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sábado, 27 de marzo de 2021

Caliente, Luna Miguel

 


 Una de las preguntas más torpes que yo me hacía al comienzo era esta: ¿de verdad es posible amar a más de una persona?

*

Luego todo cambió: ¿de verdad habéis sido capaces de reprimir vuestro deseo durante tanto tiempo?

 

Estas son algunas de las preguntas que Luna Miguel se hace en Caliente (Lumen, 2021), un ensayo repleto de intimidad y de generosidad (porque casi siempre encontramos alivio en palabras y vivencias ajenas, utilizándolas como espejos donde podríamos vernos reflejados), una obra transformadora y (parcialmente) extrapolable sobre el autoplacer femenino, el amor (en singular o en plural), el deseo y el dolor como sustancias complementarias. 

En Caliente, Luna Miguel empieza contándonos cómo Antonio, padre de su hijo y su pareja (monógama) durante más de diez años, le confiesa un día que se ha enamorado de “alguien más”. En ese momento, la autora cree sufrir un desgarro profundo (de hecho, se refiere al período en que se gestó su transformación como el tiempo “en que creí que se me había roto el corazón”). Ese inmenso dolor transmutó en una especie de libertad recién descubierta, y esa libertad empezó a convertirse en deseo: comenzó a masturbarse como medicina, a adquirir artefactos eróticos y a leer compulsivamente todo lo que iba encontrando acerca del deseo femenino, el poliamor, los tabúes sexuales femeninos, la vulnerabilidad y sobre Eros (“que es, ante todo, el dios trágico”, como afirmaba Georges Bataille). Leyó, sobre todo, a mujeres que escribían sobre mujeres y sus relaciones afectivas, su sexualidad, sus necesidades, sus fantasías, etc. Este es el tema en torno al cual gira Caliente, quedando su experiencia personal y sus reflexiones como trasfondo para escribir sobre feminismo sexual, centrándose en la idea de que la libertad sexual es un ingrediente fundamental de la libertad de la mujer y alejándose de la idea rancia y obsoleta de que cuando una mujer habla de su “vulnerabilidad”, de sus fragilidades, está exhibiéndose. Y, como muestra, muchos botones: Unica Zürn, Anne Carson, Anne Sexton, Annie Ernaux, Brigitte Vasallo, Marvel Moreno, Louise Glück... nos muestran en estas páginas las posibilidades que tenemos de reconstruirnos con los pedazos de otras que se rompieron antes que nosotras, «...para hacer las paces con las mujeres que éramos cuando nos sentíamos excitadas y vulnerables, cuando sin esperarlo comenzamos a repensar el que creíamos que era nuestro inamovible sistema de afectos, cuando nos descubrimos poniendo dirección hacia lo desconocido...»

Luna Miguel nos habla de la masturbación femenina como autoconocimiento, como rebelión frente a los roles que se nos imponen desde las mohosas convenciones del tradicionalismo y el patriarcado, como reivindicación de nuestra autonomía y de nuestra libertad. Nos deja claro que nuestro(s) deseo(s) es/son únicamente nuestros y no debemos rendir cuentas ante nadie (dejando a la monogamia en una posición de clara desventaja frente al poliamor o amor plural). Que no tenemos que pedir permiso ni para disfrutar ni para sentir (entendiendo, claro, que todos los elementos de ese “sistema solar” que ella utiliza como metáfora de la relación afectiva estén de acuerdo, si no lo que tendremos será conflicto). Que las mariposas que nacen en nuestro estómago en un momento determinado no son termitas corrosivas. Que no debemos sentir vergüenza (que es la asesina de nuestro placer) ante nuestras pasiones, nuestras fantasías o nuestras apetencias:

«Quería dejar de ser la chica mala de la historia y salir a la calle con un cartel en el que pudiera leerse: “Esta es mi pasión”. Porque una pasión que no se vive en secreto es una pasión apta para generar vida, una pasión llena de oxígeno, fuerte, natural, duradera. Una pasión que no se vive en secreto es una pasión que tampoco se sufre en silencio, sino que puede verbalizarse, compartirse […] Una pasión que no se vive en secreto mantiene una llama irreductible. Una pasión que no se vive en secreto sustituye la palabra conflicto por la palabra ternura, o tal vez por entusiasmo, o quién sabe si por permanencia.»

En definitiva, una obra que me ha hecho reflexionar sobre ciertos temas que, sin poder evitarlo, me inquietan. Que me ha aportado datos que hasta el momento no conocía. ¿Sabíais vosotros que no se realizó un estudio completo de la anatomía del clítoris hasta 1995, y que entonces comenzó a llamársele “la punta del iceberg”? ¿O que los consoladores nacieron como “aliviadores portátiles” de la enfermedad denominada histeria? Que me ha abierto los ojos para enfocar mejor ciertos aspectos sobre mí misma y al tiempo me ha generado un millón de preguntas más de las que tenía antes de comenzar a leerla y ciertas conclusiones que, por supuesto, no dejaré aquí por escrito.

martes, 23 de marzo de 2021

El funeral de Lolita, Luna Miguel


 La gente solía describirlo como un nudo en el estómago. Para Helena era una mala metáfora. Si tuviera una cuerda en la tripa, al menos podría tirar de ella para escapar a algún lugar lejano, o quizá para deslizarse hacia dentro de sí misma y quedarse allí escondida, a oscuras entre las vísceras, calentita y tranquila. Pero no estaba tranquila: aquello en su estómago aleteaba como una polilla alrededor de un fluorescente.

Mientras vuelve del trabajo a casa en autobús, Helena, treintañera, controvertida crítica gastronómica y personaje principal de El funeral de Lolita (de Luna Miguel; Lumen, 2018) recibe un mensaje que hará temblar los cimientos de su vida de escaparate. Rocío, la que fuera su mejor amiga en el instituto y de la que no sabe nada desde que terminó la secundaria, es la portadora de una noticia demoledora para nuestra protagonista: «No sé ni siquiera si estás viva, pero tenía que decírtelo: Roberto ha fallecido esta mañana…» Roberto. Un nombre que ya creía desterrado en el abismo del tiempo. Su gran amor de los 15 años. Su gran dolor de los 15 años. Su primer deseo. Su rabia. Su herida. El hombre con el que mantuvo una relación clandestina cuyas huellas aún no había podido borrar de sus entrañas. El profesor de literatura que la convirtió en su lolita particular. Movida por su instinto y su afán de clausura del pasado, Helena pondrá rumbo a Alcalá de Henares para asistir al funeral, con un enredo en el pelo que irá creciendo progresivamente al compás de los latidos del nudo de su alma. Desde ese mismo momento avanzaremos por las páginas entre dos tiempos. Por un lado, seremos testigos de las vivencias, sensaciones y reflexiones de Helena en el momento actual y, por otro, de los sentimientos, emociones y peripecias de la niña y adolescente que un día fue y que la marcaron hasta convertirla en lo que hoy es. El final, muy metafórico, es un poco surrealista para mi gusto pero, indudablemente, acorde con el título y con el objetivo narrativo.

No entraré a valorar la calidad lingüística de la novela, ya que en realidad es lo que menos me ha importado de la misma. Sí diré que la prosa de Luna Miguel es cruda y directa, el léxico visceral y carnal (a veces bastante escatólogico), y que algunas frases se te clavan en la piel como aguijones impregnados de veneno: «Escribir es complicado cuando solo quieres decir lo que tienes que esconder». Otras simplemente hacen volar la imaginación y evocan una ternura que puede llegar a ser dolorosa: «He ido a la bliblioteca y he encontrado Viaje al fin de la noche, de Louise Ferdinand Céline. He empezado a leerlo y me he dado cuenta de que olía muy bien. ¿Quién lo habría leído antes de dejar este aroma en sus páginas? ¿Uno se puede enamorar de una persona por cómo huelen sus libros? Creo que sí. Aunque a él ya no pueda amarle, todas las noches huelo Lolita.» Brevedad e intensidad son los elementos que caracterizan las secuencias que conforman las dos tramas temporales. El único pasaje extenso es el correspondiente al diario que Helena empezó a escribir justo cuando descubrió la atracción que sentía por su profesor. Al estar escrito también de forma discontinua y sincopada, contribuye a acentuar la sensación de caos interno y aumenta la tensión dramática de la ya intensa exploración intimista que gira en torno al amor, al sexo, al dolor y a la rabia. («¿Cómo se empieza una historia de amor imposible?»)

Lo que me importa de verdad es que tras terminar de leer sus algo menos de 200 páginas, me siento incómoda. Incómoda por la complejidad del personaje central, Helena, a caballo entre la lolita perversa y seductora de algunas escenas y la víctima del abuso de poder de un profesor en otras. Un personaje que detesta la carne pero que, paradójicamente, la devora cruda cuando está enfadada con el mundo. La pasión por la comida y por el sexo parecen los únicos motores de su vida. Sin duda, el relato de Luna Miguel nos saca de nuestra zona de confort de blancos y negros y nos hace bucear a pulmón por las revueltas aguas del gris más turbio. No ahondaré aquí en temas tales como la pederastia o el abuso sexual, pues no está en mi interés soliviantar sensibilidades ni dar mi opinión sobre aspectos que, a mi juicio y siempre corriendo el riesgo de deslizarme por los márgenes de lo políticamente incorrectísimo, no quedan claros del todo.

¿Quién atrajo a quién? ¿Quién manipuló a quién? Les invito a leer la obra y a sacar sus propias conclusiones, aunque quizá sea más importante que perciban la desesperación vital, la soledad y el caos de un personaje que organiza sus recuerdos por aromas y sabores.


Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...