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domingo, 27 de junio de 2021

Ecos de los mares infinitos (Antología Fantasy Club), VV. AA.

En ocasiones sucede que nuestro día a día es demasiado gris y anodino. La realidad nos lastra y nos encadena al universo asfixiante de lo inmediato, de lo plausible; al que erige una muralla que separa el tedio de lunes a viernes del hastío del fin de semana. Nos quedamos atrapados en ese lugar donde los días son siempre iguales y los sueños nunca se cumplen. Escapar de él es, por lo tanto, casi una obligación. Esta lectora, como casi todos los que comparten su afición, huye del mundo perdiéndose entre las páginas de algún libro. Sin embargo, a veces no es suficiente con eso, ya que el gris pesa demasiado, y se le hace necesario recordar quién es volviendo a sus orígenes: la fantasía y la magia. Esta vez, ha elegido recobrar su alma de purpurina a lomos de una de las antologías del Fantasy Club: Ecos de los mares infinitos, publicada por la almeriense Ediciones Arcanas en 2018.

La portada de la antología es ya una maravilla en sí misma e invita al lector a empuñar el arma más poderosa que tiene: la imaginación. Los dieciséis relatos que la componen le llevarán de la mano a mundos que probablemente soñó de niño, siempre perfumados por la brisa marina y salpicados por la espuma de las olas de la fantasía. Entre las páginas de Ecos de los mares infinitos encontrarán, entre otras, la emotiva historia de cómo la última hechicera del mundo descubre la magia en su interior, a tripulaciones de lo más peculiar buscando tesoros o cementerios de sirenas, historias de amor en islas remotas, caballeros andantes con corazón de pirata, abuelos sorprendentes y niños armados con brújulas, lágrimas de espuma y sal o misteriosas nieblas que hacen desaparecer a los marineros. Serán también testigos de las insólitas y desternillantes aventuras del trovador Empino y su fiel Y'diot (relato divertidísimo con pinceladas de deliciosa intertextualidad) y se reirán a carcajada limpia cuando descubran el lugar "Donde cantan los pollos".

Historias fascinantes de navíos y peculiares almas de mar, brújulas repletas de magia y de amor, dragones y otras criaturas extraordinarias se confabularán con las olas y la arena de las playas para garantizar el éxito de la misión del lector: evadirse del mundo que le rodea y rescatar su alma de niño de ojos abiertos y brillantes.

domingo, 7 de febrero de 2021

Cuentos eróticos de andar por casa. Con voz de mujer, de VV. AA.


 Por unos minutos de placer,

Canela se condena toda la vida.

Así reza la solapa de la contraportada de Cuentos eróticos de andar por casa, que ostenta el importante subtítulo de Con voz de mujer. Pero, ¿quién es Canela y a qué se condena? Canela es el alter ego de la locutora de radio y televisión, presentadora, organizadora de eventos y poeta (y algunas cosas más) María José Navarro. Canela se conoce y me conoce (aunque su alter ego y yo hayamos coincidido únicamente un par de veces). Por motivos diversos, en numerosas ocasiones las turbulencias que comparte en redes son las mías propias. No negaré que ese ha sido uno de los motivos que ha despertado mi interés en la obra que nos ocupa. Y tampoco negaré que su lectura ha sido agradable, provocadora, estimulante en todos los sentidos y que me ha venido como anillo al dedo para ciertos asuntos de índole personal. ¿A qué se condenará Candela?, me pregunto, y presiento que conozco la respuesta.

Empezaré pidiendo disculpas a las co-autoras de la obra por no haber seguido las instrucciones de la “Guía del lector” al pie de la letra, omitiendo el máximo de dos relatos por sesión (ay, no se me da muy bien eso de ser obediente y los he leído todos en dos días). Pero, por lo demás, he cumplido. Cuatro gotas de Aire Loco de Loewe (mi perfume favorito), el aftereight en helado, el chocolate, los auriculares y la cama de mi despacho me han acompañado en el proceso.

Para empezar, la estructura de la obra ya es absolutamente deleitosa. Hablamos de treinta y cinco piezas compuestas por los siguientes elementos: un código QR que, tras pulsar un par de teclas en el móvil (casi todos los dispositivos cuentan ya con scanner de QR), lleva al lector a escuchar la canción sugerida (con bastante tino, por cierto) para crear ambiente y agudizar la sensibilidad; un delicioso acróstico (bellísimo en forma y fondo) que nace de las iniciales de un nombre de mujer, y a partir de ahí vuela poderoso y mágico desencadenando alborotos varios; una ilustración magnífica que realza la plasticidad del conjunto y evoca, con mayor o menor simbolismo, la esencia de una mujer real, de una mujer de verdad absolutamente ajena a cánones y demás servilismos cosméticos (o al menos así las percibo yo); y, por último, un breve relato en clave femenina, con hermosa voz de mujer en primera persona cuyo nombre de pila coincide con las iniciales del acróstico. Nos hallamos, pues, frente a treinta y cinco mujeres distintas, de edades diferentes y situaciones de lo más variopinto, cuyo nexo común es que narran al lector su actitud, sus vivencias, su experiencia en las lides del placer sexual. Relatos construidos desde un estilo coloquial, fresco, directo, elemental y eficaz, alejado de artificios literarios. Humor e ironía en muchas de las páginas, algo de tristeza y grisura en alguno de los finales, pero siempre una sonrisa de complicidad al sentirme identificada con uno u otro aspecto de la vida de estas mujeres, tan ficcionales como verosímiles, en uno u otro momento de mi vida. Desde los iniciales “¿Y tanto misterio para esto?”, “¿Y esto dicen que es maravilloso?”, “A ver si acaba pronto que ponga la secadora”, hasta: “Dios, esto no lo puedo controlar”, “no quiero pensar, solo sentir”.

Recuerdo con precisión casi milimétrica (y han pasado ya casi trece años) el momento en que el sexo se convirtió, para mí, de un mero convencionalismo (para el que era necesario tener pareja, por supuesto) consistente en unos repetitivos ejercicios mecánicos y epidérmicos, en un verdadero placer. Preguntas acerca de dónde me gustaba que me acariciaran, que cómo me gustaba que me lo hicieran, y otras cosas para las que no tenía respuesta pues, hasta entonces, no me las había tenido que plantear. Me recuerdo irritada porque yo no quería pensar, solo sentir, pero también me acuerdo de cómo aprendí, de los pasos que di, de la primera vez que sentí deseo. Leer y sentir esta obra me ha abierto el baúl de la memoria, y ha venido a recordarme que mi deseo y mi placer son míos, aunque me guste compartirlos, y que ante nadie he de justificarme. Ahora lo sé. Y deseo (y mucho). Y sé a qué se condena Canela, e imagino por qué lo hace.

sábado, 6 de febrero de 2021

La otra historia. Un libro para sorprenderse, de VV. AA.

...que el mundo es sorprendente,
que la cultura es diversa,
que siempre aporta más de lo que recibe,
que es solidaria,
que hay mucho talento en el sureste
y que la generosidad tampoco escasea.

Una de las cosas que más aprecio desde que era niña es que me sorprendan (en positivo, entiéndase bien) y que me ilustren acerca de temas sobre los que no sé prácticamente nada (que son muchos, por lo que las posibilidades son infinitas). Si, además, puedo aunar sorpresa y aprendizaje con mi mayor vicio confesable, la lectura, el escenario es ya de lo más prometedor. Si encima colaboro en cierta medida con un proyecto solidario destinado a fomentar la lectura entre los sectores más vulnerables, ¿qué más puedo pedir?

Pues todo eso precisamente se conjuga cuando una pasea serena, con los ojos y la mente bien abiertos, por las páginas de La otra historia. Un libro para sorprenderse, una obra solidaria integrada por treinta y tres artículos de divulgación aportados, editados y distribuidos de manera completamente altruista por autores, editores y gestores, cuyos beneficios van dedicados íntegramente a repartir esa justicia social que tanto parece escasear en estos tiempos, concretamente a la compra de lectores de libros electrónicos para mantener los clubes de lectura inclusivos que impulsa la ONG Solidarios para el Desarrollo. Artículos escritos con solvencia por parte de treinta y tres figuras relacionadas de uno u otro modo con la cultura de nuestra región y que abarcan temáticas diversas desde un enfoque lúdico a veces, didáctico en su mayoría. 

La obra se abre con un interesante texto sobre la enigmática historia de parafilia romántica de un (parece ser) conocido radiólogo alemán. A partir de ahí, se desgrana todo un abanico de anécdotas, acontecimientos, formas de ver la vida, biografías de personajes conocidos o no tanto, inventos o patentes, historia, literatura, música, geografía y otros tantos asuntos cuya relevancia radica no solamente en los objetos de estudio, sino también en las reflexiones que indefectiblemente surgen durante la lectura y, con toda probabilidad, en momentos posteriores a la misma. De todos ellos me queda la satisfacción de haber aprendido algo que no sabía (no es difícil, ya lo he dicho, pues cada día soy más devota del planteamiento cartesiano y solo sé que no sé nada), pero destacaría quizá la magnífica reflexión de José de Paco acerca de "Cine y revisionismo" (ay de los ofendiditos que buscan la ofensa con la descontextualización por bandera), el artículo titulado "De fronteras, medianeras y otros dominios" (José Antonio García Ayala me ha dejado, francamente, con la boca abierta por la información que aporta), el relato de cómo "García Lorca dibujó su muerte" (cuando sepan quién es el autor no tendrán ni que preguntarse por qué)... y paro el carro porque esto se está haciendo tremendamente largo. 

Resumiendo, una oportunidad inmejorable para conjugar lectura, aprendizaje y justicia social, de la mano de Pedro Quílez, la Asociación Palin de Creadores y Ediciones Dokusou.

martes, 29 de septiembre de 2020

La Biblioteca: Memoria de la Humanidad, Julián Alarcón/Ignacio García (coordinadores) (La Biblioteca de Babel, de Jorge L. Borges, por una joven Aurora Carrillo)

 


Ayer, gracias al trasiego de libro para acá, libro para allá en que vivo estos últimos días llegó a mis manos un tesoro que no recordaba y que me hizo muchísima ilusión encontrar. Se trata de La Biblioteca: Memoria de la Humanidad, obra pergeñada y editada por D. Julián Alarcón (mi profesor de literatura de 3° de BUP) y D. Ignacio García (no fue profesor mío pero lo recuerdo, de cruzarnos en los pasillos, siempre con gesto amable y una sonrisa en la cara) donde se incluyeron textos de alumnos en relación a la temática de las bibliotecas y donde tuve el honor de participar con un pequeño escrito (no sabría cómo llamarlo, la verdad) sobre La Biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges. Fue publicado en el año 2000 aunque, si la memoria no me falla, yo debí de escribir el texto en algún momento del curso 1997-98. Que sensación tan extraña la de encontrarte a tu yo de 16 ó 17 años ya devota del mundo de las letras. Qué simplicidad, qué candor, qué idealismo, qué ingenuidad. Espero sean benevolentes y lean con indulgencia los deslices provocados por las carencias de la juventud. Ojalá pudiera mostrárselo como lo leen mis ojos y transmitirles la emoción que me provoca, pero es imposible. Por lo tanto, no me queda más que dejárselo en las siguientes líneas tal y como aparece publicado:

"LA BIBLIOTECA DE BABEL, Jorge L. Borges.

Borges es un autor que escribe de manera bastante difícil de comprender, utilizando, a veces, términos excesivamente cultos que no todo el mundo es capaz de asimilar, a no ser que tenga a mano un buen diccionario.

En este relato, Borges nos presenta el universo como una gran biblioteca, infinita, interminable.

Esta biblioteca está compuesta de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación por en medio, cercados por barandas bajísimas. En esta biblioteca existen millones y millones de libros. Esos libros somos los seres humanos. Hay también un espejo y, al reflejarse todo sobre ese espejo, algunos piensan que la biblioteca –el universo– es infinita. La luz que la ilumina es insuficiente, incesante, como quizá son los conocimientos que poseen los hombres. Éstos peregrinan toda su existencia en busca de un libro, acaso al catálogo de los catálogos, que tal vez encierre todos los misterios de la vida y nos enseñe cómo vivirla. Pero esa búsqueda nunca consigue su fin: el hombre muere antes de saber realmente lo que es la existencia, a poca distancia del lugar –en esta biblioteca– donde nació.

La razón de que las salas sean hexagonales es porque la figura del hexágono es una forma necesaria del espacio absoluto, con número de lados par y con base de apoyo firme, lo que indica seguridad. Las barandas bajísimas que cercan los pozos encierran tal vez el significado de la intangibilidad de lo humano, que no puede encasillarse ni meterse dentro de unas absurdas barreras estereotipadas que no conducen más que a una absoluta pérdida de tiempo para el hombre. Éste posee una creatividad, una capacidad de parir ideas, seres imaginarios, como el dios que creó nuestra biblioteca.

Otro punto sobre el que trata el relato es de las posibles combinaciones de los símbolos ortográficos existentes.

Sobre el número de signos que él da, veinticinco, se podría conversar durante un buen rato –acaso hasta la eternidad–, pero lo cierto es que resultaría muy aburrido y monótono, y no llegaríamos a ninguna conclusión definitiva. Lo importante de esto es que en esas probables combinaciones radica la esencia del título de la narración La Biblioteca de Babel. Jugando con las distintas letras, símbolos y demás componentes de la ortografía universal, aparecen los variopintos idiomas, dialectos y formas de lenguaje del mundo. Por eso hay volúmenes y manuscritos de caligrafía incomprensible, desordenada y, a nuestro parecer, sin sentido. Pero en realidad todos lo tienen.

Otro de los temas de este corto –pero a la vez de infinita posibilidad de reflexión– relato es que no hay dos libros en la biblioteca que sean completamente iguales, como ocurre con los seres humanos. Por ello cada libro, al igual que cada hombre, tiene su importancia en el universo. No se deben hacer especulaciones ni estériles hipótesis, como durante siglos han llevado a cabo algunos fanáticos, sobre qué clase de libros o de personas son los mejores, y mucho menos pensar en la más remota posibilidad de prescindir de ellos. Cada obra y cada hombre tiene su propio contenido, su propia esencia, y eso es imprescindible para el conjunto del que forma parte.

Debe ser un orgullo para todos pertenecer a la biblioteca infinita, tener el don de la razón, el conocimiento y una cierta sabiduría, como los libros; éste es un tesoro que todos poseemos. Pero, no se sabe si por suerte o por desgracia, no está todo escrito en los libros. El origen del universo y del tiempo es algo que nunca quedará definitivamente aclarado y ésta precisamente será la ocupación in aeternum de cada ser humano que escribe su página en el libro de la Historia. Para dilucidar todo esto habría que recurrir a la figura del Hombre del Libro, el compendio perfecto de todos los demás hombres. Pero también resulta excesivamente dudosa su existencia, y habría que consultar cada libro y a cada hombre para averiguar dónde están y si realmente existen el completo honor, la sabiduría y la felicidad.

Para casi finalizar, habremos de decir que condición humana es errar y, como son humanos los que escriben los libros, éstos pueden ser imperfectos, incoherentes y, a veces, contener disparidades incontables. Borges alude también a que los libros son la mayor parte de las veces mal utilizados por los jóvenes, que se los estudian y se los aprenden sin saber siquiera descifrar su significado.

Y ya por último, volviendo al punto que anteriormente hemos tratado, sobre si todo está escrito en los libros, ¿no sería preocupante y quizá amedrentador el que lo estuviera? ¿No constituiría nuestro destino reflejado sobre un papel una sombra fantasmal que nos perseguiría, impidiéndonos disfrutar de las cosas buenas de nuestra condición humana? Pues, por eso, ¡ánimo, a leer, para intentar solucionar tanto enigma!


Aurora Carrillo García, 3º B"

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...