miércoles, 28 de agosto de 2024

Blanco inmaculado, de Noelia Lorenzo Pino


Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
—¿Por qué lloras, si todo
en este libro es de mentira?
Y él respondió:
—Lo sé;
pero lo que yo siento es de verdad.
(Ángel González)

Llevo mucho tiempo viendo este fragmento circular por redes, pero nunca lo había sentido tan verdad como hace un rato, mientras buscaba las gafas de sol para que nadie se percatase de una lágrima que nacía en mis ojos, cerca del desenlace de la novela que acabo de terminar. Y es que, a veces, el lector se sumerge tanto en la historia que tiene delante que sus páginas le atrapan y no le conceden la libertad hasta la ultimísima. Para ello, el autor o autora debe dominar la magia de las letras, el mecanismo de un buen personaje y la alquimia de las relaciones humanas. Y esta autora siempre lo consigue, mejor dicho, lo borda. No hay novela suya que no me haya retorcido las entrañas poniéndome en la piel de uno o varios de sus personajes. Y esta no iba a ser menos.

Blanco inmaculado (Plaza & Janés, 2022) es la primera entrega de la nueva saga de Noelia Lorenzo Pino, protagonizada por Lur de las Heras y Maddi Blasco, dos ertzainas que tardan poco o menos en ganarse la simpatía y la confianza del lector. La trama, ambientada en Euskadi, comienza con un asesinato y un incendio en el caserío que en tierras vascas posee la "familia" Fritz, una comunidad cristiana tradicionalista (vamos, una secta) que vive alejada del mundo moderno y se financia mediante la elaboración artesanal de prendas cuya marca da título a la novela. Como podréis imaginar, la historia se desarrolla principalmente en un entorno rural y las relaciones entre sus personajes están determinadas por el aislamiento, la ignorancia y la violencia. El personaje central de Blanco inmaculado es Lur de las Heras, una inspectora que lleva un tiempo alejada de su puesto a causa de una enfermedad a la que nadie pone nombre y que ha mermado considerablemente su movilidad. La llamada de su comisario (y amigo) la saca provisionalmente de su retiro y la lleva hasta el caserío Fritz para investigar la muerte de Ari, una joven de 14 años, y el incendio del taller de costura donde la "familia" confecciona las prendas. Para ello, contará con la ayuda de Maddi, una patrullera con buen instinto que, además de la investigación en las restrictivas condiciones que impone el estado de Lur, deberá soportar una situación nada agradable en casa, con un marido machista, envidioso e infantiloide a más no poder. La obra se estructura en dos bloques y cuenta con un amplio abanico de personajes secundarios cuya relevancia irá aumentando a lo largo de la historia. El primer bloque gira en torno a la investigación de Lur y Maddi, en cómo van descubriendo pistas y sospechosos. El segundo se centra en la vida de la comunidad Fritz y en las relaciones entre sus miembros, lo que posibilita al lector comprender el escenario en el que ha tenido lugar el crimen. Hermetismo a prueba de bombas, mentiras, secretos y boicots varios serán algunos de los obstáculos que tendrán que salvar Lur y Maddi para esclarecer la autoría de los hechos. ¿Quién asesinó a Ari y por qué? Para averiguarlo... tendréis que leerla, vamos digo yo.

En Blanco inmaculado, con su prosa habitual sencilla y directa y con una habilidad difícilmente superable, Noelia Lorenzo hace un retrato detallado de los personajes, mostrándonos sus miedos, deseos y debilidades con una sensibilidad exquisita. Dibuja a la protagonista, Lur de las Heras, como una mujer inteligente, resiliente, decidida y valiente que, aparte de la dificultad de la investigación, debe luchar contra los prejuicios y la discriminación del sector machista de su profesión. Los miembros de la "familia" Fritz están diseñados como seres enigmáticos, cincelados por la rigidez de su millón de normas, baúles que esconden secretos que irán desvelándose a medida que avanza la trama. De la novela destacaría su cuidadísima estructura, su trama hilada a la perfección y un ritmo narrativo que mantiene al lector en vilo de la primera a la última página. Muy acertados los flashbacks de Noelia para conocer el pasado de los personajes y comprender sus motivaciones, y los diálogos totalmente verosímiles para empaparnos de sus personalidades y sentimientos. El componente de crítica social transversal y perfectamente integrado en la trama vuelve a ser uno de los puntos fuertes de la autora. En Blanco inmaculado, Noelia visibiliza sin ambajes el machismo latente en la sociedad, personificado en los compañeros ertzainas que subestiman y menosprecian a Lur y a Maddi por su condición de mujeres, y en la superioridad del varón en torno a la que se articula la "familia" Fritz. La intolerancia a varios niveles también es otro factor clave de la historia, una intolerancia que lleva a los personajes a sucumbir a prejuicios y estereotipos, juzgar y dictar sentencia sin interés alguno en conocer la verdad. Y no puedo acabar sin mencionar esa forma única que tiene Noelia de transmitir y provocar emociones, de crear atmósferas de opresión y tensión que enganchan al lector y a veces le obligan a detenerse y decirse: eh, tú, que es ficción. En resumen...que la leáis. Merece la pena, y mucho. 






viernes, 23 de agosto de 2024

Las horas crueles, de Marto Pariente

-Te diré una cosa- le dijo con cierta dulzura-: entre la maldad y un jodido loco, teme siempre al loco.

No sé si vosotros os habréis percatado, pero hace tiempo descubrí que las letras de ciertas obras, independientemente del soporte donde se hallen consignadas, desprenden su propio aroma, trazan senderos con determinados colores, nos atrapan en su melodía singular y única y nos subyugan con su particular tacto y sabor. Para percibir tan sensoriales matices solo es necesario leerlas con el alma abierta de par en par. La novela que acabo de terminar exhala la fragancia inconfundible de la tristeza. De la pena inmisericorde que otorga la pérdida. Sus páginas mezclan el gris y el negro con los colores agrestes de la sierra. Su banda sonora es la sinfonía del dolor, de la ausencia, del irremediable desahucio de las ilusiones.Tiene el tacto rugoso de las cicatrices con vocación de tormento, la caricia áspera de los inviernos que abolen la sonrisa. Y el regusto amargo de la muerte en varios tiempos. Pero casi siempre hay una primavera acechando tras la esquina del frío...Además, está escrita por una de las mejores plumas con las que me he encontrado hasta la fecha, tanto en la faceta de narrador como en la de escritor. 

Las horas crueles (Espasa, 2023) es la tercera obra publicada de Marto Pariente y, aunque las expectativas eran altas tras haber leído La cordura del idiota, puedo decir sin miedo que las ha superado con creces. Catalogada como country o rural noir (aunque cualquier etiqueta se le queda corta, y es mucho más que eso) y ambientada en su Guadalajara natal, Las horas crueles sumerge al lector en una trama sórdida urdida con los mimbres de lo escabroso y lo profundo, trenzada con los hilos de la investigación y miles de dolorosas agujas que se clavan en la piel del lector cual perplejo acerico. Comienza de forma intensa, sin preámbulos, con un monstruo que debe decidir en un instante la mejor muerte y prosigue presentándonos a uno de sus protagonistas, Frank Durán, en una escena que ya remueve las entrañas. Frank Durán era policía y, a causa de una decisión con desenlace poco afortunado, perdió la placa y su licencia de investigador, por lo que ahora ejerce funciones de "asesor" de investigación de asuntos menores en un negocio propio con poco o ningún futuro. Un día, recibe la visita de Abraham Constanza, relacionado con el caso que propició su debacle profesional, y este se ofrece a solucionar sus problemas económicos a cambio de que se integre en la plantilla de Constanza Desaparecidos donde, junto a la peculiar y tatuadísima Eliana Santoro, deberá hallar el paradero de Tomás Moreda, el Monstruo de la Tejera Negra. El individuo en cuestión salió hace seis meses de prisión tras una condena de 30 años por la desaparición de sus hijos, cuyos cadáveres nunca llegaron a aparecer, y se ha perdido su rastro. Frank y Eliana, con la ayuda de Méndez (ex-jefe y único amigo de Frank) entre bambalinas, se verán inmersos en una historia a la que no le faltará ni un ingrediente para atrapar la atención del lector: fiambres varios, dientes de leche bañados en plata, mafiosos muy a lo Tarantino, el ángel de la muerte y, si no era suficiente, ciertos mitos y leyendas del folklore popular. ¿Hallarán respuestas? ¿Sabrán encontrar la dirección correcta en la que mirar? ¿Añadirán más castigo a su ya pesado bagaje de sufrimiento? Tendréis que leerlo..


Marto Pariente vuelve a dejarme con la boca abierta y el alma dolida (sí, duele). Destacaría su lenguaje ágil, preciso, descriptivo y certero, que a pinceladas medidas nos hace imaginar lugares aunque no los conozcamos, su excelente adaptación a los diferentes registros pero, sobre todo, me gustaría destacar la calidad de sus personajes. Complejos, poliédricos, alejados de cualquier estereotipo y excelentemente dosificados hacen, desde luego, las delicias de cualquier lector del género. Absolutamente recomendable. No os la perdáis.


jueves, 15 de agosto de 2024

El pantano de las mariposas, de Federico Axat


¿Os ha pasado alguna vez que acabáis una lectura y se os queda cara de bobos? ¿Incluso hasta el punto de casi enfadaros un poquito porque el autor os ha manipulado y os ha llevado por donde él quería? ¿O porque, mientras estamos inmersos en el placentero acto de leer, hay ciertas cosas que damos por sentadas y ni siquiera nos planteamos? Reconozco que a mí me ha ocurrido pocas veces, o al menos de forma tan aparatosa como con la novela que acabo de terminar. Aunque la crítica la encuadra en la versatilidad del thriller (que no digo yo que no lo sea porque en ese cajón cabe casi todo), lo cierto es que también es un bildungsroman de manual, con personajes que me han traído a la memoria a alguno de los huérfanos de Dickens. 

El pantano de las mariposas (Destino, 2013), de Federico Axat, es la combinación perfecta de misterio, suspense, crecimiento y aventuras. Ambientada en Carnival Falls, una ciudad ficticia al noreste de Estados Unidos, comienza rozando intensa pero brevemente la tormentosa noche del 10 de abril de 1974. Una mujer que vuelve a casa en coche con su bebé. Unas luces, un terrible accidente, y un cuerpo desaparecido. Tras esa fugaz introducción, Axat traslada al lector al verano de 1985. Sam Jackson y Billy Pompeo, en plenas puertas de la adolescencia, son mejores amigos y planean un verano, probablemente el último que disfruten como niños, cuyo ingrediente primordial es la aventura. Surcarán los misterios del bosque a lomos de sus inseparables bicicletas y tendrán como objetivo principal la construcción (largamente planificada) de una casa en un árbol. Sin embargo, pasarán de dúo a trío con la irrupción en sus vidas de Miranda Matheson, una recién llegada a la zona con quien compartirán peripecias, resolverán misterios y se iniciarán en el complejo y hermoso a la vez camino del primer amor. Carnival Falls, escenario donde transcurre la novela, es un enclave tranquilo y pintoresco en el que casi todos dicen conocerse pero guardan secretos de mayor o menor enjundia, un lugar moldeado por su drama particular: misteriosas desapariciones de personas a lo largo del tiempo. Aunque en principio estos sucesos no parecen tener ningún elemento común, existe en la zona una creencia bastante arraigada que atribuye a los extraterrestres la responsabilidad sobre las desapariciones. El autor consigue, con sencillez pero con maestría, que nos sumerjamos sin esfuerzo en esta pequeña ciudad, en su vida cotidiana, en las granjas circundantes y en el bosque, ese bosque que oculta al mismo tiempo belleza y peligro. 

Aunque la prosa de Federico Axat está exenta de artificio, es digna de mención su manera de transmitir una sensación de desasosiego en cada línea, una inquietud persistente que se mantiene constante desde el mismo comienzo y que cocina la tensión a fuego lento. Los misterios y aventuras que se van desgranando llevan al lector en volandas con un ritmo rápido que, junto a la abundancia de diálogos y el suspense permanente hacen la lectura muy activa y entretenida. Dos líneas temporales, 1985 y 2010, se irán entremezclando en la novela, dando cuenta al lector de los sucesos de ese verano en el que Sam, Billy y Miranda se hicieron amigos y corrieron grandes aventuras, pero también del presente de esos niños que ahora ya son adultos. Narrada en primera persona por Sam Jackson, que vive en régimen de acogida en la granja de los Carroll, asistiremos a una historia donde la aventura y el misterio rivalizarán en relevancia con el peso los sentimientos, la ternura y la belleza de la inocencia. Además de señalar que he caído rendida ante sus personajes, a mi juicio verosímiles y entrañables, no quiero terminar sin mencionar el final. Ese final en el que, cuando ya crees saber todo lo que vas a saber, llega el autor y te planta en tus mismas narices una revelación sorprendente que, aparte de dejarte absolutamente pasmado, te provocas unas ganas locas de empezar a leer de nuevo bajo la perspectiva que otorgan esas últimas dos páginas. Si os ha picado la curiosidad, ya sabéis.


lunes, 12 de agosto de 2024

La ley del padre, de Carlos Augusto Casas

Como bien sabéis quienes me conocéis, mi trayectoria como lectora de noir no tiene aún solera, puesto que solo se remonta unos cuatro años atrás en el tiempo, a la edición semi-pandémica de Cartagena Negra 2020. Nunca podré demostrar lo suficiente el agradecimiento al festival por llevarme al lado oscuro de una forma tan natural e irremediable. Desde entonces he leído ya unas cuantas, pero me sigue maravillando la capacidad del género para sorprenderme. Habitualmente, el negro suele destacar por contraposición a otros colores. Destaca sobre todo en contraste con el blanco. Sin embargo, la novela que acabo de terminar me ha demostrado que también es posible apreciar ese negro entre las sombras retorcidas de otros negros cada cual más oscuro que el anterior. 

En La ley del padre (Ediciones B, 2023), Carlos Augusto Casas, con una prosa precisa y actual y un humor a juego con el color de la trama, nos ofrece un matiz del noir distinto al que solemos estar habituados los lectores del género. Alejado del thriller policíaco al uso y de cualquier paradigma maniqueísta, el autor nos ofrece una historia familiar plagada de personajes zaínos en todas las acepciones del término. La novela comienza con el intento de suicidio frustrado de un alma anónima cuya identidad descubriremos algunas páginas después. Un ser atribulado por máculas pretéritas e imborrables que, sabiendo de la imposibilidad de la redención, anhela la asepsia incolora e inodora de la muerte. Poco después, la joven Melinda se incorpora como parte del servicio del hogar de los Gómez-Arjona, cuyos principales atributos son un insano apego por el poder (y el dinero, pero sobre todo el poder) y la inherente carencia de escrúpulos que este conlleva. Durante la celebración de cumpleaños del patriarca, apodado con mucho tino "el Rey Arturo", alguien cercano a el intentará acabar con su vida con la ayuda de unos cuantos gramos de dioxina. ¿Enemigos? ¿El servicio? ¿Sus propios hijos? En lugar de acudir a la policía o a algún investigador privado, con el afán de evitar que la turbidez del asunto llegue a manos de la prensa, Arturo Gómez-Arjona recurre a una de sus marionetas, el Enterrador, para que averigüe quién de entre sus allegados se ha atrevido a intentar quitarlo de enmedio. A partir de ese momento, Enterrador y lectores se verán inmersos en una trama de personajes oscuros, poderosos y sádicos cuyo status social los sitúa por encima del bien y del mal. La clave de todo: ¿a manos de quién y por qué fue asesinada cinco años atrás Ada, la esposa del Rey Arturo y madre de sus cuatro tiburones, digo hijos? El suspense y el misterio están servidos, y alguna escena que pone la piel de gallina, también.

La ley del padre se estructura en capítulos cortos, bien provistos de diálogo, que imprimen agilidad y buen ritmo a la lectura y espolean continuamente la necesidad de saber del lector. La forma de narrar del autor es magistral, y su construcción de los personajes es soberbia, sin intento alguno de justificar ni blanquear sus almas podridas. Una crítica feroz y sin paños calientes a las altas esferas del poder y a la inmunidad que garantiza el mismo (junto con el dinero, claro). Si bien es cierto que el final se aventura con unas cuantas páginas de antelación, tampoco es necesaria la sorpresa ni el giro brutal para el disfrute de la obra, pues lo importante en ella no es tanto el destino como el camino. ¿Recomendable? Por supuesto. Aquí os dejo algunas frases que me han impactado:
 
«Es por el corazón por donde el diablo nos atrapa».

«Lo que llamamos verdad es una forma de simplificar la realidad para quedarnos con una de sus versiones».

«La educación es la rama de la hipocresía que hace soportable el hecho repulsivo de tener que vivir los unos con los otros».

«Hacer el mal es como beber sin sed, innecesario pero muy placentero, además de divertido».

jueves, 8 de agosto de 2024

Orbis Ultra: El vínculo entre mundos, de M.D.P. Faulín


«- ¿No sabes nada de Fantasía? Es el mundo de la fantasía humana. Toda parte de él, toda criatura representa los sueños y las esperanzas de la humanidad. Por lo tanto no tiene límites.
- ¿Entonces por qué se está muriendo?
- Porque la gente ha empezado a perder esperanza y al olvidarse de sus sueños. ¡La Nada se hace cada día más poderosa!»
(La historia interminable)

Empiezo esta reseña con uno de mis extractos preferidos de La historia interminable, una de las obras que más me marcó en la última etapa de mi niñez y la primera de mi adolescencia porque, aparte de tener mucho que ver con la obra que acabo de leer, no hace excesivo tiempo he comprendido que encierra mucha verdad. Si paramos de soñar, si dejamos de lado la magia y la fantasía, estas se van marchitando y poco a poco desaparecen de nuestra existencia. ¿Y qué sería de nosotros sin esas lucecitas que alumbran el gris monocorde de muchos días? Siempre he sido lectora de fantástica, pero la novela negra me atrapó de la forma más inmisericorde, y los dragones de mis armarios, las hadas que dormían conmigo y los duendes que me regalaban suerte se mudaron a regiones menos inhóspitas. Sin embargo, la magia realmente existe, y de vez en cuando hace su aparición para recordarme quién soy realmente (cuando no voy disfrazada de sesuda investigadora o asesina en ciernes), y esta vez ha llegado adoptando la forma de una de las novelas de planteamiento y desarrollo más originales que han caído nunca en mis manos.

Se titula Orbis Ultra: El vínculo entre mundos, el nombre de su autor es M.D.P. Faulín, fue autopublicada hace muy poquito (mayo de 2024) y ha sido una sorpresa más que grata. Reconozco que fue empezar a leerlo y recordar cuánto y por qué amo la lectura. Como historia absorbente e inmersiva, un diez. Como ejercicio de literatura donde se conjugan a la perfección la ciencia ficción y la fantasía épica, otro diez. La trama de Orbis Ultra comienza con la aparición de un joven, desnudo y sin memoria alguna, en un escenario que no conoce. A su alrededor, gritos desgarradores y unas criaturas horripilantes que tratan de acabar con la vida de una chica. Empezamos bien, ¿verdad? Pues unas oportunas flechas y un legendario guerrero cambiarán su suerte y le salvarán la vida, iniciando un peligroso periplo en que tanto el joven aparecido como el lector irán descubriendo la información necesaria sobre el lugar al que ha llegado. Aprenderán, entre huidas, escaramuzas y batallas en toda regla, que Orbis Ultra, el lugar en cuestión, es el mundo al que se arriba tras la desconexión entre cuerpo y alma que sigue a la muerte en Orbis Primus (escenario donde transcurre nuestra vida terrenal). Que a Orbis Ultra no llega la materia, sino exclusivamente la energía y, por lo tanto, todo lo que "existe" está creado por la mente colectiva de todos los que lo habitan. El personaje central (si puede llamarse así) adoptará el nombre de Andrus por motivos muy emotivos y junto al guerrero Durgon comenzará una aventura, centrada básicamente en huir de seres oscuros, del daño y de la muerte, que cruzará su camino con el de otros personajes que, por razones propias o ajenas, colaborarán con su causa y se ganarán la confianza, la empatía y el amor de los lectores. Etapa tras etapa, irán dejando atrás enemigos y obstáculos diversos solo para enfrentarse en una fase posterior a otros peores (una especie de Comunidad del Anillo pero sin joya maligna hasta casi el final). Se percatarán con frecuencia de que a veces, el mayor enemigo es uno mismo, y de que la línea que separa el bien del mal es a menudo delgada y difusa. Llegar a la capital, conocer los futuros vaticinios del Primer Augur y escapar de las garras del poliédrico Borghont serán sus principales objetivos, y para lograrlos tendrán que pasar por experiencias como poco asombrosas. ¿Lograrán sus metas? ¿Recuperará finalmente Andrus su memoria? Ah, no, no, tendréis que leer para saber, no os lo voy a contar yo todo. 

M.D.P. Faulín combina en Orbis Ultra un universo propio de paisajes fruto de una imaginación desbordante, violencia y brutalidad, poderes mágicos y criaturas francamente extraordinarias con acertadas y medidas dosis de amor, amistad, reflexión y filosofía, construyendo un bildungsroman en toda regla donde la evolución de los personajes será tan relevante como las peripecias a las que se ven abocados. Orbis Ultra se presenta ante el lector como un escenario distópico y revuelto, a imagen y semejanza de nuestro mundo. Lo peor y lo mejor del ser humano trasciende el plano terrenal y llena Orbis Ultra de injusticias, rivalidades enquistadas, guerras clandestinamente abiertas, pero también de amor y de las maravillas más portentosas que pueda concebir una mente. A mí me ha encantado, desde luego, así que si os gusta la ciencia ficción, la fantasía o buscais nuevos horizontes de lectura, no os la perdáis.


martes, 23 de julio de 2024

Desafío 59', de Javier Marín

Dice la ciencia que el tiempo es la magnitud física responsable de que sepamos ordenar una secuencia de acontecimientos, marcando hitos que demarcan un pasado, un presente y un futuro. Desde la perspectiva de la Física, y mientras nadie a este lado de la pantalla sea capaz de programar una DeLorean en condiciones, su linealidad y la homogeneidad de sus unidades de medida son irrefutables. Sin embargo, ¿cuántas veces no se materializa de manera inopinada el pasado o el futuro en nuestras vidas? ¿No es verdad que, hasta alcanzar el instante de cierre, ciertos pasados neutralizan inevitablemente presentes y futuros? Además, amparándonos en ciertos mitos platónicos que dejaron patente la inexistencia de las "cosas" en favor de la percepción subjetiva de las mismas, no me podréis decir que los segundos, minutos, horas... son precisamente homogéneos. ¿Dura acaso lo mismo un minuto de placer que un minuto de dolor? ¿Y 59 minutos? ¿Cuál sería nuestra percepción de 59 minutos si estos fueran el lapso que separa la vida de la muerte? Esta inusitada cifra (que solo he encontrado en Google referenciada a ciertos programas de lavado rápido de lavadoras de marca Candy) es uno de los catalizadores de la tensión de máximo nivel de uno de los thrillers más thriller que he leído hasta la fecha. Desde luego, el autor del mismo tiene bien interiorizada la definición del género, llevándola hasta las últimas consecuencias. 

Desafío 59' (Knowmadas Books, 2023) es la última obra publicada de Javier Marín y está específicamente diseñada para aniquilar cualquier voluntad del lector y secuestrarlo en sus páginas desde la primera hasta la última. No es que el autor en cuestión no haya demostrado sus dotes en su saga anterior, protagonizada por el inspector Marco Duarte, pero en Desafío 59' alcanza cotas de tensión en mi humilde opinión desaconsejadas para personas con patologías cardíacas, ni tampoco para aquellos que traten de superar el pernicioso hábito de morderse las uñas. La trama de este explosivo hecho de páginas (con temporizador, recordad) comienza con la aparición del cadáver de una periodista, decapitado y exangüe, en la vivienda que comparte con Samuel Castillo, un friki informático cuya vida va a dar un giro de 180° cuando, sin comerlo ni beberlo, pase a ser el principal sospechoso del asesinato. La suerte va a procurar que se crucen en su camino dos personas que están en su misma situación, dos prófugos de la justicia que van a convertirse en su tabla de salvación para huir de la policía, que le pisa los talones, y para intentar comprender el complejísimo y peligroso entramado en el que desafortunadamente se haya inmerso. Ayla y Carlos (así se llaman los prófugos) se apoyarán en el privilegiado intelecto de Samuel para llegar al final de una cuerda con muchos nudos, trampas, mentiras y tapaderas, al tiempo que los policías, Diana y Roberto, tratan de encontrar hilos de los que tirar para esclarecer la autoría de un crimen cuya evidencia no parece encajar del todo en sus mentes habituadas a la investigación. Mientras tanto, un siniestro personaje acechará desde las sombras con el objetivo de eliminar los cabos sueltos. En paralelo, el lector será sufridor testigo de unas escenas (sacadas de alguna suerte de escape room diseñada por un sádico desquiciado) en las que una persona sin identidad explícita tendrá que resolver una serie de acertijos en un tiempo máximo de 59 minutos. ¿Cómo se liga todo esto en una sola trama? Pues de manera muy hábil, lo reconozco, pero tendréis que leerla si os ha picado la curiosidad.

Javier Marín ambienta su obra entre Murcia y Valencia, y demuestra una vez más su gusto por el juego y la adivinanza situando la trama en un tablero repleto de peligros y poderes ocultos, donde el enemigo puede esconderse en cualquier casilla. En sus páginas se combinan de manera eficaz y efectiva la muerte causada por un sadismo de lo más perverso con el desafío lúdico de la resolución de enigmas planteados desde la lógica y las matemáticas (vamos, que yo hubiera muerto todas las veces y más todavía) que no hacen sino incrementar la tensión narrativa, ya que el lector, con más o menos fortuna, se mete en la piel de la víctima para intentar resolverlos. Creo que os habrá quedado claro a estas alturas que he disfrutado la obra, ¿no? No creo que sea necesario seguir insistiendo para convenceros. Aparte de la calidad de la novela, una de las cosas que más he gozado de ella ha sido poder constatar la evolución de su autor en el camino de la escritura. Desde su Tablero Mortal, ganadora del Icue de Cartagena Negra en 2021, tuve claro que tenía un don, pero la sensación de verlo crecer en negro sobre blanco es indescriptible. Disfrutadlo si tenéis la oportunidad.

sábado, 20 de julio de 2024

A Irmandiña, de Rober H.L. Cagiao

Una de las cosas que más me gusta de leer es que la mayoría de veces suelo aprender algo de los libros. Cualquier cosa que amplíe el conocimiento merece la pena, desde una receta de un plato que ni me habría imaginado a una nueva forma de asesinar sin dejar huellas. Sin embargo, algunas obras son la constatación pura y dura de que lo que creo saber no es más que un minúsculo grano de arena frente al desierto de lo que desconozco. Con la obra que acabo de terminar me ha ocurrido justo eso. ¿Sabíais vosotros que las primeras revoluciones europeas del medievo nacieron en el s. XV aquí en España, concretamente en Galicia? Pues así fue. "A Irmandiña" fue una revuelta social  que tuvo lugar en tierras gallegas entre 1467 y 1469 que estalló, como la mayoría de las revueltas, a causa de una situación de conflicto social (hambre y penurias ocasionadas por el excesivo poder de la nobleza y el maltrato que constantemente infligía sobre vasallos y campesinos) y político (originado el siglo anterior por la guerra civil en Castilla que aupó al trono a los Trastámara). Pues bien, esta revuelta y esta lección de historia son uno de los ingredientes principales de los que se ha valido Rober H.L. Cagiao como excusa para urdir una trama que me ha hecho disfrutar y sufrir casi a partes iguales. 

A Irmandiña (Knowmadas Books, 2022) es la cuarta entrega de la saga Misterios de Ferrolterra. Como siempre digo, aunque es una trama independiente, conviene leerla en orden por aquello de no perderse detalles que de otro modo pasaríamos por alto. Y aún así, creo que habría que leer antes alguno de la saga de El guardián de las flores, porque me da a mí que me he perdido algo importante en la situación sentimental de algún personaje... Bueno, que me enrollo demasiado. En A Irmandiña el lector se encontrará con una novela policíaca de corte clásico y, al mismo tiempo, con un relato donde historia, tradición, religión y leyenda jugarán una partida que se lleva gestando siglos en las sombras. La trama se inicia con la aparición del cadáver de un importante empresario asesinado en el Castillo de Moeche en fechas cercanas a Navidad. Paola Gómez es provisionalmente la cabeza de la comisaría de la Avenida de Vigo ferrolana y tendrá que liderar al equipo en uno de sus peores momentos personales (por motivos que, de momento, desconozco, ya que como os digo creo que me he perdido algo). No tardarán mucho en descubrir los investigadores la relación de las Guerras Irmandiñas del siglo XV y el Camino de Santiago con el crimen de la actualidad. Para colmo, las calles de Galicia vuelven a estar agitadas en una suerte de nueva irmandiña debido a la aparición de un nuevo líder mesiánico, carismático y muy atractivo que calentará los ánimos y las esperanzas de un pueblo hastiado de dificultades económicas y engaños políticos. La aparición de otro cadáver en un escenario calcado a la ejecución de uno de los líderes irmandiños pondrá contra las cuerdas al equipo de investigación, que se verá envuelto en un laberinto de difícil salida donde la historia, la venganza y los secretos ocultos durante siglos adquirirán progresivamente una mayor relevancia.

En capítulos cortos, con un estilo narrativo directo y una prosa sencilla, sin excesivas descripciones y abundante diálogo, Rober H.L. Cagiao le ofrece al lector un relato policíaco aliñado con historia y leyenda en el que varios investigadores irán encajado las piezas de un enrevesado rompecabezas a través de interrogatorios y testimonios, apoyados siempre por ciertos colaboradores que les desvelarán una parte del pasado de Galicia que ni ellos mismos conocían. El amplio elenco de personajes que puebla sus páginas y el hecho de que el autor nos ofrezca diferentes perspectivas enriquece sin duda una trama con la que he disfrutado mucho. A pesar de que estamos sin duda frente una novela coral, hay dos personajes que destacan dos personajes por encima del resto: por un lado, Paola Gómez, fuerte y resolutiva pero con una tormenta interior importante; por otro, Costoya, un policía a dos pasos de la jubilación, con tanto carisma como melancolía a sus espaldas. Qué queréis que os diga, me he encariñado con ellos y, si los leéis, seguro que a vosotros os pasa lo mismo. No hace ya falta que diga que la recomiendo, ¿verdad?

Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin

En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...