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domingo, 1 de octubre de 2023

Espinosa Pardo. Historia de un confidente, de Paco López Mengual


..la Transición es una foto feliz de un proceso modélico con el que España asombró al mundo, pasando de manera ejemplar de una dictadura a una democracia. Pero los protagonistas que posan felices en ese retrato triunfal ocultan tras ellos, e impiden que se puedan ver, sucios episodios librados en ciénagas y cloacas, de los que se sirvieron para dulcificar la historia de este país.


La sombra de la Transición Española es alargada. Sus raíces se hunden hasta principio de los años 70, cuando las élites dominantes que comían de la mano del Generalísimo pergeñarían pactos y negociaciones que no resultasen en ruptura real y revolucionaria con el marco legal de la dictadura. Por eso se llama "transición" y no "ruptura". No creerían ustedes que iban el Dios Tritón y sus secuaces a dejar los peces en manos de los pescadores, ¿verdad? Los años posteriores al fallecimiento de Franco se pintaron de una preciosa "democratización" que en realidad amagaba el escudo de impunidad tras el que se refugiaron policías y militares del régimen mientras aseguraban las redes de poder que se perpetuarían en la clandestinidad en los años democráticos venideros. ¿Les suena el nombre de Villarejo, verdad? Sí, una de las figuras de más peso en las cloacas del Estado. Conocemos solo unos pocos nombres, pero me da a mí en la nariz que no son más que la punta de un iceberg de agua turbia. ¿Cuántas ratas pulularon por aquellas cloacas? ¿Cuántas pululan por las actuales, herencia de aquellas?


Andaba el escritor Paco López Mengual escribiendo una novela ambientada en la Transición, Ejecutar a Otto Maier, cuando dos de sus personajes alzaron la voz y, junto a una esquela mortuoria publicada en prensa, resucitaron en él una antigua obsesión nacida en sus años de mozo revolucionario inconformista. Así empezó, casi sin quererlo, a escribir en su mente la obra que acabo de terminar: Espinosa Pardo. Historia de un confidente (La Fea Burguesía, 2022). Nos descubre López Mengual en esta obra la brumosa figura de José Luis Espinosa Pardo, nacido en San Javier, Murcia, en 1926, y fallecido (después de innumerables peripecias) en Murcia capital en 2016. Hijo de exiliados forzosos de la dictadura, su familia se estableció en Argel tras años de estar separados. Allí comenzó a trabajar de carpintero, oficio que ya traía aprendido de Murcia, y a desarrollar fuertes simpatías hacia el movimiento independentista argelino que pugnaba por deshacerse de las cadenas impuestas por la todopoderosa Francia. Tanto simpatizó que llegó a ser uno de sus activos más valiosos. Su nombre se relaciona con el indepententismo canario, con más grupos terroristas, como el FRAP o los GRAPO, pero también con posiciones de relevancia dentro de organizaciones como el PSOE o la UGT, con los servicios de inteligencia españoles y con la Brigada Político Social. Carpintero, terrorista, espía, traidor, traicionado. Espinosa fue un verdadero camaleón trotamundos cuya única lealtad radicaba en seguir vivo. Explosivos, pistolas, maletines cargados de dinero, atracos a entidades bancarias y abrazos de prohombres fueron algunas de las cartas con las que le ganaba continuamente la partida al destino. Hasta el punto de inflexión que cambiaría su suerte: el asesinato frustrado del líder independentista canario Antonio Cubillo a principios de abril del 78. Su nombre salió a la luz junto al apelativo de topo, espía, confidente. Años después moriría en la miseria, solo, como en realidad siempre había vivido. Paco López Mengual apuesta por la no-ficción y nos muestra en esta novela testimonial que, por mucho que traten de camuflar el hedor con perfumes dulces, las cloacas del Estado siempre apestan.


En esta obra, podemos encontrar a Paco López Mengual como escritor, pero también como personaje. Nos narra la historia y, en capítulos alternos, el backstage de la misma. Se convierte en arquitecto, aparejador y maestro albañil de su propia trama, mostrándole al lector el proceso de investigación, sus elucubraciones, sus dudas. Su materia prima, testimonios de otros personajes (periodistas, políticos) que conocieron de primera mano a Espinosa Pardo hasta que ¡bum!, uno de ellos le informa de que su objeto de investigación continúa respirando a menos de 15 minutos de su casa. Con una tenacidad y una osadía envidiables, el mercero escritor localiza a Espinosa y mantiene con él varias charlas que arrojarán luz (y puede que algo de sombra) a todo lo que se ha dicho y escrito sobre el camaleón Espinosa. Lectura muy recomendable.


sábado, 5 de noviembre de 2022

Unos días en París, de Paco López Mengual

Decía Moslih Eddin Saadi, célebre poeta persa del período medieval, que «un viajero que no observa es un pájaro sin alas». Si aceptásemos como válida tal afirmación, cabría también figurarnos que el tamaño de las alas del ave en cuestión podría ser directamente proporcional a la capacidad de observación y a la perspicacia con la que observa el viajero. Partiendo de tales premisas no sería erróneo, pues, asociar a Paco López Mengual (mercero, escritor y trotamundos) con la imagen del cóndor andino, cuya envergadura alar alcanza los tres metros de longitud (cifra que lo sitúa en el número uno del ránking alado del reino animal). López Mengual viaja, observa y reflexiona, reflexiona y observa, y anota su cosecha del día en las hojas de un cuaderno para que, tiempo después, sus lectores seamos partícipes de la experiencia con todo lujo de detalles.

En esta ocasión, después de guiarnos por la capital lusa en Recuerdos de Lisboa, López Mengual vuelve al diario/libro de viajes convirtiéndose en nuestro cicerone particular durante Unos días en París (MurciaLibro, 2016). Durante seis días, del 30 de julio al 4 de agosto de 2006, visita el autor, junto a su familia, los entornos más relevantes de la capital del hexágono: la torre Eiffel, que logra vencer su reticencia inicial; el Louvre y sus miles de joyas; el Arco del Triunfo, Les Invalides, el Musée d'Orsay y los puentes del Sena. Se rinde ante los encantos de la sesión golfa del mítico Moulin Rouge y contempla con sus propios ojos los tesoros que guarda la Shakespeare and Company, la librería más emblemática de todo París. Logra tomarse un café en la icónica Les Deux Magots, tiempo atrás epicentro de la vida cultural parisina (y cuyos precios parecen mantener el espíritu de la calidad artística que un día albergó) y es testigo del significativo mensaje que su mujer deposita en la tumba de Jean Paul Sartre, descubierta por azar en el camposanto de Montparnasse.

Como siempre, los cinco sentidos de López Mengual recorren las calles de la ciudad del amor, de la luz y de los gatos (aunque él no recuerda haberse cruzado con felino alguno durante sus visitas) atentos a la historia (con y sin mayúscula), a la efeméride o al cotilleo de alcoba que le narran las piedras, los árboles, el agua del Sena o los guías argentinos que les acompañan. Lo acompaña también su habitual sentido del humor. Magnífica su retranca al describir el infierno sodomita esculpido en el pórtico central de Notre-Dame o las peculiares misivas que enviaba Napoleón a su esposa para anunciarle su regreso del campo de batalla. Sin embargo, impregna también las páginas de su diario un cierto aroma a melancolía, porque en su viaje el autor no solamente cambia su ubicación espacial, sino también la temporal. Regresa a las meriendas de su infancia rememorando Las maravillas del mundo, una de las cinco obras literarias presentes cuando era niño en la sala de estar de su hogar. Mientras camina y observa, resuenan en su memoria los ecos de las voces de los muchos que se vieron obligados a exiliarse en tierras galas a causa de la Guerra Civil, y los gritos de libertad del mayo francés del 68, de los días de vino y rosas, de los que creyeron que bajo los adoquines dormía la arena de playa. Lectura más que recomendable, sí señor.

martes, 1 de noviembre de 2022

¿Te CUENTO un CUENTO?, de Paco López Mengual

La memoria de la infancia supone a menudo un reducto de indulgencia a donde volvemos de cuando en cuando en busca de sosiego. Ajenos al dolor de los días y los adioses sucesivos, inmunes al desaliento, la vida nos espera en las esquinas dispuesta a sorprendernos y a entregarnos el precioso don de la ilusión. Creemos en duendes y ratones estraperlistas, e incluso pensamos que los escritores de las historias que leemos o que nos cuentan son auténticos magos poseedores de una sabiduría cósmica y armarios repletos de criaturas increíbles. Cuando crecemos, algunos nos sentimos afortunados al constatar que es así, que no fue una invención de nuestra disparatada imaginación de niños. Fíjense si no en Paco López Mengual. De sus cajones sale lo mismo un botón o una cremallera que un personaje asombroso que nos lanza un hechizo para mantenernos pegados a unas páginas.

Esta vez (ya la décima), nos acercamos a López Mengual como narrador infantil en ¿Te CUENTO un CUENTO? (Alfaqueque Ediciones, 2016), una obra compuesta por seis relatos donde la aventura, el misterio y las sonrisas se combinan con el color y la ternura de las ilustraciones de Sofía Martínez y el talento narrativo del autor para cautivar a los lectores (de cualquier edad) y mantenerlos en vilo de la primera a la última página del cuento. En “Sémola Semolorum", el escritor nos pone sobre aviso del cuidado con el que hay que manejar las varitas mágicas; es probable que se nos escapen un par de lágrimas al saber de la vocación de astronauta del personaje de "Mis viajes con monsieur Dupont"; aprenderemos la importancia de llevarse bien con los amigos invisibles en "Mi amigo invisible se llama Chipé” y a mirar de otro modo a los personajes peculiares de los pueblos en "El Gigante"; en "La Llave del Tiempo" viajaremos a mundos remotos y nos preguntaremos si nosotros hubiéramos actuado igual que el protagonista y, finalmente, en "La maldición del Árbol Botella" descubriremos una inquietante historia que sustentará los extraños sucesos acaecidos en un barrio cualquiera.

Siempre es un placer sumergirse en las letras de Paco López Mengual, y aún más cuando se recuperan los ojos de una niña que siempre creyó en la magia. ¿Os cuento algo? He descubierto su secreto: cose las historias con un hilo tan tan tan mágico que es imposible que no nos gusten. Probad a ver si a vosotros os ocurre lo mismo. 

jueves, 15 de septiembre de 2022

Cuentos de miedo para jóvenes valientes, de Paco López Mengual

 


Cuando miro hacia atrás, no me recuerdo como una criatura miedosa. Siempre quise conocer a los monstruos, los vampiros y los fantasmas que aparecían en los libros. Pensaba que tan malos no serían, y casi siempre tenían un punto simpático. Pero, claro, esos eran los de los libros. Otra cosa muy distinta eran esos personajes que aparecían en las historias que nos contaban los adultos para intentar que nos portásemos bien y que luego los niños repetíamos a nuestros amigos y vecinos con un temor reverencial. O las primeras experiencias de quasi-adolescentes en el terreno de lo esotérico (la memoria de las tijeras de Verónica me sigue espantando, la verdad). Lo cierto es que esa rumorología de lo oculto, de lo misterioso, de lo cabalístico, resulta un excelente acicate para la imaginación popular.

Eso debió pensar Paco López Mengual cuando concibió la obra sobre la que versa esta entrada: Cuentos de miedo para jóvenes valientes (Alfaqueque Ediciones, 2020), una colección de quince relatos “reales” donde personajes peculiares y situaciones escabrosas procedentes en su mayoría de la tradición oral estimulan la imaginación y el morbo (aunque no queramos reconocerlo, somos morbosos) del lector y le hacen preguntarse hasta dónde llega el hecho y donde empieza la leyenda urbana. Tumbas vacías y cadáveres desaparecidos, fantasmas de diferente condición (ojo a la estudiante universitaria cuya compañera llevaba fallecida más de dos décadas y a la Dama de Negro que provoca sobresaltos a quienes se acercan a la casa Díaz Cassou) o algún traje de marinerito capaz de erizar el vello al más valiente se combinan en las páginas de esta obra con pinceladas de la vida de un supuesto licántropo, con supervivientes de catalepsia que provocan fulminantes ataques al corazón  e incluso con la siniestra merced de cierto santo. Sin embargo, la historia que realmente resucita mi pavor infantil es, sin duda, la del Tío Saín, único ser –divino o terrenal– capaz de impedirme salir a jugar en la calle a la hora de la siesta y morador de alguna que otra de mis pesadillas.

Quince relatos narrados con la inteligencia, la solvencia y esos trazos de humor que caracterizan a López Mengual y le convierten, a mi humilde parecer, en un mago cuentahistorias. Sepan ustedes que tuve la fortuna de asistir a una presentación de Cuentos de miedo para jóvenes valientes que hizo el autor en la puerta del cementerio de Molina, y les puedo asegurar que, si leídas, las historias provocan cierto repelús, contadas de viva voz (y a las puertas del camposanto) el efecto es ciertamente desasosegante. Ya saben, si gustan ustedes de un ratito de miedo y morbo, pasen y lean.

 


domingo, 11 de septiembre de 2022

Un paseo literario por las calles de Murcia, de Paco López Mengual

«Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias» (Eduardo Galeano)

Comienzo esta entrada con la célebre cita del periodista y escritor uruguayo porque, no sé si será una verdad universal que nos aplique a todos, pero está claro que no podría ser más certera en el caso del escritor-mercero que ostenta la autoría de esta obra, que no es otro que el molinense Paco López Mengual, un exepcional contador de historias que, encima, sabe escribirlas. No es mi afán adularlo (no se me suelen dar bien esas cosas), pero pocos le hacen sombra en ese terreno.

En esta ocasión, López Mengual nos invita a ponernos calzado cómodo y activar nuestra imaginación para dar Un paseo literario por las calles de Murcia (La Fea Burguesía, 2016) y dejarnos seducir por las historias de su historia, vivas en sus muros y en sus adoquines para todo aquel que quiera leerlas y disfrutarlas. En primer lugar, nos habla de "El árbol de Santo Domingo", un enorme ficus (enorme ahora, claro, pues han pasado más de 120 años desde que fue plantado) situado en la plaza bautizada con el nombre de tan descansado santo gracias a Ricardo Codorniu (personaje interesante este, responsable de la repoblación forestal de ciertas partes del Levante español). ¿Sabían ustedes que este anciano gigante llegó a Murcia como un pequeño esqueje desde Australia oriental? ¿Y que el inocente vegetal cuenta ya con tres muertos en su historial? Además, esa misma plaza donde está ubicado el ficus, la de Santo Domingo, fue testigo del ajusticiamiento público de "Jaime Alfonso el barbudo", un bandolero que sembró el terror en el sureste español durante el siglo XIX (impresiona leer la rapidez con la que pasa uno de villano a héroe y viceversa), y  presenció "El milagro de San Vicente Ferrer" en el siglo XV, cuando el fraile quizá más peculiar de toda la cristiandad pronunció un vehemente sermón que expulsó, según el testimonio de los que allí estuvieron, al maligno de la capital murciana. Si el lector atraviesa el Arco de Santo Domingo llegará a otra hermosa plaza que le narrará, si tiene a bien escucharla, "La maldición del Romea", pronunciada por un fraile loco hace más de siglo y medio al contemplar la exhumación de sus difuntos hermanos de hasta aquel entonces su camposanto para edificar el Teatro Romea (leyenda o no, se siguen tomando ciertas precauciones que eviten que la maldición se cumpla). Fueron los alrededores del teatro maldito por aquel orate los que acogieron los primeros correteos y los juegos infantiles de Don José Echegaray y Don Jacinto Benavente, ambos notables académicos de la Lengua y premios Nobel de Literatura. Por lo que nos cuenta López Mengual, la capital murciana es la única del mundo que puede presumir de tener "Dos premios Nobel de Literatura".  También en los aledaños del Romea, la calle Alfaro, una de las antiguas callejuelas que integraban la Murcia del siglo XVIII, tiene algo que contarnos: "El asombroso caso del caballero cornudo", cuyas astas eran protuberancias reales y no alusión metafórica a infidelidad alguna. Si los lectores continúan paseando por las páginas de esta ilustradora obra, llegarán al antiguo Pórtico de San Antonio, ahora calle Sánchez Madrigal, donde tuvo lugar “El crimen del hostal La Perla", quizá el más popular de los acaecidos en Murcia y el que propició la última ejecución pública realizada en nuestro país. También nos lleva el autor de la mano a conocer el antiguo Café Santos, centro neurálgico de las letras murcianas, donde tantas veces acudiera el grandísimo escritor caravaqueño "Miguel Espinosa" (injustamente ignorado por nuestras instituciones), y a la casa Díaz Cassou, sita en la calle de Santa Teresa, donde una dama de negro se asoma a un balcón acristalado para contemplar la Murcia que la vio nacer y morir demasiado joven, circunstancia que utiliza el autor para explicarle al lector la arraigada creencia murciana en "Las ánimas". Si aún les aguantan los pies y las ganas, sigan paseando hasta la misma puerta del Ayuntamiento, abran bien la mente y empápense de la historia de Antonete Gálvez, una de las figuras más destacadas del republicanismo federal español en el siglo XIX (lean, lean que fuimos los primeros independentistas y que incluso pudimos ser el 51° estado de E.E.U.U). Nuestro paseo finaliza en "La plaza de Santa Catalina" , lugar elegido por "La Santa Inquisición" para sus castigos ejemplares, por el Consejo de Hombres Buenos para sus primeras reuniones y donde se sitúa la vivienda donde nació el célebre actor teatral Julián Romea. El olor a pastel de carne de las calles que rodean la plaza viene acompañado por las andanzas de Charo Baeza, famosa murciana afincada en E.E.U.U.

Con los pies algo cansados de tanto andar y plena conciencia de lo ignorante que era acerca de muchas de las historias que cuenta el autor, acabo este viaje por el espacio y el tiempo de nuestra capital murciana agradecida por un lado y con la curiosidad muy despierta por otro. Procuraré caminar más atenta cuando transite sus calles para ver si a mí también me cuentan algo. 

sábado, 30 de octubre de 2021

El grafiti del Cid, de Paco López Mengual

Me quedó claro ya desde La memoria del barro que Paco López Mengual era uno de los grandes de las letras. Lo fui confirmando en obras posteriores. Su modo de engranar historia y realismo mágico, su forma de narrar y salpicarlo todo con generosas dosis de humor dan fe de ello. Ahora, lo que descubro en El grafiti del Cid es su versatilidad como autor, pues se adentra en el terreno de la narrativa juvenil y vuelve a demostrar su maestría. Cautiva al lector con su frescura y no rebaja un ápice la calidad literaria de su prosa.

El grafiti del Cid (Tirano Banderas, 2017) se ambienta en su patria chica, Molina de Segura, y parte de una leyenda: un supuesto entramado de túneles bajo la ciudad que sirvió de vía de escape al rey al-Samiz III al verse hostigado por los almorávides. Esta leyenda y la supuesta visita del Cid a Molina en el año 1089 son la materia prima que López Mengual utiliza para elaborar la simpática trama de esta novela. Su protagonista, Elena, es una adolescente de 14 años que comienza, con más desgana que otra cosa, a leer el Cantar de Mio Cid para un trabajo literatura. Junto a su familia, acaba de mudarse a un caserón restaurado de más de un milenio de antigüedad, donde se cuenta que estuvo hospedado el Cid allá por 1089. Uno de los rasgos distintivos de Elena, según su padre, es su torpeza (de ahí mi empatía con esta pobre chica), y no parece andar muy errado ya que, al intentar clavar una chincheta en una de las paredes de su dormitorio, se desprende de esta parte del estuco que la recubre y deja al descubierto una curiosa inscripción: Evades sed cautivo mio Cid (Aquí está preso el Cid). A partir de este hallazgo, empieza, junto a su mejor amiga, una divertida labor de investigación que la llevará de sorpresa en sorpresa.

Adolescentes enamoriscadas, padres con el ceño fruncido, príncipes árabes, trillizos malcarados, plumas, tesoros ocultos y alguna organización en la sombra son los ingredientes de esta novela dulce que, en ocasiones, hará al lector pasear por las callejuelas de la Molina del s. XI. La construcción del personaje de Elena es, sencillamente, espectacular (sobre todo si se tiene a una Elena así en casa). Si quieren disfrutar de un buen rato de lectura y, a la vez, revisar ciertas verdades históricas, no lo duden. Léanla. 

martes, 26 de octubre de 2021

Maldito chino, de Paco López Mengual

A veces, cuando acabo de leer una obra, me quedo un rato pensando en qué querría de mí el autor como lectora. ¿Que reflexionara sobre un tema en concreto? ¿Que empatizase con algún personaje o que aprendiese algo? ¿Que simplemente me dejase llevar por la historia? En el caso de Maldito chino (Círculo Rojo, 2013), de Paco López Mengual, el propósito del escritor está claro como el agua: hacer que el lector se ría hasta que se le salten las lágrimas. Objetivo muy loable, por cierto, pues la risa es beneficiosa a todos los niveles.

Maldito chino es una novela hilarante en cuyas páginas confluyen una infinitud de disparates. Imaginen a su protagonista: un cincuentón esquizofrénico y devoto de Pérez-Reverte cuyo gran sueño es la regeneración de España. Imaginen que, un buen día, desaparece su mascota y comienza una divertidísima cruzada contra el Imperio Chino para que su chihuahua sea liberado y, de paso, proteger al país de una más que inminente invasión oriental. Recréense también en la imagen de un grupo de trasnochados nostálgicos del régimen franquista que conciben un embrolladísimo plan con el fin de obtener financiación para dar el golpe de estado definitivo que acabe con los treinta y tantos años de pesadilla democrática en que se haya sumida España. Súmenle a esto un preso fugado con profundas inclinaciones anticlericales, un importador de fruta que guarda un terrible secreto, una tita madrina que se acuesta cada noche con la mortaja puesta, una maga estríper, un político de alto rango disfrazado de mandarín, dos Testigos de Jehová negros, un dentista cabreado y un señor ecuatoriano que domina el arte de la levitación. El resultado, desternillante.

Ya conocía el lado cómico de Paco López Mengual, su retranca y su sorna, pero me ha pillado desprevenida esta obra gamberra e irreverente donde las haya. Jamás hubiera pensado que semejante encadenamiento de despropósitos pudiese alcanzar el nivel de calidad literaria de Maldito chino, pero me ha encantado descubrirlo. Les invito a leerla y a disfrutar de un rato de risas y buena literatura (siempre que no pertenezcan, claro está, a uno de los tropecientos colectivos designados al inicio de la obra como susceptibles de ofensa). 

jueves, 21 de octubre de 2021

El último barco a América, de Paco López Mengual

Algunos personajes de ficción son tan entrañables que, cuando el lector termina la última página de la novela, sabe que no va a tardar mucho en echarlos de menos. Eso es lo que me ha ocurrido a mí con Marcial, protagonista de El último barco a América (Temas de hoy, 2011), de Paco López Mengual, una obra que me ha encandilado ya desde la primera frase: «La noche de los disparos presentaba el típico cielo de un agosto moribundo, con sucesión de nubes amenazantes y claros estrellados». Un anticipo perfecto de la calidad de la prosa que vendrá a continuación.

En las 220 páginas de El último barco a América, Paco López Mengual relata la entrada fortuita de Marcial, un pastor adolescente, en el mundo de los adultos al comienzo de la Guerra Civil española. Huérfano a una edad muy temprana, Marcial vive con su hermano mayor, Negrillo, y su perro Fetén en el monte, de un lado a otro, sin hogar. El pastor que los acogió al morir sus padres emigró a  América, les dejó como legado un rebaño de ovejas y un cayado, y plantó en el corazón de Marcial la semilla de dos sueños: una nueva vida en el Nuevo Continente y el amor de una mujer. Una noche, mientras duermen, llega hasta ellos el barullo y el sonido de los disparos de un pelotón de fusilamiento. Corre el rumor en el pueblo de que han "ajusticiado" a once republicanos, pero esas cosas es mejor no saberlas. El terreno del que se sirven como clandestina sepultura adquiere, a ojos de nuestro inocente zagal, la forma del continente americano, avivando su sueño de partir un día hacia aquellas tierras. Pocas noches después, oye voces en la fosa y, al acercarse para ver qué ocurre, asiste boquiabierto a la aparición de los espectros de los once fusilados. El hallazgo de una alianza donde aparece grabado el nombre de la esposa de uno de ellos es para Marcial señal inequívoca de que el finado se la cede para su uso y disfrute. Esta pasión arrebatadora, junto al sueño americano, será un palo en la rueda de la maquinaria puesta en marcha por la incorpórea hueste para apoyar desde ultratumba al legítimo gobierno de la República. Conflictos éticos, decisiones complicadas y primeras experiencias pondrán a Marcial en el portal de la edad adulta pero, ¿hará realidad alguno de sus dos sueños? No piensen que les voy a desvelar yo aquí esta incógnita. De eso ni hablar. Léanlo.

Paco López Mengual lo consigue de nuevo. Vuelve a embelesarme desde el primer párrafo. Vuelve a envolverme en su prosa fresca y ligera de paso, teñida de humor a veces y velada de drama otras (la escena donde obligan a los muchachos a ahorcar a su perro me dejó de regalo un tenso nudo en la garganta). Su galería de personajes pintorescos es asombrosa y, junto con un realismo mágico que se combina página tras página con un guerracivilismo incoloro, casi dulce, hacen del relato en primera persona de Marcial una experiencia literaria deliciosa y plástica. Les invito a disfrutarla. 

domingo, 17 de octubre de 2021

Recuerdos de Lisboa, de Paco López Mengual

Viajar es una de las actividades más completas y enriquecedoras a las que dedicar nuestro tiempo de ocio. Uno puede optar por buscar transporte, reservar alojamiento y acarrear maletas con el objetivo de conocer lugares diferentes. Otra opción sería la dr elegir un sitio tranquilo, relajarse y conocer las calles, los enclaves emblemáticos y a los habitantes de una ciudad dejándose llevar por la prosa sencilla e intimista de un autor de ojos inquietos y afán divulgador. Esta lectora acaba de visitar Lisboa en las poco más de 50 páginas de Recuerdos de Lisboa (La Sierpe y el Laúd, 2011) de Paco López Mengual, y la experiencia ha resultado altamente gratificante.

En Recuerdos de Lisboa, Paco López Mengual comparte con el lector las vivencias de un viaje de cinco días a la capital lusa acompañado de su esposa, en el año 2007. Le habla de las calles que recorrieron, de los monumentos arquitectónicos que les llenaron los ojos, de los hitos históricos que marcaron la historia de la urbe, de los aromas y los sabores que les acompañaran durante el viaje. Su vista se posa también en las gentes que se cruzan en su camino, y aderezará el relato de sus excursiones con mendigos lisboetas de piernas y pies destrozados por el estado de sus calles (ironía modo on) y con cantantes de fado, profesionales o amateurs. Buscará la historia en cada rincón y se la trasladará al lector para que también pueda beber de ella (y, por si no lo saben ya, les diré que Paco López Mengual es un narrador fabuloso de historias fabulosas). Como buen amante de la literatura, buscará en su viaje la referencia literaria y se percatará de la profusión de librerías que salpican su paisaje urbano. Tres años después, nos cuenta, la traducción al portugués de su obra El mapa de un crimen luciría entre las expuestas en el escaparate de la emblemática librería Bertrand (qué orgulloso tuvo que sentirse al saberlo).

La prosa de López Mengual es, una vez más, brillante, y viene cargada de sentimiento (la frase que da inicio a la obra es bellísima: «Sé de una pareja que coleccionaba atardeceres»), de información y de toques de humor que, como es habitual, dan color a sus páginas. Si quieren conocer Lisboa de la mano de un magnífico narrador, adelante. Pasen y vean. 

martes, 28 de septiembre de 2021

La mansión de los mutantes, de Paco López Mengual

Esta mañana, recién despierta, tocaba elegir la nueva lectura que me acompañaría durante el día. El aforo de mi mochila hoy demandaba que las dimensiones de la obra fueran reducidas, por lo que he optado por La mansión de los mutantes (Tres Fronteras, 2008), de Paco López Mengual.  Dado que no estaba yo hoy muy social, el café y la comida en silencio me han dado la oportunidad de devorar sus 57 páginas. Como ya me ocurriera con Hegel en el tranvía, de Rubén Castillo, es maravilloso constatar lo grande que puede ser una obra tan pequeñita en tamaño.

López Mengual nos ofrece en esta plaquette un relato y dos cuentos. El relato (que da nombre a la obra), "La mansión de los mutantes", cuenta la historia de un empresario circense cuya actividad se centra en la exhibición de criaturas insólitas a lo largo y ancho de Europa, allá por los años 20 del siglo pasado. La llegada de la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, la Guerra Civil española llevan su negocio a la ruina, haciendo necesario que toda la troupe se embarque con destino a lo inesperado. El primer cuento, "La poza negra", oculta el misterio de la desaparición de un hombre en una poza y las consecuencias que de ella derivan. "El cazador de sirenas", el segundo cuento, relata la experiencia que llevará a un buscador de criaturas mitológicas a abandonar la caza de sirenas.

En un magnífico homenaje al realismo mágico y, en ocasiones, al surrealismo, La mansión de los mutantes ofrece al lector esas historias que le hacían abrir mucho los ojos de niño, narradas con una concisión admirable desde el cariño, la ternura y la inocencia. No dejen de leerlas. Su espíritu lector se lo agradecerá. 

lunes, 27 de septiembre de 2021

El mapa de un crimen, de Paco López Mengual

Ya me habían advertido que Paco López Mengual era un narrador excelente y que junto a sus letras me aguardaban muchas horas de gozo lector. Quien me lo dijo no se equivocaba (casi nunca se equivoca), como bien he podido comprobar tras la lectura de El mapa de un crimen (Maeva, 2016). López Mengual vuelve a apuntarse un tanto literario utilizando un trasfondo tan manido como podría ser la posguerra en una pequeña ciudad del Levante español y enfocándolo de manera diferente, rompiendo la linealidad temporal, ampliando o reduciendo la perspectiva según sus intereses narrativos, desestructurando las tramas en diferentes piezas con un resultado verdaderamente eficiente a la hora de captar y mantener la atención del lector.

El primer capítulo de El mapa de un crimen lo abre un narrador en primera persona que, ya de adulto, no puede olvidar la historia que cada día le repetía su madre a la hora de la merienda: la muerte de Joaquín Maqueda, boticario y comunista irredento, a manos de Matías el Garra, fascista y enamorado hasta las trancas de Isabel Coy (la joven prometida de Maqueda). Tenemos un crimen, conocemos la identidad de víctima y verdugo, y sabemos el motivo. ¿Qué nos queda por averiguar, pues? Conforme el lector va avanzando en las páginas, descubrirá que, a pesar de disponer de los datos más relevantes en cualquier investigación, en realidad no sabe nada. Tendrá que remontarse al pasado de los diferentes personajes para comprender. Necesitará ir colocando en su lugar correspondiente cada una de las piezas en forma de tramas  que le ofrece López Mengual para poder apreciar la imagen del puzle completo. Qué consecuencias tuvo la guerra para ellos; qué sensación de fracaso arrastra cada uno y por qué; qué luz de esperanza les proporciona aliento. Será necesario volver al presente, a un presente póstumo, para constatar que, una vez más, las cosas no son lo que parecen. Conflictos familiares, ideologías políticas, misiones frustradas, sentimientos a varias bandas y el amor todopoderoso que todo lo vence serán parte de los ingredientes de una receta culinaria de alta calidad aliñada con la prosa de un maestro narrador.

Otro acierto de López Mengual en El mapa de un crimen es permitir a los lectores que ellos mismos elaboren ese mapa con la ayuda de los trazos que el dibuja. No lo cuenta todo, no lo explica todo de manera lineal y directa, sino que confía en el potencial de la mente lectora para despejar las incógnitas. Es francamente de agradecer el que un autor se apoye en la implicación y en la complicidad del posible lector para desvelar misterios. Gran obra, gran autor, sonrisa en mi cara. 

sábado, 18 de septiembre de 2021

La memoria del barro, de Paco López Mengual

No sé qué tendrá Molina de Segura, pero alberga entre sus calles a un nutrido grupo de autores de primera calidad. Será que aquel supuesto meteorito impregnó la tierra del mejor arte literario y de cuando en cuando sus efluvios permean los espíritus predispuestos a la magia de las letras. Y es que el autor de cuyas obras me propongo disfrutar ahora también es molinense (este de nacimiento). Su nombre, Paco López Mengual. Su profesión, mercero.  Su poder, una habilidad pasmosa para contar historias. He tenido el privilegio de escucharlo contar alguna de viva voz y la experiencia ha resultado francamente cautivadora.

Mi primera aproximación a este autor, como casi siempre, viene de la mano de su primera obra publicada. Se titula La memoria del barro y fue publicada por primera vez en 2005 por Ediciones Las cuatro y diez; nueve años después, en 2014, la reeditaría con mucho acierto La Fea Burguesía. Yo tenía el capricho de leer la primera edición, así que recurrí a la biblioteca y a mediados de esta misma semana ya la tenía entre mis manos.

En La memoria del barro, López Mengual sitúa como eje de la narración una pieza de la imaginería religiosa que tan profusamente floreció en la capital murciana en el s. XVIII. El relato arranca a finales de ese ilustrado siglo, con el encargo de la familia Funes de un Niño Jesús de unas determinadas características al taller de Salzillo. El escultor muleño Roque López (discípulo del afamado artista) se encarga de elaborar la talla, concibiéndola y ejecutándola a imagen y semejanza de uno de los recuerdos más gratos de su infancia, y obteniendo un resultado hasta entonces nunca visto en el campo de la imaginería que fascinará a más de una y a más de uno de los que lo contemplen. En torno a esta talla y su ubicación en la iglesia de Nuestra Señora del  Rosario de Murcia (no la busquen, pues fue reducida a escombros al inicio de la Guerra Civil) girarán dos siglos de historias con las que el autor deleitará al lector, contándolas de una forma que lo atrapará desde el principio. La niña Elena que se enamora del Niño y le promete no casarse con nadie que no se parezca a él. Su posterior boda con trágico desenlace (tragicómico, porque yo me he reído mucho) y el origen de su prometido. La virgen de la regla y el emisario papal. Conquistadores, putas, damas engañadas, procesiones peculiares, bandoleros e incluso piratas conviven en sus páginas junto a sacerdotes, obispos, monaguillos y sacristanes y hasta con el mismísimo Fernando VII. Intentos de ilustración, tramas milagrosas urdidas en pos del beneficio económico y enajenaciones místicas serán algunos de los ingredientes de este compendio de tramas a través de las cuales vislumbraremos la evolución de la sociedad murciana durante dos siglos; constataremos el poder de la rumorología, así como la coexistencia de la devoción sincera, la beatería de postureo y el anticlericalismo más radical en los últimos años de la República. Habrá momentos que acongojen al lector, pero habrá muchos más que lo hagan sonreír e incluso reír a carcajadas, porque la frescura, el desparpajo y la retranca con los que Paco López Mengual relata bien lo merecen.

Conclusión: que he disfrutado mucho con la primera incursión en las letras de López Mengual, que es un narrador excelente que aúna elegancia y sentido del humor, y que me froto las manos al pensar que esta es solo la primera de sus obras, que me quedan bastantes más por disfrutar. 

Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin

En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...