En la vida, ciertas personas terminan, indefectiblemente, convirtiéndose en parte de quienes somos. Construimos nuestra identidad a través de los afectos, de los recuerdos compartidos y de esas complicidades que nos hacen sentir que pertenecemos a un pequeño universo común. Por esa razón, cuando alguien tan esencial desaparece, no solo sentimos su ausencia, sino que nos vemos en la obligación de enfrentarnos a la difícil tarea de descubrir quiénes somos sin esa persona. Y es que hay pérdidas que nos arrebatan mucho más que una presencia; nos obligan a reconstruir la imagen que teníamos de nosotros mismos.
En En lo que preferiría no pensar (Bunker Books, 2023), la neerlandesa Jente Posthuma explora con una sensibilidad extraordinaria ese territorio frágil e íntimo del duelo. La protagonista de esta novela comparte con su hermano gemelo un vínculo que ha marcado su manera de entender la vida y de reconocerse en el mundo. Cuando él desaparece, ella debe enfrentarse al vacío que deja su ausencia y reconstruir, a través de los recuerdos y de las pequeñas historias que los unieron, una identidad que hasta entonces parecía inseparable de la suya. ¿Cómo aprender a vivir cuando perdemos a quien considerábamos una parte imprescindible de nosotros mismos?
Uno de los grandes hallazgos de esta obra es la maravillosa manera de narrar de Posthuma. Su prosa, aparentemente sencilla, posee una profundidad y una personalidad fascinantes. Con una escritura contenida, inteligente y atravesada por una ironía sutil, la autora encuentra la emoción en los detalles cotidianos, en las peculiaridades de sus personajes y en esos pensamientos aparentemente insignificantes que, de pronto, revelan toda la complejidad del ser humano. No necesita recurrir al dramatismo ni a frases grandilocuentes para conmovernos. Su gran talento reside precisamente en lo contrario: en sugerir más de lo que explica, en permitir que los silencios hablen y en combinar el dolor con ese humor inesperado que forma parte de nuestras contradicciones. La memoria aparece fragmentada —fiel reflejo de la vida—, y el duelo se convierte en un proceso repleto de preguntas, incertidumbres y descubrimientos.
Otro mérito de la novela que considero especialmente interesante y valioso es que su protagonista no está construida para resultar necesariamente simpática ni para responder a lo que esperamos de una persona que atraviesa una pérdida. Es compleja, peculiar, a veces difícil de comprender. Sin embargo, la escritura nos invita a acercarnos a ella sin juzgarla, a escuchar sus razonamientos y a descubrir la lógica íntima que se esconde detrás de sus comportamientos. La autora no pretende ofrecernos un personaje perfecto, sino un ser humano que intenta entenderse a sí mismo mientras el mundo parece exigirle que sepa cómo vivir.
Sin embargo, En lo que preferiría no pensar no es solamente una novela sobre la pérdida. Es también una reflexión sobre los vínculos afectivos, la dependencia emocional y la necesidad de aprender a existir más allá de las personas que amamos. Porque reconstruirse no significa olvidar ni dejar de querer, sino descubrir que podemos conservar a alguien en nuestros recuerdos sin quedar atrapados para siempre en su ausencia. Esta novela nos recuerda que crecer también significa aceptar que nuestra identidad puede transformarse, que hay preguntas para las que quizá nunca encontremos respuesta y que seguir adelante no implica traicionar aquello que hemos perdido.
Delicada, inteligente y profundamente humana, En lo que preferiría no pensar encuentra en la sencillez su mayor virtud y en la singular voz de Jente Posthuma su principal fortaleza. Una lectura que nos invita a mirar hacia dentro y que demuestra que, a veces, la literatura alcanza su mayor belleza cuando consigue poner palabras a aquello que apenas sabemos nombrar: el vacío que deja la ausencia y la lenta, difícil y necesaria tarea de volver a encontrarnos. Una lectura que confirma que la literatura alcanza su verdadera grandeza cuando consigue convertir lo más íntimo en algo universal. Y una magnífica oportunidad para descubrir la singular sensibilidad narrativa de Jente Posthuma, una autora que sabe que, a veces, las palabras más sencillas son las que mejor saben nombrar aquello que nos resulta imposible decir. Absolutamente recomendable.