Está más que comprobado que convivir con un gato puede aportar compañía, reducir la sensación de soledad y ayudarnos a desconectar del estrés cotidiano. Tal vez por eso quienes compartimos nuestra vida con alguno (yo vivo con 3) sabemos que, aunque no puedan solucionar nuestros problemas, tienen la extraña y maravillosa habilidad de hacer que el mundo parezca un poquito más llevadero. A veces basta un ronroneo, una mirada o ese gesto aparentemente indiferente con el que se acomodan a nuestro lado para recordarnos que no estamos solos y aliviar casi siempre el peso de la vida. Precisamente sobre ese poder sanador de los gatos está construida la obra que acabo de terminar.
Te receto un gato (Planeta, 2025), de Syou Ishida, es una novela tan particular como entrañable.
Al este de la calle Takoyakushi, al sur de la calle Tominokoji, al oeste de la calle Rokkaku, al norte de Fuyacho, en el barrio de Nakagyo, Kioto, está situada la Clínica Kokoro (uno de los significados de "kokoro" en japonés es corazón), un lugar rodeado de misterio al que no parece llegar cualquiera, sino solo aquellas personas que, de una manera u otra, necesitan encontrarlo. Allí, el peculiar doctor Nike y su no menos peculiar enfermera Chitose ofrecen un tratamiento que desconcertaría a cualquier médico convencional: en lugar de pastillas, terapias o recetas tradicionales, prescriben gatos. A la clínica llegan personas cargadas con problemas muy diferentes: alguien que padece estrés laboral y encima después es despedido, otro necesita recuperar la calma en medio de las dificultades laborales y familiares, una madre que debe volver a conectar con su hija, una mujer atrapada por su propio perfeccionismo o alguien que intenta sobrellevar una pérdida. Cada una recibe un gato diferente, aparentemente elegido de una manera tan extraña como incomprensible. Y será precisamente la convivencia con esos animales la que les obligará a mirar de otra manera aquello que les ocurre. El punto de la novela es que los gatos no funcionan simplemente como una solución mágica a los problemas, sino como catalizadores. Su presencia hace que los personajes se detengan, observen, analicen, cambien determinadas perspectivas y vuelvan a conectar con aspectos de sí mismos que habían quedado olvidados.
Ishida escribe con una prosa sencilla, delicada y cercana, acompañada de pequeños toques de humor que aligeran incluso los momentos más emotivos. Sin embargo, para un lector occidental puede haber momentos en los que resulte necesario detenerse un poco más. La novela está profundamente impregnada de la cultura japonesa y de una manera de entender las relaciones, el trabajo, la familia, las obligaciones sociales y las emociones que no siempre coincide con nuestra perspectiva occidental. Esa distancia cultural puede hacer que determinadas situaciones o comportamientos nos resulten extraños o difíciles de interpretar al principio, pero también constituye uno de los atractivos de la lectura: nos permite asomarnos, a través de una historia aparentemente sencilla, a otra forma de comprender la vida cotidiana. Te receto un gato es un claro ejemplo de realismo mágico, ya que la autora introduce lo extraordinario dentro de un escenario absolutamente cotidiano sin necesidad de explicarlo todo. Una clínica que parece aparecer solamente ante quienes la necesitan, unas recetas imposibles y unos gatos que adquieren una dimensión casi simbólica conviven con personas normales, problemas reconocibles y espacios reales de Kioto. Lo mágico no rompe la realidad: se instala en ella con naturalidad. Esa mezcla entre lo cotidiano, lo fantástico y ciertos momentos de humor absurdo proporciona a la novela una atmósfera muy particular. Sin embargo, quizá la verdadera magia de Te receto un gato esté en algo mucho más sencillo: en recordarnos que no siempre necesitamos grandes respuestas para empezar a sentirnos mejor. A veces necesitamos compañía. A veces necesitamos parar. A veces necesitamos que alguien nos ayude a mirar nuestros problemas desde otro lugar. Y, quién sabe, quizá en alguna ocasión lo que necesitamos sea simplemente un gato. Una novela tierna, luminosa y peculiar, que habla de la soledad, las pérdidas, el estrés, las relaciones humanas y la necesidad de encontrar pequeños refugios en medio de la vida cotidiana. Una historia que, como sus protagonistas, quizá no pretenda curarnos, pero sí acompañarnos durante un rato. Porque hay libros que entretienen, libros que emocionan y libros que nos hacen pensar. Y luego están esos libros que, como un gato, simplemente se acomodan a nuestro lado y nos hacen sentir un poco mejor.