viernes, 15 de septiembre de 2023
Diario de un maldito, de José Antonio Jiménez Barbero
domingo, 10 de septiembre de 2023
Circe, de Madeline Miller
Cuando nací, no había palabra para lo que yo era. Me llamaron ninfa, suponiendo que sería como mi madre, mis tías y mil primas. Las últimas de las diosas menores: nuestros poderes eran tan modestos que apenas nos garantizaban la eternidad.
La mitología griega suele ser conocida por la mayoría de nosotros; puede que no en profundidad, pero es bastante probable que a todos nos suenen nombres como Ulises, Perseo, el Minotauro, Ícaro… Seguro que también les suenan La odisea y La Ilíada, de Homero. No obstante, la mayoría de obras que versan sobre mitología son tan densas y están tan llenas de datos que rompen el ritmo lento al que ya de por sí se desplazan sus narrativas, que el lector medio suele desistir antes de acabarlas y no volver a intentarlo. Sin embargo, existen autores tocados por el don de la magia que nos ofrecen visiones noveladas del universo mitológico que logran atrapar a los lectores desde el comienzo y los hacen vibrar con el misterio y el suspense de historias escritas con gran solvencia. Una de ellos es, sin duda, la estadounidense Madeline Miller.
En la novela Circe (AdN Alianza de Novelas, 2019), Miller se centra en la figura mitológica del mismo nombre, una diosa menor y poderosa hechicera con un talento excepcional para las pócimas. Hija del titán Helios y una náyade llamada Perse, Circe carece del esplendor y el poder de su padre así como de las habilidades seductoras de su madre. A causa de ello, es desdeñada por todos y sufre vejaciones inconcebibles por parte de su divina familia y su entorno más cercano, lo que la impele a buscar calor y compañía en el mundo de los humanos. Es gracias a un humano del que se enamora (ni siquiera los dioses se libran del arma de doble filo que es el amor), Circe descubre sus poderes de bruja, relacionados principalmente con transformaciones. Ante tal descubrimiento, el gran dios olímpico Zeus se aterroriza y obliga al titán Helios, padre de la hechicera, a confinarla en la isla de Eea, donde aprenderá a desarrollar su poder y se relacionará de cuando en cuando con otras figuras mitológicas de gran calado como el dios Hermes, Atenea, Odiseo (Ulises), su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Por consanguineidad con la protagonista, el lector también conocerá a su hermana Pasífae, esposa del semidiós Minos y madre del Minotauro y de Ariadna; a su hermano Eetes y a su célebre sobrina Medea... Y a otros tantos personajes de los que seguro habrá oído el lector hablar alguna vez.
Madeline Miller nos muestra en Circe a una mujer imposible de olvidar, a un ejemplo de mujer que lucha por sus principios. A lo largo de sus más de 440 páginas, el lector disfrutará de una gran aventura, sufrirá con ella y llegará incluso al extremo de enfadarse con la protagonista. Si se deja llevar por la magnífica pluma de su autora, conocerá la vida de titanes y dioses, colándose en sus hogares, presenciando su soberbia en ocasiones, sus envidias y sus virtudes. Descubrirá relatos como el del laberinto del Minotauro o las alas derretidas de Ícaro y será testigo de los tórridos romances de Circe con personajes tan emblemáticos en la mitología como Odiseo, Dédalo o Telémaco. En todo momento observará las escenas en primera persona, desde la perspectiva de la protagonista, empatizando con ella prácticamente desde la primera página. Los capítulos no son demasiado largos, con lo cual no hay riesgo de caer en brazos del tedio, y la forma de narrar de la autora le regalará momentos de verdadero placer lector. En definitiva, lectura más que recomendable.
sábado, 2 de septiembre de 2023
Qué pasó cuando se terminaron las perdices 2, de Gema Tacón
Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.
Dijo Mark Twain que la raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa. La risa es fuerza, es rebeldía, es calor que ahuyenta a la melancolía y a los inviernos que se acercan peligrosamente a nuestra alma. Nos salva a menudo de las tristezas irremediables que a veces nos tocan en suerte y nos protege hasta incluso de nuestra propia estupidez. La cita que encabeza esta entrada es la que utiliza Gema Tacón al principio de la obra que acabo de terminar y que he devorado en tan solo una tarde.
Qué pasó cuando se terminaron las perdices 2 (2017) es la hilarante continuación de la novela del mismo título (acabada en 1, como manda la lógica). En la segunda entrega de esta bilogía, la voz cantante la sigue llevando Ariel. El letrerito de calamidad y peligro público número uno, también. Al inicio de la nueva historia, Ariel ha regresado a su solitario faro tras las aventuras de la anterior. Sin empleo, y sin haber tomado una decisión con respecto a su embrollo sentimental, recibe una oferta laboral muy interesante. Un aparatoso accidente (para variar) le impide acudir a la primera entrevista, y a partir de ahí comienza el encadenamiento de disparates y despropósitos que ya se ha convertido en norma para ella y donde arrastrará al resto de sus amigas. Una importante revista la contrata para una investigación de incógnito. Tendrá que recabar toda la información posible sobre dos mujeres, Reina y Cruella, sin levantar sospechas y sin que la relacionen con la revista. Para agravar más si cabe su atolladero sentimental, se cumple la máxima de donde caben dos caben tres y un tercer y apuesto caballero se colará en su vida (y en sus bragas, y ya si alguien puede que le quiten lo bailao). Sus pesquisas la llevarán a descubrir asuntos más que turbios, constitutivos de delito, y a salvar las vidas de dos inmigrantes ilegales, de nombre Po(cahontas) y Mulán. La ayudarán su inseparable Mérida, una Aurora muy espabilada, una Blancanieves con un bombo a punto de nieve que al explotar alumbra al mundo la hermosura de Tiana (hija también de Naveen, personaje que adquiere relevancia con respecto a la novela anterior) y una Jasmine que acude desde allende los mares a salvarles el culo en helicóptero.
A diferencia de la primera entrega, Qué pasó cuando se terminaron las perdices 2 aúna la vena cómica (la jartá de reír, vamos) y la intriga investigadora que tan bien se le da a Gema Tacón. Aunque si algún día me encuentro con la autora ya le pediré cuentas acerca de su forma un tanto expeditiva de concluir ciertos asuntos, me lo he pasado en grande y he disfrutado de la lectura enormemente. Sin duda, Gema consigue su objetivo de que el lector se olvide del mundo mientras la lee.
Qué pasó cuando se terminaron las perdices 1, de Gema Tacón
La primera vez que fui al cine fue en las navidades de 1990. Tenía ocho años y mi madrina me llevó a ver el último estreno de Disney: La Sirenita. Aquella sirena loca de pelo naranja que hablaba con peces, cangrejos y gaviotas me fascinó en extremo, y el verano siguiente me resarcí de mi via crucis particular (fue un año muy difícil para una mocosa de 9 años a la que los cánones estéticos empezaron ya a amargarle la vida) imaginando ser aquella criatura rebelde y soñadora. Morfológicamente más parecida a una croquetilla que a la esbelta princesa, y ya que no lograría ni remotamente ser ninguno de mis otros héroes (el Power Ranger azul, M.A. Barracus o El Último Guerrero del pressing catch), ponía mucho empeño en juntar las piernas dentro del agua y hablaba con los ermitaños, las medusas y las estrellas de mar de las escolleras. Con los años aquella princesa cayó en el olvido, y no fue hasta que nació mi hija que la recuperé, a ella y a toda la realeza disneyana. Siempre juntas, pasábamos tardes enteras leyendo los cuentos, viendo las películas y cantando las bandas sonoras a pleno pulmón. Ahora, a punto de cumplir mi "pequeña" diecinueve años, de cuando en cuando lo seguimos haciendo, y son momentos de un valor incalculable. Por eso, al empezar la obra que os traigo, se dibujó una sonrisa enorme en mi cara y no tardé ni diez segundos en enviarle un WhatsApp.
Qué paso cuando se terminaron las perdices 1 (2017), de Gema Tacón, es una divertidísima novela destroza infancias responsable de que los vecinos de sombrilla de la playa hayan vuelto a mirarme raro. La historia arranca con una reunión remember de algunas de las celebérrimas princesas Disney. Las riendas narrativas de la obra las va a llevar Ariel, mi adorada sirenita, en primera persona. Torpeza, caos, y un corazón que no le cabe en el pecho (que imagino ya no podría tapar con las almejitas). El resto de asistentes al reencuentro son Blancanieves, Jasmine (de Aladdin), Aurora (la Bella Durmiente), Bella y Mérida (de Brave). Ariel, separada del príncipe Erick desde hace años, columnista sentimental en un diario de poca monta y con dificultades económicas, piensa que sus circunstancias no están a la altura de las vidas asquerosamente perfectas y glamurosas de las demás, hasta que unos chupitos de tequila y unas cuantas cervezas obran el milagro y descubre que sus perdices felices tampoco han sobrevivido al paso del tiempo. Infidelidades, infelicidades y otras poluciones han convertido los cuentos de hadas en dramones de serie B. Como consejera sentimental sin estrenar, Ariel se propone ayudarlas y... Y piensan que se lo voy a contar, claro. Pues no. Se lo leen si se han quedado intrigados.
Qué paso cuando se terminaron las perdices 1 tiene un puntillo romántico, sentimental, pero, por encima de todo, hace reír al lector, mucho, muchísimo. La autora, con su desparpajo habitual, juega con clichés y arquetipos para provocar la carcajada irremediable. A los que conocen la forma de hablar y el acento de Gema Tacón, quizá les ocurra como a esta lectora, y lean la voz de Ariel como la de su autora (y entonces tengan que sujetarse la tripa porque les duele). Ya saben, siempre es mejor reír, sobre todo cuando la vida se pone cabrona.
miércoles, 30 de agosto de 2023
Deuda de sangre, de Ismael Orcero
sábado, 26 de agosto de 2023
La verdad no hace amigos, de Rafael Guerrero
Hay profesiones interesantes, profesiones arriesgadas y las hay también que producen un cierto morbo al personal que sabe poco o nada acerca de ellas. La de detective conjugaría, a mi parecer, los tres atributos. Si se mira en la RAE la definición de detective una se encuentra con esto: "Policía particular que practica investigaciones reservadas y que, en ocasiones, interviene en los procedimientos judiciales". Lo cierto es que yo lo cambiaría por "investigador privado", pero he leído en algún blog en Internet que hay ciertos matices diferenciales entre ambas profesiones relacionados con las tareas desempeñadas y la clientela de los mismos, pero no he podido averiguar si esto es realmente así o solo apreciación de quién lo escribe. Quizá el autor de la novela que acabo de terminar podría aportar alguna aclaración al respecto. Criminólogo, experto en seguridad y en servicios de inteligencia, ejerce de detective privado al frente de una agencia con solera en el ámbito de la investigación internacional. Más de treinta años como detective sin duda le otorgan material para escribir de sobra y, además, lo bendijeron con el don de la palabra, lo que le permite dotar sus vivencias con la épica necesaria para abastecer al público de lectura atractiva.
En La verdad no hace amigos (M.A.R. Editor, 2021), ganadora del X Premio Wilkie Collins que otorga el festival Tenerife Noir, Rafael Guerrero relata con una prosa sencilla (que no simple) y en primera persona (el autor se convierte en RG, el protagonista) dos de sus casos investigados en un pasado relativamente reciente. Su forma de narrarlos también es atractiva. En el marco de una investigación que lleva sus pasos a la Madre Rusia, introduce, a modo de informe, el caso cuyo culmen abre la novela. Vayamos por partes (ya, ya sé que como Jack el Destripador). Por un lado, ha de conseguir pruebas fehacientes que exculpen a su cliente Jorge de cualquier estratagema pergeñada por su amante y potencial mariticida. Empleará para ello una estrategia que le irá mordiendo la conciencia y la ética provisional, y nos irá contando el proceso mediante el "Informe Franchesca", que irá escribiendo a ratos mientras se encuentra inmerso en la siguiente misión. Unos padres angustiados le contratan para averiguar el paradero y condiciones de vida de los padres biológicos de su hijo Alexey, al que adoptaron dieciocho años atrás en Rusia. Tales pesquisas lo sitúan a él y a Silvia, su colaboradora rusa, en el punto de mira del doble rasero de los servicios de inteligencia rusos y de ciertas mafias cuyos tentáculos se adentran en el Kremlin. Todo un reto del que no saldrán con vida fácilmente.
Es la primera novela que leo del autor (tiene otras tres publicadas con anterioridad) y he quedado más que satisfecha. Su modo de narrar, sus juegos de palabras y sus reflexiones profundas in media re me han hecho disfrutar de lo lindo. Os dejo con una frase de la novela que me ha encantado:
El mundo es un gran teclado de ordenador y quien no pulsa las teclas se convierte en una de ellas. Darwin no previó esa mutación o se la calló para reírse desde la tumba (p. 63)
martes, 22 de agosto de 2023
Donde haya tinieblas, de Manuel Ríos Sanmartín
...donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría...
(Fragmento de la oración franciscana por la paz)
"Pecado" y "culpa" son dos conceptos de raigambre judeocristiana que han trascendido los márgenes de la doctrina religiosa y han permeado los diferentes estratos de la sociedad civil. Cambien la palabra "pecado" por "transgresión" y hallarán la versión laica del cuento. Como ejemplo, podríamos señalar que tanto ciertos programas de televisión como las redes sociales se han erigido en virtuales campos de batalla donde se libran las nuevas cruzadas, en desnortados púlpitos desde los que se proclaman catecismos pelín trasnochados, en postmodernas aras de juicio y de venganza. La justicia divina de la estulticia en masa a un solo click. Somos un estado con etiquetado laico fraudulento, qué le vamos a hacer. Manuel Ríos Sanmartín, director, productor, guionista de cine y televisión, y escritor al que acabo de leer por primera vez, combina esta coyuntura social con ingredientes de una investigación de primera y el resultado es una novela absolutamente magnífica (y negra, muy negra).
Donde haya tinieblas (Planeta, 2021), thriller de ritmo marcado y trama intensa, comienza con la desaparición en Madrid de una joven modelo rusa. La chica había viajado a la capital española para asistir a la inauguración de una tienda de lencería de una marca de primer nivel, pero no acudió al evento. Se hará cargo del caso un equipo de la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta), liderado por los inspectores Martínez y Pieldelobo. Sin embargo, lo que parecía un secuestro se complicará con la aparición de un cadáver en el altar de la pequeña Ermita de la Virgen del Ara, en Extremadura. A partir de ese momento, el autor demuestra su habilidad urdiendo una trama efectista en la que se van a mezclar diferentes líneas de investigación, relacionadas con la prostitución de alto standing y la doctrina cristiana, que llevarán al lector a distintos enclaves sagrados de la geografía española. Aparte del excelente engranaje de la trama, otro de los elementos clave de Donde haya tinieblas es el antagonismo de sus personajes principales. El inspector Martínez y la inspectora Pieldelobo son seres radicalmente opuestos, tanto en su modo de ver la vida como en su forma de investigar, con un punto importante en común. Al caos de un baby boomer algo carca con una divertida dispersión mental (me he reído mucho con él, y también me ha hecho llorar) se le opone la tozudez cuadriculada y feminista de una millennial que me ha sacado de mis casillas en más de una ocasión y a la que más tarde he comprendido (sin justificar su basura de carácter, que conste). No obstante, ambos tienen carisma de sobra y apostarán por entenderse en más de un plano. ¿Qué? ¿Ya les ha picado la curiosidad?
Con un ritmo ágil marcado a golpe de capítulo breve y una prosa intimista (lo narra el inspector Martínez en primera persona), sencilla y de una plasticidad tremenda, Manuel Ríos Sanmartín consigue en Donde haya tinieblas un thriller de acción de primera calidad que pone su foco de atención en el arma de doble filo que suponen las redes sociales (información vs. sobreexposición) y en una reinterpretación sui generi del Génesis (imagino el arduo trabajo de investigación previo a la escritura, dada el peso en la obra de la iconografía religiosa), así como en elicitar en el lector reflexiones en torno a la violencia y el machismo derivadas del discurso de sus personajes. Más que recomendable lectura.
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