lunes, 19 de octubre de 2026

En lo que preferiría no pensar, de Jente Posthuma

En la vida, ciertas personas terminan, indefectiblemente, convirtiéndose en parte de quienes somos. Construimos nuestra identidad a través de los afectos, de los recuerdos compartidos y de esas complicidades que nos hacen sentir que pertenecemos a un pequeño universo común. Por esa razón, cuando alguien tan esencial desaparece, no solo sentimos su ausencia, sino que nos vemos en la obligación de enfrentarnos a la difícil tarea de descubrir quiénes somos sin esa persona. Y es que hay pérdidas que nos arrebatan mucho más que una presencia; nos obligan a reconstruir la imagen que teníamos de nosotros mismos.

En En lo que preferiría no pensar (Bunker Books, 2023), la neerlandesa Jente Posthuma explora con una sensibilidad extraordinaria ese territorio frágil e íntimo del duelo. La protagonista de esta novela comparte con su hermano gemelo un vínculo que ha marcado su manera de entender la vida y de reconocerse en el mundo. Cuando él desaparece, ella debe enfrentarse al vacío que deja su ausencia y reconstruir, a través de los recuerdos y de las pequeñas historias que los unieron, una identidad que hasta entonces parecía inseparable de la suya. ¿Cómo aprender a vivir cuando perdemos a quien considerábamos una parte imprescindible de nosotros mismos?

Uno de los grandes hallazgos de esta obra es la maravillosa manera de narrar de Posthuma. Su prosa, aparentemente sencilla, posee una profundidad y una personalidad fascinantes. Con una escritura contenida, inteligente y atravesada por una ironía sutil, la autora encuentra la emoción en los detalles cotidianos, en las peculiaridades de sus personajes y en esos pensamientos aparentemente insignificantes que, de pronto, revelan toda la complejidad del ser humano. No necesita recurrir al dramatismo ni a frases grandilocuentes para conmovernos. Su gran talento reside precisamente en lo contrario: en sugerir más de lo que explica, en permitir que los silencios hablen y en combinar el dolor con ese humor inesperado que forma parte de nuestras contradicciones. La memoria aparece fragmentada —fiel reflejo de la vida—, y el duelo se convierte en un proceso repleto de preguntas, incertidumbres y descubrimientos.
Otro mérito de la novela que considero especialmente interesante y valioso es que su protagonista no está construida para resultar necesariamente simpática ni para responder a lo que esperamos de una persona que atraviesa una pérdida. Es compleja, peculiar, a veces difícil de comprender. Sin embargo, la escritura nos invita a acercarnos a ella sin juzgarla, a escuchar sus razonamientos y a descubrir la lógica íntima que se esconde detrás de sus comportamientos. La autora no pretende ofrecernos un personaje perfecto, sino un ser humano que intenta entenderse a sí mismo mientras el mundo parece exigirle que sepa cómo vivir.

Sin embargo, En lo que preferiría no pensar no es solamente una novela sobre la pérdida. Es también una reflexión sobre los vínculos afectivos, la dependencia emocional y la necesidad de aprender a existir más allá de las personas que amamos. Porque reconstruirse no significa olvidar ni dejar de querer, sino descubrir que podemos conservar a alguien en nuestros recuerdos sin quedar atrapados para siempre en su ausencia. Esta novela nos recuerda que crecer también significa aceptar que nuestra identidad puede transformarse, que hay preguntas para las que quizá nunca encontremos respuesta y que seguir adelante no implica traicionar aquello que hemos perdido.

Delicada, inteligente y profundamente humana, En lo que preferiría no pensar encuentra en la sencillez su mayor virtud y en la singular voz de Jente Posthuma su principal fortaleza. Una lectura que nos invita a mirar hacia dentro y que demuestra que, a veces, la literatura alcanza su mayor belleza cuando consigue poner palabras a aquello que apenas sabemos nombrar: el vacío que deja la ausencia y la lenta, difícil y necesaria tarea de volver a encontrarnos. Una lectura que confirma que la literatura alcanza su verdadera grandeza cuando consigue convertir lo más íntimo en algo universal. Y una magnífica oportunidad para descubrir la singular sensibilidad narrativa de Jente Posthuma, una autora que sabe que, a veces, las palabras más sencillas son las que mejor saben nombrar aquello que nos resulta imposible decir. Absolutamente recomendable.

miércoles, 14 de octubre de 2026

No fue un bolero de amor, de Miquel Sanchis

Hay lacras sociales que, por mucho que avancemos como sociedad, siguen proyectando su sombra sobre la vida de miles de mujeres. La violencia machista es una de las más dolorosas, una herida que no siempre deja marcas visibles, pero que va desgastando la autoestima, apagando la voz y robando, poco a poco, la libertad. Detrás de muchas puertas cerradas se esconden historias de miedo, de silencios impuestos, de afectos confundidos con posesión y de mujeres que, en algún momento, llegaron a creer que aquello que las hacía sufrir también era amor. Por eso, la literatura se convierte en una herramienta imprescindible para mirar de frente esta realidad, para poner palabras a lo que tantas veces se calla y para recordarnos que ningún amor verdadero debería exigirnos renunciar a nosotros mismos. Por eso quiero decir gracias, profundas e infinitas, al autor de la novela que acabo de terminar.

No fue un bolero de amor (2021), de Miquel Sanchis, nos invita a adentrarnos en uno de esos territorios emocionales donde el amor y el dolor parecen confundirse, donde las palabras adquieren el peso de las heridas y donde lo que se cuenta importa tanto como la manera de contarlo. Porque hay historias que no necesitan levantar la voz para estremecernos; basta con acercarnos a ellas, escuchar lo que tienen que decirnos y permitir que sus silencios nos interpelen. En esta novela, Miquel nos habla de una relación que no comenzó con miedo, sino con ilusión. Todo parece suceder de manera casi imperceptible: pequeños gestos, actitudes que se disfrazan de preocupación, límites que van desapareciendo y una libertad que se estrecha sin que apenas nos demos cuenta. Hasta que un día descubrimos que aquello que parecía amor empieza a convertirse en una prisión. El autor nos acerca a la historia de una mujer que se ve atrapada, poco a poco, en una relación marcada por el maltrato. Ni nombre tiene hasta el final. Lo que inicialmente puede parecer una situación cotidiana va transformándose en una espiral de aislamiento, anulación y sufrimiento. La protagonista se adentra en una realidad cada vez más oscura, en la que el miedo termina por condicionar su existencia y en la que recuperar su propia voz se convierte en una necesidad vital. No fue un bolero de amor no es únicamente una historia sobre el dolor, sino también una invitación a reconocer las señales de las relaciones tóxicas, a comprender cómo puede desarrollarse la violencia de manera gradual y a cuestionar esa peligrosa idealización del amor que, en ocasiones, nos lleva a confundir la dependencia con la entrega y el control con la preocupación. La pregunta que duerme bajo el título es tan sencilla como estremecedora: ¿podrá esa mujer mirar atrás y contar su historia, reivindicando finalmente que aquello que vivió no fue una canción de amor, sino una experiencia que nunca debió sufrir?

Uno de los aspectos más interesantes de la novela radica en su forma narrativa. Sanchis apuesta por una narración en primera persona en la que la protagonista se dirige directamente al un interlocutor cuya voz no leemos, y que podría solaparse con la figura del lector. Esta elección crea una cercanía extraordinaria. No contemplamos los acontecimientos desde una distancia segura, ni recibimos los hechos a través de una voz ajena que nos los explica desde fuera. Nos situamos ante alguien que nos habla, que nos introduce en su mundo y que nos hace partícipes de sus recuerdos, sus emociones y sus reflexiones. La lectura adquiere así una intimidad casi confesional, como si cada página nos acercara un poco más a una experiencia que, por dolorosa que resulte, merece ser comprendida. En una novela que aborda el maltrato, la voz narrativa adquiere una dimensión especial. Hablar puede significar recuperar una parcela de libertad, ordenar los recuerdos, comprender lo sucedido y atreverse a nombrar aquello que durante demasiado tiempo permaneció oculto. Esa forma directa de narrar intensifica la empatía y nos recuerda que detrás de cada historia de maltrato hay una persona, una identidad y una vida que no pueden reducirse al sufrimiento padecido. Además, el título de la novela encierra una poderosa contradicción. Un bolero nos remite a la música, a la pasión, a la nostalgia y a esas historias sentimentales que parecen destinadas a permanecer en la memoria. Sin embargo, aquí la música del amor se quiebra ante una realidad mucho más amarga. ¿Qué sucede cuando una relación deja de ser un lugar seguro? ¿Qué ocurre cuando los gestos que parecían expresar cariño terminan convirtiéndose en instrumentos de control? ¿Cómo se reconstruye una misma cuando el sufrimiento ha ido ocupando el espacio que antes pertenecía a los sueños? El amor no debería exigir miedo, ni aislamiento, ni renuncias que nos despojen de nuestra identidad. Tampoco debería convertir la vida compartida en un territorio donde una persona ejerce poder sobre otra. Por eso, una de las reflexiones más necesarias que suscita esta historia es la importancia de distinguir el amor de la dependencia, la entrega de la anulación y los celos del cuidado. El maltrato no es una manifestación desmedida de la pasión, ni una tragedia romántica que el tiempo pueda embellecer. Es una forma de violencia que debe ser reconocida, denunciada y combatida. Y la literatura, cuando se atreve a explorar estas realidades, contribuye a romper los silencios que las mantienen ocultas. No fue un bolero de amor es una invitación a mirar de frente una realidad dolorosa y a preguntarnos cuántas veces hemos confundido, como sociedad, el sufrimiento con una prueba de amor o la renuncia personal con una forma de entrega. Como mujer, gracias, Miquel.


lunes, 12 de octubre de 2026

Los ojos del cielo (Hijos de Teluria III), de Alberto Guaita Tello

Nunca resulta sencillo despedirnos de un universo que nos ha acompañado durante muchas páginas. Cuesta cerrar la puerta a esos lugares que hemos aprendido a habitar con la imaginación, dejar atrás a unos personajes que, de algún modo, se han convertido en compañeros de viaje y aceptar que una saga llega a su final. Y es que hay historias que no terminan cuando llegamos a la última página: permanecen en nosotros, como una luz que se resiste a apagarse, como el eco de una voz que todavía tiene algo que contarnos. Y esperemos que así sea durante mucho tiempo, porque me resisto a abandonarlos del todo.

Los ojos del cielo ( Ediciones Km 0, 2026), última entrega de la saga Hijos de Teluria, nos invita a regresar a ese universo fantástico que Alberto Guaita Tello ha ido construyendo, un mundo en el que la realidad y lo extraordinario se entrelazan y donde los destinos individuales forman parte de una historia mucho más grande. Tras el camino abierto por Los ojos del mar y continuado en Los ojos del desierto, esta última etapa nos recuerda que las grandes aventuras no solo se miden por los peligros que afrontan sus protagonistas, sino también por todo aquello que están dispuestos a arriesgar, proteger y amar. En Los ojos del cielo, una oscura amenaza se cierne sobre Teluria, sus territorios y la Tierra. Los tenebrosos Duales y su octaedro han irrumpido en estos mundos con la intención de saldar una deuda ancestral y recuperar un poder que podría someterlo todo a su voluntad. A bordo de La Casa de Todos, Etienne y Ciel descubren una inquietante verdad sobre sus orígenes. Tras las huellas del anillo de Turj, emprenden un peligroso recorrido por distintos planetas en busca de los Sagrados Mellizos, en una carrera contrarreloj de la que depende mucho más que su propio destino. Mientras tanto, en la Tierra, Lión y Fanya viajan hasta el lago Nyos para investigar la aterradora criatura que ha emergido de sus aguas. Malaam, por su parte, debe escapar de quienes buscan vengarse de él. Al mismo tiempo, en las profundidades de Teluria, una Fanya rejuvenecida intenta reunirse con Sharduk, mientras La Voz prepara a sus tropas para asaltar el último refugio del general Lucas. Los destinos de tres mundos vuelven a entrelazarse en una lucha marcada por secretos, antiguas heridas y fuerzas capaces de cambiarlo todo. En esta entrega final de la trilogía Hijos de Teluria, Alberto Guaita Tello conduce a sus personajes hacia un desenlace épico en el que las piezas de una historia extraordinaria deberán encajar antes de que la oscuridad lo devore todo.

Del mar al desierto, y ahora bajo la inmensidad del cielo, cada escenario parece guardar sus propios secretos y cada paso nos acerca un poco más al destino de quienes han dado vida a esta historia. La fantasía se convierte así en un territorio para explorar emociones muy humanas: la esperanza frente a la incertidumbre, la fuerza de los vínculos, el peso de las decisiones y esa necesidad de seguir adelante incluso cuando el horizonte parece imposible de alcanzar. ¿Y sabéis qué? Que, en el fondo, las obras que nos emocionan hablan también de nosotros. De nuestras despedidas, de las batallas que libramos en silencio y de la huella que dejan en nuestra vida las personas —reales o imaginarias— con las que hemos compartido un trecho del camino. Llegar al final de una historia es cerrar un libro, sí, pero también abrir un pequeño espacio en la memoria para conservar todo lo que nos ha regalado. Tal vez sea esa la verdadera magia de la literatura: permitirnos abandonar un mundo sin perderlo del todo, porque algo de él se queda para siempre entre nuestras páginas favoritas. Con Los ojos del cielo, Alberto Guaita nos provoca a mirar hacia ese horizonte donde toda despedida guarda un último destello de belleza. Y es que algunas personas, o algunos universos literarios, no desaparecen cuando dejamos de leerlos: siguen brillando dentro de nosotros, como estrellas a las que siempre podemos regresar.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Los Ojos del Desierto (Hijos de Teluria II), de Alberto Guaita Tello


Hay historias que nacen del mar y otras que parecen brotar de la arena. En Los ojos del mar, Alberto Guaita Tello nos llevaba a territorios donde la fantasía, la ciencia ficción y las experiencias vividas en África se entrelazaban para hablarnos de la capacidad humana de imaginar otros mundos. En la segunda entrega de la saga Hijos de Teluria, el autor vuelve a mirar hacia ese continente, pero esta vez lo hace desde la inmensidad, el silencio y el misterio del desierto. Puede que sea precisamente eso lo que hace tan especial esta novela: que detrás de la aventura hay también una mirada profundamente humana. 

Los ojos del desierto (Alberto Guaita, 2024) comienza con los mellizos Ciel y Etienne llegando a Teluria junto a su padre, Sharduk, tras atravesar una misteriosa puerta de sangre. Lo que encuentran al otro lado dista mucho de ser el refugio que esperaban: para sobrevivir, deberán enfrentarse a las peligrosas dunas azules de la Llanura del Lamento. En otro lugar, Fanya recupera la conciencia después de haber sido sepultada viva. Atrapada en un oscuro y aterrador laberinto, tendrá que encontrar la manera de escapar y recuperar su libertad. Mientras tanto, una poderosa entidad conocida como la Voz extiende su dominio sobre Teluria. Frente a ella se encuentran los generales Lucas y Turj, que continúan resistiendo desde la Fortaleza Azul después de la caída de Lática.En Douala, la amenaza adopta otra forma. Una figura misteriosa movida por la venganza está acabando con los miembros de una antigua hermandad de brujos. Lión, un detective tribal, deberá investigar estos desconcertantes crímenes acompañado por una enigmática curandera. A medida que las distintas historias avanzan, un antiguo y extraordinario artefacto terminará conectando los destinos de todos ellos, uniendo los acontecimientos que tienen lugar en Teluria con los que suceden en la Tierra.

Los ojos del desierto nos vuelve a sumergir en un viaje en el que realidad y fantasía terminan difuminando sus fronteras. El desierto se convierte mucho más que en un escenario: es un espacio de descubrimiento, de encuentros inesperados y de secretos que permanecen ocultos hasta que alguien se atreve a buscarlos. A medida que avanza la historia, sus protagonistas deberán enfrentarse a situaciones que pondrán a prueba sus certezas y les obligarán a mirar más allá de aquello que creían conocer. La novela construye así una aventura llena de imaginación, pero también de emociones. Hay lugares que parecen imposibles, acontecimientos que desafían la lógica y una constante sensación de estar caminando hacia algo que todavía no comprendemos del todo. Uno de los mayores atractivos de Alberto Guaita Tello es precisamente su capacidad para convertir sus experiencias y conocimientos de África en materia literaria y su habilidad para trasladar emociones al negro sobre blanco y, de ahí, al lector. El paisaje no aparece como una simple postal exótica, sino como un territorio vivo, cargado de historia, misterio y posibilidades. Y en medio de todo ello están los ojos que dan título a la obra: una imagen que invita a pensar en aquello que vemos y, sobre todo, en aquello que todavía no somos capaces de ver. 

Los ojos del desierto es, en definitiva, una invitación a dejarse llevar por una historia donde la aventura camina de la mano de la fantasía y donde cada descubrimiento abre una nueva puerta. Una novela para quienes disfrutan perdiéndose en territorios desconocidos y para quienes todavía creen que, al otro lado de lo que conocemos, puede existir un mundo extraordinario.Porque algunas historias no solo nos llevan a otros lugares. También consiguen que, al regresar, miremos el nuestro con otros ojos. 

lunes, 21 de septiembre de 2026

Los ojos del mar (Hijos de Teluria, I) , de Alberto Guaita Tello (RELECTURA)


Existen historias que parecen nacer tanto de la imaginación como de los recuerdos. La novela que acabo de terminar pertenece a ambos mundos. Su autor construye una historia en la que la fantasía, la ciencia ficción y sus vivencias africanas se dan la mano para crear un universo tan extraño como fascinante. Su infancia en Camerún, el contacto con sus paisajes, sus gentes, sus costumbres y la tradición oral africana dejan una huella evidente en una obra que parece surgir de una antigua leyenda contada al calor de una hoguera, pero que, poco a poco, abre una puerta hacia otros mundos.

La historia de Los ojos del mar (tercera edición, 2024) de Alberto Guaita Tello comienza en la costa de Camerún, a principios de los años setenta. Fanya y su abuela Simone, curandera del poblado, encuentran cerca de la orilla a una misteriosa criatura herida que ha llegado desde el mar. Simone cree reconocer en ella a un mamiwata, un espíritu de las aguas. Pero aquel extraño ser, llamado Sharduk, no procede simplemente de las profundidades del océano: pertenece a Teluria, un mundo diferente al nuestro, al que se puede acceder a través de unas misteriosas zonas de cruce. Mientras Fanya y Sharduk se conocen y entre ambos nace un vínculo que desafía las diferencias entre sus dos mundos, el lector comienza a descubrir una realidad mucho más compleja. Sharduk tendrá que regresar a Teluria, dejando atrás una promesa y una historia de amor que deberá enfrentarse al tiempo, a las distancias y a las circunstancias. A partir de ahí, la novela se convierte en un viaje por dos universos conectados por el misterio, mientras sus personajes deben enfrentarse a prejuicios, conflictos, enemigos y secretos que pondrán en peligro sus vidas.

Uno de los mayores atractivos de Los ojos del mar es precisamente esa mezcla de mundos. Por un lado está el África de las tradiciones, las creencias, la naturaleza y la sabiduría transmitida de generación en generación; por otro, Teluria nos conduce hacia un territorio donde aparecen elementos tecnológicos y conceptos propios de la ciencia ficción. La novela consigue así que magia y tecnología convivan sin que ninguna de las dos termine de borrar a la otra. Sin embargo, Los ojos del mar no es solamente una aventura fantástica. Bajo sus elementos imaginarios aparecen también temas muy humanos: el amor, la familia, los prejuicios, la guerra, las desigualdades, las creencias y la preocupación por la destrucción del medio ambiente. Tal vez ahí radique uno de los encantos de esta historia: en que, mientras nos invita a viajar hasta un mundo imposible, continúa hablándonos del nuestro.

La novela tiene además una marcada vocación de aventura. Sus numerosos personajes, sus cambios de escenario y una narración que va descubriendo progresivamente las distintas piezas de la historia hacen que el lector tenga que dejarse llevar por el misterio. Al principio puede resultar necesario familiarizarse con los nombres, las culturas y las reglas de ese universo, pero poco a poco todas esas piezas empiezan a encajar. Alberto Guaita Tello escribe desde un territorio muy personal, construido a partir de la imaginación pero también de sus propias experiencias africanas. Y eso hace que África no sea simplemente un decorado exótico: se convierte en una parte esencial de la identidad de la novela. La selva, el mar, las tradiciones y las leyendas parecen respirar dentro de sus páginas. Los ojos del mar es, en definitiva, una puerta entre dos mundos. Una novela que comienza junto al océano y termina llevándonos mucho más lejos; que mezcla la magia de las antiguas historias africanas con la imaginación de la ciencia ficción; y que nos recuerda que, a veces, los lugares más extraordinarios no están en otro planeta, sino al otro lado de una historia. Porque hay mares que separan mundos… y otros que sirven para unirlos. 🌊📖✨

sábado, 19 de septiembre de 2026

Han cantado bingo, de Lana Corujo

Existen lugares que no necesitan ser nombrados para reconocerse. Basta con hablar de volcanes, de tierra negra, de viento, de silencio y de ese paisaje áspero y hermoso que parece guardar bajo su superficie historias que esperan ser descubiertas. Lanzarote es uno de esos lugares que sabe contar historias. Una isla que puede parecer lunar, inmóvil y silenciosa, pero que en la obra que he acabado hace un rato adquiere voz propia y termina convirtiéndose casi en un personaje más de la novela.

Es precisamente allí donde se ambienta Han cantado bingo (Reservoir Books, 2025), de Lana Corujo: en una Lanzarote alejada de la postal turística, del sol y de la imagen paradisíaca. Un rincón más íntimo, más oscuro y más humano. Una isla que observa a dos hermanas mientras crecen entre juegos infantiles, vínculos familiares, silencios, heridas y recuerdos que, con el paso de los años, irán adquiriendo nuevos significados.

Si hay algo que sorprende especialmente en esta novela es la manera de narrarla, ya que su autora no parece querer llevarnos de la mano por una historia convencional. Al contrario: nos invita a montar las piezas de un pequeño rompecabezas. Los capítulos aparecen asociados a diferentes edades de la protagonista y la narración avanza y retrocede en el tiempo, como lo hace la memoria cuando intenta reconstruir aquello que sucedió. El resultado es una estructura fragmentaria, juguetona y profundamente original. En ese apecto cobra sentido el bingo del título: las edades funcionan como los números de un cartón y cada fragmento va ocupando su lugar hasta que, poco a poco, comprendemos el dibujo completo. Sin embargo, la originalidad de Corujo no radica exclusivamente en la estructura. También está en su propia forma de escribir. La autora juega con la tipografía y convierte la manera de presentar los diálogos en una parte esencial del significado: cursivas, subrayados y corchetes no son un simple recurso estético, sino que reflejan distintas formas de relacionarse con los demás, con la memoria y con aquello que cuesta decir. Así, la escritura adquiere un claro matiz de plasticidad, algo que no resulta extraño en una autora que también es ilustradora. Las imágenes, los símbolos y las metáforas parecen surgir de manera natural, como si Corujo dibujara con palabras. Ella misma ha explicado que los simbolismos forman parte de su manera de contar y que quiso establecer un paralelismo entre el paisaje de Lanzarote y el paisaje emocional de la familia.

Debajo de esa apariencia de juego hay una historia mucho más profunda: la infancia, la relación entre hermanas, la culpa, el miedo, el duelo, los secretos familiares y esas heridas que permanecen cuando creemos que ya forman parte del pasado. Lo interesante es que Lana Corujo consigue hablar de dolor sin convertir la novela en un relato pesado. Hay extrañeza, imaginación, poesía e incluso cierta magia. La mirada infantil transforma la realidad y hace que lo cotidiano pueda convivir con lo fantástico, mientras Lanzarote permanece al fondo, inmensa y silenciosa. Han cantado bingo es, en definitiva, una novela breve pero llena de capas; una historia que se construye a saltos, como los recuerdos, y que encuentra en su forma de narrar una de sus mayores virtudes. Lana Corujo escribe como quien juega con las palabras, las imágenes y el tiempo. Y quizá ahí esté la magia de esta novela: en que, cuando finalmente todas las piezas parecen encajar, descubrimos que no solo hemos leído una historia sobre una familia y una isla, sino que hemos recorrido un pequeño laberinto de memoria, infancia y emociones. 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Te receto un gato, de Syou Ishida

Está más que comprobado que convivir con un gato puede aportar compañía, reducir la sensación de soledad y ayudarnos a desconectar del estrés cotidiano. Tal vez por eso quienes compartimos nuestra vida con alguno (yo vivo con 3) sabemos que, aunque no puedan solucionar nuestros problemas, tienen la extraña y maravillosa habilidad de hacer que el mundo parezca un poquito más llevadero. A veces basta un ronroneo, una mirada o ese gesto aparentemente indiferente con el que se acomodan a nuestro lado para recordarnos que no estamos solos y aliviar casi siempre el peso de la vida. Precisamente sobre ese poder sanador de los gatos está construida la obra que acabo de terminar.

Te receto un gato (Planeta, 2025), de Syou Ishida, es una novela tan particular como entrañable.

Al este de la calle Takoyakushi, al sur de la calle Tominokoji, al oeste de la calle Rokkaku, al norte de Fuyacho, en el barrio de Nakagyo, Kioto, está situada la Clínica Kokoro (uno de los significados de "kokoro" en japonés es corazón), un lugar rodeado de misterio al que no parece llegar cualquiera, sino solo aquellas personas que, de una manera u otra, necesitan encontrarlo. Allí, el peculiar doctor Nike y su no menos peculiar enfermera Chitose ofrecen un tratamiento que desconcertaría a cualquier médico convencional: en lugar de pastillas, terapias o recetas tradicionales, prescriben gatos. A la clínica llegan personas cargadas con problemas muy diferentes: alguien que padece estrés laboral y encima después es despedido, otro necesita recuperar la calma en medio de las dificultades laborales y familiares, una madre que debe volver a conectar con su hija, una mujer atrapada por su propio perfeccionismo o alguien que intenta sobrellevar una pérdida. Cada una recibe un gato diferente, aparentemente elegido de una manera tan extraña como incomprensible. Y será precisamente la convivencia con esos animales la que les obligará a mirar de otra manera aquello que les ocurre. El punto de la novela es que los gatos no funcionan simplemente como una solución mágica a los problemas, sino como catalizadores. Su presencia hace que los personajes se detengan, observen, analicen, cambien determinadas perspectivas y vuelvan a conectar con aspectos de sí mismos que habían quedado olvidados.

Ishida escribe con una prosa sencilla, delicada y cercana, acompañada de pequeños toques de humor que aligeran incluso los momentos más emotivos. Sin embargo, para un lector occidental puede haber momentos en los que resulte necesario detenerse un poco más. La novela está profundamente impregnada de la cultura japonesa y de una manera de entender las relaciones, el trabajo, la familia, las obligaciones sociales y las emociones que no siempre coincide con nuestra perspectiva occidental. Esa distancia cultural puede hacer que determinadas situaciones o comportamientos nos resulten extraños o difíciles de interpretar al principio, pero también constituye uno de los atractivos de la lectura: nos permite asomarnos, a través de una historia aparentemente sencilla, a otra forma de comprender la vida cotidiana. Te receto un gato es un claro ejemplo de realismo mágico, ya que la autora introduce lo extraordinario dentro de un escenario absolutamente cotidiano sin necesidad de explicarlo todo. Una clínica que parece aparecer solamente ante quienes la necesitan, unas recetas imposibles y unos gatos que adquieren una dimensión casi simbólica conviven con personas normales, problemas reconocibles y espacios reales de Kioto. Lo mágico no rompe la realidad: se instala en ella con naturalidad. Esa mezcla entre lo cotidiano, lo fantástico y ciertos momentos de humor absurdo proporciona a la novela una atmósfera muy particular. Sin embargo, quizá la verdadera magia de Te receto un gato esté en algo mucho más sencillo: en recordarnos que no siempre necesitamos grandes respuestas para empezar a sentirnos mejor. A veces necesitamos compañía. A veces necesitamos parar. A veces necesitamos que alguien nos ayude a mirar nuestros problemas desde otro lugar. Y, quién sabe, quizá en alguna ocasión lo que necesitamos sea simplemente un gato. Una novela tierna, luminosa y peculiar, que habla de la soledad, las pérdidas, el estrés, las relaciones humanas y la necesidad de encontrar pequeños refugios en medio de la vida cotidiana. Una historia que, como sus protagonistas, quizá no pretenda curarnos, pero sí acompañarnos durante un rato. Porque hay libros que entretienen, libros que emocionan y libros que nos hacen pensar. Y luego están esos libros que, como un gato, simplemente se acomodan a nuestro lado y nos hacen sentir un poco mejor.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Crucigramista busca amigos con fobias, de Gema Tacón


Hay novelas que nacen de una idea genial y otras que parecen surgir de una conversación delirante —quizá bajo el influjo de alguna sustancia prohibida o directamente a causa de alguna suerte de enajenación mental— a altas horas de la madrugada. La que yo acabo de terminar pertenece clara y nítidamente a la segunda categoría… y ahí reside precisamente buena parte de su encanto. Cuando digo que su autora no me puede sorprender más, siempre me acabo equivocando, así que ya no lo digo más.

Crucigramista busca amigos con fobias es, hasta la fecha, la última novela publicada por la incombustible gaditana Gema Tacón, es decir, otra de sus maravillosas locuras. La historia comienza cuando la protagonista, Rita, cuyo objetivo vital consistía en dedicarse tranquilamente a diseñar crucigramas junto a Bartolo, su inseparable cactus, descubre que la vida alberga otros planes para ella. Planes que serán los mismos para Paco, un policía en situación laboral complicada por acontecimientos del pasado que busca de algún modo redimirse aunque sea de cara a la galería. Ambos terminan participando en una peculiar terapia en una isla, rodeados de un grupo de personas tan singulares (o más) como ellos. Lo que comienza como una experiencia destinada a ayudarles a enfrentarse a sus problemas pronto adquiere un matiz mucho más inquietante. Secretos, misterios, pruebas cada vez más desconcertantes y un juego de pistas en el que los crucigramas adquieren una importancia inesperada les llevarán a aliarse con otros usuarios de la isla si quieren salir de allí. A partir de ahí ya no cuento más, solo que con estos elementos Gema Tacón construye una historia en la que misterio, tensión psicológica y humor negro se dan la mano, mientras el lector intenta descubrir qué está sucediendo realmente y quién mueve los hilos.

Me sorprende que continúe sorprendiéndome la capacidad de Gema Tacón para imaginar disparates y dotarlos de verosimilitud (ya, ya sé que en ocasiones la realidad supera con creces a la ficción). Situaciones absurdas, personajes peculiares, ocurrencias inesperadas y una sucesión de ideas que parecen competir entre sí para ver cuál consigue sacarte antes una carcajada. La autora demuestra una imaginación desbordante y, sobre todo, un enorme talento para llevar lo absurdo hasta sus últimas consecuencias sin perder nunca el hilo de la historia. Qué decir de su humor negro, que se pasea por todas las páginas de la novela con absoluta naturalidad. Aquí hay situaciones que, vistas desde la distancia, quizá deberían provocar preocupación… pero que, gracias a la forma en que están planteadas, terminan provocando una sonrisa, cuando no una carcajada directamente. Tacón juega con lo incómodo, lo macabro y lo políticamente incorrecto y consigue convertirlo en materia prima para una historia tremendamente divertida. Sin embargo, detrás de todos esos disparates también hay personajes y emociones, y rayitos de ternura que dejan al lector noqueado, porque creo que el humor suele funcionar bien cuando de alguna forma nos permite reconocer algo de nosotros mismos en medio del caos. Y esta novela tiene mucho de eso: de reírse de nuestras rarezas, de nuestras obsesiones y de esas pequeñas fobias que, en mayor o menor medida, todos cargamos a cuestas.

Leer a Gema Tacón es asumir que cualquier situación puede acabar tomando un rumbo completamente insólito. Y quizá lo mejor sea precisamente eso: no intentar adivinar qué ocurrirá después, sino dejarse llevar por la imaginación de una autora que parece no tener miedo a ninguna idea por disparatada que sea. Crucigramista busca amigos con fobias es una novela original, irreverente, divertida y deliciosamente negra, perfecta para quienes disfrutan del humor sin demasiados remilgos y de esas historias que consiguen sorprenderte cuando menos te lo esperas. ¿Recomendable? Totalmente.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Tras las caras del poliedro, de Istha Nátimo

Tras muchos meses con la cabeza en las nubes y los ojos puestos en mundos fantásticos tocaba de algún modo regresar a casa y plantar cara a la vida con sus luces y sus sombras. Se acaba el verano y, para esta lectora, el inicio del otoño es siempre época de recogimiento y de nuevos comienzos. Y qué mejor manera de abordar un camino inédito que con la compañía de un libro que llevaba mucho tiempo deseando leer pero que, por algún motivo que desconozco, siempre postponía. Fue la maravillosa reseña de un compañero de un grupo de lectura en Facebook la que me animó a elegirla como mi siguiente lectura, y no sabéis cómo me alegro de haberme decidido a leerla, porque en el plano literario la he disfrutado muchísimo y a nivel emocional ha abierto una puerta que tenía bloqueada desde hace un tiempo. 

En Tras las caras del poliedro (Létrame Grupo Editorial, 2023), Istha Nátimo ofrece al lector una preciosa y conmovedora historia tejida con hebras de recuerdos, ausencias, afectos y pequeñas pero profundas huellas que el paso del tiempo no consigue borrar. El argumento comienza cuando Mallén, la protagonista, recibe las llaves de Maison Coursan tras la muerte de su abuela. Sin embargo, no recibe únicamente una casa, sino algo mucho más valioso: un territorio lleno de amor y de memoria. Al cruzar sus puertas, el pasado comienza a despertar y los recuerdos de sus veranos de infancia se mezclan con las historias de quienes habitaron aquel lugar, incluso de aquellos a los que nunca llegó a conocer.

Y es justamente ahí donde radica una de las mayores bellezas de la novela: en su capacidad para mostrarnos que las personas nunca desaparecen del todo mientras alguien conserve su recuerdo. Una voz, un aroma, una canción, un objeto aparentemente insignificante o una habitación pueden convertirse en portales hacia otros tiempos. La memoria se transforma así en un hilo invisible capaz de unir generaciones y de mantener vivos los vínculos incluso cuando la vida ha impuesto la distancia. El título resulta especialmente hermoso como metáfora. Un poliedro tiene muchas caras y, dependiendo de cómo lo miremos, descubrimos una diferente. También las personas somos así: estamos hechos de recuerdos, decisiones, heridas, alegrías, secretos, sueños y relaciones. Nunca somos una única versión de nosotros mismos. Cada persona que nos conoce contempla una de nuestras caras, pero detrás de ella existen muchas otras que quizá permanecen ocultas.

Istha Nátimo, a través de la belleza que otorga la sencillez y la claridad, y a golpe de capítulo breve, construye en Tras las caras del poliedro una novela profundamente sensorial. Los recuerdos aparecen ligados a aquello que permanece en nuestra memoria con una fuerza casi inexplicable: el sabor de algo que comimos en la infancia, el perfume de alguien querido, una melodía que nos devuelve instantáneamente a otro momento de nuestra vida. Pero esta no es solamente una historia sobre el pasado. Es también una invitación a mirar el presente con otros ojos. A afrontar la realidad desde otra perspectiva. Sus personajes nos hablan de la soledad, del amor, de la familia, de la amistad, de las oportunidades que llegan cuando menos las esperamos y de esa necesidad profundamente humana de encontrar sentido a lo vivido. Existe además una hermosísima idea que impregna la novela de principio a fin: que nuestra existencia no está formada únicamente por aquello que hacemos, sino también por las personas a las que tocamos con nuestros actos, nuestros afectos y nuestros recuerdos. Somos, en cierta manera, parte de la historia de quienes nos rodean. Somos la huella que dejamos en sus corazones.

Tras las caras del poliedro es, por eso, una novela para saborear despacio. Para dejar que sus recuerdos llamen a los nuestros. Para detenerse en esos pequeños detalles que quizá parecen insignificantes hasta que comprendemos que, al final, son precisamente ellos los que cimentan una vida. Todos llevamos dentro nuestro propio poliedro. Tenemos caras que mostramos, caras que escondemos y otras que ni siquiera conocemos todavía. Y quizá vivir consista, en buena medida, en atreverse a descubrirlas. Una novela cálida, nostálgica y profundamente humana, que habla de la memoria pero, sobre todo, habla del amor en sus muchas formas: el amor que permanece, el que se transforma, el que se pierde y el que somos capaces de encontrar de nuevo. Y cuando leemos la última letra de la última página, queda una sensación preciosa: la seguridad de que recordar también es una forma de querer. Y de que ninguna vida es solamente la historia que una persona percibe de sí misma, sino todas las historias que los demás conservamos de ella. Os la recomiendo absolutamente.

sábado, 5 de septiembre de 2026

The World of Ice and Fire. The Untold History of Westeros and the Game of Thrones, de George R. R. Martin et altera


The World of Ice and Fire (Harper Collins, 2014) escrito por George R. R. Martin, Elio M. García Jr. y Linda Antonsson, es mucho más que un libro complementario de Canción de hielo y fuego: es una auténtica crónica de la historia, las culturas y los territorios que conforman el universo de Poniente. La obra permite adentrarse en un pasado que en las novelas aparece apenas insinuado y descubrir los acontecimientos que precedieron a la llegada de los Stark, los Lannister y los Targaryen a la primera línea de la historia.

El libro realiza un recorrido por miles de años de historia. Desde la Era del Amanecer, los Hijos del Bosque y los Primeros Hombres hasta la llegada de los ándalos, el esplendor y la caída de Valyria y la Conquista de Aegon, la obra reconstruye los grandes acontecimientos que dieron forma a Poniente. Especial importancia adquiere la historia de los Targaryen, sus reinados, guerras civiles y conflictos familiares, así como la evolución de las principales casas y regiones de los Siete Reinos. También se amplía considerablemente el mapa hacia Essos, sus Ciudades Libres y territorios tan misteriosos como Asshai. A todo ello se suman mapas, genealogías e ilustraciones que ayudan a visualizar la enorme complejidad de este universo.

Uno de los mayores aciertos de The World of Ice and Fire es su perspectiva narrativa. La historia no está presentada como una enciclopedia escrita desde fuera, sino como una crónica elaborada dentro del propio mundo de Poniente. El maestre Yandel actúa como historiador y recopila información procedente de archivos, testimonios, leyendas y otras fuentes. Esto introduce una interesante dosis de subjetividad: Yandel no siempre conoce la verdad y, en ocasiones, las versiones de un mismo acontecimiento son contradictorias. De esta manera, Martin y sus colaboradores reproducen una de las características esenciales de Canción de hielo y fuego: la historia depende de quién la cuenta. Esta perspectiva convierte el libro en algo más que una sucesión de datos. La obra reflexiona indirectamente sobre la memoria, la propaganda y la dificultad de distinguir entre historia, leyenda y verdad.

The World of Ice and Fire es una obra especialmente recomendable para quienes quieran profundizar en el universo de George R. R. Martin. Su enorme riqueza histórica, geográfica y genealógica permite comprender mejor un mundo que parece existir mucho antes y mucho más allá de los acontecimientos narrados en las novelas. Su mayor virtud, sin embargo, está en la manera de contar esa historia: no se limita a explicar Poniente, sino que consigue que parezca que estamos leyendo la historia escrita por sus propios habitantes. Y precisamente esa combinación de documentación ficticia, misterio, contradicciones e imaginación convierte el libro en una de las piezas más interesantes del universo de Canción de hielo y fuego. Y con este título, se cierra por el momento el largo viaje por Poniente de esta lectora. Seguro que lo echo de menos, pero quedan tantos universos por descubrir...

sábado, 22 de agosto de 2026

The Rise of the Dragon: An Illustrated History of the Targaryen Dynasty (George R. R. Martin et altera)

Hay lugares de los que uno no quiere marcharse nunca. Y para quienes amamos Poniente, cerrar un libro de George R. R. Martin no significa necesariamente querer abandonar sus tierras, sus historias y, sobre todo, a sus dragones. Porque cuando un mundo literario consigue convertirse en un lugar al que regresar, cualquier nueva oportunidad de recorrerlo es un pequeño regalo. La obra que acabo de terminar ofrece precisamente eso: la posibilidad de volver a Poniente a través de una historia que ya conocemos, pero con un atractivo añadido. Sus espectaculares ilustraciones permiten contemplar por fin a los Targaryen y, especialmente, a sus dragones, convirtiendo en imágenes aquello que durante años solo habíamos imaginado.Para quienes amamos este universo, abrir sus páginas es, sencillamente, otra oportunidad de no marcharnos de Poniente.

The Rise of the Dragon: An Illustrated History of the Targaryen Dynasty (Ten Speed Press, 2022) es, en esencia, una nueva puerta de entrada a una historia que muchos lectores ya conocemos gracias a Fuego y Sangre. George R. R. Martin, junto con Elio M. García Jr. y Linda Antonsson, vuelve a recorrer la historia de la dinastía Targaryen desde la conquista de Poniente hasta los acontecimientos que desembocan en la Danza de los Dragones. Por eso, quien haya leído Fuego y Sangre no encontrará aquí una historia diferente. Los acontecimientos fundamentales son los mismos: la llegada de Aegon el Conquistador, el reinado de los primeros Targaryen, las luchas por el Trono de Hierro, las intrigas familiares y, finalmente, el terrible enfrentamiento que enfrenta a los propios miembros de la dinastía. La gran diferencia está en la profundidad. The Rise of the Dragon ofrece una versión mucho más condensada, dejando atrás buena parte del enorme nivel de detalle, las digresiones históricas y las distintas versiones de los acontecimientos que caracterizan a Fuego y Sangre.

Y precisamente ahí reside su principal virtud: es un libro mucho más accesible y visual. Mientras Fuego y Sangre se acerca a una crónica histórica, The Rise of the Dragon funciona casi como un espectacular álbum de la historia de Poniente. Las ilustraciones tienen un protagonismo extraordinario y permiten poner rostro, armaduras, castillos, batallas y, sobre todo, dragones a acontecimientos que hasta entonces solo existían en nuestra imaginación. Las imágenes son, sin duda, el alma del libro. Contemplar a los Targaryen, sus criaturas y los escenarios de sus historias convierte la lectura en una experiencia completamente diferente. Algunas ilustraciones consiguen transmitir en una sola imagen la grandeza, la violencia y la decadencia de una dinastía que durante siglos dominó Poniente gracias al poder de sus dragones. Por eso, recomendaría The Rise of the Dragon especialmente a quienes disfrutan del universo creado por Martin y quieren ver la historia que ya conocen. Para quien no haya leído Fuego y Sangre, puede ser una magnífica introducción a la dinastía Targaryen; para quien ya lo haya leído, probablemente no aporte demasiada información nueva, pero sí ofrece algo que Fuego y Sangre no puede proporcionar de la misma manera: la posibilidad de contemplar visualmente ese mundo. En definitiva, The Rise of the Dragon no sustituye a Fuego y Sangre: lo complementa. Uno profundiza en la historia; el otro la convierte en un espectáculo visual. Y cuando se trata de una familia como los Targaryen, cuyos miembros, castillos y dragones parecen nacidos para ser representados en imágenes, ese poder visual convierte al libro en una auténtica joya para cualquier amante de Poniente.

domingo, 16 de agosto de 2026

Fuego y Sangre, de George R.R. Martin

Hay libros que nos acompañan durante un tiempo y otros que parecen despertar algo que llevamos en el alma desde siempre. En mi caso, mi pasión por los libros siempre ha ido de la mano de una fascinación especial por los mundos fantásticos y, sobre todo, por los dragones. Pocas criaturas representan tan bien la imaginación, el poder y la libertad que puede ofrecernos la literatura. Por eso, la lectura la novela que acabo de terminar era casi inevitable. Adentrarme en la historia de una dinastía como la que protagoniza la trama significaba sumergirme en un mundo de intrigas, guerras y ambición, pero también viajar a ese lugar donde los dragones vuelan entre las páginas y hacen que la lectura sea una aventura placentera.

Fuego y Sangre (Harper Collins, 2018), de George R. R. Martin, nos lleva varios siglos atrás con respecto a los sucesos narrados en la saga Canción de Hielo y Fuego para contarnos la historia de la Casa Targaryen y de su dominio sobre Poniente. El libro comienza con la llegada de Aegon el Conquistador y sus hermanas-esposas, Visenya y Rhaenys, y narra la conquista de los Siete Reinos gracias al enorme poder de sus dragones. A partir de ahí, asistimos al ascenso y la caída de distintos reyes Targaryen, a guerras, matrimonios, traiciones y luchas por el poder. Uno de los episodios centrales es la Danza de los Dragones, la terrible guerra civil que enfrenta a Rhaenyra Targaryen y Aegon II por el Trono de Hierro. En esta novela se llega hasta el comienzo del reinado de Aegon III, también conocido como "el Desafortunado" o "el Rey Roto" (y poco me parece para las penurias que vivió siendo un tierno infante) y, para variar con Martin, mucho me temo que no habrá continuación y tendremos que ver la serie La Casa del Dragón si queremos saber qué ocurrió hasta que Aerys II, el Rey Loco, fue destronado por Robert Baratheon.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es la forma en la que el autor narra la historia. Martin no presenta los acontecimientos como si fueran una verdad absoluta, sino a través de distintos cronistas, que a menudo se contradicen entre sí. Esto hace que el lector tenga que decidir qué versión cree y qué hechos pudieron suceder realmente. Es una manera muy original de mostrar que la historia depende muchas veces de quién la cuenta. Aunque puede resultar menos ágil que las novelas principales de la saga, Fuego y Sangre ofrece una visión mucho más amplia del mundo de Poniente. Los dragones tienen aquí un papel fundamental y los Targaryen aparecen con todas sus luces y sombras: capaces de grandes hazañas, pero también de cometer auténticas barbaridades en su lucha por conservar el poder. En definitiva, Fuego y Sangre es una lectura especialmente interesante para quienes disfrutan del universo de George R. R. Martin y quieren conocer sus orígenes. Es una historia de ambición, poder, familia, guerras y dragones, pero también una reflexión sobre cómo se construye la historia y cómo, detrás de cada rey y cada batalla, existen diferentes versiones de la verdad. Además, no os podéis imaginar lo que he podido disfrutar conociendo a los dragones: Balerion, Vaghar, Meraxes, Syrax, Meleys, Caraxes y muchos otros se quedarán conmigo mucho después de haber leído la última página. Si os gustan estas maravillosas criaturas, os lo recomiendo.

martes, 21 de julio de 2026

Danza de dragones (Canción de Hielo y Fuego V), de George R.R. Martin

En el inmenso tablero donde el poder se escribe con fuego y sangre, hay historias que no solo leemos. Vivimos en ellas. Las gozamos. Las sufrimos. Nos arañamos las manos con las aristas de sus personajes, caracteres construidos en las antípodas del maniqueísmo rancio que dibuja fronteras entre buenos y malos. Una imaginación privilegiada la de George R.R. Martin, desde luego. 

Danza de dragones (Harper Collins, 2011);no es simplemente la última novela que vio la luz dentro de la saga Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin, sino una inmersión profunda en la soledad del poder, en el peso de las decisiones y en el eco de los sueños hechos añicos. En esta obra, los dragones surcan el cielo y al mismo tiempo anidan en el corazón de quienes aún se atreven a desear. La novela despliega un mosaico de destinos entrelazados, donde los personajes de más peso de la saga se enfrentan a sus propias sombras. Danza de dragones sigue, entre otros, a Daenerys Targaryen en la ciudad de Meereen, donde intenta gobernar con justicia y mantener sus principios mientras lidia con rebeliones internas y el creciente peligro de sus propios dragones. Al mismo tiempo, Jon Nieve, como Lord Comandante en el Muro, debe tomar decisiones difíciles para proteger los Siete Reinos de amenazas externas, aunque ello signifique enfrentarse a sus propios hombres. Por su parte, Tyrion Lannister, navegando entre la ironía y la desesperanza, emprende un viaje errante que lo lleva a cruzarse con nuevas alianzas y peligros, mientras otros personajes, como Davos Seaworth o Theon Greyjoy, avanzan en tramas marcadas por la lealtad, la identidad y la supervivencia. Cersei Lannister, por su parte, se enfrenta, quizá, a la tesitura más aspera de su vida, y no tendrá en esta ocasión mano que la salve. A su alrededor, el recuerdo de figuras como Aegon Targaryen emerge entre rumores y ambiciones, recordando que el poder nunca permanece vacío demasiado tiempo. Cada uno de ellos avanza en un mundo que parece resistirse a la redención, donde cada paso hacia adelante exige un sacrificio. En conjunto, la obra presenta un mundo en tensión constante, donde cada decisión tiene consecuencias imprevisibles y donde los personajes evolucionan en medio de la incertidumbre, preparando el terreno para conflictos aún mayores que, desafortunadamente, parece que no llegaremos a conocer.

A lo largo de sus 1200 páginas, la prosa de Martin no embellece la crudeza, sino que la ilumina. Hay en sus páginas una melancolía perseverante, como si cada victoria estuviera teñida de pérdida. La guerra no es solo un conflicto de ejércitos, sino una batalla interior que transforma a los personajes hasta hacerlos irreconocibles. Y, sin embargo, en medio del caos, persiste una chispa: la posibilidad de elegir quién se quiere ser aunque todo parezca perdido. Danza de dragones es, en esencia, una elegía al poder y a sus consecuencias. No ofrece consuelo fácil ni finales cerrados, sino preguntas que permanecen mucho después de haber cerrado el libro. Nos recuerda que incluso en los mundos más oscuros, la verdadera lucha no es por el trono, sino por el alma. Y cuando las últimas páginas se desvanecen, queda una certeza inquietante: en el juego de los tronos y los dragones, no hay vencedores sin cicatrices… y algunos incendios nunca dejan de arder. Lástima que su autor haya decidido no seguir avanzando y dejarnos suspendidos en el punto más intenso de la saga. Aún así, ha merecido la pena.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Festín de Cuervos (Canción de Hielo y Fuego IV), de George R.R. Martin


¿Qué pasa cuando las grandes batallas acaban, caen los que en un momento ostentaron el poder y el aroma de la guerra se disipa entre las nubes? En las novelas de fantasía épica, ese momento suele coincidir con el comienzo de un periodo de paz. Sin embargo, en el áspero universo nacido de la genialidad de George R.R. Martin, el final del conflicto supone el punto de partida de una nueva y dolorosa lucha por la supervivencia. Tras el remolino de sangre e impactantes giros argumentales de Tormenta de Espadas, la lectura de la siguiente entrega de la saga desconcierta y fascina a los lectores a partes iguales. En lugar de conservar el ritmo frenético de la anterior, esta nueva entrega bucea en las pestilentes aguas de las cloacas del poder, los intricados recovecos de la pérdida y las cicatrices que quedan tras el conflicto. 

Festín de Cuervos (Harper Collins, 2011), la cuarta entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, es un libro diferente a los anteriores pero fundamental. Tras el terremoto de Tormenta de Espadas, el autor decide bajar las revoluciones y mostrar detalladamente al lector las crudas consecuencias de la guerra en Poniente. En Festín de Cuervos el foco se sitúa sobre la reconstrucción y el vacío de poder tras la Guerra de los Cinco Reyes. No es la cronología la que vertebra la trama de la novela, sino la división geográfica de los personajes: debido a la extensión del manuscrito, Martin decidió separar la trama por personajes. Aquí el lector será testigo principalmente de los eventos acaecidos en Desembarco del Rey, Dorne, las Islas del Hierro y El Dominio, dejando a figuras como Jon Nieve, Daenerys Targaryen y Tyrion Lannister para el siguiente volumen. La novela comienza inmediatamente después de los catastróficos eventos de Tormenta de Espadas, que han dejado a Poniente sumido en la miseria, la ruina y la devastación. Mientras los grandes señores intentan consolidar una tregua que parece imposible, los carroñeros (humanos y animales) se disputan los restos del destrozado continente. Desembarco del Rey se ha convertido en un nído de víboras donde Cersei Lannister ejerce la regencia tras la muerte de su padre, Tywin Lannister. Desquiciada por su propia paranoia, una profecía del pasado y el profundo odio que siente hacia su hermano Tyrion, comienza a tomar decisiones políticas poco acertadas. En las Islas del Hierro, se convoca una Asamblea de Sucesión tras la muerte de Balon Greyjoy, resultando coronado su hermano Euron, más conocido como "Ojo de Cuervo", un despiadado pirata versado en las artes oscuras que ambiciona conquistar Poniente utilizando un misterioso objeto capaz de controlar dragones. Mientras tanto, en el soleado Dorne, el pacífico Doran Martell se verá obligado a lidiar con la sed de venganza de su pueblo y su familia más cercana tras la muerte de su hermano, Oberyn Martell, la Víbora Roja. Brienne de Tarth recorrerá los devastados y peligrosos caminos de las Tierras de los Ríos buscando a Sansa Stark para cumplir varias promesas, mientras esta se oculta en el Valle de Arryn bajo una identidad falsa. Por último, allá en el gélido norte del Norte, en el Muro, el nuevo Comandante de la Guardia de la Noche, Jon Nieve, envía a Samwell Tarly a la Ciudadela Antigua, a forjarse un collar de maestre, y con la misión secreta de proteger a un infante de sangre real.

Aunque Festín de Cuervos es una novela en la que el ritmo se ralentiza y la acción decae a niveles drásticos en comparación con Tormenta de Espadas, y a pesar de que apenas vemos a algunos de los personajes con más peso dentro de la saga, también tiene sus puntos fuertes. Uno de ellos es su profundidad política, el modo magistral en que Martin explora las consecuencias del conflicto en el pueblo llano y la Iglesia. Otro acierto es su desarrollo de los personajes, especialmente de Cersei y Jaime Lannister, de los cuales recibimos una brillante perspectiva psicológica partiendo de sus puntos de vista. Asimismo, Martin expande el universo de Poniente introduciendo las peculiares y complejas culturas de las Islas de Hierro y de Dorne. Mención aparte merece el monólogo del Septón Meribald, posiblemente uno de los mejores discursos acerca de los "hombres rotos" y los horrores de la guerra leídos en literatura fantástica. En definitiva, queda claro que en Festín de Cuervos el lector no será testigo de grandes batallas ni hazañas memorables, y que su ritmo lento y la fragmentación de personajes le exigirá paciencia. Sin embargo, supone una detallada radiografía de las secuelas de la guerra y la decadencia del poder. Además, creo que enriquece considerablemente el universo de Poniente y es una muestra más de una madurez literaria incontestable que ha cambiado algunos de los axiomas de la fantasía moderna. Ya sabéis, si os ha causado curiosidad, no dejéis de hincarle el diente.

miércoles, 8 de abril de 2026

Tormenta de Espadas (Canción de Hielo y Fuego III), de George R. R. Martin


Hay novelas que se leen, y otras que se atraviesan como si fueran un puente frágil tendido sobre un abismo insondable. Sus páginas no solo se limitan a narrar batallas: tiemblan reinos, se deshacen juramentos y nacen silencios que pesan más que el acero. La fantasía épica, en su más feroz pureza, no se conforma con mostrar dragones, coronas o espadas, sino que nos obliga a mirar de frente la sombra del poder, la fragilidad del honor y la llama inagotable de quienes se niegan a rendirse. Así es justo la obra que acabo de terminar, un remolino de destinos que colisionan, sangran y se entrelazan, un canto sombrío donde cada nombre lleva consigo una nota de grandeza o tragedia. En su mundo, la magia es rara y el drama inmenso; la esperanza, pequeña aunque indomable; la traición, inevitable como el invierno que acecha. Leerla es escuchar el crujido del hielo bajo los pies, sentir el vértigo del giro inesperado y comprender que, a veces, la épica más auténtica no se escribe con héroes invencibles… sino con corazones que siguen luchando incluso cuando todo parece perdido.

Tormenta de espadas (Harper Collins, 2011) es el tercer libro de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin, y no es exactamente una continuación de la anterior, sino que muchos de los sucesos relatados, al menos al comienzo, ocurren de manera simultánea a los eventos de la entrega anterior. Poniente sigue en guerra, y el conflicto entre los reyes que reclaman el Trono de Hierro se vuelve más cruel y caótico, mientras las alianzas se deshacen y los bandos se fragmentan. Robb Stark continúa ganando batallas, pero sus decisiones políticas —incluyendo un inesperado matrimonio— provocan tensiones con sus aliados clave, lo que debilita gravemente su posición ventajosa. Mientras tanto, en Desembarco del Rey, los Lannister maniobran para mantener el poder, especialmente a través de alianzas matrimoniales y jugadas políticas cada vez más arriesgadas. Al norte del Norte, Jon Nieve se infiltra entre los salvajes al otro lado del Muro y queda atrapado entre dos lealtades: su deber con la Guardia de la Noche y la confianza que va ganando entre sus nuevos compañeros. Su papel se vuelve crucial cuando los salvajes se preparan para una gran invasión rumbo al sur. Mientras, más allá del Mar Angosto, Daenerys Targaryen intenta reunir un ejército. En este libro toma decisiones cruciales, especialmente relacionadas con la liberación de esclavos y la conquista de ciudades en Essos, lo que redefine su identidad como líder. Tormenta de Espadas contiene algunos de los acontecimientos más impactantes de toda la saga: traiciones que cambian por completo el rumbo de la guerra, muertes inesperadas y la caída de personajes que parecían intocables. Las familias principales —Stark, Lannister, Tully, Baratheon y otros— sufren consecuencias drásticas. Mientras los reinos luchan entre sí, señales inquietantes confirman que la verdadera amenaza —los Otros y lo que se esconde más allá del Muro— se vuelve cada vez más real. Pero los poderosos siguen ocupados peleando por el trono.

Tormenta de Espadas es, para esta lectora, la joya de la corona de Canción de Hielo y Fuego. En esta tercera novela, Martin lleva su narrativa a un punto de madurez extraordinaria, combinando intriga política, tragedia y desarrollo de personajes con una maestría difícil de igualar. Si algo caracteriza a este libro es su ritmo implacable. A diferencia de la primera mitad algo más pausada de Choque de Reyes, aquí cada capítulo aporta giros decisivos. Los conflictos se intensifican en todos los frentes: las guerras de Poniente se vuelven más crueles, las traiciones más profundas y las alianzas más frágiles. Martin maneja con mucha habilidad y audacia narrativa el desenlace inesperado. Otra de las fortalezas de la novela es el profundo trabajo emocional con los personajes. Prácticamente todos atraviesan transformaciones radicales, ya sea por revelaciones durísimas, pérdidas irreparables o decisiones morales extremas. Los arcos de personajes como Jaime, Jon, Daenerys y Arya alcanzan momentos particularmente brillantes. Martin les otorga capas de vulnerabilidad y contradicciones que elevan su credibilidad y empatía. Debo insistir en que Tormenta de Espadas alberga algunos momentos icónicos de la saga, escenas que han cambiado el rumbo de su historia, estremecen al lector y dejan claro que nadie e imprescindible dentro del universo de Martin. Asimismo, el equilibrio entre lo humano y lo mágico se vuelve más tenso y significativo. Por su nivel de intensidad emocional, la cantidad de eventos decisivos, el desarrollo de personajes clave y la habilidad del autor para sorprender sin perder coherencia, estamos ante una novela que deja al lector exhausto pero satisfecho. Salgo de ella con la sensación de haber sobrevivido a uno de los libros más intensos del género que, a la vez, me ha hecho experimentar una vez más el poder devastador de una buena historia. Nos vemos en el siguiente.

martes, 24 de febrero de 2026

Choque de Reyes (Canción de Hielo y Fuego II), de George R.R. Martin

Días raros, semanas raras, meses raros. Esta lectora tiene la cabeza como una montaña rusa, y le cuesta concentrarse. Busco refugio en la fantasía porque el mundo, a veces, se me vuelve un traje demasiado estrecho para el alma. Entre sus páginas, la gravedad de las preocupaciones se disuelve y se difuminan los márgenes de lo imposible; ahora mismo, es el único lugar donde mis cicatrices pueden transformarse en armaduras y mis silencios en magia, y donde puedo volar a lomos de un dragón. Avanzo lenta pero segura por el universo creado por George R. R. Martin en Canción de Hielo y Fuego, y cada día me gusta más.

Hoy os traigo mis impresiones sobre el segundo volumen de la saga, Choque de Reyes (Harper Collins, 2011),  en el que George R.R. Martin despliega un tapiz narrativo tan vasto y vibrante que el lector se siente arrastrado, como por una marea oscura, hacia los rincones más sombríos y luminosos de Poniente, y donde el juego de tronos adopta tintes de tragedia griega. En esta segunda entrega, Martin relata la fractura total de los Siete Reinos de Poniente tras la muerte de Robert Baratheon. La trama se divide en cuatro escenarios principales bajo el auspicio de un cometa rojo que surca el cielo. Por un lado, el lector será testigo de la Guerra de los Cinco Reyes: Joffrey, Renly y Stannis Baratheon se disputarán el Trono de Hierro que gobierna los destinos de Poniente, mientras que Robb Stark se autoproclama Rey en el Norte y Balon Greyjoy (de las Islas del Hierro) también aspira al Norte como feudo propio. En Desembarco del Rey, veremos a un Tyrion Lannister que llega a la capital como Mano del Rey en funciones para poner orden en el caos político y preparar la defensa de la ciudad ante el inminente ataque de Stannis. Mientras tanto, al norte del Norte, la Guardia de la Noche inicia una expedición más allá del Muro para investigar la desaparición de exploradores y el auge de los salvajes bajo el mando de Mance Rayder. Jon Snow deberá entonces hacer frente a una drástica pero inevitable decisión que dará a su vida un giro de ciento ochenta grados. Por último, en el Este, Daenerys Targaryen, tras el nacimiento de sus tres dragones, guiará a su mermado pueblo a través del desierto rojo hasta la ciudad de Qarth, donde buscará aliados y barcos que la acerquen a su objetivo de reclamar el Trono de Hierro. En segundo plano, pero con mucha relevancia si se tiene en cuenta todo lo que está por llegar, tanto Arya como Bran Stark sobreviven como pueden mientras su mundo conocido se desmorona, y atraviesan sendos procesos de despertar místico que los convierten en personajes muy pero que muy interesantes. 

Choque de Reyes levanta el telón a un mundo totalmente fragmentado y ciego de remate: cinco reyes reclaman coronas, pero ninguno parece comprender que el verdadero enemigo no viste armadura ni porta estandarte. Martin, con su prosa rica en matices, alterna la crudeza de la guerra con la intimidad de los pensamientos más frágiles de sus personajes. Cada capítulo, narrado desde una perspectiva distinta, es una ventana a un alma en conflicto: la ambición de Stannis, la astucia y el maravilloso mundo interior de Tyrion, la inocencia perdida en Sansa, o la determinación de Jon más allá del Muro. George R. R. Martin no se limita a narrar batallas. Más bien las compone como sinfonías de acero, hielo y fuego y conjuga el sonido de las espadas, el crepitar de las llamas y el silencio aterrador del frío con intrigas de todo tipo. La Batalla del Aguasnegras, ardiente clímax de la novela, supone un excelente ejemplo de cómo una tensión narrativa puede sostenerse hasta el último latido. Sin embargo, Choque de Reyes no es solo un cuento de poderes y traiciones, sino también una fuente de donde manan reflexiones profundas. Martin nos muestra, sin duda, la fragilidad de la esperanza en un mundo donde la honestidad y la lealtad son un lujo, la verdad una rara avis, y la justicia, un espejismo que se desvanece entre la niebla. Acabo la novela con la sensación de haber caminado por un territorio sembrado a la vez de belleza y de brutalidad. Me entrego a él y constantemente me obsequia con un pulso distinto al mío, con un latido mágico que siempre trasciende el límite físico de sus páginas. 

domingo, 18 de enero de 2026

Juego de Tronos (Canción de Hielo y Fuego I), de George R. R. Martin

A veces necesitamos regresar a nuestros orígenes, a esa semilla de la que germinó nuestra alma lectora. A veces necesitamos recordar que existe la magia para vencer los sinsabores del mundo. Esta lectora nació de la fantasía, y vuelve a ella como refugio para recuperar su esencia y reconciliarse con ella misma. Había escuchado los audiolibros (una experiencia poco satisfactoria dado que se me va el santo al cielo con facilidad), había visto la serie, pero los libros aguardaban pacientes en mi biblioteca a que me decidiera a dar el paso y embarcarme en una de las sagas más potentes de fantasía épica que se han escrito. Siete títulos (por el momento, quién sabe si vendrá el último) y todo un universo por redescubrir desde el negro sobre blanco.

Adentrarme en Juego de Tronos (Harper Collins, 2011) , la primera entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin, y además en versión original, ha supuesto abrir la puerta a un mundo donde el poder, la lealtad y la traición se entrelazan en un tablero de ajedrez mortal. Ya lo dice Cersei Lannister, uno de los personajes con más aristas de la saga: "Cuando juegas al juego de tronos, ganas o mueres". Desde las primeras páginas, el autor nos hace viajar a Poniente, un continente inventado tan vasto y complejo que parece respirar por sí mismo. En los Siete Reinos de Poniente, el verano ha durado años, pero el invierno se acerca de forma inminente con promesas de oscuridad y peligro. Con una inequívoca calidad coral, la historia se va desgranando a través de múltiples perspectivas, siguiendo a nobles y guerreros, reinas y exiliados, cada uno con sus propias motivaciones. En el norte, Eddard Stark, señor de Invernalia, es llamado por su viejo amigo, el rey Robert Baratheon, para ocupar el cargo de Mano del Rey. Sin embargo, lo que parece un honor pronto se convierte en una peligrosa investigación sobre intrigas palaciegas y secretos que podrían cambiar el destino del reino. Mientras tanto, en el lejano Este, la joven Daenerys Targaryen, última heredera de una dinastía derrocada, inicia un viaje de transformación. Obligada a casarse con un poderoso señor de la guerra, descubre en sí misma una fuerza que la llevará a reclamar lo que considera suyo por derecho. En el Muro, una fortificación helada que separa el reino de las tierras salvajes, la Guardia de la Noche vigila amenazas ancestrales que resurgen tras siglos de silencio. Más allá de las luchas políticas, una sombra más fría y peligrosa se cierne sobre todos. Juego de Tronos es una historia de alianzas frágiles, ambiciones desmedidas y destinos entrelazados, donde cada decisión puede significar la gloria… o la muerte. 

Lo que hace que Juego de tronos destaque entre otras no es solo su trama llena de giros inesperados, sino la profundidad de sus personajes. No hay héroes perfectos ni villanos absolutos: cada figura, desde el honorable Eddard Stark hasta la ambiciosa Cersei Lannister, está moldeada por sus deseos, miedos y contradicciones. Martin nos recuerda constantemente que, en la lucha por el trono, la moralidad es un lujo que pocos pueden permitirse. La narrativa es rica y rebosa plasticidad, con descripciones que pintan castillos impresionantes, ostentosos banquetes y paisajes gélidos que hacen doler la piel. Sin embargo, lo más fascinante es cómo el autor teje múltiples hilos argumentales sin perder el pulso de la tensión. Cada capítulo, narrado desde la perspectiva de un personaje distinto, añade capas de intriga y emoción, manteniendo al lector en un constante estado de expectación. Aparte de la política y la guerra, Juego de Tronos explora temas universales: la familia, la confianza y el precio del poder. Es una obra que no teme romper las reglas del género, sorprendiendo con decisiones narrativas valientes que dejan huella. Para terminar, os digo que esta novela no es solo fantasía épica, sino también un espejo oscuro donde se refleja la condición humana, donde cada elección tiene un costo y nadie está a salvo. Si os gustan las historias que atrapan, sacuden y perduren en vuestra mente mucho después de cerrar el libro, Juego de Tronos es una apuesta segura.