sábado, 19 de septiembre de 2026

Han cantado bingo, de Lana Corujo

Existen lugares que no necesitan ser nombrados para reconocerse. Basta con hablar de volcanes, de tierra negra, de viento, de silencio y de ese paisaje áspero y hermoso que parece guardar bajo su superficie historias que esperan ser descubiertas. Lanzarote es uno de esos lugares que sabe contar historias. Una isla que puede parecer lunar, inmóvil y silenciosa, pero que en la obra que he acabado hace un rato adquiere voz propia y termina convirtiéndose casi en un personaje más de la novela.

Es precisamente allí donde se ambienta Han cantado bingo (Reservoir Books, 2025), de Lana Corujo: en una Lanzarote alejada de la postal turística, del sol y de la imagen paradisíaca. Un rincón más íntimo, más oscuro y más humano. Una isla que observa a dos hermanas mientras crecen entre juegos infantiles, vínculos familiares, silencios, heridas y recuerdos que, con el paso de los años, irán adquiriendo nuevos significados.

Si hay algo que sorprende especialmente en esta novela es la manera de narrarla, ya que su autora no parece querer llevarnos de la mano por una historia convencional. Al contrario: nos invita a montar las piezas de un pequeño rompecabezas. Los capítulos aparecen asociados a diferentes edades de la protagonista y la narración avanza y retrocede en el tiempo, como lo hace la memoria cuando intenta reconstruir aquello que sucedió. El resultado es una estructura fragmentaria, juguetona y profundamente original. En ese apecto cobra sentido el bingo del título: las edades funcionan como los números de un cartón y cada fragmento va ocupando su lugar hasta que, poco a poco, comprendemos el dibujo completo. Sin embargo, la originalidad de Corujo no radica exclusivamente en la estructura. También está en su propia forma de escribir. La autora juega con la tipografía y convierte la manera de presentar los diálogos en una parte esencial del significado: cursivas, subrayados y corchetes no son un simple recurso estético, sino que reflejan distintas formas de relacionarse con los demás, con la memoria y con aquello que cuesta decir. Así, la escritura adquiere un claro matiz de plasticidad, algo que no resulta extraño en una autora que también es ilustradora. Las imágenes, los símbolos y las metáforas parecen surgir de manera natural, como si Corujo dibujara con palabras. Ella misma ha explicado que los simbolismos forman parte de su manera de contar y que quiso establecer un paralelismo entre el paisaje de Lanzarote y el paisaje emocional de la familia.

Debajo de esa apariencia de juego hay una historia mucho más profunda: la infancia, la relación entre hermanas, la culpa, el miedo, el duelo, los secretos familiares y esas heridas que permanecen cuando creemos que ya forman parte del pasado. Lo interesante es que Lana Corujo consigue hablar de dolor sin convertir la novela en un relato pesado. Hay extrañeza, imaginación, poesía e incluso cierta magia. La mirada infantil transforma la realidad y hace que lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico, mientras Lanzarote permanece al fondo, inmensa y silenciosa. Han cantado bingo es, en definitiva, una novela breve pero llena de capas; una historia que se construye a saltos, como los recuerdos, y que encuentra en su forma de narrar una de sus mayores virtudes. Lana Corujo escribe como quien juega con las palabras, las imágenes y el tiempo. Y quizá ahí esté la magia de esta novela: en que, cuando finalmente todas las piezas parecen encajar, descubrimos que no solo hemos leído una historia sobre una familia y una isla, sino que hemos recorrido un pequeño laberinto de memoria, infancia y emociones. 

1 comentario:

  1. Me gusta cuando en una novela al final diferentes momentos convergen en una sola historia. Y cuando se trata de recuerdos, siempre es especial. El paso de la vida con esa deliciosa libertad que da la literatura de rebobinar y avanzar en el espacio tiempo. Buenísima reseña.

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