domingo, 21 de enero de 2024
La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker
domingo, 20 de noviembre de 2022
La Emperatriz de los Etéreos, de Laura Gallego
sábado, 19 de noviembre de 2022
Progenie, de Susana Martín Gijón
En ocasiones hay obras que comienzo a leer simplemente porque forman parte de la lista de títulos pendientes y decido darles una oportunidad, sin expectativas de ningún tipo. En ocasiones, afortunadamente, esas obras me enganchan desde las primeras páginas y, cuando acaban, quiero más. Además, si supone la primera vez que empatizo totalmente con el personaje principal (la inspectora) en novela negra, la sensación de satisfacción se magnifica.
Esta vez les hablo de Progenie, de la sevillana Susana Martín Gijón, publicada a principios de 2020 por Penguin bajo el sello de Alfaguara Negra, una novela dotada de cierta originalidad, desenfado en la escritura, agilidad en la exposición y rapidez en el desarrollo, circunstancias que resultan en un ritmo constante que no permite que el interés de los lectores decaiga en ningún momento. La trama de Progenie se inicia con la aparición del cadáver de una mujer atropellada deliberadamente en el Barrio de las Letanías de Sevilla. En su boca, un chupete; en el informe de la autopsia, un embarazo. Mientras la inspectora Camino Vargas y su equipo trabajan para arrojar luz sobre el caso aparece el cuerpo sin vida de otra mujer. El informe forense revela que la víctima también es gestante. ¿Casualidad? Tras un planteamiento que podría parecer convencional, el lector asiste al desarrollo de una trama argumental trazada al milímetro para obtener un resultado redondo. La aparición de un tercer cadáver sitúa ya a la inspectora Vargas y al resto de su unidad ante el reto más difícil de su carrera.
Otro de los aciertos de Martín Gijón en Progenie residiría en sus personajes. Alejándolos del concepto de superhéroes que todo lo pueden, los presenta como personas convencionales, con sus dudas, sus problemas, sus fracasos y sus emociones. Tan vulnerables como cualquiera de nosotros en circunstancias difíciles. Sin ir más lejos, me ha encantado la inspectora Vargas: entrada en la cuarentena, con un peso y una talla que se escapan de los estándares de belleza socialmente aceptados, y capaz de expresar con naturalidad sus apetencias sexuales, lo esporádico de sus relaciones, su elección de un estilo de vida independiente. Y la certeza de que todo lo anterior no es más que un caparazón tras el cual se siente protegida. Su vida, una paradoja continua y constante.
En definitiva, en Progenie hallamos una novela escrita con valentía e inteligencia, capaz de mantener en vilo al lector mientras profundiza en cuestiones relevantes a varios niveles: la maternidad y las imposiciones sociales sobre las mujeres, los modelos de familia, la crianza, la paternidad y las diversas pérdidas que habitualmente sufren los padres tras una separación. No perdamos de vista tampoco los amores imposibles (o así los llaman). Una obra excelente narrada de modo casi adictivo.
jueves, 6 de enero de 2022
Grandes minicuentos fantásticos, de VV. AA.
Cuando se despierta del sueño de las vacaciones y se ha de volver a una realidad más bien gris y anodina, se necesitan grandes dosis de literatura y de fantasía para evitar la caída –posiblemente mortal– en el abismo sin fondo de un lunes eterno que solo da paso al cruel martes. Hay obras que, si bien son incapaces de impedir el involuntario descenso, lo amortiguan, poniendo a punto nuestras alas invisibles, o prestándonos unas en caso de carecer de ellas. El caso es que nuestra imaginación alce el vuelo y ya no haya nada que la sujete al sustrato lodoso de la rutina. Así me ha ocurrido a mí con Grandes minicuentos fantásticos, publicada por Alfaguara en el año 2005.
Esta antología, compilada por Benito Arias García, recoge una selección de textos breves (o brevísimos) escritos desde el s. XVIII al s. XX, clasificados por orden cronológico de escritura o edición y agrupados por temas. Entre los autores que Arias García selecciona para la obra encontramos nombres archiconocidos como el maestro Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Muñoz Molina o el inigualable Ramón Gómez de la Serna, y otros menos conocidos (al menos, por esta lectora). La mayoría de ellos son hispanohablantes, lo que en parte demuestra la supremacía de los centroamericanos en el microrrelato, aunque también hay contribuciones de Max Aub, Paul Auster, Michael Ende, Frederic Brown y R. L. Stevenson, entre otros. Las diversas temáticas tienden indefectiblemente al misterio, al terror, a lo maravilloso o a lo insólito (y al escribir esto no puedo evitar pensar en uno de mis autores favoritos, Manuel Moyano; seguro que algunos de los textos le hubieran encantado). Dios contra el diablo, o la supuesta batalla sempiterna entre el bien y el mal, mitología y folklore, fantasmas, muertos, la parca, metamorfosis, seres y situaciones terroríficas, objetos y criaturas mágicas, doppelgängers, sueños y poderes mágicos, son los elementos habituales que el lector encontrará entre las páginas de Grandes Minicuentos Fantásticos.
Como en toda antología, hay piezas que son verdaderas joyas, otras que son simplemente correctas y otras que... mejor olvidarlas. Como es imposible hablar en esta entrada de todas y cada una de ellas, o siquiera de algunas cuantas sin que esto se haga eterno y aburrido, les diré que he disfrutado como una niña con la genialidad de Ramón Gómez de la Serna (¡qué imágenes es capaz de crear este autor!), con los textos de Juan José Millás o Fernando Iwasaki, con las Propiedades de un sillón de Julio Cortázar y con las brevísimas letras del mejicano José Emilio Pacheco (todo un descubrimiento, la verdad). Como conclusión, podría decir que cada vez me gusta más el género del microrrelato (tantas veces y por tantos denostado), pues la fantasía y las posibilidades de la imaginación nadan en él como peces en el agua, y que, la creatividad (y, en ocasiones, la genialidad) precisan de poco espacio. Si desean desconectar un rato del suelo que pisan, pasen y lean.
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