¿Qué pasa cuando las grandes batallas acaban, caen los que en un momento ostentaron el poder y el aroma de la guerra se disipa entre las nubes? En las novelas de fantasía épica, ese momento suele coincidir con el comienzo de un periodo de paz. Sin embargo, en el áspero universo nacido de la genialidad de George R.R. Martin, el final del conflicto supone el punto de partida de una nueva y dolorosa lucha por la supervivencia. Tras el remolino de sangre e impactantes giros argumentales de Tormenta de Espadas, la lectura de la siguiente entrega de la saga desconcierta y fascina a los lectores a partes iguales. En lugar de conservar el ritmo frenético de la anterior, esta nueva entrega bucea en las pestilentes aguas de las cloacas del poder, los intricados recovecos de la pérdida y las cicatrices que quedan tras el conflicto.
Festín de Cuervos (Harper Collins, 2011), la cuarta entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, es un libro diferente a los anteriores pero fundamental. Tras el terremoto de Tormenta de Espadas, el autor decide bajar las revoluciones y mostrar detalladamente al lector las crudas consecuencias de la guerra en Poniente. En Festín de Cuervos el foco se sitúa sobre la reconstrucción y el vacío de poder tras la Guerra de los Cinco Reyes. No es la cronología la que vertebra la trama de la novela, sino la división geográfica de los personajes: debido a la extensión del manuscrito, Martin decidió separar la trama por personajes. Aquí el lector será testigo principalmente de los eventos acaecidos en Desembarco del Rey, Dorne, las Islas del Hierro y El Dominio, dejando a figuras como Jon Nieve, Daenerys Targaryen y Tyrion Lannister para el siguiente volumen. La novela comienza inmediatamente después de los catastróficos eventos de Tormenta de Espadas, que han dejado a Poniente sumido en la miseria, la ruina y la devastación. Mientras los grandes señores intentan consolidar una tregua que parece imposible, los carroñeros (humanos y animales) se disputan los restos del destrozado continente. Desembarco del Rey se ha convertido en un nído de víboras donde Cersei Lannister ejerce la regencia tras la muerte de su padre, Tywin Lannister. Desquiciada por su propia paranoia, una profecía del pasado y el profundo odio que siente hacia su hermano Tyrion, comienza a tomar decisiones políticas poco acertadas. En las Islas del Hierro, se convoca una Asamblea de Sucesión tras la muerte de Balon Greyjoy, resultando coronado su hermano Euron, más conocido como "Ojo de Cuervo", un despiadado pirata versado en las artes oscuras que ambiciona conquistar Poniente utilizando un misterioso objeto capaz de controlar dragones. Mientras tanto, en el soleado Dorne, el pacífico Doran Martell se verá obligado a lidiar con la sed de venganza de su pueblo y su familia más cercana tras la muerte de su hermano, Oberyn Martell, la Víbora Roja. Brienne de Tarth recorrerá los devastados y peligrosos caminos de las Tierras de los Ríos buscando a Sansa Stark para cumplir varias promesas, mientras esta se oculta en el Valle de Arryn bajo una identidad falsa. Por último, allá en el gélido norte del Norte, en el Muro, el nuevo Comandante de la Guardia de la Noche, Jon Nieve, envía a Samwell Tarly a la Ciudadela Antigua, a forjarse un collar de maestre, y con la misión secreta de proteger a un infante de sangre real.
Aunque Festín de Cuervos es una novela en la que el ritmo se ralentiza y la acción decae a niveles drásticos en comparación con Tormenta de Espadas, y a pesar de que apenas vemos a algunos de los personajes con más peso dentro de la saga, también tiene sus puntos fuertes. Uno de ellos es su profundidad política, el modo magistral en que Martin explora las consecuencias del conflicto en el pueblo llano y la Iglesia. Otro acierto es su desarrollo de los personajes, especialmente de Cersei y Jaime Lannister, de los cuales recibimos una brillante perspectiva psicológica partiendo de sus puntos de vista. Asimismo, Martin expande el universo de Poniente introduciendo las peculiares y complejas culturas de las Islas de Hierro y de Dorne. Mención aparte merece el monólogo del Septón Meribald, posiblemente uno de los mejores discursos acerca de los "hombres rotos" y los horrores de la guerra leídos en literatura fantástica. En definitiva, queda claro que en Festín de Cuervos el lector no será testigo de grandes batallas ni hazañas memorables, y que su ritmo lento y la fragmentación de personajes le exigirá paciencia. Sin embargo, supone una detallada radiografía de las secuelas de la guerra y la decadencia del poder. Además, creo que enriquece considerablemente el universo de Poniente y es una muestra más de una madurez literaria incontestable que ha cambiado algunos de los axiomas de la fantasía moderna. Ya sabéis, si os ha causado curiosidad, no dejéis de hincarle el diente.
Esa pausa en Poniente justo antes de comenzar otra oleada de venganzas, derrocamientos, traiciones y puñaladas por doquier. Fantástica reseña!!
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