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domingo, 28 de marzo de 2021

Revolución, Cantabella & Cantabella

 

Poesía es Revolución.

Revolución es el golpe del verso

en el hombro del oprimido.

El pueblo es Revolución.

Llenemos las urnas con los poemas

que contienen nuestros gritos.


Así reza el poema XV de Revolución (Raspabook, 2014), obra que aúna dos lenguajes muy diferentes pero absolutamente compatibles: el de la palabra y el de la imagen, el de los versos bellos, sencillos y transparentes de José Cantabella y las vallas publicitarias, con mensajes abrumadores, de Carmen Molina Cantabella, con un objetivo complejo pero muy loable: mostrar su disconformidad con el mundo detestable que les rodea, su preocupación por lo social y por la corrupción política que campa a sus anchas en absolutamente todas las instituciones, adentrándose de lleno en el concepto social del arte y la literatura como “sacudidores de conciencias”.

Nos cuenta Pascual García en el prólogo (magnífico prólogo; no podía ser de otra manera) que la inspiración de los versos de Revolución proviene del 15M, allá por 2011, cuando un grupo de ciudadanos, impulsados por el hastío ante la situación política del momento (deleznable, deplorable), y con la esperanza de generar vientos de cambio y tener alguna posibilidad de futuro, salen a la calle y acampan en las plazas de muchas ciudades españolas, ocupándolas de manera pacífica pero rotunda, “dispuestos a poner en entredicho el sistema”, a hacerse ver y oír, y a provocar cualquier modificación en la escombrera ética de la política española.

En el primer poema, José Cantabella nos cuenta que «Amanece en la ciudad/ tomada por los insurrectos» mientras, en la página contigua, la valla publicitaria nos muestra la imagen de una mujer con los ojos vendados. Así, ese amanecer sería la metáfora perfecta del despertar de la conciencia ciudadana. Sigue, en el segundo poema, contándonos que ese amanecer-despertar es distinto, «y que la luz/ va a cambiar la bella,/ y olvidada ciudad que otros/ han ido saqueando impunemente» (y esa ciudad no es otra que su mítica Recuerdo) y, más adelante que «podremos/ muy pronto, caminar juntos, Revolución,/ por las calles liberadas/ de tu ciudad triunfal.» Indignación, lucha, fraternidad y esperanza pondrán la música a los versos del poeta, que aportarán (al mismo tiempo que la reciben) fuerza a imágenes de ciudadanos transformados en caballos salvajes, obviamente domesticados y atemorizados por los esbirros de los poderosos (imagen titulada “La libertad no es para siempre”), de antidisturbios golpeando a una hilera de pingüinos (titulada “Reformas”) o de ruedas de reconocimiento integradas por “Partidos políticos y otras peligrosas bandas”.

Sin embargo, el componente político y social no es el único presente en la obra, pues muchas de las líneas de la misma nos cuentan una bella historia de amor que discurre paralela a la reivindicación:

«... tú, mi dulce amiga, Revolución, solo puedo susurrar unas breves palabras que como el rumor de ese mar verde de tus ojos, suena así: “Gracias, y te amo tanto”.»

«Revolución, mi dulce amada,/ tienes bellos pensamientos/ entre tus manos blancas...»

Pero, ¿no es el amor la más dulce y fogosa de las revoluciones? ¿Son acaso Revolución y amor una misma cosa?

La Revolución (siempre en mayúscula), el amor (o una combinación de ambos) y la ciudad son los protagonistas reales de esta obra, cuyos hermosos versos se funden en un poderoso abrazo con la iconografía valiente, rebelde, transgresora, de Carmen Molina Cantabella, creando un conjunto donde la belleza, la fuerza y la sensibilidad conquistan, a partes iguales, el espíritu lector.

sábado, 27 de marzo de 2021

Los sueños cotidianos, José Cantabella


 

Que tú eres poesía,

solo lo sabemos nosotros dos.

Nada importa que ellos

digan que eres narrativa,

ensayo o teatro.

Qué sabrán ellos de literatura.

¿Acaso conocen de tus besos?


Estas preciosas líneas pertenecen a “Poesía”, uno de los poemas que integran Los sueños cotidianos, el segundo poemario de José Cantabella, que vio la luz en 2011 bajo el sello de Azarbe.

El primer poema del volumen, “Escribidores”, es ya toda una declaración de principios: «El que se sienta poeta/ que escriba el primer verso:/ su primer poema./ Y si nada en el mundo se inmutara,/ que entonces lea,/ lea,/ lea...». El interés de Cantabella por la lectura queda claro y, la consideración de esta como un requisito para obtener el poema deseado, también. En “Es-critor-es” vuelve a hablarnos sobre lo difícil de la creación y la escritura (él no se considera poeta) y en “Éxito” confiesa con humildad los esfuerzos de superación y su alegría ante (a sus ojos) sus modestos logros: «...he llegado yo/ mucho más allá/ de lo soñado./ Por ello/ doy las gracias»

Los sueños cotidianos, como lo que hasta ahora he tenido la oportunidad de leer de este autor, es una obra sobre la vida, donde los recuerdos y el amor (y el erotismo), las anécdotas y las experiencias se entremezclan de forma magnífica con atractivos juegos de palabras que llenan los ojos lectores de versos sencillos y hermosos. La muerte, como parte de la vida, tiene también cabida entre sus líneas, concreta y explícitamente en “Si es que algún día muero”, una de las piezas más bellas del poemario, donde la voz del poeta vuelve a la naturaleza y a sus orígenes: «Búscame allí,/ en aquel humilde lugar que un día/ fue mi casa,/ donde mi padre plantó/ aquellos árboles». En “Las gredas de Bolnuevo” y “La aurora” podrá el lector apreciar cierta melancolía por el paso del tiempo que todo lo hace desaparecer. En otras ocasiones, es el humor el que sazona sus versos, como en “Jonás”: «De ti ya nada creemos, Jonás,/ pero gracias te damos/ por inventar la literatura fantástica», o incluso en su reinterpretación de “Blancanieves”.

“La Cala de Calnegre”, “De amores”, “Lonja del amor”, “Obama y tú” y algunos otros poemas de la obra versan en torno al amor, pero este elemento adquiere especial intensidad en “El infierno tan querido”: «... y nos besamos, como solo nosotros/ sabemos besarnos». Sin embargo, son los versos de “Amantes prohibidos, prohibidos amantes” los que quizá más me hayan impactado de todo el poemario. En ellos, el poeta nos traslada su observación de una pareja que, en otro tiempo enamorada, «ya no esconden el fuego/ que les ardía bajo el pecho» pues «ya se apagó la hoguera» y ahora «ni siquiera se miran». «¿Cómo puede, el amor, ignorar su pasado?», se pregunta el observador, probablemente incrédulo.

No me queda más que invitarles a disfrutar de la lectura de una obra en la que, una vez más, José Cantabella contempla el mundo con ojos atentos, limpios y serenos, y nos lo regala en versos que susurran a gritos su sencillez y su belleza.

martes, 12 de enero de 2021

Cuaderno de Ibiza y otros poemas, de José Cantabella

Entonces,
como si nada, como si todo, 
nacieron los poemas para este Cuaderno,
que a veces te reclaman a gritos,
otras veces, en silencio, 
pero siempre reclamada, 
porque saben que sin ti
no serían.

Con esos versos del poema "Uno" José Cantabella nos revela ya el catalizador de la génesis creadora de su Cuaderno de Ibiza y otros poemas, su último poemario, que vio la luz a finales de 2018 bajo el sello de MurciaLibro. Dedicado por entero a Carmen Cantabella, su esposa, es otra muestra más de la importancia del Amor (así con mayúsculas, como lo escribe él en su dedicatoria) en la vida del poeta.

La obra se divide en dos partes. La primera, "Cuadernos de Ibiza", consta de veintiocho textos breves hilados con versos disfrazados de prosa, en donde el autor se despoja de todo para narrarle al lector, con esa mirada suya tan característica, limpia e inocente (aliñada con ciertas pinceladas de pasión erótica) su viaje y estancia en la isla bonita, conectados siempre al desarrollo de una historia de amor que parece que llegó para quedarse. Ambientación ibicenca, sus calles, sus playas y sus cielos como escenario de miradas, besos y caricias que le colman el alma, y que el lector es capaz de sentir como suyos.

La segunda parte, "Otros poemas", es una recopilación de textos en verso o en prosa de temática diversa. Amor, miedo, pintura, literatura ("El milagro del poema" es un ejemplo bellísimo de su estima por las letras) generan toda una serie de sentimientos esculpidos en tinta que merece la pena disfrutar. 

En definitiva, emoción, pureza y elegancia se dan la mano para dibujar los contornos de la intimidad más íntima del poeta. 

Os dejo uno de mis fragmentos preferidos: 

"Todas las noches, desde nuestro balcón vemos cómo la luna mira el castillo con ojos de enamorada, y el otro le devuelve la mirada con gesto idéntico, porque todas las noches la luna quisiera bajar, salvar la muralla para besar el castillo y sellar ya para siempre este pacto de amor que tiene a la isla encantada." (p.40)

domingo, 10 de enero de 2021

Poemas de amor, de José Cantabella


 

... voy a grabar tu nombre con mis ojos

en el pétalo fresco de una rosa;

luego, voy a lanzarlo

con todas mis fuerzas, decidido,

para que la suave brisa

lo lleve hasta tu corazón...


Esos versos, del poema titulado “Primavera” son toda una declaración de intenciones y revelan, si es que acaso el título dejaba algún lugar a la duda, el tema en torno al que gira Poemas de amor, de José Cantabella, publicado en 2014 bajo el sello de Azarbe.

Obra breve pero inmensa en cuanto a sus repercusiones en el alma lectora, que es, al fin y al cabo, lo que a esta servidora más le importa. Diecinueve poemas repletos de una de las emociones más humanas, porque, como dice el autor, “¿acaso hay un lugar/ donde el amor no prenda?”. Volvemos en esta obra a encontrarnos a un autor cuyas mejores armas son el verbo llano (que no simple) y la recreación en tinta de imágenes de una sencillez y una verdad casi turbadoras. Sencillez y naturalidad para escribir sobre el amor, ese ente indefinido y complejo que todo lo trastoca, y que llega cuando y de donde menos lo esperas. Atrevánse a leerlo y a decir que no se ven reflejados en la gran mayoría de versos.

Que Cantabella sea su apellido es algo casi profético, porque el autor canta, de una manera bellísima, al amor en todas sus facetas. No solo al amor romántico, sino también al amor a la vida, como puede verse con claridad en el poema “El saludo de la vida” (p. 31):


“Tal vez sólo sea

que ya ha amanecido,

y, la vida venga a saludarme, un día más,

a ungir sobre mi frente

su preciosa luz de oro”


No se olvida tampoco de su amor por la literatura. Un poema en memoria de Alejandra Pizarnik (“El silencio de las carolilas”), otro de homenaje a su admirado Cortázar (“Poema de Horacio Oliveira”), y estas líneas repletas de ternura así lo atestiguan ( “Algunas palabras”, p.19):


“Cuando tengas frío,

llevaré, solícito,

miles de libros de poemas

al pie de tu cama.

Nada da tanto calor

como las palabras, vida mía;

ni siquiera

un cuerpo como el mío.”


No falta en el poemario algún rastro de tristeza o melancolía, relacionados con la pérdida o la fugacidad ocasional del sentimiento amoroso, pues también los grises forman parte de la paleta de colores del amor, pero incluso esos grises los acaricia con grandeza y templanza (“La fugacidad del amor”, p. 35):


“y lo fijo con la tinta que es mi sangre,

que siempre, mujer, te amaré,

aunque nunca jamás sea tu dueño.”


Amor del bueno, del que todos alguna vez hemos soñado, pasión ardiente capaz de fundir el hielo del “Ártico” (p.17-18):


“Yo también quiero

acercarme a ti, dócil, y hallarte deseosa,

cuando esta noche

en nuestro lecho íntimo

frotes

con tu lascivo dedo índice

tu ardiente clítoris.”


“...cuando recorres

con tu adorada lengua mi sumiso cuerpo,

y llegas, feliz, ardiente, pura,

hasta mi sexo también encendido.”


Diecinueve poemas donde la serenidad y la mesura del poeta bailan un tango “apretao” con el fuego del sexo que arrasa a su paso. Del gris ceniza al rojo sangre de un corazón que late para obsequiarnos en tinta con la rotundidad de estos versos:


“Te amo.

¿Cómo no amarte?”







Afán de certidumbre, de José Cantabella.


 

Que nada me robe

los momentos de dicha

que me otorga el maravilloso elixir de la poesía

cuando leo unos bellos versos

sentado en un banco de la plaza solitaria,

en unos momentos en los que me hallo sólo

ante mis miserias y mi grandeza.


Comienzo esta entrada con los versos centrales del poema “Felicidad”, una de las treinta y cinco composiciones que dan vida a Afán de certidumbre, primer poemario publicado de José Cantabella. Leer la poesía de este autor es precisamente eso, experimentar unos instantes de “dicha” que protegen contra las tormentas de incertidumbre que azotan el mundo, por fuera y por dentro. Son un remanso afable de letras, un refugio amable que conjura la zozobra.

Si en el relato Cantabella mezclaba lo cotidiano con lo fantástico o lo extraordinario, me atrevería a afirmar que el pilar que sustenta su poesía es la realidad, el hambre de momentos del día a día, el anhelo y los sueños de andar por casa, y alguna melancolía acostumbrada. Se insinúa en los versos del poeta un alma sensible a la que sorprende cada mañana la posibilidad de ser feliz (“Nuevo día”), un alma que celebra el amor (“Celebración del amor eterno”) o las gotas de lluvia al caer (“Lluvia”). Se plantea incluso el difícil reto de armonizar los tiempos del amor y la literatura (“Pacto”). Y me ha ganado para siempre al cuestionar, en “No más cuentos”, el papel de víctima de Caperucita, pues a mí siempre se me figuró un cierto deseo de la chica encapuchada de que se la comiera el lobo (“Perdona el atrevimiento, Caperucita,/ pero no me creo tu cuento.”)

Cantabella construye Afán de certidumbre con un lenguaje sencillo que provoca una conexión inmediata con el lector, que podrá reconocerse sin dificultad en más de una línea del poemario. Es quizá esa sencillez, esa ausencia de artificio, la que aporta luz a los poemas, incluso en los matices tristes; una naturalidad que destila emoción por cada uno de sus poros y nos regala notas de una música limpia, inocente y serena. Creo que es esa melodía apacible, sosegada, el nexo común, el pegamento que aglutina las diversas composiciones de la obra. Un poemario que gana a un tiempo fuerza y candidez con las ilustraciones (de Francisca Fe Montoya) que acompañan a los versos, aunque quizá lo que ocurre es que son parte de ellos. O el poeta dio instrucciones muy claras y precisas al respecto, o la ilustradora interiorizó a la perfección el alma de los poemas, porque el resultado es hermosísimo.

Y, aunque por motivos personales no puedo olvidarme de los bellos y enigmáticos ojos de Ariadna, les dejó este poema para que puedan comenzar a apreciar el brillo emotivo de la poesía serena de Cantabella:


TU NOMBRE


Algunos nombres

se difuminan con el paso del tiempo

borrándose para siempre,

creando a su alrededor

una impalpable cortina de humo

de la que jamás se liberan.

Sin embargo, otros

quedan grabados perpetuamente

como un tatuaje en la memoria

y son recordados a cada instante

en todos los momentos de la vida.






sábado, 9 de enero de 2021

Llegarás a Recuerdo, de José Cantabella


Me paso la vida imaginando cosas, inventando otras realidades que me acerquen a mí particular realidad, y que me hacen sostener con más dignidad mi feliz existencia...

Un lector que no puede esperar al lunes para adquirir una esperada novela. La carta de recomendaciones de una empresa de alquiler de amores. La insólita separación formal de un matrimonio para poder vivir juntos. Un anciano que, noche tras noche, marca el mismo número de teléfono anónimo. Las voces de los ciudadanos de la creando juntos, simultáneamente, el sonido de la ciudad. Un matrimonio de "bondades clásicas y costumbres más clásicas todavía" condenado por la Municipalidad a pagar un nuevo impuesto por hacer el amor dos o menos de dos veces al mes. La mujer que cruza por fin a la acera de enfrente y entra en un sex shop. Escribir y escribir sin parar sin dejar de pensar en unos ojos tristes que un día encontró el autor por casualidad. Descubrir el motivo del silencio de los perros que guardan la hacienda. La búsqueda de un gato blanco. Un extraño e imaginativo juego en un supermercado. La sabiduría de un librero. Una cena con resultado inaudito que pone fin a la monotonía de la vida de una pareja. "La venturosa jornada cotidiana del que llaman un hombre raro". La peculiar orgía de fin de semana de una horda de intelectuales primitivos. Habitar dentro de un tiranosaurus mientras se lava el coche. El ajusticiamiento de una parricida. La desternillante lectura del prospecto de un marido. La tragedia más profunda de una ensoñación erótica. La carta de una hija a su madre y su desolación por no haber sido elegida como esposa del heredero a la corona. Un desasosegante sueño navideño. Un funeral anónimo. El texto más corto para el día más largo. La carta de un tío a su sobrina donde le comunica su intención de ser un afamado literato.El inesperado final de un bedel que sueña ser novelista de éxito.

Veinticinco relatos que nos muestran cosas que solo podrían ocurrir en la "bella y olvidada ciudad de Recuerdo", donde solo se puede llegar, según el autor, "en un estado de ánimo diferente, un estado alterado". Una ciudad donde se superponen las realidades unas a otras, donde lo cotidiano y lo fantástico o lo extraordinario se sientan juntos a tomar café. Una galería de personajes amplia y variada cuya actriz principal es, sin duda, la ciudad de Recuerdo. Diferentes formas de enfocar la narración, originalidad, ironía, sarcasmo, humor, erotismo.... De nuevo, desconcertada por los relatos de este autor.

miércoles, 6 de enero de 2021

Historias de Chacón, de José Cantabella


 Poliédrico

Érase una cara que a cada gesto cambiaba. No era nunca la misma, de un perfil que del otro, de frente, una cara que a cada movimiento cambia, cuando habla, cuando ríe o cuando absorbe el humo del cigarro o cuando escribe. Cuántas caras tiene el escritor, que cada palabra que escribe, que a cada gesto va cambiándole la cara que es el espejo de su obra.

Así creo yo que es Chacón, cuyas historias nos relata José Cantabella en esta obra, un poliedro de innumerables caras que lo mismo pasea reflexionando sobre asuntos tan trascendentales como el paso del tiempo y la muerte, que recuerda de repente que la noche anterior estuvo poblada de sueños eróticos con su compañera de trabajo, que anuncia la apertura del plazo de matriculación en la Escuela Oficial de Idiotas. A Chacón lo conocimos en el relato “Fidelidad”, en Amores que matan, como el aburrido oficinista cuya imaginación volaba mientras leía la sección de contactos de un periódico. También en aquella primera obra nos presentó Cantabella la “bella y olvidada ciudad de Recuerdo”, por donde transita nuestro personaje y cuya configuración se asemeja bastante a la ciudad de Murcia, una ciudad inusual donde los escritores pueden bajar a un kiosko a comprar palabras o ideas. Chacón es la pasión por la literatura (más claro, y agua), la ambigüedad, la sátira (en alguna de estas páginas sigue recordando a los Literators, y no puedo evitar que se me escape la sonrisa pensando en ciertos individuos que, en secreto, podrían pertenecer a esa especie). En el día a día de Chacón (¿cuánto tendrá este carácter de autobiográfico? Me temo que no lo sabré nunca) se mezcla lo ordinario con lo insólito, transitando de lo uno a lo otro de manera sutil y a veces imperceptible. En estas 114 composiciones, el autor nos muestra con pinceladas difusas trazos fugaces de su alter ego literario, que ama sin duda a Cortázar y a otros tantos (los nombra directamente o alude a ellos mediante algún detalle en las composiciones). Un individuo meditabundo y hastiado en ocasiones que muta en pura socarronería o en asombrosa pachorra (“Cuando por fin Chacón encontró el punto G, Angélica Brown llevaba ya dormida un buen rato”).

Notas, apuntes llenos de ingenio y acrimonia. Interesante la forma en la que juega con las palabras. Un poco desconcertante.

Y ya para terminar (soy una viciosa, lo sé y no lo puedo ni lo quiero remediar), lo que me quedo para mi colección:

Pascual García

A Francisca Fe Montoya que vela sus sueños

Los que viven como Chacón para merecer la muerte nunca sabrán cual de los personajes que deambula por el mundo hostil de los libros del escritor de Los Olmos es realmente el intruso, pues esos individuos no creen en el bálsamo del tiempo, quizás solo sean voces y gestos creados para vengarse de tanta soledad o tal vez nada más que seres creados para que nunca olvidemos su nombre.


Toda novela

A Rubén Castillo

El lector es la esposa del novelista, el personaje principal es su amante, mientras que el lenguaje que utiliza es la prostituta con la que se pervierte.


martes, 5 de enero de 2021

Amores que matan, de José Cantabella


 

Escribir es el arte de arrancar los demonios de adentro.

Comienzo con una de las frases que se me ha quedado enganchada en el pensamiento desde que he acabado de leer Amores que matan (Nausícaa, 2002), primera obra publicada de José Cantabella. A ciertos versos de este autor llegué de manera poco ortodoxa; no confesaré cómo, pues hasta mi yo más descarada se sonroja, pero sí diré que fue la entrevista que Pascual García transcribe en Palabras y café con escritores la que me incitó a buscarlo y leerlo con detenimiento.

Una enigmática niña que pasea por el cementerio durante el entierro de un escritor. La angustia de saber que “no siempre es buen momento para abrir una puerta”. La dramática dicotomía entre el hombre y el escritor en las frías tardes de un invierno gris. Un intento de exorcismo literario. El nacimiento de una terrorífica nueva especie: los Literators (sátira en modo on: “no son tan leídos como sospechábamos”, p. 26).Un idílico regreso a la infancia rememorando los ojos de una hermana de imaginación desbordante. El revelador recorrido de un individuo desde su casa hacia una cena de amigos. El momento mágico en el que se toma la foto de una hermosa mujer a principios del s. XX. El placer erótico que en ocasiones proporciona la lectura. La literatura y el “látigo sigiloso” de las palabras como armas contra la mediocridad. La bizarra historia de amor entre un hombre y un cajero automático (dedicada al enorme Pascual García). Un encuentro onírico con el gran Cortázar. El inaudito cuento sobre la enfermedad del amor. Las tribulaciones de un aburrido oficinista mientras devora la sección de contactos de un periódico. Un programa de libros con alas de plata (dedicado a un lector sublime) que no encuentra su hueco en la parrilla televisiva. Conferencias saboteadas por un Grupo de importantísimos elegidos. El editor que espera en su despacho a que un joven escritor le entregue el manuscrito original de su primera novela. Una familia que, rauda, presta su ayuda para salvar el decoro de un escritor. Un vampiro que, inopinadamente, descubre su condición y decide disfrutarla. Conocer a alguien en otra vida. Una mujer que se masturba en su salita viendo películas pornográficas. Y “un niño que no quiere y se niega de por vida a crecer”.

Veintidós relatos que ponen de relieve el incuestionable amor de José Cantabella por la literatura, a la que llegó de forma tardía pero que lo acogió con los brazos abiertos. Veintidós cuentos exentos de artificio donde se percibe la humildad de un autor que admira sinceramente a otros autores de la talla de Eloy Sánchez Rosillo, Pascual García, Rubén Castillo, y el enorme Cortázar. Páginas donde el mundo exterior y los sucesos que en él acaecen pierden importancia (“como si eso tuviera la menor importancia”, repite varias veces el escritor a lo largo de la obra) frente al grandioso poder de la imaginación mientras el narrador mezcla “indisolublemente lo real con lo fantástico”. Historias y personajes que se mueven rozando los márgenes de la irrealidad, del vértigo, envueltos en un aura de enigma irresoluble. Ironía, sarcasmo y erotismo exento de vulgaridad. Lecturas, en definitiva, interesantes.

Os dejo algunos de los fragmentos que coleccionaré en mi álbum:

“una ciudad olvidada llamada Recuerdo” (p. 17)

“Escribir es atar el tiempo.” (p. 21)

“Escribir es arrancar la vida rota.” (p. 22)

“... me preguntaba quién puede dominar los sonidos que oímos a través de la lectura, las músicas tan sonoras que hacen sentirnos irremisiblemente sometidos a los múltiples placeres que seguían invadiéndome...” (p. 45)

“... las papilas se enriquecían con los giros lujuriosos de la escritura...” (p. 45)

“... para acabar por fin de no entender a través de las palabras innecesarias.” (p. 59)

“... lo esencial es precisamente lo que se fuga.” (p. 61)




Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi ...