viernes, 6 de noviembre de 2026

La sombra del nagual, de Víctor Morata Cortado


Ciertos pueblos aprendieron a convivir con los misterios de la naturaleza hasta convertirlos en parte esencial de su identidad. En las antiguas tradiciones mesoamericanas encontramos la figura del nagual, un ser capaz de transitar entre el mundo humano y el animal, de adoptar otras formas y de habitar ese territorio fronterizo donde lo real y lo sobrenatural se entrelazan. Una creencia que nos habla de la estrecha relación entre el ser humano, la naturaleza y los espíritus, y de una manera de entender el mundo que sobrevivió durante siglos a pesar de los intentos de borrar las culturas que la habían engendrado. Y es que la llegada del hombre blanco al continente americano no solo supuso únicamente la conquista de territorios, sino también la destrucción de formas de vida, tradiciones y conocimientos ancestrales. En los alrededores de lo que ahora es Seattle, los pueblos indígenas Coast Salish, especialmente los Duwamish y los Suquamish, habitaban aquellas tierras mucho antes de la llegada de los colonos europeos. Estos últimos trajeron consigo epidemias, desposesión de sus territorios, desplazamientos forzosos y políticas de exclusión que amenazaron su supervivencia cultural. Sin embargo, aquellos pueblos no desaparecieron: su memoria, su identidad y sus reivindicaciones continúan vivas.

Es precisamente sobre ese apasionante cruce de caminos entre creencias ancestrales, misterios de otros mundos y una realidad que guarda heridas profundas donde podemos situar el contexto de La sombra del nagual (Malas Artes Editorial, 2024) de Víctor Morata. La obra comienza con un suceso desconcertante e inquietante al mismo tiempo: Ismail, un joven de carácter rebelde, es asesinado en los aseos del establecimiento subterráneo que regenta su tía Lilianne en Seattle. Nadie parece haber entrado ni salido del local y, sin embargo, empiezan a circular rumores sobre la posible reapertura de un misterioso portal que enlaza dos mundos. Neil, un joven que trabaja como corrector en una editorial, y que desconoce por completo la existencia de los naguales y su relación con los seres humanos, acabará involucrado en una investigación que lo sumergirá en un universo oculto, poblado por criaturas de naturaleza cambiante y personajes que esconden mucho más de lo que muestran. Tras la muerte de Ismail se oculta una trama oscura en la que las fronteras entre lo humano y lo fantástico parecen difuminarse paso a paso. Creo que es todo un acierto haber situado una historia de estas características en Seattle, una ciudad levantada sobre territorios que pertenecieron durante milenios a comunidades indígenas. Bajo sus calles y su fachada de modernidad duerme una memoria mucho más antigua, la de quienes conocían aquellas tierras, sus ríos y sus bosques antes de que fueran transformados por la colonización. Esa perspectiva histórica invita a mirar el universo de la novela desde un prisma distinto: las antiguas creencias, los seres que pertenecen a mundos diferentes y la resistencia de las tradiciones ancestrales cobran especial relevancia si tenemos en cuenta cuántas culturas fueron silenciadas y cuántas historias quedaron relegadas al olvido. Tal ves por ese motivo la figura del nagual resulta tan poderosa: representa también la persistencia de un imaginario que se niega a desaparecer.

Además de la urdimbre argumental, si algo merece destacarse especialmente de La sombra del nagual es la manera en que Víctor Morata construye y escribe esta historia. Su prosa atrapa al lector y lo conduce por escenarios en los que siempre parece acechar algo inesperado. Con una narración ágil, fluida y desbordante de plasticidad, el autor consigue que Seattle se convierta en mucho más que un simple telón de fondo. Sus rincones más insólitos, sus espacios subterráneos y esa atmósfera urbana adquieren personalidad propia, creando un escenario inquietante que envuelve la trama. Me parece parece particularmente reseñable la naturalidad con la que Morata combina códigos de la novela negra y tropos de la fantasía urbana. El misterio, la investigación y el suspense conviven con un universo sobrenatural que se va revelando progresivamente, sin que ninguno de los dos géneros pierda su identidad. Dosifica muy bien la información, mantiene la intriga y sorprende, pero también se detiene en los personajes, sus contradicciones y sus diferentes formas de entender el mundo. Creo que, además, tiene una forma muy atractiva en su manera de acercarnos a lo extraordinario: el autor consigue que lo fantástico se integre en la cotidianidad, que aquello que inicialmente parece imposible termine encontrando su lugar dentro de la narración. Y es precisamente esa capacidad para difuminar las fronteras entre realidad y ficción la que convierte la lectura en una experiencia tan sugerente.

La sombra del nagual es, en definitiva, una invitación a trascender las apariencias, a recorrer los senderos que separan dos mundos y a descubrir que la historia de un lugar casi siempre comienza mucho antes de la llegada de quienes terminan poniendo su nombre en los mapas. Una novela de fantasía urbana y misterio que nos deja claro que el mundo es mucho más antiguo, complejo y extraordinario de lo que nuestra limitada visión nos permite contemplar. Totalmente recomendable. Palabra de lectora. Os dejo algunos de los fragmentos que me han encantado:

"Porque, tal y como proclamó el jefe Si'ahl, «¿cómo se puede comprar o vender el calor de la tierra?». No. No se pueden poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua y, menos aún, comprarlos." (pág. 116)

"... reconoció al hombre, no por su voz o por su aspecto, como ella había creído, sino por su naturaleza oculta, por su esencia más allá de lo visible, por su prosodia mental." (pág. 161)

"Imaginó los días de lluvia, el agua escurriéndose por el tejado, colándose por aquellos ojos de cielo que, cuando no eran azules sino grises, debían llorar litros de nube." (pág. 185)

La sombra del nagual, de Víctor Morata Cortado

Ciertos pueblos aprendieron a convivir con los misterios de la naturaleza hasta convertirlos en parte esencial de su identidad. ...