Mostrando entradas con la etiqueta DEL MORAL CARLOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DEL MORAL CARLOS. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Soledad de mirlo ebrio, de Carlos del Moral

Vuela entre la multitud un mirlo que aúlla su dolor entre el bambú negro de las]
ciudades sin alma.
El amor es puro sexo que se derrite entre los dedos. Una epístola a la muerte.]
Un sijei empapado de sangre placentaria.

En ocasiones, reservamos un artículo preciado para un momento especial. Un vino, un perfume, una prenda íntima pueden esperar pacientemente hasta que aparezca la circunstancia propicia para su disfrute. Yo he guardado un libro durante un par de meses. Decidí no leerlo tras los dos anteriores de su autor para gozar más el placer anticipatorio. Lo miraba cada día en su estantería y luchar contra la tentación de fisgar un poco entre sus páginas me hacía sonreir. El pasado fin de semana (no preguntéis el motivo, porque lo desconozco) supe que había llegado el momento, y por fin desvelé los misterios de Soledad de mirlo ebrio, de Carlos del Moral. Y fue todo un premio.

Soledad de mirlo ebrio (Canalla Ediciones, 2017) es un orgasmo lento e intenso disfrazado de poemario. El primer paso para comenzar a saborearlo es olvidarse de quien uno cree que es y fluir con sus líneas hacia el punto exacto donde la humedad destruye mapas y brújulas. Carlos del Moral escoge al mirlo, ave territorial y con cierto apego a la soledad, para sobrevolar el mundo y desordenarlo con palabras. A veces le huele el universo a flor que se abre para él; otras, a rama de cerezo japonés y a penas travestidas de origami. De vez en cuando el mirlo se transforma en lobo (del que me confieso adicta) y le aúlla a la luna para conjurar la oscuridad y la nada. O en perro callejero que mea todas las esquinas de tu piel para marcar su territorio. Muchas noches, el mirlo se vuelve fuego o lluvia entre las piernas de una mujer. O huye de la muerte mirándola a los ojos.

Igual que en Follándome la vida, jodiendo la muerte, en los 104 poemas de Soledad de mirlo ebrio el autor combina observación, experimentación, alma e instinto (cerebro, corazón y tripas) sin censura de ningún tipo. Todo es natural en él, en su sintaxis retadora y en su semántica del yo profundo: la tristeza, el desapego, el vicio inyectado en vena, el amor y la muerte. Todo en sus versos se confabula para volarme la cabeza, en un sentido o en otro. Para que las sensaciones y emociones sean tantas y tan dispares que esta entrada de blog solo la pueda escribir desde las entrañas. Y así lo hago, con la esperanza de que aquellos que la lean puedan captar algo en medio de esta tormenta.

Si tuviera que dejarles aquí todas las líneas de Soledad de mirlo ebrio que me han marcado, probablemente el autor o la editorial me demandarían por publicar en esta entrada el contenido casi íntegro del poemario. No obstante, y para terminar, les dejaré algunas seleccionadas al azar:

«Devoré las ovejas que cuentas, para tenerte
despierta
todas las noches.» (XII)

«Nunca supe quién era, hasta que aprendí a
lamer
todas las letras de tu tristeza» (XIII)

«Esta pequeña muerte,
te multiplica ante mis ojos; en un tornado de
gemidos.» (XXI)

«Busqué por los sótanos del cielo, la raíz de tu pelo;]
esa maraña que se enreda en mi boca.
Hallé tan solo,
un escarceo de mis dedos.
Adoro mojarlos
en el agua de tu agujero, olisquearte hasta
la noche llevando mi pico erecto.» (XXXIV)

«Ya sabes que te miro a escondidas porque es cuando se]
adivina
tu texto no escrito.» (XLIII)

«... Quiero crear una
noche eterna,
construir mensajes cifrados entre tus piernas.]
Vivir es escuchar
cuando te corres,
a pleno pulmón ahogado.» (XLVIII) 

martes, 13 de julio de 2021

Follándome la vida, jodiendo la muerte, de Carlos del Moral

Lo vital es un pez que no maúlla,
lo exiguo, crece en jardines 
de insomnio.

"Ya" es comprensible
cuando el dolor es orgasmo.
(Extracto de "Atisbando la monomaquia, matándome en ayunas")

Cuando comencé a leer Follándome la vida, jodiendo la muerte (Canalla Ediciones, 2014), de Carlos del Moral, supe que iba a hacerme disfrutar, aunque no imaginaba cuánto. Me hice el propósito de gozarlo despacio, a sorbitos, saboreando la miel y la hiel que empapan sus letras, y lo he conseguido. Tres días inolvidables perdida entre sus páginas, leyendo y releyendo, imaginando y sintiendo, ha sido una experiencia de lo más estimulante.

Follándome la vida, jodiendo la muerte es mucho más que un poemario, al menos para esta lectora. Es un huracán, un terremoto, una tempestad nocturna de soledades y angustias ahogadas en sexo. La voz del autor llega directa y natural, sin tapujos, llamando al pan, pan, y al coño, coño (o vagina, su diosa vagina). En ocasiones, perro callejero buscando asilo en bares o abandonándose a la nebulosa del alcohol. A veces niño que lee de noche o se esconde bajo la cama de sus padres. Otras veces fiera indómita que sueña con correr libre en la estepa. Bebiéndose la vida y mirando a la cara a la muerte en todas sus formas. Boca, manos, piel, ansiosas por beber del elixir que más lo embriaga. Miedos, oscuridades y placer bailando a ciegas sobre la cuerda floja de las noches. Y momentos de ternura deliciosa y sutil.

Palabras como cuchillas afiladas que rasgan la piel y fluyen por tu sangre, sin pedir perdón ni permiso. Letras que hieren, que lloran, que duelen y dejan marca.Versos que turban, conturban, perturban y masturban. Imágenes sumamente excitantes, a nivel mental y a nivel físico. Hay lecturas de las que no salgo indemne, y esta ha sido una de ellas. Placer y dolor, dolor y placer. Puro vicio.


sábado, 10 de julio de 2021

7 calles (Vida de perro), de Carlos del Moral

Como ya sabréis los que me leéis habitualmente (ya de paso, gracias) me gusta mucho que me sorprendan. Es un gozo ir descubriendo poco a poco a autores y autoras que, por un motivo u otro, me dejan huella y dejar mis impresiones plasmadas en este blog. Ya le voy cogiendo el gustillo y perdiendo el miedo. Para lo que no estaba en absoluto preparada era para que un autor me descolocara del modo en que lo ha hecho este. Se llama Carlos del Moral y sus letras son jodidamente adictivas. La primera vez que leí su blog (Moscas en los bares cerveza caliente) tuve que pellizcarme para creerme que fuera real, pero eso, si acaso, ya os lo contaré otro día. No me costó mucho averiguar que tenía cuatro obras publicadas, e inmediatamente supe que tenían que ser mías (no que tenía que leerlas: tenían que ser mías).

Hoy he acabado 7 calles (Vida de perro), publicada por Canalla Ediciones en 2016, y sé que no estaba equivocada. Es una novela radicalmente distinta a ninguna de las que haya leído anteriormente. Imaginad a un tipo de edad indeterminada (joven) que despierta en un tren en una estación en Madrid sin tener ni pajolera idea de qué hace allí. Imaginad que en su bolsillo encuentra un teléfono móvil con el número de su colega en la agenda. Lo llama y este le cuenta que la noche anterior se pasó con las drogas y le partió el cuello a un tío en una pelea, y que ahora se tiene que esconder en Madrid. Hasta aquí, convencional, ¿no? Pues ahora imaginad que, en su nueva vida, una bruja alienígena lo convierte en HP (humano perro) y que su misión va a ser salvar a la humanidad de los entes que quieren dominarla y someterla. El disparate está servido, regado siempre con cerveza, faltaría más. E imaginad que, en medio de todo ese embolao, el protagonista encuentra el amor (violines, por favor). El resultado es de lo más impactante, al menos para esta lectora.

No sé si alguna vez me había reído tanto leyendo una novela. Pero reír de verdad. De esas veces que estallas en carcajadas como si se te hubiera pinzado algún cable dentro de la cabeza. En la mayoría de líneas, su lenguaje no es bello, sino directo, de la calle, sórdido, muy escatológico. No se anda con eufemismos ni zarandajas de ningún tipo. Si folla, folla y si caga, caga, directamente. Los diálogos son magníficos. Totalmente pulp. Como si Tarantino hubiera rodado una peli en Malasaña. Salpicada también de reflexiones interesantes (demasiadas para escribirlas aquí). Ácido. Erótico. Divertidísimo. Sin embargo, tiene algo más. Entre perros, buscadores de la esencia, pollas, coños, alcohol y drogas, brilla con fuerza una prosa poética que engancha nada más leerla. Mi subrayador y los post-its verdes fosforitos dan fe de ello. 

Sé que algo me gusta mucho cuando quiero más.

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...