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sábado, 27 de marzo de 2021

Los sueños cotidianos, José Cantabella


 

Que tú eres poesía,

solo lo sabemos nosotros dos.

Nada importa que ellos

digan que eres narrativa,

ensayo o teatro.

Qué sabrán ellos de literatura.

¿Acaso conocen de tus besos?


Estas preciosas líneas pertenecen a “Poesía”, uno de los poemas que integran Los sueños cotidianos, el segundo poemario de José Cantabella, que vio la luz en 2011 bajo el sello de Azarbe.

El primer poema del volumen, “Escribidores”, es ya toda una declaración de principios: «El que se sienta poeta/ que escriba el primer verso:/ su primer poema./ Y si nada en el mundo se inmutara,/ que entonces lea,/ lea,/ lea...». El interés de Cantabella por la lectura queda claro y, la consideración de esta como un requisito para obtener el poema deseado, también. En “Es-critor-es” vuelve a hablarnos sobre lo difícil de la creación y la escritura (él no se considera poeta) y en “Éxito” confiesa con humildad los esfuerzos de superación y su alegría ante (a sus ojos) sus modestos logros: «...he llegado yo/ mucho más allá/ de lo soñado./ Por ello/ doy las gracias»

Los sueños cotidianos, como lo que hasta ahora he tenido la oportunidad de leer de este autor, es una obra sobre la vida, donde los recuerdos y el amor (y el erotismo), las anécdotas y las experiencias se entremezclan de forma magnífica con atractivos juegos de palabras que llenan los ojos lectores de versos sencillos y hermosos. La muerte, como parte de la vida, tiene también cabida entre sus líneas, concreta y explícitamente en “Si es que algún día muero”, una de las piezas más bellas del poemario, donde la voz del poeta vuelve a la naturaleza y a sus orígenes: «Búscame allí,/ en aquel humilde lugar que un día/ fue mi casa,/ donde mi padre plantó/ aquellos árboles». En “Las gredas de Bolnuevo” y “La aurora” podrá el lector apreciar cierta melancolía por el paso del tiempo que todo lo hace desaparecer. En otras ocasiones, es el humor el que sazona sus versos, como en “Jonás”: «De ti ya nada creemos, Jonás,/ pero gracias te damos/ por inventar la literatura fantástica», o incluso en su reinterpretación de “Blancanieves”.

“La Cala de Calnegre”, “De amores”, “Lonja del amor”, “Obama y tú” y algunos otros poemas de la obra versan en torno al amor, pero este elemento adquiere especial intensidad en “El infierno tan querido”: «... y nos besamos, como solo nosotros/ sabemos besarnos». Sin embargo, son los versos de “Amantes prohibidos, prohibidos amantes” los que quizá más me hayan impactado de todo el poemario. En ellos, el poeta nos traslada su observación de una pareja que, en otro tiempo enamorada, «ya no esconden el fuego/ que les ardía bajo el pecho» pues «ya se apagó la hoguera» y ahora «ni siquiera se miran». «¿Cómo puede, el amor, ignorar su pasado?», se pregunta el observador, probablemente incrédulo.

No me queda más que invitarles a disfrutar de la lectura de una obra en la que, una vez más, José Cantabella contempla el mundo con ojos atentos, limpios y serenos, y nos lo regala en versos que susurran a gritos su sencillez y su belleza.

domingo, 10 de enero de 2021

Poemas de amor, de José Cantabella


 

... voy a grabar tu nombre con mis ojos

en el pétalo fresco de una rosa;

luego, voy a lanzarlo

con todas mis fuerzas, decidido,

para que la suave brisa

lo lleve hasta tu corazón...


Esos versos, del poema titulado “Primavera” son toda una declaración de intenciones y revelan, si es que acaso el título dejaba algún lugar a la duda, el tema en torno al que gira Poemas de amor, de José Cantabella, publicado en 2014 bajo el sello de Azarbe.

Obra breve pero inmensa en cuanto a sus repercusiones en el alma lectora, que es, al fin y al cabo, lo que a esta servidora más le importa. Diecinueve poemas repletos de una de las emociones más humanas, porque, como dice el autor, “¿acaso hay un lugar/ donde el amor no prenda?”. Volvemos en esta obra a encontrarnos a un autor cuyas mejores armas son el verbo llano (que no simple) y la recreación en tinta de imágenes de una sencillez y una verdad casi turbadoras. Sencillez y naturalidad para escribir sobre el amor, ese ente indefinido y complejo que todo lo trastoca, y que llega cuando y de donde menos lo esperas. Atrevánse a leerlo y a decir que no se ven reflejados en la gran mayoría de versos.

Que Cantabella sea su apellido es algo casi profético, porque el autor canta, de una manera bellísima, al amor en todas sus facetas. No solo al amor romántico, sino también al amor a la vida, como puede verse con claridad en el poema “El saludo de la vida” (p. 31):


“Tal vez sólo sea

que ya ha amanecido,

y, la vida venga a saludarme, un día más,

a ungir sobre mi frente

su preciosa luz de oro”


No se olvida tampoco de su amor por la literatura. Un poema en memoria de Alejandra Pizarnik (“El silencio de las carolilas”), otro de homenaje a su admirado Cortázar (“Poema de Horacio Oliveira”), y estas líneas repletas de ternura así lo atestiguan ( “Algunas palabras”, p.19):


“Cuando tengas frío,

llevaré, solícito,

miles de libros de poemas

al pie de tu cama.

Nada da tanto calor

como las palabras, vida mía;

ni siquiera

un cuerpo como el mío.”


No falta en el poemario algún rastro de tristeza o melancolía, relacionados con la pérdida o la fugacidad ocasional del sentimiento amoroso, pues también los grises forman parte de la paleta de colores del amor, pero incluso esos grises los acaricia con grandeza y templanza (“La fugacidad del amor”, p. 35):


“y lo fijo con la tinta que es mi sangre,

que siempre, mujer, te amaré,

aunque nunca jamás sea tu dueño.”


Amor del bueno, del que todos alguna vez hemos soñado, pasión ardiente capaz de fundir el hielo del “Ártico” (p.17-18):


“Yo también quiero

acercarme a ti, dócil, y hallarte deseosa,

cuando esta noche

en nuestro lecho íntimo

frotes

con tu lascivo dedo índice

tu ardiente clítoris.”


“...cuando recorres

con tu adorada lengua mi sumiso cuerpo,

y llegas, feliz, ardiente, pura,

hasta mi sexo también encendido.”


Diecinueve poemas donde la serenidad y la mesura del poeta bailan un tango “apretao” con el fuego del sexo que arrasa a su paso. Del gris ceniza al rojo sangre de un corazón que late para obsequiarnos en tinta con la rotundidad de estos versos:


“Te amo.

¿Cómo no amarte?”







Afán de certidumbre, de José Cantabella.


 

Que nada me robe

los momentos de dicha

que me otorga el maravilloso elixir de la poesía

cuando leo unos bellos versos

sentado en un banco de la plaza solitaria,

en unos momentos en los que me hallo sólo

ante mis miserias y mi grandeza.


Comienzo esta entrada con los versos centrales del poema “Felicidad”, una de las treinta y cinco composiciones que dan vida a Afán de certidumbre, primer poemario publicado de José Cantabella. Leer la poesía de este autor es precisamente eso, experimentar unos instantes de “dicha” que protegen contra las tormentas de incertidumbre que azotan el mundo, por fuera y por dentro. Son un remanso afable de letras, un refugio amable que conjura la zozobra.

Si en el relato Cantabella mezclaba lo cotidiano con lo fantástico o lo extraordinario, me atrevería a afirmar que el pilar que sustenta su poesía es la realidad, el hambre de momentos del día a día, el anhelo y los sueños de andar por casa, y alguna melancolía acostumbrada. Se insinúa en los versos del poeta un alma sensible a la que sorprende cada mañana la posibilidad de ser feliz (“Nuevo día”), un alma que celebra el amor (“Celebración del amor eterno”) o las gotas de lluvia al caer (“Lluvia”). Se plantea incluso el difícil reto de armonizar los tiempos del amor y la literatura (“Pacto”). Y me ha ganado para siempre al cuestionar, en “No más cuentos”, el papel de víctima de Caperucita, pues a mí siempre se me figuró un cierto deseo de la chica encapuchada de que se la comiera el lobo (“Perdona el atrevimiento, Caperucita,/ pero no me creo tu cuento.”)

Cantabella construye Afán de certidumbre con un lenguaje sencillo que provoca una conexión inmediata con el lector, que podrá reconocerse sin dificultad en más de una línea del poemario. Es quizá esa sencillez, esa ausencia de artificio, la que aporta luz a los poemas, incluso en los matices tristes; una naturalidad que destila emoción por cada uno de sus poros y nos regala notas de una música limpia, inocente y serena. Creo que es esa melodía apacible, sosegada, el nexo común, el pegamento que aglutina las diversas composiciones de la obra. Un poemario que gana a un tiempo fuerza y candidez con las ilustraciones (de Francisca Fe Montoya) que acompañan a los versos, aunque quizá lo que ocurre es que son parte de ellos. O el poeta dio instrucciones muy claras y precisas al respecto, o la ilustradora interiorizó a la perfección el alma de los poemas, porque el resultado es hermosísimo.

Y, aunque por motivos personales no puedo olvidarme de los bellos y enigmáticos ojos de Ariadna, les dejó este poema para que puedan comenzar a apreciar el brillo emotivo de la poesía serena de Cantabella:


TU NOMBRE


Algunos nombres

se difuminan con el paso del tiempo

borrándose para siempre,

creando a su alrededor

una impalpable cortina de humo

de la que jamás se liberan.

Sin embargo, otros

quedan grabados perpetuamente

como un tatuaje en la memoria

y son recordados a cada instante

en todos los momentos de la vida.






sábado, 9 de enero de 2021

Llegarás a Recuerdo, de José Cantabella


Me paso la vida imaginando cosas, inventando otras realidades que me acerquen a mí particular realidad, y que me hacen sostener con más dignidad mi feliz existencia...

Un lector que no puede esperar al lunes para adquirir una esperada novela. La carta de recomendaciones de una empresa de alquiler de amores. La insólita separación formal de un matrimonio para poder vivir juntos. Un anciano que, noche tras noche, marca el mismo número de teléfono anónimo. Las voces de los ciudadanos de la creando juntos, simultáneamente, el sonido de la ciudad. Un matrimonio de "bondades clásicas y costumbres más clásicas todavía" condenado por la Municipalidad a pagar un nuevo impuesto por hacer el amor dos o menos de dos veces al mes. La mujer que cruza por fin a la acera de enfrente y entra en un sex shop. Escribir y escribir sin parar sin dejar de pensar en unos ojos tristes que un día encontró el autor por casualidad. Descubrir el motivo del silencio de los perros que guardan la hacienda. La búsqueda de un gato blanco. Un extraño e imaginativo juego en un supermercado. La sabiduría de un librero. Una cena con resultado inaudito que pone fin a la monotonía de la vida de una pareja. "La venturosa jornada cotidiana del que llaman un hombre raro". La peculiar orgía de fin de semana de una horda de intelectuales primitivos. Habitar dentro de un tiranosaurus mientras se lava el coche. El ajusticiamiento de una parricida. La desternillante lectura del prospecto de un marido. La tragedia más profunda de una ensoñación erótica. La carta de una hija a su madre y su desolación por no haber sido elegida como esposa del heredero a la corona. Un desasosegante sueño navideño. Un funeral anónimo. El texto más corto para el día más largo. La carta de un tío a su sobrina donde le comunica su intención de ser un afamado literato.El inesperado final de un bedel que sueña ser novelista de éxito.

Veinticinco relatos que nos muestran cosas que solo podrían ocurrir en la "bella y olvidada ciudad de Recuerdo", donde solo se puede llegar, según el autor, "en un estado de ánimo diferente, un estado alterado". Una ciudad donde se superponen las realidades unas a otras, donde lo cotidiano y lo fantástico o lo extraordinario se sientan juntos a tomar café. Una galería de personajes amplia y variada cuya actriz principal es, sin duda, la ciudad de Recuerdo. Diferentes formas de enfocar la narración, originalidad, ironía, sarcasmo, humor, erotismo.... De nuevo, desconcertada por los relatos de este autor.

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...