Mostrando entradas con la etiqueta ALFAQUEQUE EDICIONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ALFAQUEQUE EDICIONES. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de noviembre de 2022

¿Te CUENTO un CUENTO?, de Paco López Mengual

La memoria de la infancia supone a menudo un reducto de indulgencia a donde volvemos de cuando en cuando en busca de sosiego. Ajenos al dolor de los días y los adioses sucesivos, inmunes al desaliento, la vida nos espera en las esquinas dispuesta a sorprendernos y a entregarnos el precioso don de la ilusión. Creemos en duendes y ratones estraperlistas, e incluso pensamos que los escritores de las historias que leemos o que nos cuentan son auténticos magos poseedores de una sabiduría cósmica y armarios repletos de criaturas increíbles. Cuando crecemos, algunos nos sentimos afortunados al constatar que es así, que no fue una invención de nuestra disparatada imaginación de niños. Fíjense si no en Paco López Mengual. De sus cajones sale lo mismo un botón o una cremallera que un personaje asombroso que nos lanza un hechizo para mantenernos pegados a unas páginas.

Esta vez (ya la décima), nos acercamos a López Mengual como narrador infantil en ¿Te CUENTO un CUENTO? (Alfaqueque Ediciones, 2016), una obra compuesta por seis relatos donde la aventura, el misterio y las sonrisas se combinan con el color y la ternura de las ilustraciones de Sofía Martínez y el talento narrativo del autor para cautivar a los lectores (de cualquier edad) y mantenerlos en vilo de la primera a la última página del cuento. En “Sémola Semolorum", el escritor nos pone sobre aviso del cuidado con el que hay que manejar las varitas mágicas; es probable que se nos escapen un par de lágrimas al saber de la vocación de astronauta del personaje de "Mis viajes con monsieur Dupont"; aprenderemos la importancia de llevarse bien con los amigos invisibles en "Mi amigo invisible se llama Chipé” y a mirar de otro modo a los personajes peculiares de los pueblos en "El Gigante"; en "La Llave del Tiempo" viajaremos a mundos remotos y nos preguntaremos si nosotros hubiéramos actuado igual que el protagonista y, finalmente, en "La maldición del Árbol Botella" descubriremos una inquietante historia que sustentará los extraños sucesos acaecidos en un barrio cualquiera.

Siempre es un placer sumergirse en las letras de Paco López Mengual, y aún más cuando se recuperan los ojos de una niña que siempre creyó en la magia. ¿Os cuento algo? He descubierto su secreto: cose las historias con un hilo tan tan tan mágico que es imposible que no nos gusten. Probad a ver si a vosotros os ocurre lo mismo. 

jueves, 15 de septiembre de 2022

Cuentos de miedo para jóvenes valientes, de Paco López Mengual

 


Cuando miro hacia atrás, no me recuerdo como una criatura miedosa. Siempre quise conocer a los monstruos, los vampiros y los fantasmas que aparecían en los libros. Pensaba que tan malos no serían, y casi siempre tenían un punto simpático. Pero, claro, esos eran los de los libros. Otra cosa muy distinta eran esos personajes que aparecían en las historias que nos contaban los adultos para intentar que nos portásemos bien y que luego los niños repetíamos a nuestros amigos y vecinos con un temor reverencial. O las primeras experiencias de quasi-adolescentes en el terreno de lo esotérico (la memoria de las tijeras de Verónica me sigue espantando, la verdad). Lo cierto es que esa rumorología de lo oculto, de lo misterioso, de lo cabalístico, resulta un excelente acicate para la imaginación popular.

Eso debió pensar Paco López Mengual cuando concibió la obra sobre la que versa esta entrada: Cuentos de miedo para jóvenes valientes (Alfaqueque Ediciones, 2020), una colección de quince relatos “reales” donde personajes peculiares y situaciones escabrosas procedentes en su mayoría de la tradición oral estimulan la imaginación y el morbo (aunque no queramos reconocerlo, somos morbosos) del lector y le hacen preguntarse hasta dónde llega el hecho y donde empieza la leyenda urbana. Tumbas vacías y cadáveres desaparecidos, fantasmas de diferente condición (ojo a la estudiante universitaria cuya compañera llevaba fallecida más de dos décadas y a la Dama de Negro que provoca sobresaltos a quienes se acercan a la casa Díaz Cassou) o algún traje de marinerito capaz de erizar el vello al más valiente se combinan en las páginas de esta obra con pinceladas de la vida de un supuesto licántropo, con supervivientes de catalepsia que provocan fulminantes ataques al corazón  e incluso con la siniestra merced de cierto santo. Sin embargo, la historia que realmente resucita mi pavor infantil es, sin duda, la del Tío Saín, único ser –divino o terrenal– capaz de impedirme salir a jugar en la calle a la hora de la siesta y morador de alguna que otra de mis pesadillas.

Quince relatos narrados con la inteligencia, la solvencia y esos trazos de humor que caracterizan a López Mengual y le convierten, a mi humilde parecer, en un mago cuentahistorias. Sepan ustedes que tuve la fortuna de asistir a una presentación de Cuentos de miedo para jóvenes valientes que hizo el autor en la puerta del cementerio de Molina, y les puedo asegurar que, si leídas, las historias provocan cierto repelús, contadas de viva voz (y a las puertas del camposanto) el efecto es ciertamente desasosegante. Ya saben, si gustan ustedes de un ratito de miedo y morbo, pasen y lean.

 


lunes, 14 de marzo de 2022

Morbo gótico, de Ana Ballabriga y David Zaplana

"El morbus gothorum o morbo gótico era el nombre que recibía el método por el cual los reyes visigodos eran asesinados sin piedad por otro noble que conseguía así ocupar su lugar".

De este modo se le define al lector, en la página 343 de la obra, el concepto que da título a la novela que acabo de terminar, Morbo gótico, escrita a cuatro manos por el tándem Ana Ballabriga-David Zaplana, y publicada bajo el sello de la ciezana Alfaqueque Ediciones en 2010. Es mi primera incursión en las letras de este dúo literario y sé que tarde o temprano repetiré.

La trama de Morbo gótico gira en torno a Nicolasa, joven psicóloga madrileña que trata de abrirse camino profesional en Lisboa. Su marido, Nuno, es inspector de policía y parece tener un proyecto de vida radicalmente distinto al de ella: sin aspiraciones profesionales más allá del trabajo bien hecho, su sueño es llenar el hogar de niños y disfrutar de su familia. Como podrán imaginar, semejante diferencia de aspiraciones constituye un foco de tensión que arrastra a Nicolasa y a Nuno al borde del abismo conyugal. Los recuerdos de infancia y juventud de nuestra protagonista, que desembocan en un infinito de pesadillas y la consiguiente fobia al sueño, tampoco ayudan a equilibrar la balanza, pues hacen mella en su ánimo constantemente. En el momento en que los lectores entramos en la historia,  ha aparecido en Lisboa lo que parece ser un asesino en serie, y la investigación de los crímenes correrá a cargo del equipo del que forma parte Nuno, quien le pedirá a su esposa que colabore con él elaborando un perfil psicológico del asesino. Por si no hubiese ya suficiente tensión, aparece por la consulta de Nicolasa una mujer que afirma tener una relación con un hombre casado que a la psicóloga le recuerda mucho a su marido. Por otro lado, y en primera persona, Ballabriga y Zaplana dejan espacio para la voz del asesino, que nos irá desvelando sus sensaciones, sus siguientes pasos y, finalmente, sus motivaciones. Un asesino con un pasado durísimo y escabroso como pocos. Lo entenderán sin duda cuando lean la novela.

Bien sabrán los que me lean habitualmente que la clasificación en géneros no suele interesarme demasiado, pero esta vez les diré que Morbo gótico es una novela negra que se aleja de los básicos del género, al menos en cuanto a enfoque. Es como si el noir en ella fuera el pretexto, y no la motivación central de la obra. El foco es Nicolasa, y todo lo demás una excusa para que ella reaccione y salga del pozo donde ha  caído. En cuanto a la voz del asesino y lo que transmite, permítanme que insista, da que pensar. Misterio, tensión e intriga aseguradas en una atmósfera lisboeta lluviosa y bien perfilada.

lunes, 6 de diciembre de 2021

La colina del árbol hueco, de Manuel Moyano

Tener la posibilidad de viajar a lomos de un libro se me antoja siempre una experiencia mágica. Viajar al punto geográfico o al momento histórico que señala con sus palabras un autor en su obra es un aliciente sumamente motivador. Desplazarse a través del recuerdo hasta la propia infancia es si cabe más hermoso todavía.

La colina del árbol hueco, de Manuel Moyano,  publicada en octubre de este mismo año por Alfaqueque Ediciones, me ha transportado a finales de los 80, cuando no contaba en mi haber más que con ocho inviernos y adoraba por igual leer historias de Los cinco o Los siete secretos y jugar en el barrio con mis amigos. Ya en el prólogo el autor nos revela el catalizador que dio lugar a su relato: la inesperada visita del anciano Israel Marmitón y los increíbles acontecimientos que, según él, tuvieron lugar en su niñez. En los capítulos posteriores, descubriremos cómo Nando (alias Cachalote), el miembro más corpulento de la pandilla de Israel, pierde su sombra y cómo, a partir de ahí, el inquietante fenómeno mantiene en vilo a toda la ciudad. El grupo de amigos al completo se embarca entonces, al igual que Peter Pan, en la aventura de recuperar sombras, pero... ¿lo conseguirán? Para averiguarlo, tendrán que adentrarse en las páginas de La colina del árbol hueco (y recuerden, por favor, que la edad es solo un cálculo irrelevante en base a unos números).Las ilustraciones que acompañan al texto, realizadas por Francisco Javier García Hernández, le aportan al conjunto una nota simpática de misterio.

Manteniendo un nivel de lenguaje bastante más que aceptable, Moyano nos invita en esta obra a recuperar la ilusión de cuando éramos aquellos locos bajitos (bueno, algunas seguimos siendo bajitas y locas...) y a recordar. A mí, por ejemplo, me viene a la mente una pandilla de barrio, de la que esta servidora era la única fémina (al igual que Queta), que ideó un plan infalible para descubrir la guarida del Tío Saín y hacerse amigos suyos. Sonrío al acordarme. 

sábado, 23 de enero de 2021

Solo guerras perdidas, de Pascual García


Tantas guerras perdidas. La guerra de cada uno de nosotros y la guerra de todos. También lo que yo hago es una guerra, aunque deba recibir un nombre aún más sucio.

Esta es una de las reflexiones más duras y más verdaderas que, ya hacia el final de la obra, escuchamos desde el interior del protagonista de Solo guerras perdidas (Alfaqueque Ediciones, 2010). Su nombre es Aníbal Salinas, y lo conocimos en Nunca olvidaré tu nombre como el personaje que, a las puertas de la muerte, regresa a su tierra natal para cumplir con sus dos últimas misiones en la vida.

En esta ocasión, Aníbal vuelve a su comarca de origen, tiempo antes de su vuelta definitiva en Nunca olvidaré tu nombre, para cumplir con la tarea que se le ha encomendado por parte de sus superiores: aniquilar a los escasos miembros de una resistencia que no supone riesgo pero molesta. Conoce el terreno, a sus habitantes y sus modos de vida, por lo que resulta la apuesta más segura para el éxito de la misión. Conforme los pasos de Aníbal lo van guiando a través de senderos y parajes recónditos de la tierra agreste que fue testigo de su juventud (en las sierras que rodean Los Olmos y Puerto Errado, escenarios tan propios del autor), mientras improvisa estrategias, empuña su astra o hunde la navaja en la carne de sus objetivos, su memoria y su alma llena de nadas caminarán las sendas del pasado de manera errática. Rememorará los viajes junto a su padre que anteriormente le llevaron a contemplar los mismos paisajes y los nombres de mujer que una vez le hicieron suponer que el paraíso era, de algún modo, posible. Las recordará con la mente y con la carne, pues volverá a encontrarse con ellas y las poseerá como ya las poseyó en un ayer ya lejano, y serán estos encuentros sexuales el último reducto de su humanidad perdida y de su alma vaciada por el horror de la guerra.

Dureza absoluta y belleza más absoluta todavía (va por ti, maestro) en una narración tensísima que, gracias a la habilidad de Pascual García, el lector podrá disfrutar con los cinco sentidos: escuchará los muelles de las navajas y la percusión de las armas, percibirá el olor de la sangre entremezclada con el aroma del tomillo y la ajedrea, el tacto de las pieles que se encienden, el frío de fuera y el de dentro. Descripciones bellísimas y minuciosas de los escenarios, de sus características y de sus costumbres más arraigadas. A las reflexiones del narrador de unen las propias de los personajes (marcadas en cursiva, y qué cursiva tan poderosa), reflexiones amargas como la hiel que nos permiten vislumbrar lo verdaderamente importante en la prosa de Pascual García: el universo interior luctuoso, torturado, oscuro como la noche, de los personajes que pueblan sus páginas. 

Sublime en todo. Mayúsculo en general. Carne y alma de poeta. Pascual García. 

"Le parecía mentira tanta belleza en aquel paisaje, tantos hombres emboscados que seguían creyendo en el hombre y, en cambio, él venía a desbaratarlo todo, como un ángel de la muerte. Traía su testamento y su venganza." (p. 79)

Hermoso y amargo.

Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin

En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...