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martes, 18 de marzo de 2025

Los amantes de Hiroshima, de Toni Hill


Hay caminos a cuyo final un lector llega con la satisfacción de haber alcanzado la meta y, al mismo tiempo, con la nostalgia anticipada de la despedida en ciernes. Hay personajes a los que uno/a sabe que va a extrañar, pues de un modo u otro le han tocado el alma y se han convertido en compañeros/as de vida durante unos cuantos días. Héctor Salgado y Leire Castro, protagonistas de la novela que acabo de terminar, que supone el colofón final de la trilogía iniciada en El verano de los juguetes muertos, son sin duda de ese tipo de personajes, y la saga que encabezan como caracteres, de la clase de sagas que va creciendo exponencialmente en cada entrega. 

Con Los amantes de Hiroshima (Debolsillo, 2014), Toni Hill pone fin (al menos de momento) a las peripecias vitales del argentino Héctor Salgado, y lo hace con una novela cuya complejidad ha aumentado con respecto a las entregas anteriores. A diferencia de estas, el autor comienza Los amantes de Hiroshima por el final: Héctor Salgado en una sala de interrogatorios preparándose para mentir, pero desconocemos acerca de qué. Lo siguiente que sabemos nos sitúa en mayo 2011 en Barcelona, cuyas principales plazas (al igual que las del resto del país) han sido invadidas por una multitud de indignados que pretenden hacer frente al poder establecido. Lejos de esas plazas, en una casa abandonada cercana al aeropuerto, se hallan los cadáveres de dos amantes, abrazados, envueltos en un sudario de flores y acompañados de una importante suma de dinero. Podría tratarse de una pareja desaparecida siete años atrás, un caso muy mediático que se cerró en falso tras no haberse hallado los cuerpos. Héctor Salgado y su equipo deberán hacerse cargo de la investigación, que resulta un puzle donde las pistas son demasiadas y dispersan la atención. Por otro lado, Héctor Salgado, junto a la agente Leire Castro (más juntos que nunca en todos los sentidos) seguirá investigando la desaparición de su ex mujer, Ruth, debiendo indagar donde jamás imaginó y llegando a unas conclusiones totalmente imprevisibles.

La trama de Los amantes de Hiroshima se bifurca en varios hilos que mantienen al lector en vilo hasta el mismo final, puesto que no solo interesa la resolución del caso que se plantea al principio de la novela, sino la de todas las subtramas, sobre todo la concerniente a la desaparición de la ex-mujer del inspector Salgado. Toni Hill nos plantea en esta obra una novela coral, con todos sus caracteres, con personalidad propia y alejados de estereotipos, muy bien definidos, tanto que las relaciones entre ellos conforman en gran parte la calidad y complejidad de la novela. Con un lenguaje claro, sencillo, directo, y unos capítulos cortos que se interrumpen en el momento justo y necesario, Toni Hill nos ofrece una trama bien urdida, compleja, una sesuda investigación policial en la que, por instinto, lo que en principio parece claro exige otro análisis para dibujar el escenario global del crimen. En resumen, una lectura más que recomendable.

jueves, 13 de marzo de 2025

Los buenos suicidas, de Toni Hill

Todos guardamos secretos. Inocuos en ocasiones, auténticos seísmos en otras. Solemos guardarlos para protegernos a nosotros y a los nuestros. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando los mantenemos ocultos por obligación, por presión de grupo, por no faltar a nuestra palabra dada en un momento de aturdimiento? ¿Y si las consecuencias de que no salgan a la luz son más nocivas que lo que acarrearía revelarlos? En la novela que acabo de terminar, el autor nos muestra con precisión el engranaje de un secreto, la mecánica de la mentira y el fruto ya podrido que de ella germina.

Los buenos suicidas (Debolsillo, 2012). Así titula Toni Hill, el autor, la segunda entrega de la trilogía protagonizada por el inspector Héctor Salgado, un thriller donde los personajes y su evolución tendrán tanta relevancia como los acontecimientos que conforman la trama. La novela comienza con un artículo de prensa firmado por la periodista Lola Martínez, con quien Héctor tuvo un affaire en el pasado, que relata el asesinato de una mujer y su hija a manos del marido y padre, Gáspar Ródenas, aparentemente un tipo normal con una buena posición laboral y económica y sin grandes problemas conocidos, y el posterior suicidio de este. Típico caso de violencia machista, ¿no? La noticia toma por sorpresa a propios y ajenos, ya que en principio Gaspar no era un individuo violento, no existían antecedentes de maltrato y la relación de pareja discurría por los cauces normativos. Unos meses después, la noche de Reyes de 2011, el inspector Salgado, insomne y en bucle desde la desaparición de Ruth, su ex mujer, recibe una llamada del agente Fort en la que se le informa de que una mujer ha fallecido tras arrojarse a las vías del metro. Se identifica a la suicida como Sara Mahler, secretaria de dirección de una conocida empresa de cosméticos donde también trabajaba Gaspar Ródenas. ¿Dos suicidios de trabajadores de la misma empresa en tan breve lapso de tiempo? Huele raro, piensa Salgado, y más aún puesto que Sara ha recibido en el móvil una imagen de tres perros ahorcados colgados de las ramas de un árbol acompañada de un «No te olvides». Otra fotografía encontrada en la habitación de la mujer pondrá a los investigadores sobre la pista de que en la empresa se cuece algo, y no precisamente bueno, lo que coloca a cierta parte de la plantilla en el punto de mira. Por otro lado, como trama paralela, la agente Leire Castro, de baja por riesgo de parto prematuro, hastiada de la soledad y la inactividad que resume sus días, se propone indagar en la desaparición de Ruth Valldaura, la ex mujer del inspector, pretendiendo derribar los muros que otros no han podido. Una exhaustiva revisión del expediente, un par de entrevistas y la aparición de un periodista permitirán a Leire hacer ciertos decubrimientos sobre Ruth que... Nada, si os ha picado la curiosidad lo leéis, porque yo no os lo pienso contar. 

La lectura de Los buenos suicidas me ha resultado amena y gratificante. En sus páginas conviven oscuros secretos y misterios con amores que regresan del pasado, expedientes de adopción que guardan gato encerrado, relaciones clandestinas de dominación y sumisión, pactos se silencio, y miedo y desconfianza en cantidades industriales. En una narración en tercera persona, Toni Hill combina unos personajes muy bien construidos y desarollados, creíbles y tangibles, con grandes dosis de suspense y de intriga y abundante diálogo. Lectura muy recomendable (pero leed primero la anterior, El verano de los juguetes muertos, para no perderos nada de la historia y la evolución de los personajes), rematada con un colofón final que exige al lector no demorarse ni un segundo más en abrir la siguiente entrega.

domingo, 9 de marzo de 2025

El verano de los juguetes muertos, de Toni Hill


Hace años que llevo escuchando y leyendo críticas excelentes del autor cuya novela acabo de terminar pero, por una cosa o por otra, no había empezado con él hasta ahora. No es que me lamente yo de muchas cosas en lo relacionado a la lectura pero... ojalá lo hubiera hecho antes, porque la primera de sus novelas ya es un auténtico page-turner que me ha secuestrado entre sus páginas. Quedaos con su nombre, Toni Hill, porque probablemente pase a formar parte de los favoritos de esta lectora. 

La primera novela publicada de Toni Hill se titula El verano de los juguetes muertos (Debolsillo, 2011) y está ambientada en Barcelona. Su protagonista, Héctor Salgado, es un mosso d'esquadra de origen argentino que, al comienzo de la trama, se reincorpora al trabajo en comisaría tras un mes de vacaciones "forzosas" cortesía de la brutal paliza que propinó a un sospechoso relacionado con una red de prostitución de menores nigerianas. El comisario Savall, que se ha portado bien con él y no lo ha arrojado a los leones por su desliz, le pide que investique de manera extraoficial la muerte de Marc Castells, un joven perteneciente a la alta sociedad barcelonesa, al caer por una ventana de su casa. ¿Fue un suicidio? ¿Un accidente? La madre del chico lo abandonó cuando era un bebé, pero ahora insiste en que se investigue a fondo dado que no da por buena ninguna de las dos teorías. El caso, que en apariencia es sencillo, va a tener más miga de lo que pensaban, extendiendo sus tentáculos hacia el pasado común de varios personajes. Para colmo, el sospechoso al que Héctor agredió ha desaparecido y todo señala al inspector como culpable. Al mismo tiempo que se desarrollan las investigaciones, el lector es testigo de cómo afectan sus circunstancias personales a Héctor: separado hace un año desde que Ruth, su ex-mujer, le pidiera vía libre para explorar su sexualidad, trata de asimilar la nueva situación sin perder el contacto ni el cariño de su hijo.

La acción de El verano de los juguetes muertos transcurre en un espacio temporal muy limitado: un breve ayer y un escueto hoy (que te deja con ganas de más) separados por un lapso de 5 días. La prosa de Toni Hill es sencilla y directa, y concede gran peso al diálogo, imprimiendo agilidad al ritmo narrativo. La trama de la novela es sólida, bien construida y desarrollada, y el autor es experto en dejar al lector con la miel en los labios de manera que es inevitable que devore página tras página. El protagonista, Héctor Salgado, está muy bien dibujado, muy cercano, muy humano, y el resto de personajes principales le hacen el coro perfecto. Si os gusta la novela negra, haceos con esta, porque os va a encantar.

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...