miércoles, 5 de noviembre de 2025
Bruja fracasada busca demente que la aguante, de Gema Tacón
lunes, 11 de agosto de 2025
No detenga a mi ladrón, de Gema Tacón
viernes, 8 de agosto de 2025
Lady Mayfair y la condesa muerta, de Gema Tacón
lunes, 2 de junio de 2025
Las Soliña. Brujas, sapos, Ángeles y Nornas
martes, 27 de mayo de 2025
Las Soliña. Brujas, ángeles y demonios celebran la Navidad, de Gema Tacón
lunes, 26 de mayo de 2025
Las Soliña. Brujas, sapos, ángeles y demonios, de Gema Tacón
domingo, 25 de mayo de 2025
Las Soliña. Brujas, sapos, cabras y sanguijuelas, de Gema Tacón
martes, 28 de enero de 2025
La vida secreta de la última wiccana, de Gema Tacón
domingo, 26 de enero de 2025
Condenada, La Reina de las Sombras, III
sábado, 25 de enero de 2025
Vencida, La Reina de las Sombras II, de Gema Tacón
viernes, 24 de enero de 2025
Escondida, La Reina de las Sombras I, de Gema Tacón
sábado, 15 de junio de 2024
Los crímenes de la caja, de Gema Tacón
domingo, 9 de junio de 2024
Un diminuto contratiempo, de Gema Tacón
domingo, 5 de mayo de 2024
La leyenda Jurado, de Gema Tacón
jueves, 4 de abril de 2024
El nido del lobo, de Gema Tacón
sábado, 2 de septiembre de 2023
Qué pasó cuando se terminaron las perdices 2, de Gema Tacón
Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.
Dijo Mark Twain que la raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa. La risa es fuerza, es rebeldía, es calor que ahuyenta a la melancolía y a los inviernos que se acercan peligrosamente a nuestra alma. Nos salva a menudo de las tristezas irremediables que a veces nos tocan en suerte y nos protege hasta incluso de nuestra propia estupidez. La cita que encabeza esta entrada es la que utiliza Gema Tacón al principio de la obra que acabo de terminar y que he devorado en tan solo una tarde.
Qué pasó cuando se terminaron las perdices 2 (2017) es la hilarante continuación de la novela del mismo título (acabada en 1, como manda la lógica). En la segunda entrega de esta bilogía, la voz cantante la sigue llevando Ariel. El letrerito de calamidad y peligro público número uno, también. Al inicio de la nueva historia, Ariel ha regresado a su solitario faro tras las aventuras de la anterior. Sin empleo, y sin haber tomado una decisión con respecto a su embrollo sentimental, recibe una oferta laboral muy interesante. Un aparatoso accidente (para variar) le impide acudir a la primera entrevista, y a partir de ahí comienza el encadenamiento de disparates y despropósitos que ya se ha convertido en norma para ella y donde arrastrará al resto de sus amigas. Una importante revista la contrata para una investigación de incógnito. Tendrá que recabar toda la información posible sobre dos mujeres, Reina y Cruella, sin levantar sospechas y sin que la relacionen con la revista. Para agravar más si cabe su atolladero sentimental, se cumple la máxima de donde caben dos caben tres y un tercer y apuesto caballero se colará en su vida (y en sus bragas, y ya si alguien puede que le quiten lo bailao). Sus pesquisas la llevarán a descubrir asuntos más que turbios, constitutivos de delito, y a salvar las vidas de dos inmigrantes ilegales, de nombre Po(cahontas) y Mulán. La ayudarán su inseparable Mérida, una Aurora muy espabilada, una Blancanieves con un bombo a punto de nieve que al explotar alumbra al mundo la hermosura de Tiana (hija también de Naveen, personaje que adquiere relevancia con respecto a la novela anterior) y una Jasmine que acude desde allende los mares a salvarles el culo en helicóptero.
A diferencia de la primera entrega, Qué pasó cuando se terminaron las perdices 2 aúna la vena cómica (la jartá de reír, vamos) y la intriga investigadora que tan bien se le da a Gema Tacón. Aunque si algún día me encuentro con la autora ya le pediré cuentas acerca de su forma un tanto expeditiva de concluir ciertos asuntos, me lo he pasado en grande y he disfrutado de la lectura enormemente. Sin duda, Gema consigue su objetivo de que el lector se olvide del mundo mientras la lee.
Qué pasó cuando se terminaron las perdices 1, de Gema Tacón
La primera vez que fui al cine fue en las navidades de 1990. Tenía ocho años y mi madrina me llevó a ver el último estreno de Disney: La Sirenita. Aquella sirena loca de pelo naranja que hablaba con peces, cangrejos y gaviotas me fascinó en extremo, y el verano siguiente me resarcí de mi via crucis particular (fue un año muy difícil para una mocosa de 9 años a la que los cánones estéticos empezaron ya a amargarle la vida) imaginando ser aquella criatura rebelde y soñadora. Morfológicamente más parecida a una croquetilla que a la esbelta princesa, y ya que no lograría ni remotamente ser ninguno de mis otros héroes (el Power Ranger azul, M.A. Barracus o El Último Guerrero del pressing catch), ponía mucho empeño en juntar las piernas dentro del agua y hablaba con los ermitaños, las medusas y las estrellas de mar de las escolleras. Con los años aquella princesa cayó en el olvido, y no fue hasta que nació mi hija que la recuperé, a ella y a toda la realeza disneyana. Siempre juntas, pasábamos tardes enteras leyendo los cuentos, viendo las películas y cantando las bandas sonoras a pleno pulmón. Ahora, a punto de cumplir mi "pequeña" diecinueve años, de cuando en cuando lo seguimos haciendo, y son momentos de un valor incalculable. Por eso, al empezar la obra que os traigo, se dibujó una sonrisa enorme en mi cara y no tardé ni diez segundos en enviarle un WhatsApp.
Qué paso cuando se terminaron las perdices 1 (2017), de Gema Tacón, es una divertidísima novela destroza infancias responsable de que los vecinos de sombrilla de la playa hayan vuelto a mirarme raro. La historia arranca con una reunión remember de algunas de las celebérrimas princesas Disney. Las riendas narrativas de la obra las va a llevar Ariel, mi adorada sirenita, en primera persona. Torpeza, caos, y un corazón que no le cabe en el pecho (que imagino ya no podría tapar con las almejitas). El resto de asistentes al reencuentro son Blancanieves, Jasmine (de Aladdin), Aurora (la Bella Durmiente), Bella y Mérida (de Brave). Ariel, separada del príncipe Erick desde hace años, columnista sentimental en un diario de poca monta y con dificultades económicas, piensa que sus circunstancias no están a la altura de las vidas asquerosamente perfectas y glamurosas de las demás, hasta que unos chupitos de tequila y unas cuantas cervezas obran el milagro y descubre que sus perdices felices tampoco han sobrevivido al paso del tiempo. Infidelidades, infelicidades y otras poluciones han convertido los cuentos de hadas en dramones de serie B. Como consejera sentimental sin estrenar, Ariel se propone ayudarlas y... Y piensan que se lo voy a contar, claro. Pues no. Se lo leen si se han quedado intrigados.
Qué paso cuando se terminaron las perdices 1 tiene un puntillo romántico, sentimental, pero, por encima de todo, hace reír al lector, mucho, muchísimo. La autora, con su desparpajo habitual, juega con clichés y arquetipos para provocar la carcajada irremediable. A los que conocen la forma de hablar y el acento de Gema Tacón, quizá les ocurra como a esta lectora, y lean la voz de Ariel como la de su autora (y entonces tengan que sujetarse la tripa porque les duele). Ya saben, siempre es mejor reír, sobre todo cuando la vida se pone cabrona.
viernes, 18 de agosto de 2023
El aquelarre perdido de Trasmoz, de Gema Tacón
¿Sabían que en España existe un pueblecito excomulgado desde el s. XVI? No se preocupen, yo tampoco hasta que empecé a leer la novela a cuya lectura acabo de poner fin. Pues sí, en la provincia de Zaragoza, en la comarca de Tarazona y el Moncayo, se encuentra Trasmoz, una localidad con poco más de 80 habitantes que ostenta el morboso honor de ser el único pueblo oficialmente maldito y excomulgado por un Papa de la Iglesia Católica. Cuna de un vasto legendarium sobre brujas y aquelarres, no me extraña que haya sido fuente de inspiración de diversas obras literarias. Bécquer, sin ir más lejos, hizo buen uso de alguna de sus leyendas. Y la gaditana Gema Tacón se sirve de él como escenario geográfico y elemento clave en el argumento de la novela que me ha secuestrado durante los últimos dos días.
El aquelarre perdido de Trasmoz (2022) es la cuarta novela que he leído de la autora y actúa a modo de spin off continuador de la saga Susurros. Aquí Kate Warne ya no es personaje principal, sino que cede el protagonismo a Lidia, hija de una herborista que padece una inusual progeria (vejez prematura) y a William, periodista de investigación tocapelotas que se dedicó a desprestigiar en prensa la labor de Warne cuando esta aún pertenecía a las fuerzas del orden público. Ambos protagonistas se verán involuntariamente involucrados en una guerra contra fuerzas esotéricas mientras tratan de desvelar el misterio de sus vidas. Tras la muerte de su madre, Lidia indagará en los orígenes de su familia, y el azar cruzará su camino con el de William, que lleva años intentando demostrar (a los demás y a sí mismo) que su padre no lo abandonó en un bosque cuando tenía tres años, sino que desapareció en extrañas circunstancias. Sus destinos se darán la mano mientras viajan a la zona de Trasmoz buscando respuestas (ella junto a su amigo John y él junto a su hermana Alicia), y desde entonces sus existencias quedarán ligadas a escobas, brujerías, maldiciones, monjes fantasma y señoras bigotudas de armas tomar. ¿Y qué pinta Kate Warne en todo esto (junto a personajes que ya conocimos en Ola de Silencio como Nandor Fodor, Madre Shipton o la gauda Leo? Pues...pues lo leen si les ha picado la curiosidad (que debería).
En su línea habitual, en El aquelarre perdido de Trasmoz Gema Tacón es capaz de crear, con una prosa asequible y sin dobleces y un desparpajo tremendo, una historia llena de misterio donde el drama y la tensión se ven compensados por la sonrisa o incluso la carcajada del lector, cosa que yo valoro enormemente, al igual que las sorpresas. Y qué sorpresa más preciosa cuando empecé la lectura y me saltó el corazón al encontrarme con el prólogo de Javi (Marín), maestro de los giros argumentales al que aplaudiría sin duda Jeffery Deaver y creador de Marco Duarte, otro de mis investigadores preferidos. Cosas bonicas que tiene la vida y que te ponen una sonrisa en la cara. En definitiva, que lo lean, que merece la pena.
martes, 15 de agosto de 2023
Ola de silencio, de Gema Tacón
Serendipia: f. Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.
Bendita serendipia. Creo que una de las cosas más bonitas del mundo es reconocer cuando alguien hace algo maravilloso y hacérselo saber. En mi pequeño gran universo de letras, corazón y algún suspiro, ciertos obsequios son recompensados con una gratitud infinita: que me hagan reír, que me sorprendan y que me obliguen a devorar un libro como si no hubiese un mañana. Por eso, aprovecho estas líneas para agradecerle a Gema Tacón el haberme regalado las tres cosas. Estamos a mitad de agosto, y ya me atrevo a decir que con Kate Warne y su autora he encontrado el tesoro del año. Cierto es que me vuelven loca y a veces me dan ganas de matarlas un poquito, pero en ello reside parte de su encanto. Gracias también a todos aquellos que con vuestras reseñas y vuestra insistencia me habéis llevado a descubrirla. Y dejo ya el terreno de lo empalagoso (que cuando la vena moñas hace pop ya no hay stop), porque lo que yo venía a contarles es cuánto he disfrutado con la novela que acabo de terminar.
Se trata de la tercera entrega de la saga Susurros de la gaditana Gema Tacón (hombre, no iba a ponerme ahora, después del momento moñas, a escribir sobre el libro de otro) y se titula Ola de silencio (primera edición 2023). Esta vez, la autora sitúa la trama en la tranquila isla de Tabarca (tranquila hasta que ella la escribe, claro). La ya ex policía Kate Warne (aunque no sea oficial, ella ya no se considera tal), con el alma rotísima tras el desenlace de El Apóstol de la muerte y con la semillita de su gremlin creciendo en su interior, decide tomarse un respiro lejos de los suyos para encontrarse a sí misma y convertirse en la mujer madre que realmente quiere ser. La noticia en un diario de la desaparición de una joven en la isla de Tabarca la lleva a hacer el equipaje y trasladarse hasta allí. Solo para ayudar un poco, se dice y, como siempre, se mete hasta un poquito más arriba del cuello. En colaboración (obligada) con la capitana Barrera, de una comisaría de Alicante, se verá inmersa en una investigación de lo más accidentado rodeada de un varioponto elenco de personajes, desde la cotilla del pueblo, pasando por un párroco con talante y nombre pelín inquisitorial, un par de polis poco espabilados a la primera vista y un simpático camarero que le hará tilín donde hacía ya tiempo no sonaba ninguna campana. Contarán con la impagable ayuda de la cerebrito Penélope García y con un cuarteto de individuos insólitos como poco cuyo dominio no es de este mundo. ¿Lograrán salir sanas y salvas y descubrir al criminal? Tendrán que averiguarlo ustedes, si acaso la curiosidad les pica.
Sangre, intriga, tensión, acción, cocktail de emociones, magia y alguna criatura onírica son algunos de los ingredientes de Ola de silencio que me han hecho disfrutarla al máximo. Suelo sentirme afortunada porque voy disfrutando de los autores y obras que elijo (o que me eligen, vaya usted a saber), pero es difícil igualar la conexión total que siento con las páginas de la gaditana. Su desparpajo, su manera desenfadada de escribir y provocarme una carcajada para que me miren raro mis vecinos de sombrilla. Su modo de desgarrar un corazón con frases cortas y punzantes. No diré más, que bastante me he alargado ya. Leedla. Merece la pena.
sábado, 12 de agosto de 2023
El Apóstol de la muerte, de Gema Tacón
Que no, que puedes irte a beber agua a la cocina, que no se te va a esacapar el malo. Que no, que a ti no te quiere eliminar ningún francotirador oculto desde un tejado. Que no aprietes un acelerador que no tienes bajo el pie porque nadie va a llegar más rápido a ningún lugar. Deja ya de hiperventilar, poramordediosbendito, y relaja las mandíbulas, que luego te va a doler la cabeza. Que no, que a ti no se te ha roto el corazón (o sí, pero será por otros motivos).
Que todo eso no te ha pasado a ti, sino a Kate Warne, y tú solo eres el lector o lectora que acaba de terminar El Apóstol de la muerte de Gema Tacón (la segunda edición de 2023, que la primera es de 2019), y ahora no sabes, dada la improbable situación de tenerla enfrente, si le plantarías un beso en los morros o le darías un bofetón épico. Por esta segunda entrega de la saga Susurros, la gaditana sería merecedora del Nobel del Sadismo porque, vamos, la forma metódica y concienzuda de causar sufrimiento al lector... La trama de El Apóstol de la muerte se inicia un par de años después de los hechos narrados en El último susurro, que aún van a dar algún coletazo que otro para complicarle la vida a Kate Warne, ahora ya capitana de la comisaría tras la resolución del caso anterior. Acostumbrada a la acción y a una vida disoluta, Warne se ahoga por momentos entre las cuatro paredes de su despacho y en la relación consolidada con Joseph Bell, hasta que el destino decide volver a jugar con ella a los dados y la nueva incorporación a su equipo —una rubia despampanante que le va a dar algún quebradero de cabeza— entra en tromba en su despacho para anunciar la desaparición de cinco mujeres que, al investigar un poco, resultan no existir. A la llamada de una desconocida que asegura que las desapariciones no son tales le sigue el asesinato en modo barbacoa de uno de los cinco denunciantes y, a partir de ahí, la trama va dando unos giros que traerán de cabeza (o de culo, según se mire) al equipo de Warne. Para colmo, al sur de la ciudad, un ángel exterminador con delirio megalómano —al que los medios pronto bautizarán como el Apóstol de la muerte— pretenderá purificar las calles eliminando a pecadores tales como prostitutas, drogadictos, mendigos y homosexuales. Con dos frentes abiertos de tal calado, a Kate Warne no le será posible tomar decisiones con la cabeza y, tanto ella como otros miembros de su equipo de verán expuestos a situaciones límite que acabarán... Si, hombre, que lo voy a contar todo. A sufrir como yo si quieren saber.
El Apóstol de la muerte es una obra sencillamente brutal. No entiendo por qué, pero al comenzar a leer no es que empatice con Kate Warne, sino que, mediante algún tipo de magia negra, de repente es su piel la que me cubre los huesos. En capítulos cortos y con un nivel Dios de tensión en cada uno, Gema Tacón consigue que el lector no quiera dejar de leer en ningún momento. Ni se imaginan la lucha que he mantenido conmigo misma para no saltar hasta las últimas páginas y que todo se arreglase, que fuese una confusión, un mal sueño, lo que fuera. Mientras perpetro esta reseña ( o este ejercicio de enajenación mental necesario para mantener la cordura) aún noto los latidos de un corazón que parece querer salírseme por la boca.
Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin
En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...
-
El más pequeño cabello proyecta su sombra. (Johann Wolfgang von Goethe) Hay ocasiones en las que la vida no tiene anverso ni re...
-
Ay, el otoño. Una de mis estaciones del año favoritas. Tránsito a paso tranquilo entre la luminosidad y la algarabía del verano ...
-
Hay novelas que se leen, y otras que se atraviesan como si fueran un puente frágil tendido sobre un abismo insondable. Sus págin...