Hay novelas que nacen de una idea genial y otras que parecen surgir de una conversación delirante —quizá bajo el influjo de alguna sustancia prohibida o directamente a causa de alguna suerte de enajenación mental— a altas horas de la madrugada. La que yo acabo de terminar pertenece clara y nítidamente a la segunda categoría… y ahí reside precisamente buena parte de su encanto. Cuando digo que su autora no me puede sorprender más, siempre me acabo equivocando, así que ya no lo digo más.
Crucigramista busca amigos con fobias es, hasta la fecha, la última novela publicada por la incombustible gaditana Gema Tacón, es decir, otra de sus maravillosas locuras. La historia comienza cuando la protagonista, Rita, cuyo objetivo vital consistía en dedicarse tranquilamente a diseñar crucigramas junto a Bartolo, su inseparable cactus, descubre que la vida alberga otros planes para ella. Planes que serán los mismos para Paco, un policía en situación laboral complicada por acontecimientos del pasado que busca de algún modo redimirse aunque sea de cara a la galería. Ambos terminan participando en una peculiar terapia en una isla, rodeados de un grupo de personas tan singulares (o más) como ellos. Lo que comienza como una experiencia destinada a ayudarles a enfrentarse a sus problemas pronto adquiere un matiz mucho más inquietante. Secretos, misterios, pruebas cada vez más desconcertantes y un juego de pistas en el que los crucigramas adquieren una importancia inesperada les llevarán a aliarse con otros usuarios de la isla si quieren salir de allí. A partir de ahí ya no cuento más, solo que con estos elementos Gema Tacón construye una historia en la que misterio, tensión psicológica y humor negro se dan la mano, mientras el lector intenta descubrir qué está sucediendo realmente y quién mueve los hilos.
Me sorprende que continúe sorprendiéndome la capacidad de Gema Tacón para imaginar disparates y dotarlos de verosimilitud (ya, ya sé que en ocasiones la realidad supera con creces a la ficción). Situaciones absurdas, personajes peculiares, ocurrencias inesperadas y una sucesión de ideas que parecen competir entre sí para ver cuál consigue sacarte antes una carcajada. La autora demuestra una imaginación desbordante y, sobre todo, un enorme talento para llevar lo absurdo hasta sus últimas consecuencias sin perder nunca el hilo de la historia. Qué decir de su humor negro, que se pasea por todas las páginas de la novela con absoluta naturalidad. Aquí hay situaciones que, vistas desde la distancia, quizá deberían provocar preocupación… pero que, gracias a la forma en que están planteadas, terminan provocando una sonrisa, cuando no una carcajada directamente. Tacón juega con lo incómodo, lo macabro y lo políticamente incorrecto y consigue convertirlo en materia prima para una historia tremendamente divertida. Sin embargo, detrás de todos esos disparates también hay personajes y emociones, y rayitos de ternura que dejan al lector noqueado, porque creo que el humor suele funcionar bien cuando de alguna forma nos permite reconocer algo de nosotros mismos en medio del caos. Y esta novela tiene mucho de eso: de reírse de nuestras rarezas, de nuestras obsesiones y de esas pequeñas fobias que, en mayor o menor medida, todos cargamos a cuestas.
Leer a Gema Tacón es asumir que cualquier situación puede acabar tomando un rumbo completamente insólito. Y quizá lo mejor sea precisamente eso: no intentar adivinar qué ocurrirá después, sino dejarse llevar por la imaginación de una autora que parece no tener miedo a ninguna idea por disparatada que sea. Crucigramista busca amigos con fobias es una novela original, irreverente, divertida y deliciosamente negra, perfecta para quienes disfrutan del humor sin demasiados remilgos y de esas historias que consiguen sorprenderte cuando menos te lo esperas. ¿Recomendable? Totalmente.
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