sábado, 11 de enero de 2025

Los guardianes del libro, de Geraldine Brooks


Desde mediados de abril de 1992 hasta finales de 1995 el territorio que hoy conocemos como Bosnia y Herzegovina fue escenario de una cruenta guerra resultado de una complicada y peligrosa combinación de factores políticos y religiosos. Como siempre digo, y aplica desde el principio de los tiempos, estos no han dejado de ser nunca más que subterfugios que ocultan los delirios megalómanos y las ansias de poder de unos pocos. Hablar de la guerra de Bosnia es imposible sin recordar la matanza de Srbrenica, el último genocidio en suelo europeo, la mayor masacre en el viejo continente desde el Holocausto: 8372 personas de etnia bosnia musulmana fueron cruelmente asesinadas por los nacionalistas serbios ante los ojos del mundo. Limpieza étnica. Exterminio. Para acabar con un pueblo es necesario acabar con su legado, con su cultura, con su identidad. Desde el incendio de la Biblioteca de Alejandría ha sido así. Tres mil años de destrucción de libros y otros bienes culturales para tratar de borrar de la faz de la Tierra la semilla que los generó. Memoricidio se llama. Bombas incendiarias de fósforo destruyeron la Biblioteca de Sarajevo, la Jerusalén de los Balcanes (incomprensiblemente, la orden de lanzarlas fue dada por un profesor de literatura especializado en Shakespeare). Muchos ciudadanos arriesgaron sus vidas para salvar lo que pudieron de aquellas ingnominiosas bombas. Una de las joyas que se salvó de la destrucción del Museo Nacional de la capital bosnia fue la "Haggadah de Sarajevo", una obra maestra del arte sefardí, un libro manuscrito usado en la Pascua Judía (Pesaj), y en torno a ella gira el argumento de la novela que acabo de terminar. 

Los guardianes del libro (Círculo de Lectores, 2008), de Geraldine Brooks, ha sido una novela que me ha enganchado desde el principio. En las primeras páginas, la autora nos presenta a su protagonista, la Doctora Hanna Heath, especialista en el estudio y la conservación de manuscritos medievales. Una madrugada cualquiera de 1996, recibe la llamada de un colega israelí, anunciándole la aparición de la Haggadah de Sarajevo, antíquisimo manuscrito en paradero desconocido desde la guerra de Bosnia. Cuentan con su profesionalidad y experiencia para verificar su autenticidad y realizar las tareas necesarias de conservación de la obra. Sin pensarlo dos veces, Hanna viajará desde Australia a Sarajevo, donde su carácter sensible acusará el golpe de percibir la tensión y el dramatismo de la posguerra, así como las heridas infligidas por esta en la ciudad y en las almas de sus habitantes. Allí se enterará de que fue el kustos del Museo Nacional, Ozrem Karaman, quien arriesgó su vida para salvar la Haggadah, y establecerá una relación especial con él. Con tanta emoción como profesionalidad, Hanna estudiará cada aspecto del manuscrito y reparará lo justo y necesario para que este no pierda ni su esencia ni su historia. Hallará entre los antiquísimos pergaminos ciertos elementos que ayudarán al lector a determinar su origen. Un fragmento de insecto, unas perforaciones que debieron haber albergado herrajes, unas manchas y un pelo permitirán a la imaginación lectora recorrer la ruta recorrida por la Haggadah y las vidas de quienes la crearon y la salvaron, pero en sentido inverso. De la Bosnia del 96 viajaremos en el tiempo a la Bosnia de 1940. A la Viena de finales del s. XIX. A la Venecia de principios del s. XVII. A la Tarragona de 1492 y a la Sevilla de 1480. En paralelo a la trama de la Haggadah, Geraldine Brooks nos irá desvelando aspectos de la vida personal de Hanna y de su peculiar relación con su madre, que se verá alterada por ciertos giros que la cambiarán por completo. ¿Logrará Hanna recomponer el puzle de la historia de la Haggadah, la de sus creadores y salvadores? Pero, ¿está realmente a salvo? Para saber, tendréis que leer.

En Los guardianes del libro, Geraldine Brooks utiliza una técnica narrativa dinámica e interesante a mi juicio. Los capítulos dedicados al tiempo presente están contados en primera persona por Hanna, lo que crea un vínculo casi inmediato con el lector. Los pasajes dedicados al pasado y a la propia historia de la Haggadah y las personas que tuvieron relación con ella, en la voz de un narrador omnisciente, están magníficamente ambientados histórica y socioculturalmente. Son un recorrido a través del tiempo que refleja los distintos contextos en los que habitó el manuscrito, unidos por algún nexo común como el sufrimiento y la intolerancia que han azotado a la humanidad por los siglos de los siglos. La narrativa, llena de suspense de principio a fin, estimula la curiosidad del lector y apela, sin duda, a sus emociones. La protagonista es algo fría al principio por motivos que se descubrirán después, pero la autora hace uso del recurso de los recursos: el amor, para aportarle un poco de calidez y algún revés a la trama. Si os gusta la historia, el suspense y los buenos ratos de lectura, ya sabéis, a por ella. 

lunes, 6 de enero de 2025

Calles de Chatarra, de Alberto Guardiola


Los que me conocéis o me seguís desde hace tiempo sabéis que, aunque disfruto de todo tipo de lecturas, mis géneros predilectos son la fantasía y la novela negra. Por eso, cuando encuentro un autor o una obra que combina ambos, mis expectativas son altísimas. En el caso de la novela que acabo de terminar, una distopía fantástica combinada con un negro muy hardboiled, debo decir que las ha superado con creces. Me ha enganchado tanto que me la he tenido que beber a tragos largos. 


En Calles de Chatarra (Palabras de Agua, 2013), Alejandro Guardiola construye un escenario distópico y totalmente ficticio conformado por diferentes "polis" diseminadas por el territorio y bastante aisladas entre ellas. Estas polis están habitadas por humanos e inhumanos, que han vivido durante décadas en una paz tensa tras los acuerdos alcanzados tras la gran guerra que estuvo a punto de destruir su civilización. En el prólogo, el autor nos muestra a un matrimonio que discute a grandes voces pensándose aislados de sus hijas por el volumen de la tele. Nadia, la mayor, e Irina, la pequeña, oyen la discusión entre sus padres y, mientras Irina se come la cena para que no se enfaden más, Nadia la rebelde se niega y acaba castigada en su habitación. «Me da igual que venga un hombre del saco y me coma...porque no existen». Eso grita la ofuscada Nadia. Esa misma noche, Irina se despierta por unos ruidos en la cama donde duerme su hermana mayor, y es testigo, muda de terror, de cómo esta es devorada por el monstruo que más niños ha asustado. La trama comienza aproximadamente veinte años después con una Irina Gryzina ya adulta que, como detective del Departamento de Inhumanos de la polis de Semura, encabezará la investigación del homicidio de una ninfa, crimen que pondrá en riesgo la paz cogida con alfileres en la que viven humanos e inhumanos. Sin embargo, alguien intentará boicotear a Irina y poner piedras en su camino para que no avance en su investigación. Por otro lado, Mark Hombre del Norte, un troll que acaba de regresar a Semura tras veinte años de ausencia, buscará ajustar cuentas con el mafioso responsable de la muerte de su padre, y no dudará en bajar hasta el mismo infierno para lograrlo. En paralelo, a modo de flashback, Alejandro Guardiola irá desgranando parte del pasado de Irina, aquel que la conecta con Mich, su ex-compañero, amigo, amante, el gran amor de su vida. Cadáver tras cadáver, la situación empeora, e Irina se encontrará en graves aprietos. El destino de Mark tampoco se presenta nada halagüeño. ¿Lograrán ambos personajes sus objetivos a pesar de los reveses que les tiene preparada la suerte? ¿Quién asesina a individuos y les destroza el cuello a dentelladas? Si os ha picado la curiosidad, ya sabéis...a leer. 

Fusionando con habilidad noir y fantasía, Alejandro Guardiola sitúa la trama de Calles de Chatarra en una localización desconocida para el lector, pero que bien podría coincidir con cualquier ciudad norteamericana de los años 30 aderezada con algo de tecnología: bajos fondos, líderes mafiosos, antros poco o nada recomendables, tráfico de drogas, alcohol, trata de humanas e inhumanas y toneladas de corrupción en todos los estratos de la sociedad. Con bastante tino e inteligencia, el autor mezcla los elementos típicos del hardboiled con demonios del pasado de los personajes, amores perdidos que siguen escociendo en el presente y racismo de ida y vuelta. Lo anterior, junto a la ambientación distópica y una galería de personajes sacados directamente de los cuentos de hadas, le hace marcar distancias con las clásicas historias de gangsters y policías. En definitiva, lectura muy recomendable, sobre todo si, como yo, sois amantes de ambos géneros. 


viernes, 3 de enero de 2025

Cáncer de alma, de Alberto Lozano


La banda terrorista ETA ha sido sin duda uno de los puntos más negros de la historia reciente de España. Desde 1958 a 2018, sus extorsiones, atentados, secuestros, tiros en la nuca, etc., sembraron el terror indiscriminadamente tanto en tierras de Euskal Herria como en otros muchos lugares de España. Como en todos los casos de terrorismo, su poder nació del miedo y del sufrimiento de millares de personas. Afortunadamente para todos, ese poder engendrado por la violencia ha quedado atrás y, desde principios del s. XXI, se observa la aparición de más y más obras literarias que de alguna forma retratan los paisajes del dolor y del odio, la bajeza y el lodo moral que enfangó a comunidades enteras, y los desgarros y secuelas que provocó en las víctimas. No será de extrañar que la temática etarra nutra las letras españolas en los próximos años, ya que es la literatura una excelente arma para conjurar el miedo e intentar evitar errores del pasado. La novela que acabo de terminar, que traza con bastante precisión el mapa del naufragio psicológico de un liberado de ETA, es buen ejemplo de ello. 

Cáncer de alma (Distrito 93, de Bunker Books, 2024), de Alberto Lozano Luque, es difícil de etiquetar en términos de género. ¿Mucho suspense y psicología dan como resultado thriller psicológico? ¿Si hay algo de investigación también le añadimos la etiqueta de novela negra? Ya sabéis que se me dan fatal las etiquetas, así que os recomiendo leerlo y elegir por vosotros mismos. En las primeras páginas de Cáncer de alma, el lector será testigo de la liberación de Víctor Argote, un escritor secuestrado por la banda terrorista y encerrado en un zulo dos años atrás. Algo sale mal durante la liberación, porque aparece la policía y se produce un tiroteo en los que salen malparados miembros de ambos bandos. Ya en el hospital, Víctor manifiesta su voluntad de hablar con el etarra convaleciente, sin explicitar por qué, pero antes de lograrlo, este muere. La vuelta a su casa, en Treviño, es complicada. La vida anterior parece de otro. Las pesadillas recurrentes no le dejan descansar. Elena, la psicóloga que le asigna el Estado español, intenta ayudarlo mediante terapia cognitiva conductual y, cuando comprende que esta no va a ser suficiente, tratará de convertirlo en onironauta (terapia en estado experimental que se basa en dominar los propios sueños lúcidos). Un viaje a Madrid por asuntos de negocios le vendrá de perlas para librarse de Elena y de la guerra contra las secuelas de su trauma, a la vez que le sumerge en una investigación a espaldas de todo el mundo. Negociaciones con grupos armados. Una novela de sospechosa autoría y otra sin terminar que podría contener la cura al cáncer que pudre el alma de la humanidad. ¿Qué será de Víctor? ¿Logrará retomar su vida en el punto en que la dejó? ¿Bailará con sus fantasmas? Para saber, tendréis que leer...

Suspense, acción, mentiras y manipulaciones, secretos, recuerdos, traumas, el pasado, un secuestro, violencia… serán alguno de los ingredientes con los que Alberto Lozano ha cocinado Cáncer de alma, combinándolos a la perfección con una intensa y completa trama psicológica. Los personajes, con personalidades muy definidas y complejas, están muy bien construidos en todas sus facetas. Las situaciones y reflexiones que plantea la trama constituyen el reflejo (bastante acertado) de las relaciones humanas, gobernadas por la codicia, el rencor, la venganza o el egoísmo en muchos casos. Además, es reseñable la calidad narrativa de la prosa del autor, que hace al lector disfrutar tanto del qué como del cómo. En definitiva, una lectura muy recomendable. Si podéis, echadle el guante. 

sábado, 28 de diciembre de 2024

Hija de la muerte, de Alba Cayuelas


Qué ocurre tras la muerte es una de las preguntas que más han espoleado la curiosidad (y quizá atribulado) de la humanidad desde el principio de los tiempos. Según diferentes tradiciones religiosas, entre ellas la cristiana, de la que principalmente bebemos en Occidente, todo se resume en una estancia eterna en algún Cielo o Infierno, y el ticket de entrada a uno u otro depende de ciertos criterios morales articulados básicamente en torno a la sempiterna dicotomía bien vs. mal. Lo cierto es que, aunque teológicamente no me interese en demasía, es un tema que da mucho juego a nivel literario, sobre todo en el terreno de la fantasía. La novela que acabo de terminar (y que me tiene intrigada hasta que salga la segunda parte) establece un curioso mecanismo mediante el cual los humanos efectuamos ese último viaje en compañía de unas figuras muy interesantes que combinan a la perfección su faceta humana con la sobrenatural. 

Hija de la Muerte (Knowmadas Books, 2024), de Alba Cayuelas, mezcla en una lectura muy entretenida fantasía urbana y romántica en una trama repleta de misterio y alguna pincelada de ironía. Su protagonista, Libby Skelett, es una joven que anhela cumplir los dieciocho para cambiar su vida radicalmente. No tiene nada realmente claro, con excepción de dos cosas: por un lado, es hija de la Muerte y, como consecuencia, desea alejarse completamente de su influencia y seguir su propio camino. Sin embargo, pocas veces los planes resultan como proyectamos, y la desaparición de su padre provoca tanto un cambio radical en sus planteamientos como el descubrimiento de que su existencia hasta la fecha no ha sido más que un cúmulo de mentiras o medias verdades. En lugar de la ansiada normalidad a la que aspira Libby, su horizonte futuro se plaga de incógnitas que irá resolviendo en parte conforme avancen las páginas de la novela. Con la ayuda de Ángel, personaje con el que sentirá una conexión tan profunda y sincera como imposible, una poderosa médium y una comunidad de Muertes (humanos destinados a acompañar a las almas en su ascenso al Cielo), averiguará que su mera existencia es un desafío a las reglas del Plan establecido y que, por más que se empeñe, no podrá cambiar su destino, pues este está escrito. Descubrirá también una posible red de intrigas y traiciones orquestadas para derrocar el Plan del Guardián, y conocerá el sentimiento más terrible e inevitable que padecen los humanos. ¿Cuál será? ¿Logrará Libby encontrar a su padre y despejar por fin todas sus dudas? ¿Será Libby una Muerte como su progenitor? ¿Encajará por fin en algún sitio? Si queréis saberlo, no os quedará más remedio que leer, puesto que yo no os voy a contar más.

Narrada a varias voces, que permiten al lector conocer la perspectiva de diferentes personajes, Hija de la Muerte amalgama los mejores ingredientes de una buena lectura para los amantes de la fantasía que se permiten disfrutar también de una dosis de romántica de cuando en cuando (ni os cuento ya si sois aficionados a la romántica). La trama es una excelente mezcla entre luz y oscuridad, y la ambientación es bastante potente también. Como os he dicho al principio, me ha enganchado tanto que estoy deseando que llegue la segunda parte para satisfacer mi curiosidad lectora. Si queréis disfrutar de unos ratitos de buena lectura, ya sabéis, a por ella.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Aurora no se durmió, de Judith Romero


Cuando era pequeña me encantaba que me contaran cuentos. Mi madre me enseñó a leer muy pronto y comencé a leerlos a una velocidad endiablada. Habitualmente me encantaban todos los que leía hasta que, no recuerdo a qué edad, me encontré con el de La Bella Durmiente. No sé si fue primero el cuento o la película de Disney, la verdad, pero no me convenció en absoluto. Una princesa que se llamaba como yo y cuya única gesta se resumía en pincharse con una aguja y dormirse todo el cuento hasta que el maravilloso príncipe azul venía y la despertaba con un beso. Pues no, oye, no me conformaba. Al menos que se raspara las rodillas o se llenara el vestido de barro, ya que se llamaba como yo. Siempre me pareció un cuento de lo más ñoño, y casi casi se había perdido en mi memoria, hasta cruzarme con la novela que acabo de leer. 

Aurora no se durmió (Knowmadas Books, 2023), de Judith Romero, es, en efecto, un fantástico (en todos los sentidos de la palabra) retelling de la historia que Walt Disney llevó a la pantalla allá por 1959. La introducción a la trama de Judith Romero comienza con la desdichada sentencia que las Hadas Supremas (máximo y único órgano de gobierno del mundo feérico) imponen a un hada y un humano que han transgredido sus ancestrales reglas de forma aberrante (según ellas, claro está). Una parte de esencia perdida, dos corazones rotos y una maldición que despertará a una criatura letal, la Durmiente. Un contrahechizo que logrará salvar a una criatura que no incurrió en culpa alguna, pero que condenará a un siglo de sueño al resto de su familia... Muchos años después, en Inveraray, Escocia, Aurora, una chica congelada en los 15 años a causa de una maldición, busca junto a sus tres tías hadas (Fauna, Flora y Primavera), la clave para deshacerla y despertar a su familia del sueño al que fueron condenados el día de su decimoquinto cumpleaños. Un buen día, el segundo reloj de arena de un amuleto –que hasta la fecha desconocía– se pone en marcha, y las tres hadas y Aurora, acompañada sin poder evitarlo de su mejor amiga Daracha, tendrán que viajar hasta otro enclave escocés para hallar a la segunda víctima de la maldición e intentar detenerla a tiempo. A partir de ese momento, el ritmo de la acción comenzará a ser frenético, pues no solo deberán convencer a la víctima y a su tío (un tipo de armas tomar) para que las ayuden, sino que tendrán que protegerse al mismo tiempo de criaturas sacadas directamente de sus peores pesadillas. El tiempo se agota, y aún deberán averiguar la identidad de la tercera víctima para que la maldición no sea irreversible y sus consecuencias nefastas. Mientras tanto, los ojos de Aurora se encuentran con el azul de los de Calem, que le van a descolocar todo lo que hasta ese momento creía seguro. El clímax del argumento tendrá lugar en el castillo de Glamis, un lugar repleto de mentiras, secretos y magia. ¿Lograrán detener a la Durmiente y romper la maldición? ¿Lo harán de una sola pieza? Para saber... tendréis que leer.

Judith Romero combina en Aurora no se durmió todos los elementos necesarios para poner en manos del lector una buena historia, y lo hace combinando con mucho acierto tradición y originalidad. Personajes muy bien construidos, un argumento sólido y, como no, la magia de las hadas que hechiza los ojos lectores desde la primera página. El personaje de Aurora vira maravillosamente de princesa durmiente a pelirroja guerrera en un mundo al que tiene que ocultar su realidad. No puede permitirse ciertas licencias que para el resto de sus congéneres son tan comunes, como por ejemplo enamorarse...Hasta que se hace inevitable. Quienes me conocéis sabéis que yo de literatura romántica, poco, pero he de reconocer que...bueno, no, mejor no, que esto se queda escrito. Solo diré que muy buen trabajo el de la autora en ese aspecto en concreto. Y la galería de personajes, ¡impresionante! Mi debilidad son los seres fantásticos de toda índole, así que ya podréis imaginar que he disfrutado como una enana entre hadas, elfos, hombres lobo, fantasmas y algunos más. Si os apetece un buen rato de lectura y magia, ya sabéis...

domingo, 8 de diciembre de 2024

Siervos de la guadaña, de Víctor Morata


Empiezo a escribir esta reseña y la primera palabra que me viene a la cabeza es SUERTE, así, con mayúsculas. Descubrir autores nuevos que superen con creces las expectativas iniciales es una suerte. Si encima el mago de la pluma es de tu tierra, la fortuna viene aderezada con una dosis extra de orgullo patrio del que no suelo hacer gala. Conocí a Víctor Morata el verano pasado en un evento literario, me pareció un escritor interesante y compré la novela que justo hace un rato que acabo de concluir. Repito, qué suerte la mía. Porque ya os digo que, a pesar de ser su opera prima, se nota a leguas en cada página que el autor lleva a sus espaldas muchas horas de vuelo, como lector y como escritor. 

Quienes me conocéis sabéis que las etiquetas de género se me dan regular (básicamente porque me dan bastante igual), pero, a efectos pragmáticos, podríamos encuadrar Siervos de la Guadaña (Amazon KDP, 2021) en el amplio espectro del thriller negro con trasfondo y tinte sobrenatural. Su protagonista se llama Eladio Jones, es inspector de policía en la población ficticia de Corralas de San Juan y, si hubiera que definirlo con dos palabras, esas serían CULPA y REMORDIMIENTO, hijas de un truculento pasado del que de ningún modo logra huir. Repudiado por sus compañeros de profesión (con motivos más que de sobra), se enfrenta al que probablemente sea su último caso, pues su "jubilación" (de una manera y otra) está próxima. El suceso que le toca investigar es de lo más extraño y radica, sin que él tenga ni pajolera idea, en su propio pasado. Con el único apoyo de su siempre leal ayudante, Tolino, el inspector Jones deberá indagar en las pistas de unos asesinatos que tienen toda la pinta de ejecuciones. Las víctimas se ofrecen mansamente al criminal, y Jones tendrá que esclarecer tanto el motivo como la identidad del verdugo de la gabardina negra (al más puro estilo de Matrix). En paralelo a la investigación, y puede que muy relacionado con ella, el lector irá descubriendo más detalles sobre ese pasado que le rompió el alma al inspector, sobre su pésima relación con su ex-mujer, y será testigo del naufragio anunciado de su paternidad irresponsable, que lo mortificará más aún si cabe (su relación con Marina, su única hija, se va a pique y no encuentra faro que lo guíe). La novela se irá moviendo paso a paso, página a página, hacia el hallazgo de una sociedad secreta, una telaraña cuyos letales hilos comprenden desde las élites hasta los más bajos fondos de la sociedad. ¿Logrará el inspector Jones encontrar quién y por qué? ¿Conseguirá Eladio redimirse de su atroz pretérito? Ya sabéis, si os ha picado la curiosidad, tendréis que leer para saber. 

Siervos de la guadaña ha sido una de las obras más originales en cuanto a su argumento que he leído hasta la fecha. Además de los buenos ingredientes con los que Víctor Morata articula la trama y los personajes tan bien construidos en torno a los cuales gira, cabría destacar la calidad de la prosa del autor. Morata utiliza un lenguaje cuidado, preciso, y su registro siempre va en consonancia con el contexto del pasaje en el que se desenvuelva. Además, es muy habilidoso en su forma de implementar la injerencia de lo sobrenatural en la apariencia de realidad sobre la que se asienta nuestro mundo conocido. Lo que os digo, un auténtico descubrimiento por el que me siento muy afortunada. Si podéis, no os lo perdáis. De verdad merece la pena y vais a disfrutar. 

domingo, 24 de noviembre de 2024

A propósito de tu hijo, de José Antonio Jiménez-Barbero


Tengo la fortuna de haber convivido, desde mi más tierna infancia, con víctimas de la maldición de la marginalidad incómoda. Etnia diferente, baja (o subterránea) extracción social y otras circunstancias les garantizaban total desprecio y rechazo social. Sin embargo, mis ojos de niña no percibían el motivo del sesgo y crecí mirando a las personas como personas y valorándolas como tales. En los primeros años de mi edad del pavo coincidí, en un jardín cercano a mi casa, con unos monitores, voluntarios y familiares que sacaban a que les diera el sol a un grupo de niñas y niños con necesidades especiales. Unos de mi edad, otros bastante más pequeños. Parálisis cerebral, síndrome de Down, trastornos del espectro autista en varios grados... No entraré en detalles para no alargar mucho esta entrada, pero a partir de ese día volví todos los sábados al jardín para estar con ellos y que ellos estuvieran conmigo. Ha pasado la friolera de casi 30 años, pero los recuerdo como si fuera ayer, y no puedo evitar emocionarme al reconocerlos cuando me los cruzo por la calle. Jose Francisco tenía síndrome de Down y una mirada dulce y llena de luz. Jose Antonio, parálisis cerebral y, aunque no podía comunicarse, gorjeaba de manera diferente cuando le acariciaban. Pepe y Rocío eran hermanos con diferente grado de retraso mental y sonrisas infinitas que adoraban los abrazos. A Álvaro su autismo severo le impedía el contacto físico, pero nos sentábamos en un muro a observar los coches que pasaban y solo me miraba cuando pasaban coches rojos... De ellos llevo en el corazón muchas cosas bonitas, y de aquellos años quedan en mi memoria otras menos agradables: las miradas de la gente, como si estuvieran contemplando una manada de criaturas extrañas que les provocaban aprensión. También me acuerdo de que muchos giraban la cabeza para no vernos. Éramos seres incómodos en su afán de ignorar la diferencia y no tener que hacerle frente a la vida. ¿Que por qué os cuento todo esto si se supone que escribo una reseña? Porque tiene mucho que ver con la novela que acabo de terminar, que lleva el sello inconfundible de una de mis plumas favoritas, un autor experto en abordar temas espinosos, ciertamente molestos pero de alta relevancia social, apelando como nadie a la emoción del lector.

A propósito de tu hijo (Tirano Banderas, 2024) es una obra de Jose Antonio Jiménez-Barbero que leí en su día como manuscrito y me arrancó más de un par de lágrimas. Ahora, como novela publicada con afán puramente benéfico (auspiciada por el Colegio Oficial de Enfermería de Murcia), me ha hecho llorar lo mismo o más. La dedicatoria al principio de la obra ya aprieta fuerte la garganta: «Dedicado a mis sobrinos, Alicia y Rodrigo, y a todos los niños que luchan a diario por vencer las barreras que los adultos nos empeñamos en construir».
«A aquel niño le pasaba algo». Es la primera frase de la novela, que ya empieza generando expectación. Esa aseveración procede de los pensamientos de Alicia, una de las protagonistas, que tiene 13 años y un retraso mental leve, en el momento en que ve por primera vez a Santiago, el otro protagonista, un niño con autismo leve que acaba de empezar la ESO cambiando de un colegio de educación especial a un centro público "inclusivo" (nótese la ironía implícita en las comillas, por favor). Santiago tiene una crisis porque se ha agotado la batería de su tablet, su único refugio frente a un mundo cuyo exceso de estímulos a menudo lo apabulla y que en muchas ocasiones no comprende. Puede que Alicia sea muy lenta a la hora de leer o que tarde más tiempo que el resto en procesar ciertas cosas, pero es experta en detectar sentimientos y emociones en los demás, y su corazón sincero exige apoyar a aquel niño que por algún motivo no se encuentra bien. Página tras página, Alicia irá conociendo a Santiago, y Santiago a Alicia, y el lector a los dos, a sus resilientes padres que viven por y para ellos, y al resto de pobladores de las aulas y los pasillos del colegio Campo Verde. Será testigo de la falta de preparación (cuando no incompetencia manifiesta) de las instituciones a la hora de lidiar con la diversidad y la diferencia de capacidades, de la incomprensión y la animadversión de parte del profesorado y del alumnado. Sin embargo, también contemplará la dulzura y las ganas de Susana, la profesora del aula de apoyo, y la empatía y el buen corazón de Elena, la alumna "empollona" que se erigirá en guía y protectora de ambos. Como barquitas en medio de un mar de hostilidades, Santiago y Alicia se refugiarán el uno en el otro para resistir, siendo el candor de la niña su faro en multitud de ocasiones. 

Jiménez-Barbero nos ofrece de nuevo en A propósito de tu hijo una novela de excelente factura y muy didáctica, donde conjuga de manera habilidosa la realidad de un mundo que no acepta la diferencia, muchas veces por puro temor a lo desconocido, con la explicación precisa y sencilla de dos casos concretos de necesidades especiales. Con pulso firme y sin edulcorantes innecesarios, sumerge al lector en la trama y le hace preguntarse qué haría él/ella si se encontrara en determinadas situaciones. Y le horada la fibra más sensible con preguntas como esta, con la que pongo el punto final a la reseña: 
«Yo quiero a todo el mundo, mami. ¿Por qué ellos no me quieren a mí?»

Los ojos del mar, de Alberto Guaita Tello (RELECTURA)

Existen historias que parecen nacer tanto de la imaginación como de los recuerdos. La novela que acabo de terminar pertenece a a...