martes, 14 de junio de 2022

La rosa de los cuatro estados II. Lágrimas de fuego, de Amador Peña

Ya habré escrito alguna vez (seguro) en este blog que sé que algo me gusta realmente cuando quiero más. Hay historias y personajes que pasan por nuestras vidas lectoras sin pena ni gloria, que no nos demandan más allá de lo leído hasta el momento de finalizarlas. Otros, sin embargo,   nos cautivan tanto y espolean de tal modo nuestra curiosidad que necesitamos –irremediablemente– avanzar en ellos hasta conocer el desenlace de desenlaces. Si encima son sagas que constan de más de dos títulos (y no nos percatamos antes de empezar a leerlas) nos obligan a ejercitar la virtud de la paciencia. Y en esas me hallo yo, metafóricamente mordiéndome las uñas, deseando saber qué les ocurre a Lulcio y a sus compañeros de viaje en su intento de salvar el Viejo Elion.

Acabo de leer la última página de La rosa de los cuatro estados II. Lágrimas de fuego (Ediciones Arcanas, 2019), de Amador Peña, y ya me pregunto cuándo (¡¡¿CUÁNDO?!!) se publicará el siguiente título de la saga. Tras el final –esperanzador por un lado, inquietante por otro– de la primera entrega (ver entrada anterior del blog), nos encontramos a un Lulcio más crecido, más maduro, capaz ya de tomar ciertas decisiones. Con uno de sus compañeros herido de gravedad en el Bosque de Cromos, y otro escindido del grupo con la intención de encontrar aliados que les aporten número y fuerza en su lucha, lo que conciben como una separación momentánea (para intentar salvar la vida del herido) deriva hacia el desastre. Lulcio y su tío Lesmes son capturados por los perseverantes grecos, que los conducen hacia la fortaleza de Aktum. Irineo queda al cuidado de Ercilia y de sus nuevas hermanas las sirenas, que arriesgarán su eterna belleza por ayudarlos en su misión. El hechicero Gerclass y el leñador Lizauro seguirán el rastro de Lulcio y Lesmes para rescatarlos, hasta darse de bruces con una amenaza que los hace desistir en su empeño y encaminarse hacia el desierto de Barum en busca de Evelio, el segundo de los Prestél que duerme bajo el hechizo de Aktum. Mientras tanto, el cazador Delio sufrirá lo indecible para recabar el apoyo de los francos, cuyo objetivo es acabar con los cuatro Prestél y poner fin así a los poderes del hechicero malvado. En el lado oscuro tampoco marchan muy bien las cosas: Lulcio se esfuma de su prisión con inesperada compañía, mientras una figura enormemente poderosa le recuerda a Aktum que debe restaurar el equilibrio del Viejo Elion si quiere continuar su proyecto. Para colmo de males, la maldición de Prisca (la madre de Aktum) es cada vez más evidente e incontrolable. ¿Quieren saber más? Pues ya saben, léanlo.

Una trama muy sólida, unos personajes bien construidos que se definen tanto por sus acciones en el presente como por sus vivencias en el pasado, y hasta un par de dragones son algunos de los alicientes para embarcarse en esta aventura de espada y brujería. Además, en esta entrega, aparte de magia, batallas y criaturas fantásticas, tenemos nuevos elementos que aderezan la intriga. Por un lado, la interacción de Lulcio con jóvenes de sus edad que lo colocará en una posición de liderazgo. Por otro, esa emoción indefinible que surge de un primer beso, de una primera complicidad. Esa que nos aloja bellos insectos en el estómago y nos impulsa a acciones descabelladas o ilógicas. ¿Sabrían ustedes ponerle nombre? 

martes, 7 de junio de 2022

La rosa de los cuatro estados: El último Prestél, de Amador Peña Ruiz

Ayer por la tarde, tras acabar de leer la obra que traía entre manos, investigué un poco por la red para averiguar si, con el paso de los años, los lectores de fantástica hemos subido algo en la escala de la crítica literaria –académica, rancia, a esa me refiero– y me llevé la agradable no-sorpresa de que no. Seguimos siendo esos lectores mediocres que ven en la literatura ÚNICAMENTE una vil forma de evasión. Inmaduros, retraídos, asociales... son algunas de las lindezas con las que se nos califica por parte de esos inteligentísimos señores (casualmente, la mayoría son hombres). A los escritores que practican este innoble género los condenarían, indudablemente, a las más atroces de entre las torturas. Leer ciertos artículos me provoca una sonrisa ladeada. Otros merecen directamente la más sonora de las carcajadas. No leo exclusivamente fantástica (excepto en ciertas épocas, como esta misma), pero ya de antemano les aviso de que estoy en completo desacuerdo con semejante consejo de sabios. La evasión es uno de los objetivos de la literatura tan lícito como cualquier otro. Además, admiro sinceramente la habilidad para construir mundos coherentes, a la par que personajes fantásticos completos y complejos. Afortunadamente, cada vez es mayor el número de personas que expresan sin pudor su afición por este género y, gracias a pequeñas editoriales que le dan voz (o tinta, en este caso), aumenta progresivamente la cantidad de autores que se atreven con él. Ediciones Arcanas –ya os he hablado de ellos alguna que otra vez– es uno de los sellos que apuestan firmemente por la literatura fantástica, y gracias a ellos llega a manos de los lectores la novela que acabo de terminar.

Se titula La rosa de los cuatro estados: El último Prestél, y el sello almeriense la publicó en diciembre de 2018. Su autor, Amador Peña Ruiz, opta en esta obra por la fantasía épica o heroica (básicamente, la que Fritz Leiber denominara a mediados de los 60 como de «espada y brujería»). Su protagonista, Lulcio, es un joven de 16 años que vive en una pequeña aldea junto a Ercilia, su madre. Lo desconoce absolutamente todo sobre sus orígenes –aunque su madre le recuerda constantemente el orgullo que debe sentir al ostentar el apellido Prestél—, y la mayoría de las noches su sueño se ve perturbado por terribles pesadillas que no es capaz de comprender. Tampoco conoce el mundo más allá del bosque tras el cual se oculta su aldea. Cierto día, mientras caza en el bosque junto a Delio, una serie de desafortunadas circunstancias darán lugar a que ponga por primera vez un pie fuera del bosque, y a que se ponga en marcha la maquinaria que le lleve a descubrir sus orígenes y el mal que asola el Viejo Elion (así se llama el mundo que habita). Un oportuno náufrago, que resultará ser un gran hechicero, jugará un papel clave en sus descubrimientos y e el cumplimiento de sus objetivos, relacionados con vencer a Aktum (otro hechicero, pero malvado donde los haya) y recuperar la estabilidad del Viejo Elion.

Amador Peña Ruiz nos presenta en esta novela un mundo fantástico oscuro, ya dominado por el mal y sus siniestros designios. Será nuestro joven Lulcio, saliendo de su cascarón y superando un indecible número de calamidades, el responsable de revertir esta situación. Para ello, contará con el apoyo de un grupo de peculiares compañeros que aportarán a la trama profundidad, perspectiva y momentos divertidos. La rosa de los cuatro estados: El último Prestél resulta así un viaje de crecimiento, de aprendizaje, donde tanto la magia como la lucha serán factores claves. 

jueves, 2 de junio de 2022

La noche de los Niños Eternos, de Francisco Javier García Hernández

Quienes me conocen o me siguen ya sabrán que la lectura es una de mis mayores pasiones, y que disfruto de prácticamente todos los géneros literarios. También sabrán que mi debilidad es la literatura fantástica. Es mi principal herramienta de desconexión en estos momentos. Abrir un libro y que desaparezcan los problemas, la rutina, y hasta este calor que ya me está pareciendo insoportable. Hoy les vuelvo a traer narrativa fantástica juvenil –que por fortuna goza cada vez de mejor salud–, con una obra que me ha traído a la memoria (con mucha emoción, por cierto) la fantasía heroica de la entrañable Historia interminable de Michael Ende. Qué quieren que les diga, lo de salvar un mundo mágico me fascina hasta límites indescriptibles.

La obra se titula La noche de los Niños Eternos (Raspabook, 2015) y a su autor, Francisco Javier García Hernández, lo conocí como ilustrador de Las aventuras del piloto Rufus, de Manuel Moyano (también de Raspabook). García Hernández construye en esta novela una historia maravillosa repleta de aventuras, y con un bello mensaje que el lector ya irá intuyendo conforme avanza en la lectura. Nos presenta a Alabilú, el protagonista, un joven duende, en una inquietante noche de tormenta que le cambiará la vida, aunque no será consciente de ello en ese momento. Al día siguiente, la gran familia de Alabilú, al igual que los demás habitantes de La Ladera, se sumergirán en una jornada frenética de preparativos para la Gran Fiesta preludio de la llegada de los esperados Niños Eternos, portadores de un mensaje de vital importancia para la comunidad. Ese mensaje será transmitido a través del Eslabón, cuya elección siempre es un misterio. En esta ocasión, será Alabilú el elegido, por circunstancias completamente opuestas a las deseadas. Los Niños Eternos y el mundo en el que vive están en grave peligros. Seres oscuros y malignos acechan en las sombras dispuestos a acabar con la luz y la bondad e instaurar su reinado de dolor y desesperanza. El valiente Alabilú, junto con su inseparable Búho Kruku (que no es un búho en realidad), Brillúbilla (la reina de las Hadas de la Luz), la Bruja Libélula y otra serie de personajes simpáticos y pintorescos tendrá que involucrarse en una búsqueda arriesgada, sorteando todo tipo de peligros y circunstancias insólitas, que pondrá fin a la siniestra amenaza. Para ello, deberá enfrentarse a las Brujas Negras, los Gatos Aparentes y otra serie de criaturas que intentarán boicotear su complicada misión. Finalmente... Y se habrán pensado que se lo voy a contar. Si quieren saber, pasen y lean, señores.

Reconozco que aunque al principio de la lectura me pareció que La noche de los Niños Eternos era demasiado junior, no tardé en darme cuenta de que estaba equivocada, al engancharme a las pocas páginas. Uno de los alicientes de la obra es la fascinante capacidad imaginativa del autor a la hora de crear criaturas mágicas peculiares, asombrosas, extravagantes e incluso, en ocasiones, disparatadas, que más de una vez te hacen sonreír, y denominarlas de formas divertidas, literales e incluso poéticas. Las descripciones de los escenarios son minuciosas y, sobre todo en lo referente a paisajes naturales, rebosantes de belleza. Su modo de pintar la luz con palabras es sencillamente prodigioso. En resumen, una lectura muy adecuada para juniors de cualquier edad. 

jueves, 19 de mayo de 2022

La rosa de Naran II. El destino de Aekya, de Saray Santiago

 


 Los que me seguís o me conocéis, sabréis ya de sobra que la fantasía es uno de mis terrenos favoritos. Lo que quizá no sabéis es que siento verdadera pasión por los elfos. Seguramente los conoceréis como esos seres bellísimos y longevos como la Galadriel de El Señor de los Anillos pero, en realidad, hay más tipos de elfos, y algunos no son tan guapos.Los drow o elfos oscuros (Dökkálfar o Svartálfar en nórdico antiguo) son criaturas mitológicas del folklore nórdico cuyas características son parecidas a las de los enanos (ya que intentan evitar la luz, aunque no sean necesariamente subterráneos), y constituyen por lo general el contrapunto de los elfos de la luz (los Ljósálfar).Aunque originariamente encarnaran el papel de guardianes ancestrales protectores del pueblo (con algo de mal genio si se sentían tratados de forma grosera), en la literatura fantástica asumen comúnmente el rol de malvado o antihéroe. Por ejemplo, en El Silmarilion de J.R. Tolkien, al principio se identifican con los Moriquendi (aquellos elfos que no vieron la luz de los árboles de Valinor). Después, en el período de exilio de los Noldor, se asocian a los Avari (los elfos de la Tierra Media que no pertenecen a los Noldor ni a los Sindar), para finalmente pasar a denominar definitivamente a los elfos capturados por Melkor, cuya sangre sería utilizada para crear una raza superior de malvados orcos. En el universo de Reinos Olvidados, escenario de campaña para Dungeons & Dragons y marco ambiental de novelas como El elfo oscuro de R.A. Salvatore, los drow son una raza mezquina incapaz de soportar la luz del sol. En Warhammer, se les define como criaturas que dieron la espalda a los Cadai (los dioses buenos) y comenzaron a adorar a los Citharay (los dioses oscuros). En La rosa de Naran, Saray Santiago continúa la tradición a este respecto adscribiendo a los drow a la raza de los renegados, forzados a emigrar de las tierras mágicas de la luz y asentarse en el inhóspito territorio de Infierno Oscuro. Ah, claro, qué despiste. Se me olvidaba mencionar que toda esta erudición sobre estas versátiles criaturas viene por haber terminado la segunda entrega de la saga de esta maravillosa escritora almeriense. 

 En la contraportada de La rosa de Naran II. El destino de Aekya (Ediciones Arcanas, 2019) ya se nos avisa de que, en ocasiones, es necesario viajar al pasado para comprender el futuro. Es por ello que Saray Santiago, la autora, utiliza la dolorosa historia de Aekya, paladina de la Guardiana de la Tierra de Zailën, para ilustrarnos sobre el origen de la rosa de Naran (un poderoso objeto mágico que, combinado con la daga azul, es capaz de destruir a los Guardianes y, por tanto, el mundo de la luz) y las repercusiones que podría tener en el futuro (lo averiguaremos cuando por fin tengamos en nuestras manos la tercera entrega de la saga). Aekya, hija del cruel Tharsus, jefe supremo de un clan de elfos drow, es distinta al resto de su especie. No disfruta matando, ni torturando, y ello le cuesta, ya desde muy pequeña, sufrir despiadados castigos por parte de los suyos. Cerca ya de su madurez, del momento en que se convertirá en mujer y recibirá sus dones mágicos, ha de tomar una difícil decisión: huir de aquel mundo sádico que detesta o salvar a su madre. Opta por lo segundo, y para ello deberá fingir ser quien no es: una guerrera feroz e implacable al servicio del tirano de su padre. Arduas sesiones de entrenamiento y seguir a pies juntillas el principal consejo que le da su progenitora pronto la convierten en un elemento indispensable para el cumplimiento de ambiciones del megalómano Tharsus: aunar a todos los clanes drow (bajo su mandato, por supuesto), encontrar los objetos mágicos que les permitan acabar con los arrogantes Guardianes que los mantienen encerrados en Infierno Oscuro y poder vengarse así, por fin, de los odiosos elfos de la luz. Mientras tanto, llora a escondidas cada trozo de alma que va perdiendo con cada muerte, y se refugia en la Torre de la Luna, lugar que le dará la clave para entender por qué es tan distinta a los demás. Por el camino, encontrará también un elemento con el que no contaba y que la hace si cabe más vulnerable: el amor. ¿Logrará Aekya alcanzar sus objetivos sin corromperse? ¿Perderá su alma en el siniestro camino que le ha sido marcado? ¿Qué destino la aguarda? Para saberlo, evidentemente, tendrán que leerla, pues no se la voy a contar yo. 

 Saray Santiago vuelve, en esta segunda entrega de La rosa de Naran, a otorgar al amor (en todas sus dimensiones) un papel central en la obra. Vuelve a mostrarnos unos personajes completos y complejos a la vez que desarrolla una trama bien engranada y con la tensión dramática pautada a la perfección. Nos habla de lazos familiares, de sentimientos, de dudas pero, sobre todo, nos habla de la importancia de ser uno mismo, de honestidad e integridad, de fuerza de voluntad. Y nos hace sufrir, vaya que sí. Aunque, claro, como decía mi abuelo, palos con gusto no duelen, y aquí estoy yo deseando que salga ya la siguiente entrega. Saray, por favor, no tardes...

lunes, 9 de mayo de 2022

La rosa de Naran, de Saray Santiago Fernández

 “No creamos un mundo de fantasía para escapar de la realidad. Lo creamos para poder quedarnos”. Son palabras de Lynda Barry, autora y dibujante estadounidense, y yo, desde el punto de vista lector, las suscribo totalmente. Parecerá extraño, incluso paradójico, pero la magia y la fantasía pueden convertirse en refugios que actúen de elementos de anclaje a la realidad que a cada uno nos ha tocado vivir. Quizá sea porque en ellas podemos proyectar nuestros sueños, nuestros anhelos más profundos e intangibles, jugar con ellos y disfrutarlos sin censura. O, tal vez, puede que el atractivo de la fantasía resida en que obtiene el máximo rendimiento del arma más poderosa a disposición de los humanos: la imaginación. Sean cuales sean los motivos, lo cierto es que el género fantástico es uno de mis favoritos.

Hará unos tres años, en la Feria del Libro de Almería, tuve la suerte de encontrarme con el stand de Ediciones Arcanas, una pequeña editorial almeriense que apuesta fuerte por la fantasía. Allí compré, entre otros títulos, La rosa de Naran (cuya primera edición fue publicada por Ediciones Atlantis en 2014 y la segunda, por Ediciones Arcanas en 2016), de Saray Santiago. Es el cuarto título que leo bajo el sello de Arcanas y, al igual que los tres anteriores, me deja con ganas de más (por suerte, tengo la segunda parte esperándome en la mesa del despacho). En La rosa de Naran, Saray Santiago nos lleva hasta Zailën, territorio inventado donde seres mágicos y humanos viven separados desde hace milenios. La historia comienza con una pareja de humanos que recibe un regalo inesperado: una preciosa bebé en la puerta de su casa, junto a dos cartas y un anillo que atestiguan la identidad de la pequeña. Kat –así se llama la niña– crecerá feliz junto sus padres adoptivos, y será poseedora de un don especial que mantendrá en secreto para no ser señalada. Un buen día, mientras trabaja junto a su padre, se cruzará en su camino Will, un apuesto joven que de inmediato le robará el corazón pero le dará el suyo a cambio. Kat y Will comenzarán a soñar con un futuro juntos lleno de amor y de niños pero, la misma noche en que nuestra protagonista cumple dieciocho años, le será desvelado su origen y se desencadenará una serie de acontecimientos que cambiarán su vida para siempre. Junto a su amado y con la ayuda de su recién descubierta madre, se verá obligada a huir y llegar a la tierra mágica de Esmelina, donde tendrá que aprender con rapidez a controlar sus poderes para evitar que estos la destruyan. Allí estará a salvo y no caerá en las garras del malvado Atarrán, un hechicero mezquino que ansía dominar el mundo mágico y el humano, pero... Pero nada, si les ha picado la curiosidad y quieren saber más, tendrán que leerla.

Apta para todos los públicos, La rosa de Naran atrapará al lector prácticamente desde la primera página. En ella, Saray Santiago combina a la perfección elementos y estructuras del cuento tradicional con un cambio en la relevancia de los roles femeninos.  Dibuja en profundidad a la mayoría de personajes, por lo que tiene la empatía del lector garantizada. Y su manejo de la tensión dramática, soberbio. Una excelente historia fantástica narrada con mucha magia. No se la pierdan.


domingo, 1 de mayo de 2022

El proyecto Escipión, Roberto Villareal

En el año 218 a. C., y con el objetivo de interrumpir la línea de suministro de Aníbal y sus cartagineses, se produce el primer desembarco de romanos en el noreste del territorio español. A partir de ese momento, dará comienzo el proceso largo y tedioso (casi dos siglos duró) de la romanización de la Península Ibérica, que pasaría a denominarse Hispania. La civilización romana, mucho más avanzada y refinada que las culturas que habitaban la península en aquel momento, sometió sin cortapisas   a la población autóctona (como en todas las invasiones), imponiendo sobre ella su religión, sus leyes, sus costumbres y, en general, el modo de vida de Roma. La influencia romana se extendió por todas las ciudades que ya existían a su llegada, pero tuvo especial repercusión urbanística en los asentamientos de nueva construcción, tales como Augusta Emerita (Mérida), Itálica (ahora Santiponce, en Sevilla) y Tarraco (a la que hoy conocemos por el nombre de Tarragona). Conservamos de aquella época centenares de infraestructuras, monumentos, costumbres y leyes (véase el Derecho Romano). Sin embargo, lo más relevante en cuanto a esta entrada se refiere, es la posibilidad que ofrece a escritores (de este y de todos los tiempos) de inspirarles obras como la novela que nos ocupa y cuyo escenario no es ni más ni menos que Tarraco, la ciudad milenaria que mora en los subterráneos de la actual Tarragona.

El proyecto Escipión, escrita por Roberto Villareal y publicada por Roca Editorial hace poco más de quince días (abril 2022), bebe de la cultura romana mientras desgrana una historia policíaca en la que nada es lo que parece (o sí, pero no del todo). El principal protagonista es Néstor, un joven tímido y apocado que, sin vocación alguna, ejerce de policía local en la capital tarraconense. Una noche, mientras hace la guardia nocturna junto a su primo Juanjo, debe acudir a inspeccionar la villa romana de Els Munts ya que, al parecer, unos gamberros han saltado la valla. Lo que encontrarán en el interior de la villa, concretamente en donde antiguamente se ubicaban las letrinas, los dejará sin aliento. Poco después, un nuevo crimen en otro de los lugares emblemáticos de la ciudad, donde se encuentra trabajando Faustino, su mejor amigo, plantará en nuestro inexperto investigador la semilla de un planteamiento que ya no le abandonará: el asesino sigue una pauta que, muy probablemente, esté muy relacionada con los usos y costumbres de la civilización que levantó Tarraco. Junto a Faustino, Pepe Miralles –un periodista retirado— y la joven bibliotecaria que le ha robado el corazón, iniciará una investigación que lo empujará a terreno peligroso. Dicha investigación le hará también enfrentarse a un pasado del que intenta alejarse, marcado por el suicidio de su padre cuando tenía 8 años, su vuelta a tierras vascas junto a su ama y una niñez y adolescencia envenenadas por continuos episodios de bullying. Dichas circunstancias lo impulsan a buscar refugio en la biblioteca de la casona donde trabaja su madre, y le convertirán en un apasionado de la historia y la estrategia militar, lo que le resultará muy útil ante los acontecimientos en los que se involucrará más tarde. Al final... Ya saben, si les ha picado la curiosidad, léanlo, no se lo voy a destripar yo.

El proyecto Escipión, como se indica ya en la cubierta de la obra, "resucita el legado más oscuro de la Roma imperial" dos milenios después de su existencia. El autor juega a menudo con el lector, modulando con frecuencia la tensión dramática mediante la aportación de gran cantidad de información histórica, arquitectónica y arqueológica que dotará a la milenaria ciudad de Tarraco y sus vestigios en la actualidad de una solidez igual a la del resto de personajes de carne y hueso. Misterio, intriga, algo de amor y, sobre todo, mucha Roma. 

sábado, 23 de abril de 2022

Aurora de sueños, J. Antonio Sabater Albertus

Vuelvo a mi blog, a mi hogar, tras unas cuantas semanas de ausencia por motivos varios, con una obra que ha sido un regalo por partida doble. Entre otras cosas,  ha reavivado en mí la llama de la pasión lectora, en cierto modo debilitada en los últimos tiempos por razones que no vienen al caso. Muchas lecturas me han emocionado, lo reconozco, pero pocas hasta el punto de hacerme romper a llorar. Las 290 páginas de esta novela lo han hecho. Y me han recordado quién soy y dónde quiero ser y estar.

Os hablo de Aurora de sueños, de José Antonio Sabater Albertus, publicada bajo el sello de Libro Azul en septiembre de 2019. Ambientada en la huerta oriolana que vio nacer a su autor, Aurora de sueños narra la historia de Carmen, una joven maestra albaceteña cuyo primer destino es el pueblo ficticio de Benquífar, allá por el año 1933. Cargada de sueños, y del idealismo que trajo consigo el advenimiento de la Segunda República española, la protagonista tendrá por delante una ardua tarea: llevar la educación a un enclave rural en el que hasta entonces no se conocía la escuela, instaurando en él los valores de igualdad y justicia social auspiciados por la bandera republicana. Encontrará allí gentes de carácter rudo pero en su mayoría noble, sencillos y humildes pero con un corazón de oro, que la acogerán con los brazos abiertos, una vez superado su desconcierto inicial ante su vestido rojo y sus pantorrillas al aire.  Convertirá una destartalada barraca en una escuela acogedora, fundamentada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza que un día iniciara Giner de los Ríos, donde la coeducación es un pilar esencial; el aprendizaje, un proceso continuo y colaborativo, y el objetivo, más allá de la transmisión de conocimientos, se centra en la formación de personas capaces de perseguir un ideal hasta conseguirlo. Tamaña revolución se topará, por supuesto, con la Santa Madre Iglesia y la tradición, y habrá de encontrar el modo de sortearlas. Le costará adaptarse a las costumbres y a las limitaciones de un lugar como Benquífar pero, poco a poco, se convertirá en su hogar. Paralelamente a la evolución de nuestra protagonista, como docente y como persona, el lector podrá ir descubriendo en las páginas de Aurora de sueños las vicisitudes del turbulento período que supuso la Segunda República, el comienzo de la Guerra Civil y el final de la misma, y cómo se vivieron estos acontecimientos en la vega oriolana (y, por extrapolación, en entornos similares). Será testigo de la injusticia, del caciquismo, de las expectativas, de las ilusiones y los logros, de la crispación del ambiente (con la taberna como epicentro). De la pobreza. Del hambre. De la tristeza. Del miedo.

José Antonio Sabater nos ofrece, en Aurora de sueños, una historia preciosa, desgarradora a veces, y, si no real, basada en testimonios y experiencias de quienes vivieron aquellos momentos convulsos o de quienes los recibieron de sus mayores. Una narración que respira hoja de limonero y de naranjo, fresca como el agua de acequias y azarbes, con una fuerza telúrica que brota de la tierra húmeda de los bancales y las almajaras. Una narración repleta de huerta, sus aromas y sus colores, enmarcada en un lenguaje cuidado y correctísimo salpicado de léxico y giros locales. Destacaría, entre otras muchas cosas, la gran habilidad de Sabater para construir a sus personajes, redondos, completos, y con un potencial enorme de ganarse la empatía del lector. En resumen, lectura absolutamente recomendable. No se la pierdan. 

Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin

En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las goza...