La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz; las dos son una, vida y muerte, juntas como amantes (U.K. Le Guin)
Ying y yang. Flor y espina. Fuego y agua. Tempestad y calma. Somos complejos seres poliédricos y, en la mayoría de ocasiones, incomprensibles a nuestro singular entendimiento. Nacemos criaturas híbridas y habitamos la frontera perpetua entre el cielo y el infierno. Algún dios Hacedor nos insufló la vida tras conseguir la mezcla idónea de luz y de sombra. Es justo en el equilibrio donde reside nuestra esencia. Sin embargo, ¿qué sucede si algún factor externo —o interno— desestabiliza la proporción y no hay claridad que matice nuestra pulsión más luctuosa? ¿O es que somos capaces de venir al mundo con un extra de mezquindad? Quizá no encontremos las respuestas, o quizá tengamos que preguntarle a la autora de la novela cuya última página acabo de concluir.
En El Escudo de Hugo (2019), otra muestra más de que autopublicación y calidad no están reñidas, Saray Ramírez realiza una perturbadora, perfecta y pormenorizada radiografía de los límites —o la ausencia de ellos— tanto de la maldad humana como de nuestra exacerbada tendencia a la autodestrucción. En la primera página de este thriller negro negrísimo, el lector aterriza en la infancia de Hugo Hidalgo y en el suceso que le marcó a sus 10 años (¿o venía ya así de fábrica?). El detective Francisco Moreno cerrará un caso, pero en falso, pues los ojos de aquel niño se instalarán en su memoria para atormentarlo con aterradoras pesadillas. Treinta años después, el Sr. Hugo Hidalgo se habrá convertido en un hombre de bien, afamado cirujano, amante esposo y ejemplar padre de una criatura. No obstante, en su interior alberga un secreto oscuro, macabro y terrible que le llevará a congraciarse con Mijaíl Solóviov —un pintor ruso con cierto desorden mental que milita en el bando de los parias— con el objetivo de manipularlo y hacerlo ingresar en su plan semestral de cacerías letales. Tres chicas pagarán las funestas consecuencias de los abyectos designios del cirujano, y Fernando Moreno, hijo y heredero del detective de las primeras escenas, se verá sobrepasado por la responsabilidad de dirigir una investigación de tal calibre. ¿Conseguirá Hugo Hidalgo salirse con la suya y convertir a Mijaíl en su hermano "de sangre"? ¿Cómo acogerá la crítica el trazo de la muerte en un lienzo desquiciado?
Con una prosa magnífica, un lenguaje cuidado y una gran riqueza de léxico, Saray Ramírez, en El Escudo de Hugo, engrana con maestría las piezas de una historia sólida y potentísima cuyo mayor acierto (sin restar peso al argumento, por supuesto) es la soberbia construcción de los personajes y el ahondamiento en sus psiques. Aborrecer a un personaje significa que este está excelentemente diseñado, y esta lectora ha llegado a odiar al psicópata sádico y narcisista de Hugo Hidalgo, y a compadecerse —como si fuera una persona real y no un personaje de novela— de Mijaíl el pintor. La exploración de la mente humana, de las relaciones familiares y del concepto del amor parecen ser los puntos fuertes de una autora que, al parecer, ha llegado para quedarse en el palco de honor de Libridinosum.
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domingo, 16 de julio de 2023
El Escudo de Hugo, de Saray Ramírez
martes, 6 de junio de 2023
El pozo de Granados, de Saray Ramírez
El universo de las emociones es un entramado sumamente complejo e inabarcable. Una de las tareas más difíciles para nosotros, humanos imperfectos y desportillados (si no rotos) en algún lance de la vida, es asumirlas y gestionarlas en la medida en que nos es posible. Sin embargo, en numerosas ocasiones se nos atragantan y luchamos contra ellas como si fueran el enemigo, en lugar de abrazarlas, reconocer su existencia y dejarlas fluir para que alguna vez se marchen por donde vinieron. Las negamos, las callamos, y dejamos que se nos pudran dentro, contaminándonos cada latido e infectando hasta el último rincón del alma en una suerte de septicemia aniquiladora. Queda claro que el refuerzo de la inteligencia emocional de un niño no es una de las preocupaciones de las mentes preclaras que diseñan las estrategias, los objetivos y los contenidos de los programas educativos. Nunca lo ha sido y dudo que alguna vez lo sea, y así nos va. Si intento buscar un lado positivo a esta situación, no se me ocurre otro que la posibilidad de generar tramas tan devastadoras y poderosas como la pergeñada por la autora en la novela que acabo de terminar.
El pozo de Granados (2023), de Saray Ramírez Martín, es una de esas obras que le devuelven a esta lectora ciertos valores importantes. Por un lado, la fe en mi intuición, porque en cuanto vi la cubierta y el título algo me saltó por dentro. Por otro, la posibilidad de decir que "bendita serendipia". Y por otro más, la admiración por una obra bien armada, bien escrita y bien cerrada (aquí creo que habla más la correctora que la lectora, pero tendrán que perdonarme). El pozo de Granados es un thriller de terror psicológico (normalmente no suelo ver claras estas etiquetas, pero en este caso es cristalino) que nos habla de lazos familiares, de monstruos en pozos y del miedo inmenso de enfrentarse a ambos. Ambientada en la tranquilidad de una isla canaria (supongamos que Fuerteventura), la novela comienza en la época infantil de Abel, Lola y Benjamín, los retoños de la familia Domínguez Parra. Sus travesuras infantiles les llevan una noche, junto con sus inseparables amigos Fenchu y Blas, a las inmediaciones de la finca del fallecido Eulalio Granados, donde vivirán una experiencia que los marcará a fuego y sobre la cual acordarán un pacto de silencio que mantendrán hasta la edad adulta. Abel, que se erige en protagonista de la novela, tendrá la mala fortuna de caer a un pozo y compartirlo con unos ojos amarillos que vivirán ya por siempre en sus pesadillas. Ya en la edad adulta, a causa de la ruptura con su mujer, Abel se ve obligado a regresar al pueblo, del que escapó en cuanto tuvo la mínima oportunidad y al que apenas ha regresado, y convivir con su familia, lo que desatará un baile de demonios donde pasado y presente se confundirán en dolor y miedo. Un manuscrito de su hermano Benjamín actuará de catalizador y... De eso nada, si quieren saber más, tendrán que leerla.
Breve pero intensa, El pozo de Granados supone todo un despliegue de talento y solvencia narrativa. La construcción y el ahondamiento psicológico en las diversas facetas de los personajes son magníficos. El manejo de los tempos y la dosificación de la tensión dramática, soberbios. Intriga hasta el final y ese retorcerse de tripas para adentro que hace que a una no le importe robarle un ratito al sueño. En definitiva, una sorpresa muy agradable y realmente bienvenida a mi hogar de negro sobre blanco. Si se animan, ya saben...
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