sábado, 3 de febrero de 2024
El olor del miedo, de Manuel Ríos San Martín
domingo, 7 de enero de 2024
El tiempo que nos une, de Alejandro Palomas
martes, 22 de agosto de 2023
Donde haya tinieblas, de Manuel Ríos Sanmartín
...donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría...
(Fragmento de la oración franciscana por la paz)
"Pecado" y "culpa" son dos conceptos de raigambre judeocristiana que han trascendido los márgenes de la doctrina religiosa y han permeado los diferentes estratos de la sociedad civil. Cambien la palabra "pecado" por "transgresión" y hallarán la versión laica del cuento. Como ejemplo, podríamos señalar que tanto ciertos programas de televisión como las redes sociales se han erigido en virtuales campos de batalla donde se libran las nuevas cruzadas, en desnortados púlpitos desde los que se proclaman catecismos pelín trasnochados, en postmodernas aras de juicio y de venganza. La justicia divina de la estulticia en masa a un solo click. Somos un estado con etiquetado laico fraudulento, qué le vamos a hacer. Manuel Ríos Sanmartín, director, productor, guionista de cine y televisión, y escritor al que acabo de leer por primera vez, combina esta coyuntura social con ingredientes de una investigación de primera y el resultado es una novela absolutamente magnífica (y negra, muy negra).
Donde haya tinieblas (Planeta, 2021), thriller de ritmo marcado y trama intensa, comienza con la desaparición en Madrid de una joven modelo rusa. La chica había viajado a la capital española para asistir a la inauguración de una tienda de lencería de una marca de primer nivel, pero no acudió al evento. Se hará cargo del caso un equipo de la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta), liderado por los inspectores Martínez y Pieldelobo. Sin embargo, lo que parecía un secuestro se complicará con la aparición de un cadáver en el altar de la pequeña Ermita de la Virgen del Ara, en Extremadura. A partir de ese momento, el autor demuestra su habilidad urdiendo una trama efectista en la que se van a mezclar diferentes líneas de investigación, relacionadas con la prostitución de alto standing y la doctrina cristiana, que llevarán al lector a distintos enclaves sagrados de la geografía española. Aparte del excelente engranaje de la trama, otro de los elementos clave de Donde haya tinieblas es el antagonismo de sus personajes principales. El inspector Martínez y la inspectora Pieldelobo son seres radicalmente opuestos, tanto en su modo de ver la vida como en su forma de investigar, con un punto importante en común. Al caos de un baby boomer algo carca con una divertida dispersión mental (me he reído mucho con él, y también me ha hecho llorar) se le opone la tozudez cuadriculada y feminista de una millennial que me ha sacado de mis casillas en más de una ocasión y a la que más tarde he comprendido (sin justificar su basura de carácter, que conste). No obstante, ambos tienen carisma de sobra y apostarán por entenderse en más de un plano. ¿Qué? ¿Ya les ha picado la curiosidad?
Con un ritmo ágil marcado a golpe de capítulo breve y una prosa intimista (lo narra el inspector Martínez en primera persona), sencilla y de una plasticidad tremenda, Manuel Ríos Sanmartín consigue en Donde haya tinieblas un thriller de acción de primera calidad que pone su foco de atención en el arma de doble filo que suponen las redes sociales (información vs. sobreexposición) y en una reinterpretación sui generi del Génesis (imagino el arduo trabajo de investigación previo a la escritura, dada el peso en la obra de la iconografía religiosa), así como en elicitar en el lector reflexiones en torno a la violencia y el machismo derivadas del discurso de sus personajes. Más que recomendable lectura.
miércoles, 9 de agosto de 2023
La última paloma, de Men Marías
El mayor dolor del mundo no es el que mata de un golpe, sino aquel que, gota a gota, horada el alma y la rompe (Francisco Villaespesa).
De algunas lecturas es imposible salir con el alma intacta. Una las acaba y la palabra "dolor" se convierte en centro del centro, y piensa entonces que hay palabras que alumbran canciones y otras que, directamente, paren heridas. En la párvula redondez de unas letras que engendran llagas. En la congoja estampada de negro sobre blanco. La primera vez que la escuché, ya sabía que esta autora me iba a gustar, pero desconocía hasta qué punto. Su nombre, Men Marías.
Acabo de terminar la novela y ya noto el sabor de las ganas de más. La útima paloma (Planeta, 2021) comienza con desconcierto y miedo, los de un niño arrancado de su hogar y de su sonrisa, y avanza hacia una escena impactante y truculenta. En las inmediaciones de una casona abandonada, aparece el cadáver mutilado de una joven, nieta de un matrimonio muy querido en Rota, lugar donde se desarrolla la trama. Pechos amputados, unas alas blancas cosidas a la espalda e infibulada (castrada sexualmente). Las sospechas recaen inmediatamente sobre su supuesto novio, un delincuente común del pueblo, pero el instinto de la sargento de la Guardia Civil Patria Santiago le dice otra cosa: es un crimen ritual, el asesino va a volver a matar. ¿Y si se equivoca? La sargento Santiago, junto al cabo mayor Sacha Santos –con quien mantiene una borrascosa relación sentimental— deberán elegir entre sentido común y conocimiento criminalístico, y se verán abocados a una investigación relacionada con sucesos acaecidos a finales de los 50 que orbitan en torno a la base americana de Rota. El pasado siempre vuelve, o eso dicen, o quizá es que nunca se ha ido del todo.
Ganadora de la edición de 2022 de Cartagena Negra, La última paloma encaja perfectamente en el patrón de las novelas negras negrísimas y, sin embargo, su prosa a ratos es casi poesía. Men Marías engrana a la perfección tramas y subtramas en una novela coral que se desliza continuamente entre un presente y varios pasados. Una novela donde la investigación es tan relevante como la historia individual y colectiva de los personajes. Patria Santiago es un carácter inolvidable, tan hierática a veces, tan testaruda, tan rota. Patria, la apátrida de su propia vida que recurre al dolor autoinfligido para sobrellevar la herida de un ayer que nunca podrá ser cicatriz. La estrategia narrativa de capítulos breves que alternan la primera persona de las voces principales y el narrador omnisciente que desbroza el pasado resulta muy efectiva. No me queda más que recomendarla. Sería imposible no hacerlo.
sábado, 6 de mayo de 2023
Todos nosotros, de Javier Menéndez Flores
Siempre he pensado que, al final, lo que nos mueve a las personas es el amor en cualquiera de sus dimensiones, que es nuestra capacidad infinita de amar lo que nos hace humanos. Sin embargo, también soy consciente de que para quien no conoce más que la oscuridad resultará muy difícil –si no imposible– ser portador de luz. La bondad y la maldad, en muchas ocasiones, no son más que cuestión de posibilidades. Como bien dijo el autor Ismael Orcero en la presentación de su última obra, Deuda de sangre, ser bueno o malo depende de en qué lado de la montaña hayas nacido. En la novela que acabo de terminar, su autor, Javier Menéndez Flores, explora de forma interesante los conceptos de bondad y maldad, bucea en las entrañas de lo que impulsa al ser humano, de lo que se convierte en el leitmotiv de su trayectoria personal.
Todos nosotros (Planeta, 2020), de Javier Menéndez Flores, ganadora de la edición de 2021 de Cartagena Negra, tiene un comienzo muy potente, como todo buen thriller policiaco. Madrid, finales de 1981, Transición y movida estrenadas hace relativamente poco tiempo. Una joven que andaba desnuda por la calle es víctima de un atropello mortal. La familia de la chica había denunciado su desaparición la semana anterior. La autopsia revela lesiones y traumatismos anteriores al accidente. Otras dos jóvenes de edad similar andan también desaparecidas. ¿Hay alguna conexión entre las tres desapariciones? La Brigada Regional de Policía Judicial se las verá y se las deseará para encontrar hilos de los que tirar para averiguarlo y tratar de encontrar a las jóvenes. Los inspectores Diego Álamo, prácticamente recién llegado a la Brigada, y Roberto Guzmán, devoto de la vieja escuela, se verán obligados a armonizar nuevos métodos y prácticas arraigadas y cooperar para atrapar al criminal en la sombra. Junto con otros dos inspectores incorporados al caso, la última y fría mañana de aquel año harán un descubrimiento de desagradables consecuencias. Fin de la primera parte. La segunda comienza veinte años después, en 2002, con un Diego Álamo en el puesto de inspector jefe en la misma brigada, y dos inspectores de sangre joven, Mateo Guzmán y Sara Segura. Otra vez desapariciones de veinteañeras. Las viejas heridas de Álamo volverán a abrirse, pues su instinto le dice que el despiadado criminal que casi acabó con su vida dos décadas atrás ha regresado a la palestra. Junto con Sonia y Mateo, hará todo lo posible para dar caza al desalmado que experimenta con los límites del dolor y la maldad más absoluta. ¿Lograrán atraparlo y rescatar con vida a las incautas víctimas? El final es impactante, se lo aseguro.
Para las dos líneas temporales de la trama, Javier Menéndez Flores opta por un narrador omnisciente que alterna capítulos enfocados en la investigación con capítulos más breves que, en la primera parte, relatan la angustia de una de las chicas secuestradas y detallan la depravación y las vejaciones a las que se ve sometida y, en la segunda, le ofrecen al lector la perspectiva del psicópata y el placer que este obtiene del sufrimiento ajeno. Excelente técnica para aportar dinamismo a la obra. Por otro lado, la contextualización sociopolítica de la misma es soberbia, sobre todo en la primera parte, donde el lector podrá "escuchar" canciones que nacieron en aquel momento, programas de radio o de la televisión de aquella época y noticias sobre el panorama de aquel entonces. Está claro que Javier Menéndez ha sabido construir una buena novela, de esas que incitan a lector a devorar página tras página, manejando con solvencia personajes y suspense.
viernes, 31 de diciembre de 2021
Los besos, de Manuel Vilas
.. los besos, porque los besos siguen siendo el mayor misterio del mundo. Nadie logrará saber qué es un beso, por qué existen los besos, qué significan en realidad. Tienen un poder desconocido.
Los besos, allí está todo, en los besos.
En ocasiones, la inmensidad del universo se concentra en los besos. En ellos regalamos y recibimos alma. Tienen el poder de desatar las más terribles tormentas, el caos más aterrador, pero también sumergen nuestro espíritu en las aguas apacibles de la calma y nos hacen recordar constantemente lo afortunadas y afortunados que somos al darlos y al acogerlos. Dulces o lascivos, tiernos o provocadores, sosegados o ardientes... Lo importante es que no falten nunca.
De la misma opinión debe de ser Manuel Vilas, pues titula su última obra, publicada por Planeta en septiembre de este 2021, de una forma tan sencilla y hermosa como Los besos. En ella, Salvador, su protagonista, prejubilado a los 58 años por imperativo médico, le narra al lector en primera persona sus vivencias durante el confinamiento en un bungaló alquilado al sindicato de enseñanza al que está afiliado. De todas sus experiencias, la más importante y la que actúa como foco del relato es, sin duda, el hallazgo del amor en una mujer más joven que él, Montserrat, a la que él bautiza como Altisidora (en honor a la célebre dama cervantina). Navegando entre la poesía y la filosofía de las imágenes más prosaicas (la importancia de las sartenes, por ejemplo, o la vulgaridad que representa un rollo de papel higiénico) y de las emociones más profundas, Manuel Vilas es valiente y se arriesga a dibujarnos un esbozo de la identidad humana, con sus luces y sus sombras. Nos habla del amor maduro, con sus ventajas y sus inconvenientes, y de la absoluta necesidad de amar y sentirnos amados para luchar contra la Oscuridad que pretende dominar nuestros días. Nos habla de platonismo e idealización, pero también de piel y pasión carnal. Tampoco le falta la ironía, sobre todo en cuanto a crítica social: rebautiza al presidente de esta nuestra nación como Narciso (no podía haber estado más acertado, pienso yo) y habla del gel hidroalcohólico como nueva agua bendita. Establece, pues es su única lectura durante la narración, un divertido (e inquietante a veces) paralelismo de su persona y sus circunstancias con las de Don Quijote de la Mancha. La obra está llena de reflexiones profundas, inteligentes y conmovedoras que a mí, personalmente, me han dejado poso y sobre las que iré trabajando.
Una obra tristemente hermosa y hermosamente triste donde los personajes no vacilan al tomar la decisión final. Aquí dejo algunos de los muchos fragmentos que me han emocionado:
"Elijo la memoria de un amor" , p. 415
"Y si no te vuelvo a ver nunca más, jamás te olvidaré.
Siempre estarás en mí, siempre en mis pensamientos, todos los días que vivimos juntos serán recordados en cada latido de mi corazón, en cada parpadeo de mis ojos, en cada pliegue de mis arrugas venideras", p. 431
"Fuiste un regalo de la vida. Un regalo de los más altos dioses del universo. Ojalá yo te diera una décima parte de lo que tú me diste" , p. 432.
Hermosa, triste pero muy hermosa.
Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin
En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...
-
El más pequeño cabello proyecta su sombra. (Johann Wolfgang von Goethe) Hay ocasiones en las que la vida no tiene anverso ni re...
-
Ay, el otoño. Una de mis estaciones del año favoritas. Tránsito a paso tranquilo entre la luminosidad y la algarabía del verano ...
-
Hay novelas que se leen, y otras que se atraviesan como si fueran un puente frágil tendido sobre un abismo insondable. Sus págin...