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viernes, 2 de junio de 2023

El credo de los suicidas, de Anabel Rodríguez

Una de las cosas que más me gustan es que me sorprendan (para bien, por supuesto). Ya sé que lo habré dicho más de una vez, pero es que es cierto. Cuando leo, notar cómo abro mucho los ojos y la boca (debe ser imagen digna de foto) mientras absorbo línea tras línea es una sensación inigualable. La obrita que acabo de terminar (novela brevísima o "cuentilargo", como lo llama su autora) es posiblemente una de las más originales que he leído hasta la fecha. 

El credo de los suicidas (Editora Regional de Extremadura, 2022), de Anabel Rodríguez, como su propio título indica, trata un tema delicado y peliagudo del que pocas personas quieren hablar. Siempre es más cómodo obviar la existencia de aquellas personas que, por un motivo o por otro, deciden rendirse y dejar de remar. Anabel Rodríguez no lo hace, no mira para otro lado, y aborda el suicidio desde una perspectiva francamente peculiar. Imaginen que están ustedes alojados en un hotel. Imaginen que van caminando por el pasillo y la moqueta amortigua el sonido de unos pasos cuyo objetivo es secuestrarle. Imaginen que despiertan y descubren su nueva situación de rehén y que su secuestrador les revela lo siguiente como motivo para estar retenido: pretende suicidarse y que usted presencie su mudanza al otro barrio. Sin embargo, usted no es el testigo que el potencial suicida había previsto y pronuncia en un momento determinado una afirmación rotunda, potente, devastadora: «Procedo de una insigne familia de suicidas frustrados». El diálogo (quasi-monólogo) que a partir de ahí se establece es de lo más perturbador.

Y ya no les cuento más, que va a acabar siendo la reseña más larga que la obra. Solo les diré que está escrito con valentía e inteligencia, y lleno de reflexiones que se les quedarán dando vueltas por la mente un ratito. Alguna sonrisa también se les escapará, no crean, aunque no tengan claro si deberían sonreír o no cuando de ciertos asuntos se trata.


jueves, 26 de agosto de 2021

Perdedores, de Anabel Rodríguez

Los monstruos deberían dar señales de lo que esconden, pero no es así; sus casas son normales, sus vidas son normales, sus vidas pasan desapercibidas.

Buscando información para la que fue su primera novela, Azaría (Ediciones del Serbal, 2015), Anabel Rodríguez encontró una foto de principios de siglo que le picó la curiosidad. Investigando sobre los individuos que figuraban en aquella imagen, germinó en su mente la simiente de Perdedores, obra publicada por Ediciones Dokusou el pasado otoño y que esta servidora acaba de leer por segunda vez (tercera si contamos el primer borrador). Cada lectura ha sido distinta por razones varias, pero las preguntas y las emociones al acabar son siempre las mismas. Y es que la novela plantea tantas cuestiones, tantos retos éticos, morales (y legales) que no sé si alguna vez seré capaz de encontrar respuestas.

Perdedores se ambienta en el Madrid de principios del siglo XX y nos narra la historia, basada en hechos reales (léase sobre el crimen del capitán Sánchez), de un pleito que conmocionó profundamente a la sociedad madrileña de 1913 y supuso un escándalo mediático de proporciones colosales. Vicente Agrelo, militar, y Virtudes Agrelo, hija mayor de este pero menor de edad, se hallan en prisión a la espera de juicio. ¿El crimen? Haber matado, robado y despedazado al supuesto pretendiente de la hija. Los abogados Gaspar Santana y Zenón Cardenal serán los encargados tanto de defender a los acusados como de mostrarle al lector los entresijos del sistema judicial del momento y las circunstancias de la familia Agrelo, una familia marcada por el abuso, la violencia, el estupro, la miseria. Sujetos con el dolor grabado a fuego en el alma.

La narración es brutal y contundente, sin llegar al ensañamiento morboso. Anabel Rodríguez combina el relato de un narrador omnisciente con el monólogo interior (estremecedor y sumamente nítido) de Virginia, la hija pequeña de la familia y mantiene el interés del lector durante las algo más de trescientas páginas. Tanto la contextualización histórica de la trama (todo un catálogo de usos y costumbres del Madrid de principios del siglo pasado) como la articulación del contenido relativo al sistema judicial son fruto de un arduo y concienzudo trabajo de investigación por parte de la autora.

Y, como podría seguir hablando maravillas de la obra pero no quiero que esto se haga más largo, solo me queda recomendarla. Leed esta obra, esta historia en la que, al final, todos resultan Perdedores

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...