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lunes, 19 de junio de 2023

Los dioses también mueren, de Carlos Salem

En ocasiones, la vida nos sacude con vueltas de tuerca que nos rompen cualquier esquema concebido de antemano y trastocan voluntades que suponíamos férreas e inquebrantables. Hay paraísos que se tornan infiernos con un simple mensaje de WhatsApp y pozos ciegos que se vuelven cielo abierto rendidos a la memoria de un beso o de una piel. Le ocurre a todo el mundo, pero cuando nos toca a nosotros... Que se lo pregunten si no al autor o a los personajes de la novela que acabo de terminar, que de giros argumentales saben un rato.

Recién salida del horno, Los dioses también mueren (Editorial Alrevés, 2023) de Carlos Salem es la tercera entrega de la saga de Severo Justo, Dalia Fierro y su peculiar Brigada de los Apóstoles que, para variar, tendrán que verse las caras con otro megalómano con ínfulas de dios olímpico, y esta vez en forma de lobo disfrazado de corderito. La trama principal se inicia en la sierra de Madrid, cuando un afortunado efectivo del servicio de recogida de basuras halla un brazo humano congelado, portador de un anillo con una simbología mitológica. Los primeros resultados que arroja la autopsia apuntan a que el brazo pertenece a un joven de unos 20 años, pero que había sido amputado cuatro décadas antes. Tras subir una foto del anillo a la deep web, las pesquisas de la brigada los dirigen hacia la figura del profesor universitario Homero Gansés para iluminarles el camino pero, ay, mientras este desgrana el principio de la historia que podría conducirlos al portador de la joya, es víctima de un envenenamiento que dará con sus historiados huesos en el hospital. Mientras la policía lo protege, nuevos brazos amputados con sus correspondientes anillos harán su aparición en distintos países, obligando a poner en marcha la red de contactos y colaboradores europeos tejida por la brigada para destapar una trama que pondrá en jaque hasta al mismísimo Presidente del Gobierno.

Mientras tanto, la doctora Dalia Fierro y sus mil voces tratarán de poner fin a un matrimonio que nunca debió haber sido mientras la atormentan las dudas sobre la autoría de un asesinato que debió haber cometido y no cometió. Sin embargo, a mi juicio, la trama más intensa y más valiosa de toda la novela concierne a la vida privada de Severo Justo, tanto en la relación amorosa que mantiene con la periodista Lorna Durán –que le hará replantearse si está del lado de la vida o del lado de la muerte–, como en lo relativo a la muerte de su madre y posterior implicación de su padre en el asesinato de un hombre que pudo ser su verdadero progenitor.

Como ya es costumbre, Salem desgrana sus tramas en capítulos cortos y cambios de escenario que le aportan a la narración una agilidad y un dinamismo importantes, y mantiene la tensión prácticamente hasta la última página de la novela. Mención especial al personaje de Dolores, que seguro hace las delicias de cualquier lector.

martes, 13 de junio de 2023

Madrid nos mata, de Carlos Salem


¿Cuándo fue la primera pintada? Es difícil precisarlo con seguridad, los muros de Lavapiés son lienzo propicio para toda clase de expresiones fugaces, protestas rabiosas y hasta formas de arte al paso [...] Y algún obcecado insiste, después del octavo botellín de cerveza, que esa pintada apareció meses antes de que comenzaran las muertes [...]
                           Madrid nos mata

Hay libros en los que la ciudad es un personaje más. Sus paisajes urbanos evocan los recuerdos y sostienen una trama. Por ejemplo, Nueva York en El guardián entre el centeno, Florencia en Una habitación con vistas o Dublín en el Ulises de Joyce. Exactamente lo mismo ocurre a pequeña escala en la segunda entrega de la Brigada de los Apóstoles de Carlos Salem. El madrileño crisol de Lavapiés, multicultural y castizo a la vez, se erige al mismo tiempo en escenario y co-protagonista de la novela, prestándole al autor y al lector sus calles, sus paredes, sus gentes y su latido.

En Madrid nos mata (Editorial Alrevés, 2022), Carlos Salem vuelve a colocar a Severo Justo, Dalia Fierro y su Brigada de los Apóstoles al frente de un asesino con delirios de grandeza que empezará degollando a ancianas octogenarias y logrará que el madrileño barrio de Lavapiés se convierta en un enorme polvorín a punto de saltar por los aires. La ciudad es una diosa y exige sacrificios, y el elegido no tiene más remedio que ejecutarlos. Los éxitos en misiones anteriores de los Apóstoles con pistola les infunden una falsa sensación de imbatibilidad, aunque algo no está funcionando como habitualmente. Los muertos parecen haber dejado de hablarle a Caronte García, el forense, puede que a causa de una ayudante recién llegada a su cuartel de operaciones, y no tienen ni un hilo del que tirar. Por otro lado, Severo Justo se ve envuelto en una misión clandestina que implica a un arzobispo español, a su bastardo, a un viejo delincuente (o un delincuente viejo) y a un cura asiático que busca en la Biblia las dos mejillas de la venganza. Dalia Fierro tampoco podrá centrarse cien por cien en el asesino de Lavapiés pues, aparte de lidiar con las mil Dalias que viven en ella, tendrá que hacer frente a un matrimonio en el que nunca debió haberse embarcado y a la promesa de una venganza que ahora no quiere cumplir. Por lo tanto, el resto del escuadrón apostólico tendrá que redoblar sus esfuerzos y robarle horas al sueño para detener al megalómano que... Nada, nada, si quieren saber, la leen, no se la voy a destripar yo.

Madrid nos mata es otro ejemplo de novela negra absolutamente devorable. Capítulos cortos que le aportan mucha agilidad, buen manejo de la tensión e intriga prolongada hasta el final y más allá aún (es decir, que ya tengo ganas de leer el siguiente). La prosa del autor sigue siendo formidable (quizá algo menos poética que en Los que merecen morir, pero magnífica al fin y al cabo). Salem sigue usando la sonrisa y la carcajada como medicina para destensar al lector (véase si no a la hacker Dolores y a su equipo de minihackers apodados Do, Re y Mi), e introduce pinceladas de mucha ternura en el luctuoso universo del noir. Muy recomendable. 

sábado, 10 de junio de 2023

Los que merecen morir, de Carlos Salem


obsecuencia (Del lat. obsequentia)
1. f. Sumisión, amabilidad, condescendencia.

Me encanta descubrir nuevos autores que salgan de las páginas como un huracán, me arrollen con su forma de narrar y de escribir (sí, las dos) y me dejen con la boca abierta y con ganas de más. Si, además, me hacen buscar alguna palabra en el diccionario y se me queda grabada, la dicha alcanza ya el nivel máximo. La definición que encabeza esta entrada es buen ejemplo de ello, y la búsqueda frenética de orden en la que ahora mismo se halla inmerso mi cerebro para intentar transmitir todas las ideas que se agolpan en él, signo mayúsculo de mi entusiasmo lector.

La causante de este triatlón cerebral se titula Los que merecen morir (Editorial Alrevés, 2021) y es hija de Carlos Salem, una pluma peculiar y excepcional donde las haya. Ya saben que soy bastante novata como lectora de novela negra (van ya unas cuantas, pero sigo siendo casi virgen en el noir), pero diría que Salem le aporta una perspectiva totalmente diferente a lo que vengo leyendo. Quizá, si culmino con éxito esta reseña, puedan entender de qué les hablo (por si no fuera el caso, ya les pido disculpas de antemano). Ambientada en Madrid, la trama principal de Los que merecen morir nos regala un malo malísimo pero de los malos de verdad: un justiciero, megalómano y mesiánico bautizado paradójicamente como Nadie (lo que le permite al autor unos juegos de palabras brutales). En su delirio de dios vengador y redentor de la humanidad –el resto de humanos son poco más que hormigas–, y con reminiscencias de los serial killers americanos, diseña un plan ritualístico para acabar con la vida de ciertos culpables que escaparon de la justicia (esa que se supone que es ciega) por las grietas del sistema. La amenaza mediática empuja al Ministro de Interior a crear una brigada especial de chivos expiatorios que carguen con las culpas cuando no consigan atrapar al asesino y se desate la histeria colectiva. Dicha brigada, más tarde apodada la "Brigada de los Apóstoles", será encabezada por Severo Justo, ex-sacerdote, viudo y policía exiliado en Bruselas por delito de obsecuencia (o sea, tan fan de las normas que había incomodado a los de arriba). Otro nombre de personaje que es pura metáfora. Justo elegirá, como miembros de su equipo, a antiguos conocidos peculiares también por uno u otro motivo. Dalia Fierro, suave como su nombre y dura como su apellido, psiquiatra, psicóloga, conocedora de más idiomas de los que cree y desquiciada por las mil voces que siempre la acomppañan. El forense Caronte García, que habla con los muertos (Caronte, forense, y hablar con los muertos, no diré nada más). Los comisarios Acuña y Bermúdez, burócrata el primero y hostiócrata el segundo. El inspector Frontela, cuya mejor baza es aportar al equipo al mejor hacker del mundo, una octogenaria que combina hacer calceta con un talento informático insuperable. Si existe una posibilidad de atrapar al asesino, solo este grupo heterogéneo y casi paranormal lo logrará. El plan vengador de Nadie seguirá su curso aunque, una vez conocida la identidad y currículum de su adversario Justo –que le inspirará admiración y odio al mismo tiempo– se verá obligado a variarlo y... De eso nada. Si quieren saber más, la leen. Faltaría más.

Capítulos cortos que proporcionan una agilidad pasmosa a la lectura, tensión dramática constante que no decae, engranaje de tramas y subtramas preciso e impecable. ¿Qué más puedo decirles para convencerles? La prosa de Carlos Salem, por supuesto. Como un camaleón, se mimetiza con el tono acorde con la situación sin que el lector se percate. Preciosista cuando es necesario, las reflexiones de su narrador o de sus personajes son filos que en ocasiones sajan sin piedad yugular o carótida. Gamberro cuando hace falta, se vale de la sonrisa o la carcajada para evitar el colapso coronario del lector.  ¿Y sus personajes? Magníficamente ensamblados. Complejos, profundos y reos cada cual de su condena, abolen los conceptos de héroe y anti-héroe con un simple parpadeo. Notable aplauso merece la construcción de su galería de secundarios, sobre todo del personaje de Dolores  (que no se note que es uno de mis favoritos). Y ya no les robo más tiempo, que además me espera la siguiente entrega de la saga...

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...