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martes, 23 de julio de 2024

Desafío 59', de Javier Marín

Dice la ciencia que el tiempo es la magnitud física responsable de que sepamos ordenar una secuencia de acontecimientos, marcando hitos que demarcan un pasado, un presente y un futuro. Desde la perspectiva de la Física, y mientras nadie a este lado de la pantalla sea capaz de programar una DeLorean en condiciones, su linealidad y la homogeneidad de sus unidades de medida son irrefutables. Sin embargo, ¿cuántas veces no se materializa de manera inopinada el pasado o el futuro en nuestras vidas? ¿No es verdad que, hasta alcanzar el instante de cierre, ciertos pasados neutralizan inevitablemente presentes y futuros? Además, amparándonos en ciertos mitos platónicos que dejaron patente la inexistencia de las "cosas" en favor de la percepción subjetiva de las mismas, no me podréis decir que los segundos, minutos, horas... son precisamente homogéneos. ¿Dura acaso lo mismo un minuto de placer que un minuto de dolor? ¿Y 59 minutos? ¿Cuál sería nuestra percepción de 59 minutos si estos fueran el lapso que separa la vida de la muerte? Esta inusitada cifra (que solo he encontrado en Google referenciada a ciertos programas de lavado rápido de lavadoras de marca Candy) es uno de los catalizadores de la tensión de máximo nivel de uno de los thrillers más thriller que he leído hasta la fecha. Desde luego, el autor del mismo tiene bien interiorizada la definición del género, llevándola hasta las últimas consecuencias. 

Desafío 59' (Knowmadas Books, 2023) es la última obra publicada de Javier Marín y está específicamente diseñada para aniquilar cualquier voluntad del lector y secuestrarlo en sus páginas desde la primera hasta la última. No es que el autor en cuestión no haya demostrado sus dotes en su saga anterior, protagonizada por el inspector Marco Duarte, pero en Desafío 59' alcanza cotas de tensión en mi humilde opinión desaconsejadas para personas con patologías cardíacas, ni tampoco para aquellos que traten de superar el pernicioso hábito de morderse las uñas. La trama de este explosivo hecho de páginas (con temporizador, recordad) comienza con la aparición del cadáver de una periodista, decapitado y exangüe, en la vivienda que comparte con Samuel Castillo, un friki informático cuya vida va a dar un giro de 180° cuando, sin comerlo ni beberlo, pase a ser el principal sospechoso del asesinato. La suerte va a procurar que se crucen en su camino dos personas que están en su misma situación, dos prófugos de la justicia que van a convertirse en su tabla de salvación para huir de la policía, que le pisa los talones, y para intentar comprender el complejísimo y peligroso entramado en el que desafortunadamente se haya inmerso. Ayla y Carlos (así se llaman los prófugos) se apoyarán en el privilegiado intelecto de Samuel para llegar al final de una cuerda con muchos nudos, trampas, mentiras y tapaderas, al tiempo que los policías, Diana y Roberto, tratan de encontrar hilos de los que tirar para esclarecer la autoría de un crimen cuya evidencia no parece encajar del todo en sus mentes habituadas a la investigación. Mientras tanto, un siniestro personaje acechará desde las sombras con el objetivo de eliminar los cabos sueltos. En paralelo, el lector será sufridor testigo de unas escenas (sacadas de alguna suerte de escape room diseñada por un sádico desquiciado) en las que una persona sin identidad explícita tendrá que resolver una serie de acertijos en un tiempo máximo de 59 minutos. ¿Cómo se liga todo esto en una sola trama? Pues de manera muy hábil, lo reconozco, pero tendréis que leerla si os ha picado la curiosidad.

Javier Marín ambienta su obra entre Murcia y Valencia, y demuestra una vez más su gusto por el juego y la adivinanza situando la trama en un tablero repleto de peligros y poderes ocultos, donde el enemigo puede esconderse en cualquier casilla. En sus páginas se combinan de manera eficaz y efectiva la muerte causada por un sadismo de lo más perverso con el desafío lúdico de la resolución de enigmas planteados desde la lógica y las matemáticas (vamos, que yo hubiera muerto todas las veces y más todavía) que no hacen sino incrementar la tensión narrativa, ya que el lector, con más o menos fortuna, se mete en la piel de la víctima para intentar resolverlos. Creo que os habrá quedado claro a estas alturas que he disfrutado la obra, ¿no? No creo que sea necesario seguir insistiendo para convenceros. Aparte de la calidad de la novela, una de las cosas que más he gozado de ella ha sido poder constatar la evolución de su autor en el camino de la escritura. Desde su Tablero Mortal, ganadora del Icue de Cartagena Negra en 2021, tuve claro que tenía un don, pero la sensación de verlo crecer en negro sobre blanco es indescriptible. Disfrutadlo si tenéis la oportunidad.

martes, 8 de noviembre de 2022

Enigmas para un rey, de Javier Marín

Acabar un libro y tener que decidir si admiras al autor o si, por el contrario, lo detestas es una situación compleja hasta que descubres que no has de elegir, que ocurren las dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, lo admiras por haber sido capaz de construir la obra como lo ha hecho. Por otro, lo odias porque te ha secuestrado, porque te ha robado horas de sueño y, sobre todo, porque te ha hecho sufrir lo indecible. Comprenderán que lo de odiar al autor es una broma –o no. Para poder juzgar por ustedes mismos tendrán que leer la saga de Marco Duarte, el inspector de policía nacido de la pluma del pinatarense Javier Marín. La primera entrega de la saga, Tablero Mortal, fue galardonada con el Icue Negro en la edición de 2020 de Cartagena Negra. La segunda, Descenso al abismo, nos dejó pidiendo más. Y como queríamos más, en la tercera nos ha dado lo que nos merecemos.

Cometí la imprudencia de comenzar a leer Enigmas para un rey un sábado por la noche, rozando la madrugada, y a punto estuve de cancelar los planes del domingo para poder devorarlo a placer. La tensión dramática ya es palpable desde las primeras páginas. El prólogo provoca ganas de morderse las uñas: un año después del trágico desenlace de Tablero mortal, el asesino invisible vuelve a la carga secuestrando a un miembro del equipo de Marco Duarte. Para encontrarlo, deberán resolver el enigma escondido tras unos versos pergeñados por el mismo secuestrador. Logran salir airosos de este primer lance, pero no tienen ni idea de que la verdadera pesadilla acaba de empezar. El inspector Marco Duarte se verá inculpado en dos asesinatos y tendrá que actuar desde la clandestinidad. Contará, eso sí, con una ayuda inesperada. Mientras tanto, sigue la partida de ajedrez iniciada por el asesino. Acertijo retorcido tras acertijo retorcido irán cayendo las piezas y la ciudad volverá a bañarse en sangre. Para colmo entra en escena el inspector Rojas para liderar el equipo, y no va a despertar precisamente simpatías. Lo van a tener francamente difícil hasta que... Hasta que nada. La leen y sufren como he sufrido yo hasta el último segundo.

Javier Marín vuelve a demostrar en Enigmas para un rey su habilidad en el manejo del argumento y en la construcción de los personajes. La doble línea temporal durante el primer tercio de la obra es, a mi parecer, todo un acierto, y la elección de la brevedad en los capítulos le confiere a la narración un dinamismo brutal. Su técnica anticipatoria contribuye a la escalada de la tensión dramática capítulo a capítulo. Al lector apenas le va a estar permitido respirar, así que imaginen. Absténganse solo si padecen alguna cardiopatía. 

domingo, 14 de noviembre de 2021

Descenso al abismo, de Javier Marín

Hay autores expertos en crear intriga y mantenerla durante toda la obra. Hay otros maestros de los giros argumentales que te dejan con la boca abierta. Y hay otros que combinan las dos facetas con tanto arte que mantienen al lector boquiabierto, ojiplático y con taquicardia la mayor parte de la obra. Entre estos últimos, podríamos citar, por ejemplo, al pinatarense Javier Marín, al que todavía tengo que decidir si aprecio u odio. Es bueno en lo suyo, desde luego, pero no sé si puedo perdonarle el haber estado a punto de volver a morderme las uñas.

En Tablero mortal ya dejó patente su valía como autor de novela negra, y vuelve a hacer gala de ella en Descenso al abismo, la segunda entrega de la serie Marco Duarte, autopublicada este mismo 2021.En esta última, que empieza unos meses después de haber cerrado el caso del asesino invisible, que mantuvo en jaque a toda la ciudad durante semanas en Tablero Mortal, Marco Duarte y su equipo se enfrentarán a un nuevo y macabro reto: descubrir la identidad del criminal que va dejando un rastro de cadáveres femeninos cuyo único factor común es que son mujeres, que viven solas, y la amputación post mortem de un dedo meñique. Hilos de los que tirar, entre pocos y ningunos. Tiempo, en negativo si quieren evitar un reguero de muerte. La prensa, para variar, no ayuda mucho y, por si faltaba algo, hay un topo en la comisaría. La perspicacia de un nuevo miembro del equipo les dará la clave para conseguir detener al asesino, pero mientras... Mientras, tendrán que leerla si es que acaso les picara la curiosidad porque, desde luego, no seré yo quien les vaya a hacer spoiler.

Carreras contra reloj, nervios, desesperación y angustia, y una luz al final del camino. Dramas personales, personajes intrigantes y alguna nota de amor. Letras de canciones (me encanta que el autor las incluya) y una pizca de magia. El conjunto de todo lo anterior junto a la narración ágil, dinámica, convierten a Descenso al abismo en una lectura adictiva no apta para lectores con cardiopatías. Sin embargo, lo que esta humilde lectora destacaría, por encima de todo, de esta novela es la maravillosa habilidad del autor para engranar tramas y subtramas de manera natural, encaminándolas sin dificultad alguna hacia su punto de convergencia, y sus asombrosos giros argumentales (que serían, sin duda, aplaudidos por el mismísimo Jeffrey Deaver). Léanla y me cuentan. 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Tablero mortal, de Javier Marín

El Festival Cartagena Negra siempre es una caja de sorpresas, y esta edición de 2021 no iba a ser menos. Entre todas las novelas que adornaban la mesa bien provista de Santos Ochoa, hubo una que captó mi atención desde el primer momento y, junto con algunos otros, se vino conmigo a casa. Su portada, oscuridad y un encapuchado. Su título, Tablero mortal. Su autor, Javier Marín. Su premio, el Icue Negro. Galardones aparte, todo un descubrimiento.

En la portada de Tablero mortal, Javier Marín ya nos avisa (para mi deleite) de que nos hallamos ante la primera entrega de la Serie Marco Duarte que, como ya habrán podido suponer, es el nombre del carácter central de la novela. En ella, el lector se enfrentará y sufrirá (porque sufrirá con toda seguridad), junto al inspector Duarte, la inspectora Alejandra Verdú y el resto de su equipo, a la situación más difícil que hasta ahora les ha tocado vivir: tomando como referencia el juego de rol Arkham Horror, cuya trama gira en torno a Lovecraft y su universo ficcional, un individuo decide sembrar de horror y muerte una ciudad, según palabras del criminal, «cada vez más podrida». Tras cada uno de los asesinatos rituales dejará un escenario macabro donde los haya y una pista cuya interpretación les conducirá al siguiente. El equipo policial tendrá que librar una encarnizada batalla contra el reloj para tratar de detener el juego letal, hasta que... Uy, hasta aquí les puedo contar. Mejor si lo leen ustedes.

Con Tablero mortal, Javier Marín se revela como una promesa de la novela negra. Sus capítulos son cortos e intensos e imprimen a la narración un ritmo trepidante. Su manejo de la tensión dramática es excelente, aunque ya consigue atrapar al lector desde las primeras páginas. Lo dicho, un gran descubrimiento. Le seguiremos los pasos y esperaremos con ganas la llegada del siguiente. 

Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin

En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...