valencia, cuando alguien "asesina" (y entrecomillo porque, atendiendo a aspectos legales, el término tendrá su miga dentro de la obra) a Blanca, la elefanta albina insignia de la institución. Este insólito caso será investigado por la UDEV, con el inspector JP Casillas a la cabeza, acompañado de Violeta, una novata que apunta maneras. Pero, ¿tendrán que investigar un asesinato o un "simple" maltrato animal? ¿La vida de un ser humano vale más que la de un animal? La polémica está servida, incluso para el equipo de investigación. A partir de este incidente, Manuel Ríos nos sumerge en la vida de Elena, una dedicada veterinaria del zoológico que cuida a los animales con la máxima devoción y entrega. Elena inicia una investigación en paralelo a la policial, para la que cuenta con el apoyo de Cristina, su pareja, y Sidy, su amante y colega en el zoológico. Estas indagaciones de la veterinaria servirán como excusa para sumergirnos en la dinámica de un zoológico moderno, donde los animales conviven de un modo diferente al tradicional al recrearse sus propios hábitats naturales.Entre conflictos amorosos y sospechas inesperadas, la tensión se intensifica, y Elena podría ser la próxima en estar en la mira del criminal. Esta novela absolutamente vibrante plantea, sobre todo, dilemas éticos y emocionales en un escenario donde naturaleza y humanidad se enfrentarán en una batalla sin ganadores. Igual que si hiciera un puzle, el lector tendrá que ir encajando todas las piezas que el autor tiene a bien proporcionarle para ir desvelando una trama efectista y altamente intrigante que engancha desde la primera página debido, entre otras cosas, a su plasticidad y a su fuerza. A lo largo de las páginas de El olor del miedo, Manuel Ríos abordará temas universales como el miedo a la muerte, el amor, la maternidad, el instinto de supervivencia o el maltrato, que invitan al lector a la reflexión y dejan patentes las semejanzas en el comportamiento y los hábitos de los animales humanos y no humanos. Una de las piedras angulares de esta obra son, inevitablemente, los personajes que pueblan sus páginas, esbozados y coloreados en su justa medida, pero imprimiendo espíritu y ternura al negro sobre blanco. Sobre todo, los de Casillas y Elena. 

En resumen, El olor del miedo es un thriller policíaco con un enfoque diferente, muy original y urdido con mucha inteligencia, una narrativa ágil y giros argumentales trazados con meticulosidad, que ayudan a incrementar la tensión dramática, mantenido el suspense hasta el mismo final y convirtiendo la lectura en adictiva. Manuel Ríos nos ofrece en esta obra una historia de cadencia desbordante potenciada a golpe de capítulos de corta extensión. Muy recomendable y muy apta para la pantalla (es solo una sugerencia).






miércoles, 31 de enero de 2024

La huella del mal, de Manuel Ríos San Martín


El conjunto arqueológico de Atapuerca contiene algunos de los restos de seres humanos más antiguos de la Península Ibérica (que, además, son los más antiguos y los más numerosos de los hallados en suelo europeo), restos cuyo descubrimiento tuvo y tiene un considerable impacto en la investigacion científica sobre los orígenes y la evolución del ser humano. Tanto, que cambió las hipótesis que hasta ese momento se barajaban acerca de quienes fueron los primeros pobladores de Europa y en qué momento llegaron, de dónde procedían y cuáles eran sus características físicas y sociales. Es un hito, a todos los niveles, haber encontrado, por primera vez en la historia, en un mismo yacimiento, vestigios de todas las especies de homínidos que habitaron el continente. Y, como todos los grandes hallazgos y revelaciones a lo largo de los tiempos, podéis imaginar que ha dejado su impronta en páginas y páginas de negro sobre blanco. Desde que Jean Marie Auel inició la senda con su fabulosa saga Los hijos de la tierra, en la novela histórica la prehistoria —con sus misterios y posibilidades— se ha convertido por derecho propio en uno de los períodos más visitados, tanto por escritores como por lectores. Pero, ¿cómo ha llegado esa prehistoria y sus implicaciones filosóficas y socioculturales a inspirar y moldear una novela negra de las mejores que caerán nunca en manos de un lector? Sin duda, la versatilidad, la prodigiosa imaginación y la asombrosa forma de engranar tramas del autor de la novela que acabo de terminar, tiene mucho que ver. 

La huella del mal (Planeta, 2019) es la segunda obra publicada de Manuel Ríos San Martín y supone un cambio sustancioso con respecto a la anterior, Círculos. De una trama futurista y distópica salta a una historia donde los pasados, más remotos o más cercanos, van a tener mucho que decir. Ambientada en el yacimiento de Atapuerca y sus alrededores, Manuel Ríos inventa la población de Niebla como centro neurálgico de una investigación en la que la tensión y la intriga no dejan descanso al lector. Todo comienza cuando, durante la visita de un grupo escolar, uno de los chavales descubre que en la representación de un enterramiento prehistórico, en lugar del consabido muñeco con apariencia humana, yace el cadáver de una joven en posición fetal. El escenario y las circunstancias aparentes del crimen muestran numerosas similitudes con un asesinato semejante que ocurrió seis años atrás en una cueva de Asturias, y que quedó sin resolver. Por ello, se solicita que lleven el caso los dos policías que en su día investigaron el anterior. Ella se llama Silvia Guzmán y es inspectora de la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta). Él se llama Daniel Velarde, y en el pasado fue el compañero de Silvia, de investigaciones y de cama, y tras aquel caso no resuelto dejó la policía por un mucho más lucrativo puesto como director de seguridad en una empresa privada relacionada con el petróleo. Nadie conoce que seis años atrás mantuvieron una relación que acabó francamente mal y probablemente impidiera la resolución del caso. ¿Serán ahora capaces de trabajar de nuevo juntos y conducir la investigación con éxito? Difícil, muy difícil, aunque cuentan con la inteligencia y las ganas de Rodrigo Ajuria, para quien este será su primer caso importante. Conforme las pesquisas vayan avanzando, usando a veces métodos poco o nada rigurosos, irán encontrando un entramado donde cada testigo calla mucho más de lo que sabe por distintos motivos. Cada vez que creen tener al autor de los crímenes, alguna pieza del puzle se desencaja y han de investigar una nueva vía. Varios sospechosos. El tiempo se les echa encima y la presión de los altos mandos cada vez es mayor. Ninguna certeza hasta que... Hasta que nada, que no voy a contar más. Si os ha picado el gusanillo de la curiosidad, ya sabéis lo que tenéis que hacer.

La huella del mal encaja a la perfección en el género negro, pero algunos de sus aspectos la hacen muy particular. Por ejemplo, en muchos momentos de la novela se plantean reflexiones filosóficas sobre la naturaleza del ser humano. ¿Qué es lo que lo hace diferente del resto de animales y cuándo y por qué comenzó a ser así? Manuel Ríos indaga y reflexiona también sobre el origen y la causa de la violencia, sobre el bien y sobre el mal, recurriendo en muchas ocasiones a nuestros antepasados homínidos. De hecho, las prímeras líneas que abren el texto son ya toda una declaración de intenciones:

El instinto de la violencia se esconde dentro de nosotros, en lo más profundo, agazapado. En el ADN, en el alma. Cada uno puede llamarlo como quiera, pero la realidad es que está presente, que no se puede eliminar sin matar la esencia del ser humano. Es primitivo, atávico, esencial. Existe desde hace millones de años. Es el misterio que nos define. Y tan solo debemos esperar a que la rabia o el dolor lo despierten. O la envidia. O el miedo. O la lujuria...

Al margen de la trama de investigación, el interés del lector se va a centrar indefectiblemente en la evolución de la relación entre los dos protagonistas y su interacción con el caso anterior, por lo que en algunos capítulos el autor recurre a la analepsis y la acción retrocede seis años y se desplaza al entorno asturiano donde tuvo lugar aquel otro asesinato ritual de características tan similares. 

Como era de esperar, y aunque las referencias y las expectativas eran francamente muy altas con respecto a esta obra, he disfrutado de La huella del mal mucho más de lo que esperaba. Me ha enganchado desde el principio al ser una novela negra de excelente factura que a la vez es capaz de analizar las claves del mal, presentando diferentes alternativas pero dejándole suficiente espacio al lector para que saque sus propias conclusiones. A ello hay que añadirle el aliciente de una trama muy bien articulada y atractiva en la que, de una forma muy didáctica, se nos explican características y formas de vida y cultura de nuestros antecesores en la cadena evolutiva. El ritmo es ágil, la tensión siempre in crescendo y el desenlace, asombroso. ¿Queda claro y nítido que la recomiendo, verdad?

domingo, 28 de enero de 2024

Círculos, de Manuel Ríos San Martín



En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira. (Ramón de Campoamor)

En el "Mito de la Caverna" de Platón, alegoría epistemológica sobre el conocimiento, se nos dice que, a no ser que rompamos las cadenas que nos atan a nuestra propia cueva, la verdad será inaccesible. Ló único que percibiremos serán las sombras proyectadas por nuestro ego y nuestras circunstancias. Pero, ¿existe la Verdad en estado puro? ¿Que es más cierto, que llueve o que la lluvia me moja? Me temo que todo es una cuestión de foco. Y si ya es difícil acercarse a cualquier concepto de verdad en un contexto de pura constatación empírica, intentar acercarse a ella en un entorno dominado por los mass media y los tentáculos infinitos de la alianza internet-tecnología punta es una labor titánica y prácticamente imposible. En mayor o menor medida, todos los días de nuestra vida somos manipulados por intereses espúreos. La novela que acabo de terminar ahonda de manera incisiva en estos temas, y deja al lector en un estado de turbación, con mil preguntas martilleándole la cabeza, intentando dibujar fronteras entre lo que éticamente acepta y lo que rechaza.

Círculos (Suma de Letras, Penguin, 2017) es la primera novela que vio la luz de Manuel Ríos San Martín. Desde que leí Donde haya tinieblas supe que quería más de él y, como es habitual en mí, decidí empezar por los inicios. Cuando nos adentramos en Círculos, lo hacemos en un thriller complejo en el que debo reconocer que me costó entrar al principio (quizá por el cyberpunk distópico al que no estoy acostumbrada). Muy diferente de lo que había leído hasta la fecha. Una vez aceptada la dinámica de la obra y suprimidos ciertos complejos y clichés que me dificultaban fluir con ella, me encontré ante una novela interactiva que ofrece al lector la posibilidad de complementar la experiencia lectora con contenido en redes sociales y documentación online. Un poco complicado al comienzo pero, después, una experiencia satisfactoria. 
Manuel Ríos ambienta Círculos en un Londres de un futuro desafortunadamente no muy lejano, asfixiado por la atmósfera irrespirable resultado de la huelga de los servicios de recogida de basura que dura ya varias semanas, sumergido en una brutal crisis económica en la que el desempleo —sobre todo juvenil— alcanza cuotas estratosféricas.  Para colmo, los animales de los zoológicos muestran extraños comportamientos (agresividad, suicidios, etc.) carentes de explicación para los etólogos. Ajenos a las circunstancias del exterior, en los hogares, la gente contempla absorta sus televisiones y dispositivos electrónicos, contribuyendo a una sociedad gobernada por redes sociales y reality shows cada vez más radicales, más vulgares y más faltos de sentido. Ondaseven es una cadena de televisión especializada precisamente en ese tipo de realities. El arranque de la novela coincide con la final de uno de ellos: un concursante, para ser premiado con un apartamento en Miami, debe sumergirse en una pecera gigante custodiada por dos enormes hembras de tiburón toro. Contra todo pronóstico, pues se supone que todo estaba debidamente controlado y el riesgo en realidad era mínimo, el concursante, para consternación del público, tanto en el plató como en sus casas, es despedazado por los escualos, sin que se detenga la emisión en directo, lo que convierte al programa en trending topic mundial. Cuando llega la policía, con el inspector Jellineck al mando, el presentador del programa, Shultheiss, ha desaparecido. Sin embargo, a los pocos días, Shultheiss reaparece tras una extraña transformación física, se cuela en la emisión en directo de Ondaseven y lanza un mensaje como poco inquietante: "Os voy a joder la vida. A todos." Lo que en un principio tenía pinta de un desgraciado accidente toma un cariz más macabro que deberá ser investigado por Jellineck y su ayudante Fesser. Mientras, en paralelo, el autor nos presenta a Patrizia, una joven peculiar, obsesionada —patológicamente— con la televisión y las redes sociales, integrante de un grupo antisistema llamado Attak, novia de un niño pijo llamado Laszlo y torturada por un pasado que constantemente se le escurre por las heridas que se autoinflige en la piel cuchilla en mano. Una chica perdida que lanza al mundo mensajes de socorro sobre su cuerpo. 

Manuel Ríos nos ofrece en Círculos una novela con un estilo muy cinematográfico y visual. Su prosa es sencilla y directa, y navega entre la brusquedad de unos párrafos de frases cortas y precisas y la emotividad de otros, más íntimos y elaborados. Sus personajes, sobre todo Jellineck y Patrizia son tremendamente complicados y, por qué no decirlo, incómodos. Sus complejidades, junto con la trama de la obra, sacan al lector de su zona de confort y lo arrastran hacia sus propios rincones de penumbra, removiendo conciencias. El autor aprovecha el argumento de su obra para tratar varios temas: una crítica a los medios de comunicación y sus estrategias para aumentar la audiencia, la aterradora soledad del individuo y la alienación y manipulación provocadas en la sociedad por los mass media y las redes sociales. En resumen, Círculos, es un thriller diferente a todo lo que había leído con anterioridad. Con una trama ágil y absorbente, resulta una lectura turbadora, incómoda, molesta incluso, ya que nos permite vislumbrar un panorama desolador que quizá asuste por su verosimilitud y su más que probable cercanía. 

   

miércoles, 24 de enero de 2024

Huérfanos de sombra, de María Suré


El más pequeño cabello proyecta su sombra. (Johann Wolfgang von Goethe)

Hay ocasiones en las que la vida no tiene anverso ni reverso. Es más bien como una cinta de Moebius donde se encadenan acontecimientos y situaciones que podrían arrastrarnos hacia el fondo de un pozo cuya salida se vislumbra tan lejana como improbable. Y nos sentimos pequeños, insuficientes, insignificantes. El secreto está en no rendirse, en entender el significado de la cita con la que comienza esta reseña, que refleja de manera perfecta el espíritu de la novela que acabo de terminar. Que cada sonrisa arrancada a las lágrimas cuenta. Que hasta la cosa más pequeña proyecta su sombra y tiene su importancia. Que si dejamos de luchar y nos volvemos huérfanos de sombra, estamos perdidos. María Suré, la autora, lo tiene muy claro y lo muestra a la perfección en una obra donde la superación en mayúscula y, en mayor o menor medida, la culpa son los ejes principales en torno a los que gira el argumento.

Huérfanos de sombra (Maeva, 2023), de María Suré, combina dos géneros literarios muy dispares que se van trenzando como los hilos de un hermoso tapiz y acaban convergiendo en una pequeña población salmantina (inventada por la autora) que ambienta la obra y proporciona refugio a sus personajes. Por un lado, en la línea del tiempo presente, encontramos un noir rural que se desarrolla en Aldeanegra, un pueblo remoto y tranquilo localizado en la Sierra de Francia, cuya rutina se romperá con la desaparición, una noche de agosto, de Marcos, un niño de ocho años. Cerca de su casa, hallan los cadáveres de Rudy, el perro de Marcos, y de Regino, un vecino poco querido en el pueblo, con evidentes signos de violencia. La sargento de la Guardia Civil Cristina Albino y el agente Anselmo Picarzo (caracteres totalmente diferentes) tendrán que embarcarse en una carrera contra el tiempo y los pocos hilos de los que tirar para encontrarlo. En esta línea argumental, el lector conocerá los entresijos de la vida de la familia de Marcos y otras familias de la localidad. La línea argumental del pasado podría encuadrarse en la ficción histórica y está protagonizada por Hannah, una niña judía que, con solo siete años, debe escapar de Alemania justo antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Seguiremos sus pasos desde que llega a Inglaterra, donde formará parte de los grupos de niños que fueron evacuados a zonas rurales para ponerlos a salvo de la guerra, desconocedores de que el destino que les aguardaba no iba a ser mucho mejor. Con mucho acierto y mucha sensibilidad, María Suré refleja en esta historia la experiencia de cientos de niños judíos que huyeron del Holocausto casi con lo puesto y padecieron lo indecible, explotados y abusados, tras ser adoptados como mano de obra gratuita. Profundamente conmovedora.

Con una prosa sencilla y directa, una narrativa fluida y ágil vertebrada en capítulos cortos, unos cuantos inesperados y la voz de un narrador omnisciente, nos encontramos en Huérfanos de sombra con una novela de linealidad rota por los frecuentes saltos en el tiempo, en la que se exploran tópicos atemporales como la culpa, el perdón, la supervivencia y el amor. Su ambientación física contribuye indudablemente a su ambientación psicológica. Un entorno de bosques densos y húmedos donde los personajes cargan a sus espaldas con un amplio bagaje de dolor y sufrimiento, pero iluminados de vez en cuando por un atisbo de ternura. La relación entre Marcos y su abuelo que se traduce de sus conversaciones es un auténtico tesoro. 

En resumen, Huérfanos de sombra es una novela que, combinando dos géneros tan diferentes como el rural noir y la ficción histórica, engancha desde el principio porque espolea la curiosidad del lector, que necesita saber qué ha ocurrido con Marcos, un niño especial donde los haya, con un talento innato para iluminar la vida de los que tiene alrededor. Una lectura muy recomendable. Os dejo unas cuantas frases que... ya sabéis.

Dicen que lo que no se nombra se deja de recordar, y que lo que no se recuerda no existe (p. 192)

Porque hay perfumes que dejan aroma a recuerdos y esculpen una impronta en el cerebro que perdura durante años (p. 208)

...los recuerdos a veces se hacen agua y acaban derramándose por los ojos... (P. 247)

Occulta Veritas, de Hugo S.C.

La ciencia avanza a pasos agigantados hacia horizontes a los que no nos atrevemos a asomarnos. Biotecnología, biomedicina o neur...