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domingo, 21 de enero de 2024

La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

La lectura es un ejercicio complejo que implica al lector en su totalidad. Al menos, para esta lectora que escribe es así. Con un libro no necesito fingir. Me adentro en él desnuda de todo lo que no sea yo como quien se sumerge en un mar profundo del que no se ve el fondo. Mis propios sentimientos y emociones tienen un papel importante en el proceso. A veces juegan a favor, y otras en contra. Habitualmente, leo y siento, me tenso, me emociono, me enfado, me río... Sin embargo, parece que hay obras que llegan para hacerte ver que aún hay más. Para mostrarte cuánto pueden escocerle unas palabras a unas ganas inmensas. Para enseñarte cuánto puede dolerle un párrafo a un silencio. Para que asumas que una ausencia hiere al amor pero no lo mata. Si a mi yo de antes alguien le dice que iba a llorar así con "la historia de amor más grande jamás contada" (así me la definió quien me la recomendó), me hubiese reído un rato. Ahora, sin embargo, sé de lo que hablaba.

La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara, 2013) de Joël Dicker me ha vapuleado sentimental y emocionalmente de una forma que no esperaba. Es un thriller perfecto cuya trama comienza en 2008 cuando Marcus Goldman, un escritor aquejado del síndrome de la página en blanco, visita a su amigo y mentor, el afamado Harry Quebert, autor del aclamado best seller El origen del mal, en su residencia de Aurora, una preciosa población costera en New Hampshire, Nueva Inglaterra (EE. UU.). Una vez allí, husmeando entre las cosas de Harry buscando tal vez la inspiración, encuentra sin querer una caja con los vestigios de una relación que su mentor había mantenido en 1975, a la edad de 34 años, con una quinceañera de Aurora llamada Nola Kellergan, desaparecida en extrañas circunstancias aquel mismo verano y de la que nunca más se supo. Una relación que Harry le relata de manera sucinta pero con suma tristeza. Meses después de su regreso a Nueva York, y a punto de mandar al traste toda su carrera como escritor, Marcus recibe una llamada de un Harry lloroso: está muerta. Nola está muerta. Al parecer, una empresa de jardinería ha encontrado los restos de Nola Kellergan en el jardín de Goose Cove, la casa de Harry. Junto al cadáver, un bolso con el manuscrito de El origen del mal. Harry se encuentra detenido, acusado de su asesinato. Impulsado por la amistad y la lealtad inquebrantable que siente hacia Quebert, y seguro completamente de su inocencia, Marcus se desplaza hasta Aurora para apoyarlo e investigar de manera paralela a la policía (con la ayuda del sargento Perry Gahalowood) qué ocurrió aquel 30 de agosto de 1975. En una carrera contrarreloj para salvar el honor y posiblemente la vida de su amigo, Marcus dedicará su tiempo a grabar testimonios de todos los habitantes de Aurora que puedan darle pistas para demostrar la inocencia de Quebert, involucrándose de lleno en la historia de un crimen donde todos parecen tener algo que ocultar y la verdad es de difícil acceso, salpicándola con detalles de cómo empezó y se consolidó su amistad con Harry y, sobre todo, narrándonos una historia de amor hermosa y dolorosa. Un amor capaz de todo con tal de existir que desafía al dios tiempo y a las leyes de los hombres. 

Historia de amor y escritura en tiempo real de un true crime con un sinfín de personajes turbios que pueblan sus páginas, La verdad sobre el caso Harry Quebert es sin duda un éxito literario desde todos los puntos de vista:  narrativo, trama, investigación de Goldman, reflexiones sobre la literatura, etc. Desde el inicio hasta el final, es una obra de arte que atrapa al lector, sumergiéndolo en un laberinto de pistas que no le permitirán ni un minuto de descanso. Aparte de la trama de investigación y del soberbio ejercicio metaliterario, Joël Dicker nos muestra cómo dos personas pueden amarse y llegar a donde sea por su amor, por muy prohibido que sea, aunque encontremos más espinas que rosas; nos habla sobre el poder de la amistad, otra forma de amor, por encima de todas las cosas; nos enseña que huir de nuestros problemas y nuestras miserias pocas veces ayuda a solucionarlos. Honestamente, un thriller perfecto que me ha dejado huella. Y, para acabar, que esto ya se va haciendo demasiado largo, dos fragmentos se la obra que se me han quedado dentro:

Que seguramente mucha gente no había conocido nunca el amor. Que en el fondo se conformaban con buenos sentimientos, que se enterraban en la comodidad de una vida vulgar y que se perdían sensaciones maravillosas, que son probablemente las únicas que justifican la existencia.

La verdad no cambia nada de lo que puede uno sentir por otro. Es el gran drama de los sentimientos.

domingo, 20 de noviembre de 2022

La Emperatriz de los Etéreos, de Laura Gallego

A riesgo de resultar cansina, repetiré una vez más que la imaginación es el arma más poderosa de la que disponemos los seres humanos. Gracias a ella podemos, por ejemplo, olvidarnos de nuestro sofá y nuestra mantita, desplegar nuestras alas y volar hasta aterrizar en mundos lejanos y radicalmente distintos al que habitamos. En esta ocasión, acabo de volver de un viaje fascinante a un mundo donde imperan el frío, la blancura de la nieve y el divino afán de una inmaterialidad redentora. La luz y el calor del sol brillan (que expresión tan paradójica en este contexto) por su ausencia y la vida, tal y como la conocemos, resiste oculta en las entrañas de la tierra.

En este escenario tan eternamente invernal sitúa Laura Gallego La Emperatriz de los Etéreos (Alfaguara, 2007), la novela juvenil de aventuras (mira que me gustarán a mí las aventuras) que ha mantenido mi mente ocupada durante las últimas 24 horas. La protagonista, Bipa, es una chica pragmática y poco soñadora que vive en Las Cuevas junto a su comunidad, resguardados del frío y la muerte segura que supondría alejarse de ellas. En las mismas grutas vive también Aer, un muchacho algo diferente al resto que se pasa el día soñando despierto y cuya máxima aspiración es cruzar los Montes de Hielo y encaminarse hacia el palacio de la Emperatriz de los Etéreos, el ser más bello y majestuoso sobre la faz de la Tierra. Será que los polos opuestos se atraen porque, a pesar de ella misma, Bipa inicia una suerte de amistad con el chico raro y comienza a tolerarlo. Un buen día, el muchacho desaparece y, tiempo después de haberlo dado por muerto, regresa con el único fin de demostrarle a Bipa que se equivoca, y que existen cosas que merecen la pena más allá de su refugio en Las Cuevas. Sin embargo, la naturaleza de Aer lo empuja a partir de nuevo hacia la Emperatriz que lo llama con fuerza, y el corazón de Bipa –aunque ella lo niegue con vehemencia– la obliga a marchar en su busca. La joven iniciará un viaje lleno de peligros que pondrá a prueba hasta el último gramo de su tozudez y le revelará la verdadera naturaleza del mundo en el que vive. ¿Logrará cumplir su objetivo de hallar a su amigo y traerlo de vuelta a casa? Para saberlo, tendrán que ponerse un buen abrigo (y los guantes, que no se les olviden) y seguir los pasos de Bipa.

Escrita en tercera persona, y en catorce capítulos de extensión considerable más el epílogo, La Emperatriz de los Etéreos nos adentra en una búsqueda, no solo de un amigo (puede que algo más), sino de la propia esencia. A lo largo de su periplo, nuestra protagonista descubrirá cosas sobre sí misma y tomará conciencia de lo que es realmente importante para ella mientras se topa con personajes de lo más variopinto. Entre sus líneas, si leemos bien, podríamos encontrar una reflexión sobre todo lo que dejamos atrás en aras de alcanzar la perfección y en qué podría resultar nuestro intento.



sábado, 19 de noviembre de 2022

Progenie, de Susana Martín Gijón

En ocasiones hay obras que comienzo a leer simplemente porque forman parte de la lista de títulos pendientes y decido darles una oportunidad, sin expectativas de ningún tipo. En ocasiones, afortunadamente, esas obras me enganchan desde las primeras páginas y, cuando acaban, quiero más. Además, si supone la primera vez que empatizo totalmente con el personaje principal (la inspectora) en novela negra, la sensación de satisfacción se magnifica.

Esta vez les hablo de Progenie, de la sevillana Susana Martín Gijón, publicada a principios de 2020 por Penguin bajo el sello de Alfaguara Negra, una novela dotada de cierta originalidad, desenfado en la escritura, agilidad en la exposición y rapidez en el desarrollo, circunstancias que resultan en un ritmo constante que no permite que el interés de los lectores decaiga en ningún momento. La trama de Progenie se inicia con la aparición del cadáver de una mujer atropellada deliberadamente en el Barrio de las Letanías de Sevilla. En su boca, un chupete; en el informe de la autopsia, un embarazo. Mientras la inspectora Camino Vargas y su equipo trabajan para arrojar luz sobre el caso aparece el cuerpo sin vida de otra mujer. El informe forense revela que la víctima también es gestante. ¿Casualidad? Tras un planteamiento que podría parecer convencional, el lector asiste al desarrollo de una trama argumental trazada al milímetro para obtener un resultado redondo. La aparición de un tercer cadáver sitúa ya a la inspectora Vargas y al resto de su unidad ante el reto más difícil de su carrera.

Otro de los aciertos de Martín Gijón en Progenie residiría en sus personajes. Alejándolos del concepto de superhéroes que todo lo pueden, los presenta como personas convencionales, con sus dudas, sus problemas, sus fracasos y sus emociones. Tan vulnerables como cualquiera de nosotros en circunstancias difíciles. Sin ir más lejos, me ha encantado la inspectora Vargas: entrada en la cuarentena, con un peso y una talla que se escapan de los estándares de belleza socialmente aceptados, y capaz de expresar con naturalidad sus apetencias sexuales, lo esporádico de sus relaciones, su elección de un estilo de vida independiente. Y la certeza de que todo lo anterior no es más que un caparazón tras el cual se siente protegida. Su vida, una paradoja continua y constante.

En definitiva, en Progenie hallamos una novela escrita con valentía e inteligencia, capaz de mantener en vilo al lector mientras profundiza en cuestiones relevantes a varios niveles: la maternidad y las imposiciones sociales sobre las mujeres, los modelos de familia, la crianza, la paternidad y las diversas pérdidas que habitualmente sufren los padres tras una separación. No perdamos de vista tampoco los amores imposibles (o así los llaman). Una obra excelente narrada de modo casi adictivo.

jueves, 6 de enero de 2022

Grandes minicuentos fantásticos, de VV. AA.

Cuando se despierta del sueño de las vacaciones y se ha de volver a una realidad más bien gris y anodina, se necesitan grandes dosis de literatura y de fantasía para evitar la caída –posiblemente mortal– en el abismo sin fondo de un lunes eterno que solo da paso al cruel martes. Hay obras que, si bien son incapaces de impedir el involuntario descenso, lo amortiguan, poniendo a punto nuestras alas invisibles, o prestándonos unas en caso de carecer de ellas. El caso es que nuestra imaginación alce el vuelo y ya no haya nada que la sujete al sustrato lodoso de la rutina. Así me ha ocurrido a mí con Grandes minicuentos fantásticos, publicada por Alfaguara en el año 2005.

Esta antología, compilada por Benito Arias García, recoge una selección de textos breves (o brevísimos) escritos desde el s. XVIII al s. XX, clasificados por orden cronológico de escritura o edición y agrupados por temas. Entre los autores que Arias García selecciona para la obra encontramos nombres archiconocidos como el maestro Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Muñoz Molina o el inigualable Ramón Gómez de la Serna, y otros menos conocidos (al menos, por esta lectora). La mayoría de ellos son hispanohablantes, lo que en parte demuestra la supremacía de los centroamericanos en el microrrelato, aunque también hay contribuciones de Max Aub, Paul Auster, Michael Ende, Frederic Brown y R. L. Stevenson, entre otros. Las diversas temáticas tienden indefectiblemente al misterio, al terror, a lo maravilloso o a lo insólito (y al escribir esto no puedo evitar pensar en uno de mis autores favoritos, Manuel Moyano; seguro que algunos de los textos le hubieran encantado). Dios contra el diablo, o la supuesta batalla sempiterna entre el bien y el mal, mitología y folklore, fantasmas, muertos, la parca, metamorfosis, seres y situaciones terroríficas, objetos y criaturas mágicas, doppelgängers, sueños y poderes mágicos, son los elementos habituales que el lector encontrará entre las páginas de Grandes Minicuentos Fantásticos.

Como en toda antología, hay piezas que son verdaderas joyas, otras que son simplemente correctas y otras que... mejor olvidarlas. Como es imposible hablar en esta entrada de todas y cada una de ellas, o siquiera de algunas cuantas sin que esto se haga eterno y aburrido, les diré que he disfrutado como una niña con la genialidad de Ramón Gómez de la Serna (¡qué imágenes es capaz de crear este autor!), con los textos de Juan José Millás o Fernando Iwasaki, con las Propiedades de un sillón de Julio Cortázar y con las brevísimas letras del mejicano José Emilio Pacheco (todo un descubrimiento, la verdad). Como conclusión, podría decir que cada vez me gusta más el género del microrrelato (tantas veces y por tantos denostado), pues la fantasía y las posibilidades de la imaginación nadan en él como peces en el agua, y que, la creatividad (y, en ocasiones, la genialidad) precisan de poco espacio. Si desean desconectar un rato del suelo que pisan, pasen y lean. 

Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin

En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...