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jueves, 11 de septiembre de 2025

Luna, de Carlos Bassas del Rey


En el vasto y diverso espacio de la literatura podemos distinguir grandes escritores, grandes narradores y unos pocos agraciados con ambos dones. Asimismo, hay autores que escriben, otros que dibujan historias y alguna rara avis que cincela universos a golpe de palabra y con precisión quirúrgica. Este último es el caso de Carlos Bassas, autor de la novela que acabo de terminar, donde esculpe sin tapujos el rostro y la esencia de la maldad. Sin excusa. Sin justificación. Maldad genuina que no rinde pleitesía a la norma consuetudinaria. 

Luna (Ediciones Alrevés, 2024) es la segunda novela que leo (y disfruto mucho) de Carlos Bassas. Ambientada en una imaginaria población manchega, y liderada por caracteres eminentemente femeninos, lo cierto es que me ha recordado mucho a alguna película de Almodóvar. Como reza la sinopsis, Luna es la historia de tres mujeres, Dora, Sara y Luna. Abuela, hija y nieta. Tres generaciones de la misma familia obligadas por las circunstancias a convivir y a caminar por la cuerda floja de sus enigmas con pericia de acróbata. Un hogar que dejó de serlo a fuerza de silencio y de olvido, de una ausencia muy presente que habita el limbo de los secretos que hay que proteger a toda costa. Corre el verano de 1982. Mientras Naranjito aparece en todas las televisiones españolas, la moral católica nacional se resiente tras la aprobación de la Ley del Divorcio. Sin embargo, para Sara supone una oportunidad de escapar de las garras de un marido maltratador, y a la vez el suplicio de volver a una casa de donde huyó en cuanto pudo. Con ella lleva a su hija, Luna, una adolescente de catorce años y perturbadores ojos azules muy distinta al resto. Sara y Dora, su madre, tampoco encajan bien con el resto de la población. Viven marcadas por la pérdida de Juan, marido de Dora y padre de Sara, en circunstancias muy confusas. Amparadas en falsos recuerdos que ocultan una verdad que las arrollará al revelarse. Por su parte, Luna trata de ponerle nombre y darle entidad a una pulsión interna que la devora, a un deseo que debe satisfacer, mientras establece una relación sui generis con Toño, un chaval del pueblo. Y como en la mayoría de novelas negras, un asesinato conmociona la tranquilidad de erial de la población. Desaparece Javier, el chico "mongolo" (recordemos que aquella no era una etapa de corrección política), y encuentran su cadáver atrapado en un cepo y con la cabeza machacada con una piedra. No tardarán los avispados vecinos en encontrar un culpable: Miguel, el maricón, el sararasa, el invertido. Seguro que ha sido él. Nadie escapa del pecado, de la culpa y la condena cuando hay sentencia del pueblo. Celos, envidia y odios ancestrales en medio de un secarral. 

Luna es una novela negra, sin duda, pero el misterio y la intriga no apuntan hacia el presente. El lector sabe perfectamente quién ha cometido el asesinato, porque lo ha presenciado. El misterio y la intriga nos acechan, pues, desde el pasado. En forma de fantasma, espíritu o espectro. Impregna el aire viciado y amenazador del hoy el aroma de un fuego purificador del ayer. La prosa de Carlos Bassas es ágil y lírica a la vez, y su yuxtaposición un auténtico tesoro. Sus personajes son totalmente poliédricos, llenos de aristas y recovecos, de pecados y de culpas, a excepción de Luna, que parece aceptar su condición con inmensa naturalidad. El pueblo, su voz, su inquina y sus miserias, se transforman en las páginas en un personaje colectivo que ejerce su poder con fuerza y con saña, inasequible a la empatía y a la clemencia. En una telaraña de relaciones ya heridas desde un inicio tendrán que desenvolverse sus protagonistas que, en cierto modo, también me han traído a la memoria a Bernarda Alba y a sus hijas, pues encarnan en su propia existencia el drama de las mujeres en los entornos rurales de España. Violencia implícita y explícita, maldad sin disfraz, todo narrado con una deliciosa sensibilidad. Si tenéis la oportunidad, haceos con ella.

domingo, 3 de agosto de 2025

Sinántropos, de Carlos Bassas del Rey


Hay páginas a las que el negro se les queda corto, muy corto. Oscuridades que nunca han atrapado la luz porque esta siempre viaja más rápido. Hay letras que dan forma a historias y hay cuchillos que las esculpen en las páginas a base de dolor y de la más abyecta de las miserias. Los futuros cadáveres no saben aún que lo son, excepto aquellos cuyos bonus de vida giran en torno a un único objetivo: la venganza. Ella es el leit motif de la novela que acabo de terminar, una historia durísima y narrada de forma prodigiosa. 

Sinántropos (Editorial Alrevés, 2022), es la primera obra que leo de Carlos Bassas del Rey y lo cierto es que me ha sorprendido gratamente, tanto por el planteamiento de la historia como por la exquisitez de la narración. Sinántropos son aquellos seres animales o vegetales que han desarrollado la capacidad de adaptarse a las condiciones ambientales de un entorno urbano impuestas por el hombre. Sinántropos son también los hombres y mujeres que habitan entornos en ruinas, en permanente amago de catástrofe, solo que no la ven porque nacieron bajo su auspicio, y que apenas viven porque emplean su aliento en sobrevivir. Así es Corto, el protagonista de la novela, un joven cuyo verdadero nombre se esfumó de los anales de la historia, que vuelve al agujero en el que nació diez años después de su misteriosa partida, vestido de traje y zapatos lustrosos, tan diferente al de antes que solo lo reconoce un chucho que en su ausencia ha cambiado hasta de nombre. ¿Por qué se marchó del barrio? Y lo que es más importante, ¿por qué vuelve ahora? Página tras página conoceremos las razones de su huida y de su regreso, suministradas a cuentagotas que generan altas dosis de suspense que incita al lector a devorar el libro. Solo os diré que durante esos diez años de ausencia, en la que los mafiosos del barrio tuvieron mucho que ver, Corto quiso llamarse Bruno y que, trabajando de escort conoció a Candela, una joven de clase alta responsable de que al chico le nacieran sueños alguna vez, pero... mejor lo descubrís vosotros si decidís leer la novela. 

Como he dicho al principio, Sinántropos es una obra durísima, para estómagos que soporten novelas negras que no se anden con contemplaciones. El barrio donde se desarrolla es puro escombro, material y moral; las relaciones entre quienes lo habitan son complejas y a menudo crueles; las jerarquías están claras, al igual que las consecuencias de no respetarlas. La violencia, intrínseca. Aparte de la historia, lo que me ha encantado es el estilo del autor. Que fuera revelando poco a poco las respuestas a tantas preguntas. La anáfora, el paralelismo, las copulativas y, sobre todo, la yuxtaposición que dota a la narración de un ritmo tan propio que en numerosas ocasiones la prosa coquetea con la forma de un verso. Además, Carlos Bassas deja patente en sus páginas su amor por el léxico, que utiliza con la precisión de un cirujano, incluyendo a veces tecnicismos de diferentes disciplinas que armonizan y contrastan a la vez con el resto. He disfrutado también sus continuas referencias a la literatura antigua, sobre todo al Antiguo Testamento y a la tragedia griega. En resumen, una novela que pisa fuerte y no se anda con rodeos narrada de modo exquisito. Os dejo uno de los fragmentos que más me ha gustado:

Ciertas personas no desean las cosas, sino el deseo de poseerlas; han nacido rotos, condenados a la insatisfacción, a no saciarse jamás, tienen una fuga por la que les gotea la felicidad (p. 167)

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...